Un médico, en concreto un prestigioso cirujano llamado Sir Colenso Ridgeon, ha desarrollado una nueva cura para la tuberculosis. Debido a la limitación de personal y recursos, solo puede atender a diez pacientes a la vez. A regañadientes, decide tratar a un paciente más, pero debe elegir entre atender a un colega médico altruista o a un artista de gran talento con convicciones amorales. La decisión del médico se complica porque está enamorado de la esposa del artista y se ve tentado a dejar morir al paciente para poder cortejar a su viuda.
martes, 19 de mayo de 2026
El dilema del médico
lunes, 29 de diciembre de 2025
Progresiva medicalización de la vida
sábado, 15 de marzo de 2025
Aliviar siempre
Se suele citar en el refranero médico un aforismo que se considera el epítome de la vocación del médico y de la enfermera con respecto al paciente: "Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre". Por lo general se le cita en francés ("Guérir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours"), quizás por la creencia (errónea) de que su autor fue Ambroise Paré. La máxima también ha sido atribuida (de manera igualmente errónea) a Hipócrates, a Florence Nightingale, a Louis Pasteur, a William Osler, a Edward Livingstone Trudeau y a Oliver Wendell Homes (*). Parece ser que la verdad es que no la dijo nadie o, por lo menos, nadie en particular, y que se trata de una de esas frases que se han ido gestando lentamente en el crisol del lenguaje vernáculo, evolucionando y cambiando mediante adiciones, sustracciones y modificaciones aquí y allá, hasta alcanzar su forma más perfecta.
Aliviar siempre, por Eugenio Matijasevic
martes, 17 de diciembre de 2024
El médico y la atención a sus familiares
La interacción entre los médicos y sus parientes que piden atención médica puede ser compleja. Además, esta posibilidad está muy condicionada por los aspectos culturales. La interacción puede comenzar al pedir un simple consejo, consultar sobre una dolencia menor y con preguntas generales sobre la asistencia médica y la promoción de la salud. Esto puede intensificarse hasta solicitar atención médica e incluso cirugía. Los médicos a menudo son el primer contacto de apoyo médico y emocional para sus parientes. Los médicos pueden ofrecer atención inmediata en casos de urgencia y contribuir a un autocuidado bien informado en base a evidencia. Aparte de las urgencias, ofrecer información general sobre salud o para problemas de salud menores, los médicos deben evitar tratar a sus personas cercanas.
Declaración de la AMM sobre los médicos que atienden a parientes
Aunque los consejos generales pueden brindarse sin problema a cualquier persona, cuando se trata de una consulta completa y una revisión a fondo, los especialistas coinciden en que resulta conveniente dejar a otro colega que atienda a tus familiares para evitar problemas innecesarios o que puedan poner en peligro las relaciones personales.
Desde un punto de vista legal no hay ninguna normativa que lo prohiba. Aunque sí es cierto que se puede dar un conflicto de intereses al tratar a alguien del propio entorno familiar.
lunes, 19 de agosto de 2024
Entre dos lirios (comedia sanitaria): Acto II, 3-4
viernes, 26 de julio de 2024
La medicina bajo sospecha
lunes, 25 de marzo de 2024
Georges Canguilhem: Escritos sobre la medicina
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| Fuente |
Georges Canguilhem (1904-1995), filósofo y médico francés, supo reflexionar y repensar muchos de los conceptos fundamentales de la medicina, a la vez que encontró en esta última las herramientas para renovar algunos de los tópicos clásicos de la tradición filosófica occidental. Poco conocido en el ámbito filosófico —suele ser recordado, sobre todo, como maestro de pensadores más afamados como Michel Foucault—, es prácticamente desconocido en el ámbito de la medicina, y aunque muchas de sus ideas puedan considerarse superadas o desfasadas, con todo, su obra deja una impronta en la que se hace patente el fructífero diálogo que pueden entablar la filosofía y la medicina, y que es posible abrir nuevos derroteros de reflexión y cuestionar los conceptos e ideas que en cada disciplina se suelen considerar como duros e inamovibles.
En un estilo que elude la sistematicidad y tiende a la expresión aforística, Georges Canguilhem, mentor de destacadas figuras del pensamiento como Michel Foucault, plantea una crítica de la razón médica desde sus inicios hipocráticos hasta el presente. A través de la lectura de los distintos trabajos compilados en este volumen, el lector estará en condiciones de plantear cuestiones fundamentales e incesantemente renovadas sobre la naturaleza-médico, sobre las relaciones médico-enfermo y enfermedad-enfermo y los peligros de su disociación, sobre el tratamiento, los caminos y los efectos de la medicina científica, sobre la salud y las mentiras de sus silencios tanto como sobre las trampas de las metáforas que ella ocasiona.
Escritos sobre la medicina, Georges Canguilhem
A pesar de esfuerzos recientes, son pocas las investigaciones que han explorado el tema de la ética médica en la obra del filósofo médico francés Georges Canguilhem. Esto obedece, fundamentalmente, a la posición crítica que este autor asumió frente a las modas humanistas propias de la medicina que comenzaron a proliferar después de la Segunda Guerra Mundial. Con todo, sostenemos que las reflexiones del filósofo médico francés realizan aportes al tema de la ética médica en tanto que rescatan la particularidad de los enfermos (cuestión hoy altamente valorada por la Medicina Centrada en la Persona) frente a la racionalidad “objetivadora” de la medicina moderna.
Canguilhem ya no es tenido en cuenta simplemente como un historiador de la biología y la medicina, ni siquiera como un epistemólogo de estas disciplinas. Hoy se le considera como un filósofo en el pleno sentido de esta palabra, de modo que, no sólo se pone al descubierto su pretensión de fundar una antropología filosófica (Saint-Sernin, 1996, Le Blanc, 2002, Debru, 2004) a partir de las disciplinas biomédicas, sino su vocación de filósofo práctico. Es decir, los aspectos morales y políticos (e incluso estéticos) aparecen como los elementos nucleares de su programa filosófico, desde un fuerte compromiso con los valores universales de la justicia y la igualdad.
lunes, 20 de noviembre de 2023
Médicos de familia y otros especialistas
...en un 5-6% de los casos nos planteamos [los médicos de familia: MF] que el motivo de consulta del paciente requiere pedir ayuda (urgente o programada) a otro médico, por diferentes motivos: realizar e interpretar procedimientos diagnósticos que son competencia de otra especialidad, o para los que no disponemos de recursos para realizarlos en atención primaria (AP); valorar la pertinencia y realizar, si procede, tratamientos intervencionistas; diagnosticar y/o tratar una situación aguda o crónica descompensada que requiera ingresar al paciente; confirmar o descartar un diagnóstico o recomendar una conducta a seguir; transferir el seguimiento de enfermedades crónicas de baja prevalencia que sobrepasan la competencia del MF; valorar y, si procede, prescribir fármacos, órtesis, CPAP… u otras prestaciones de prescripción exclusivamente hospitalaria.
En todos los casos esperamos que se nos proporcione información detallada sobre resultados de pruebas, diagnósticos, recomendaciones de tratamientos, conducta a seguir, especificando a quién o quienes se propone para realizar el seguimiento (...)
En cualquier caso, la transferencia de información entre el MF y los otros especialistas es esencial para una atención de alta calidad y para la seguridad del paciente. (...) la historia clínica compartida ha sido un paso de gigante en el intercambio de información entre profesionales. Aunque también es cierto que algunas especialidades tienen el hábito de las abreviaturas, que deberían evitar, tal como recomienda el Código de Deontología Médica.
De las múltiples cuestiones a debate que genera la relación entre MF y los otros especialistas, abordaremos 2 aspectos al alza en los últimos tiempos: las interconsultas sin paciente y el rechazo de interconsultas por parte de los otros especialistas.
A partir de aquí se habla de la pertinencia de la consulta telemática, que la tecnología permite, favorecida por el conocimiento del paciente por parte de los profesionales de la salud, no posible si no ha habido un seguimiento asistencial (longitudinalidad). Y también del rechazo de interconsultas (consultas que el MF hace a los otros especialistas), algo que nos parece una ofensa y un quebranto de la ética médica, transgrediendo el referido Código de Deontología Médica. De ahí la necesidad, ya apuntada, de una relación cordial entre profesionales de la salud, por el bien de los pacientes y el bienestar de ellos mismos. Por otra parte, se señala la conveniencia de la libre elección de especialistas, como ya la hay de MF. Y se apunta la inconveniencia de la imposición de protocolos hospitalarios. En fin, mucho hay que mejorar para alcanzar un nivel óptimo en la relación interprofesional en el campo de la salud, y en particular en el sistema público de salud.
lunes, 9 de octubre de 2023
Dar malas noticas en medicina
Una tarde cualquiera de 1988, estando yo [como médico residente] en el Área de Observación con cuatro camas a mi cargo (supervisado siempre por médicos mayores), aterrizó por allí una paciente de 82 años a la que llamaremos Aurelia. Aurelia, procedente de un pueblo cuyo nombre omitiré, vino a parar a mi esquina; y, una vez aposentada en mi terreno, durante doce horas completas la atendí lo mejor que supe.Venía Aurelia con un grave problema de anuria. Esto es: no orinaba en absoluto. Aurelia tenía una diabetes tan avanzada que sus riñones estaban hechos trizas. No filtraban la sangre. No orinaba desde hacía varios días. Era una sentencia de muerte. Una anciana desahuciada por la ciencia.Bajaron a verla los internistas, los nefrólogos y los urólogos de guardia. Todos coincidieron en lo mismo: la diálisis no era posible por su mal estado de salud y por la avanzada edad; los medicamentos ya no servían para tratar el problema de Aurelia; y un ingreso hospitalario, para morir en pocos días, no era del todo preciso.Hablamos con sus hijos para que eligieran entre las dos opciones posibles: quedarse, o irse. Fueron unánimes: llevársela de vuelta al pueblo. Fue una decisión sensata: para morir, si el caso es manejable, nada mejor que tu habitación, tu casa, tus hijos, tus nietos, tus amigos de siempre.Mientras Aurelia estuvo en el Área de Observación (mientras le hacíamos todas las pruebas que necesitaba y los especialistas iban dando el veredicto), yo charlé mucho con ella. Aurelia estaba en sus perfectas cabales, y era una mujer simpática. Me explicó las faenas agrícolas que había hecho de pequeña; y yo, que también soy muy cateto, le daba palique hablándole de olivos, de espuertas, de morcillas y de albercas. Aurelia y yo, por qué no decirlo, nos cogimos afecto.Pero llegó el momento de irse y, ¡ay horror de los horrores!, la enferma nada sabía. Sus hijos no se habían atrevido a decirle que se iba. Los especialistas que bajaron a tratarla, tampoco. Y a mí, su médico en ese momento, se me había pasado por alto el pequeño detalle de comunicar a Aurelia que lo suyo no tenía solución, que iba a morirse de todas-todas, que ya no orinaría nunca jamás y que, por decisión de todos menos de ella, se iba a marchar a su pueblo en pocos minutos.Casi con la ambulancia en la puerta, hube de dar la mala noticia a la dueña de su vida. Era lo justo. Durante las doce horas que allí estuvo, aunque tratada y remirada por medio hospital, yo había sido el médico de Aurelia. Su referencia.
Dar malas noticias es algo para lo que no te preparan en la Facultad de Medicina. Al menos así ocurría antes, en mis tiempos. Ahora, no lo sé. Digamos que dar malas noticias era (o sigue siendo) una ingrata tarea que aprendíamos los médicos a base de ensayo y error. Esto es: a base de meter la pata muchas veces. Y yo, con Aurelia, la metí hasta las honduras. Porque, aunque había docenas de maneras de abordar correctamente el asunto, yo, inadvertidamente, por precipitación o inexperiencia, escogí la única que no se debe escoger: la de tratar a un paciente como si fuera un tonto. Y un paciente, aunque esté senil o terminal, no es ningún tonto. Es un paciente. Una persona con derechos. Y, entre ellos, el derecho de recibir información veraz. Me acerqué a la cama de Aurelia y le cogí las manos. Luego, con aire falsamente desenvuelto, con mi mejor sonrisa postiza, le espeté:
—Muy bien, Aurelia. Traigo muy buenas noticias. Te vamos a dar el alta y te vas a marchar a casa. Te hemos puesto unos medicamentos nuevos que harán efecto en unos días. El médico de tu pueblo, con el informe que llevan tus hijos, ya se encargará de hacerte orinar.Aurelia me miró, burlona. Aún recuerdo la negrura de sus ojos, el tacto de sus dedos y las arrugas de su cara; el pelo, limpio; blanquísimo; su mano, asida a la mía.—Sí hijo, sí. Desde luego –Aurelia no me había llamado “doctor”, sino “hijo”. Y una sonrisilla traviesa dejó entrever su dentadura. Luego, amable y mordaz al mismo tiempo, prosiguió–: Si no he orinado en el Hospital Carlos Haya... ¡voy a orinar en mi pueblo!Y a mí, en aquel preciso instante, se me cayó la cara de vergüenza.
domingo, 24 de octubre de 2021
Idea de la mortalidad
En definitiva, Saladino hallaba dos alternativas vitales extremas: dejar pasar el río terminable (que es sólo un instante para quienes divinizan la muerte como única verdad) o interpretar el curso de las aguas; de manera más prosaica, reír en lo posible antes del definitivo llanto o llorar a cada paso. Y una opción intermedia: mantener el equilibrio entre sonrisas comedidas. Se quedó con la idea de que no elegimos el nacer ni podemos impedir el morir. Y continuando con su introspección, comenzó a realizar el enfoque de cómo y dónde morir, yendo hacia las honduras de la bioética: «Nadie duda de su preferencia de morir sin dolor y en casa, en la propia cama y de manera digna. Nadie quiere sufrir una enfermedad terminal y morir en un hospital, alejado del ambiente familiar, de lo que es cercano y proporciona sosiego. Nadie cambiaría el calor del hogar por la frialdad de una clínica. Todo el mundo desearía morir de repente, sin darse cuenta…». Así que, en una dolorosa situación límite, sin más elección terapéutica que la paliativa, para mitigar el sufrimiento y mantener una vida vegetativa, uno podía plantearse una posibilidad que encierra una doble significación antagonista, desprecio y compasión, dureza y dulzura, crueldad y misericordia: la eutanasia.
(...)
Con previsión, Saladino Barreiros había dejado escrita su voluntad de que no prolongasen su vida ausente del mundo emocional; en su testamento vital se negaba a dilatar una agonía, lleno de tubos, dependiente de sondas, cánulas y catéteres. También dispuso su deseo de renuncia a honores desmedidos; nada de despliegues funerarios, de teatral boato, para honrarle. Procuraba abrazar la sencillez, no aspirando a tumbas exclusivas, a huesas desmesuradas, a sepulcros magníficos, a extraordinarios panteones o a suntuosos mausoleos; ni, por supuesto, a túmulos o a pirámides que revelan orgullo o terrenal supremacía y que, simbólicamente, acercan a un cielo ignoto e inmerecido. Le bastaba con que incinerasen lo que quedara de su cuerpo y sus cenizas se confundiesen con el viento o con las aguas de su mar inmortal y fascinante, de su querida bahía de Vizana. Se conformaba con dejar el recuerdo de un hombre honesto y sencillo, que rehusara el mal y la codicia, que marchaba en paz tras expirar con decencia.
martes, 22 de junio de 2021
Humanización asistencial
miércoles, 16 de junio de 2021
Más sobre la humanización de la medicina
Cualquier persona de bien se postula contra la deshumanización de la medicina. Sobre la parte más humana de la medicina y la humanización asistencial hemos escrito entradas... Pero el tema de humanización de la medicina no se agota.
Para que la medicina de familia sea humana el primer paso es humanizar las condiciones de trabajo.
— Salvador Casado (@DoctorCasado) June 12, 2021
El segundo, y más importante, que el profesional tenga humanidad. pic.twitter.com/DaVAWR44H4
Después de leer estas breves reflexiones sobre la humanización del profesional sanitario (escuchar, mirar, tocar...) y del medio de trabajo, y de compartir este sentir humanitario, escucho un humano clamor entre tantos:
«Educación sanitaria cero, todo inmediatez y accesibilidad infinita, sin control frente a calidad y eficiencia… ¡Desmotivación completa!».
Ciertamente, es esencial humanizar las condiciones de trabajo. De lo contrario, con la deshumanización del medio donde se trabaja, la humanización de la medicina es utópica. Y es incuestionable que el profesional debe tener humanidad. Si el profesional de la salud no es humano (en el sentido de humanitario, amable, respetuoso, comprensivo, compasivo), dicha humanización es imposible.
jueves, 4 de marzo de 2021
Mundo engañador
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| Los jugadores de cartas (h. 1594), Caravaggio |
Más allá del amoroso engaño...
Mucho se ha dicho de la mentira, y aquí mismo hemos traído unos cuantos aforismos sobre la mentira. Porque todo es mentira en este mundo engañador; lo dijo el poeta en un momento de enfado. Pero cualquiera lo comprueba por sí mismo. Te bombardean telefónicamente para que cambies de compañía eléctrica o telefónica; y si confías en las palabras engañosas, asistes en la posventa al incumplimiento de lo prometido. Te vas a comprar un coche y todo es amabilidad, sonrisa y facilidades; y cuando picas, constatas igualmente en la posventa que todo era humo. Te mienten en el banco, te engañan en el juego, te mienten en la acera, te engañan en la esquina. Te mienten en lo intrascendente y en lo sustancial. Caes en la cuenta de la falsedad de esta sociedad engañosa, en la que también puedes ser engañador, en beneficio propio o de terceros. Así está montada la estructura social, sustentada en el fingimiento, demasiado esquiva con la sinceridad.
Más allá de la poética simulación...
lunes, 15 de febrero de 2021
Guía de la Medicina
En esta guía de los estudios universitarios dedicada a la Medicina*, se habla de su historia, de sus objetivos, de la patología humana, de los métodos de estudio y de las especialidades médicas. Pero también de sus aspectos humanísticos.
Ya en la introducción, considerando la etimología de la Medicina (del gr. mederi: cuidar), se dice que, como arte y ciencia, cuida del hombre en la enfermedad, y que desde la facultad debiera impulsarse la preocupación básica por el enfermo.
En «El médico y su profesión», se habla del trato directo y personal con los pacientes, en especial de los clínicos (del gr. klinikós: de la cama), por trabajar a la cabecera del enfermo. Y de los códigos de comportamiento del profesional médico.
Dejan claro los autores de la guía que en este código de comportamiento se destaca el sentido de servicio que ha de presidir la actuación médica. Un espíritu que lleva implícitas varias disposiciones, entre ellas: disponibilidad, esfuerzo y dignidad.
En este espíritu de servidumbre, que entraña sacrificio personal —que va más allá del horario de trabajo—, puesta al día en conocimientos y habilidades y conducta digna, quizá estriba lo que se ha dado en llamar «vocación de médico».
Los autores se preguntan si existe la vocación de médico. En todo caso, no la entienden como carisma especial, sino como una suma de aptitud, para aprender y ejercer la profesión, y actitud: un interés por esta rama del saber y modo de vivir.
En «La relación médico-enfermo», se recuerda que la historia clínica, o anamnesis, es un diálogo con el paciente (y/o sus familiares o acompañantes), que comienza con una simple pregunta: ¿Qué es lo que le pasa a usted? (Motivo de la consulta.)
Se establece la comunicación como puntal, pues gran parte de su tiempo lo dedica el médico a comunicarse con pacientes y familiares, enfermeras y colegas. Por eso debe estar bien formado en la habilidad de la comunicación, oral y escrita.
No en vano, esta guía es una de las fuentes bibliográficas de nuestro Léxico médico de la Atención Primaria. Sobre todo, por haber conocido a uno de sus coautores: el Dr. Manuel Fuster Siebert, médico cardiólogo siempre preocupado por el enfermo.
martes, 15 de diciembre de 2020
Juramento hipocrático
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| Fuente: Wikipedia |
Jurando por Apolo, jurando por Asclepio,
jueves, 29 de octubre de 2020
Entrega médica
cuando bien reposabas a pierna suelta.
¡Implica desagrado retirar las sábanas!
(De un tirón el descanso no tiene precio.)
A un sueño fragmentado verse obligado...
Fastidioso tributo de profesiones
sanitarias de entrega muy remarcable.
Carga de medicina y enfermería.
Si obligación primera siempre es la ciencia
y condición primera es la conciencia,
necesidad primera es la paciencia.
Asumir conociendo y atemperando.
Entonces el galeno debe adaptarse
y aceptar impasible la incertidumbre
y evitar, por supuesto, la irritación.
Vocación se precisa. ¿O alguien lo duda?
La vocación es, en su etimología y en su real y vulgar acepción, la voz, voz interior, que nos llama hacia la profesión y ejercicio de una determinada actividad.
La vocación es una cualidad que define al buen médico y está presente en los profesionales sanitarios de referencia. La vocación médica puede definirse de varias formas, pero tal vez alcance un amplio consenso la que propone que es una motivación profunda de servicio al enfermo y a la sociedad que está determinada por las vivencias y el entorno. Si bien la mayoría de médicos y estudiantes de medicina invocan la vocación y el atractivo intelectual para su elección, no es menos cierto que el azar o la pertenencia a un determinado grupo social pueden ser decisivos en algunos casos. Los literatos, por su parte, suelen atribuir a sus personajes valores tradicionales de la medicina y de la vocación médica como el altruismo o la empatía, así como algunos estereotipos de la imagen de la profesión.
lunes, 19 de octubre de 2020
Sanitarios hasta la médula
El oficio de la medicina en su lado más humano supone una entrega desinteresada hacia los pacientes, la razón de su existencia. Y todos los profesionales de la salud (médicos, enfermeras y auxiliares), mujeres y hombres con vocación de servicio, desempeñan una dura labor, no siempre gratificante, digna de encomio. Vaya, pues, nuestro poético homenaje a los sanitarios más íntegros.
sin quejarse vanamente,
mujeres con luz constante
y hombres con sombra ausente.
Comprometidos en causas,
con objetivos perennes,
sin doblegarse al cansancio
y en el trabajo sonrientes.
Dueños de la incertidumbre,
curan y alivian si pueden,
hipocráticos discípulos
que al menos consuelan siempre.
lo mejor a sus pacientes.
Señalan peligros tóxicos,
alcohol y drogas al frente.
Tratan con un gran esmero
enfermedades frecuentes
y a afectados de raras
con todo el cariño atienden.
Hipertensión o demencia,
esclerosis o diabetes…,
ven dolientes programados
y a los que llegan urgentes.
los sanitarios decentes;
nadie puede criticar
su esfuerzo de cuerpo y mente.
Batallan con infecciones,
de traumatismos entienden,
curan úlceras y heridas
y en general se defienden.
Poseedores de la ciencia,
éticamente proceden;
pulcra llevan la conciencia
y recompensa merecen.
martes, 25 de febrero de 2020
La complejidad de la salud
Octavio Quintero
1. Complejidad científica
Quiero aventurar una hipótesis, una idea suelta: nuestros peores errores vienen no de la ignorancia o la falta de conocimiento, sino del exceso de confianza, la omisión de la complejidad y la negación de la incertidumbre. La modestia debe ser una norma, una postura permanente, casi un principio ético.
2. Complejidad administrativa
Si la salud es un derecho fundamental, esto es, si los ciudadanos ya no pagamos directamente por los servicios, tiene que existir, entonces, un tercer pagador, público o privado. Y con los terceros pagadores, vienen los problemas: los costos de transacción, el sobrediagnóstico, el sobretratamiento, el divorcio entre valor y precio, las auditorías, las glosas, las deudas, etc. La salud como derecho* fundamental tiene como consecuencia inmediata la complejidad administrativa. La democratización implica además congestión, listas de espera e incluso racionamiento. [*Más bien derecho a la asistencia sanitaria.]
3. Complejidad filosófica
Más allá de las decisiones colectivas, los médicos tienen una doble responsabilidad, con el paciente y con los recursos del sistema. En los sistemas públicos, la práctica de la medicina no puede separarse de la ponderación del costo y la efectividad. Tampoco de las consideraciones bioéticas.
4. Complejidad ética
Todos deberíamos irnos con la dignidad intacta, pero resulta cada vez más difícil. (...) Lidiar con las aspiraciones de los seres humanos en sus últimos días, con la tiranía de la esperanza y las distorsiones cada vez mayores de la tecnología y la economía, es una tarea imprescindible.
5. Lo simple: la importancia de la humanización
Henry Marsh, el neurocirujano inglés, salió una tarde lluviosa de domingo del hospital. Pasó por un supermercado. Encontró una larga fila en la registradora. Musitó con arrogancia: “a ver, ¿quién de Uds. ha hecho algo importante hoy?”. Entendió, entonces, que su poder sobre la vida de la gente estaba mutando en rechazo a su humanidad. Esta anécdota superficial pone presente un hecho profundo: la tendencia deshumanizante de la medicina moderna. O mejor, de la vida moderna en general. Las causas son muchas y sería impertinente intentar un recuento. Pero el remedio empieza por nosotros, por lo que quisiera llamar la doble empatía: ponernos en el lugar del otro para así facilitar que el otro se ponga en el nuestro. Muchos problemas tienen una solución de baja tecnología, una simple conversación. Muchos problemas tienen, a su vez, una causa simple: la ausencia de esa conversación, del diálogo y la mirada compasiva que nos humanizan.
En defensa de la complejidad, por Octavio Quintero
A veces nos perdemos en letras y músicas...























