Se suele pedir un aumento de la financiación sanitaria, a veces sin pensar que el dinero que ello supone procede de los ciudadanos, a través de impuestos, tasas y cotizaciones. Es una cuestión de economía de la salud, que compete a todos, a quienes disponen del poder de financiación y a quienes le dan ese poder; unos, gestores, deben ser eficientes, invirtiendo responsablemente; otros, contribuyentes, deben velar por el buen fin de los fondos que se invierten. No es una lección de economía, es una reflexión que apela al sentido común. Y a menudo lo recaudado se va en gastos inútiles, se despilfarra. Entonces, más que un aumento, debería pedirse una buena financiación sanitaria, que pasa por sufragar lo estrictamente necesario y por la adecuación de los recursos disponibles.
Se evidencia una relación entre pobreza y consumo de medicamentos: «La pobreza eleva el gasto farmacéutico...». A menor renta, más consumo de fármacos, porque quienes disponen de pocos recursos tienen peor salud, enferman más y, en consecuencia, precisan más tratamientos farmacológicos.
Los fármacos tienen un coste, por supuesto. Pero he aquí una particularidad de nuestro sistema: quienes tienen menos recursos están exentos de copago farmacéutico; es decir, no pagan nada por los medicamentos.
Entre las consecuencias de salud, se señalan la obesidad y los hábitos tóxicos: tabaquismo y alcoholismo. En el primer caso, por mala alimentación que supone malnutrición. En el segundo, supuestamente por desajustes emocionales.
Pero lejos de simplificar, valgan las siguientes reflexiones.
1. Salvo pobreza absoluta, tener menos poder adquisitivo no obliga a alimentarse mal, ya que alimentarse bien no significa comer alimentos caros.
2. No pagar nada por los medicamentos es un arma de doble filo: facilita su acceso a quienes tienen menos dinero, sí, pero no favorece su consumo responsable.
3. Una mejor alimentación de la población, facilitando el acceso a los alimentos básicos –y nutritivos– y evitando el consumo de los ultraprocesados, redundaría en una gran disminución del gasto sanitario público. O de otro modo: sería más rentable para el Estado sufragar alimentos saludables que verse en la necesidad de tener que financiar medicamentos por causa de una mala alimentación (y de otros malos hábitos de vida, a fin de cuentas «determinantes de salud»).*
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*Recordemos el modelo de Marc Lalonde: no se debe poner el foco en la asistencia, sino en los determinantes de salud.
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Reflexión expresada, con el mismo título, como Carta al Director, La Voz de Galicia, 23 may. 2024. [También publicada post. en Faro de Vigo, 30 may. 2024.]
Una limosna, por el amor de Dios – Agustín Barrios
Comentario:
Si esto es así, prefiero comer bien a medicarme.
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Nivel económico, nivel cultural y gasto sanitario
Bajos ingresos y bajo nivel cultural se han relacionado con una mayor demanda asistencial y, en consecuencia, mayor gasto sanitario (incluido el farmacéutico). En consecuencia, luchar contra la pobreza y mejorar la educación son las mejores estrategias para racionalizar la asistencia y aminorar ese gasto
Se ha ido constatando que las mutualidades de funcionarios con aseguramiento privado ‘rechazan’ a sus asegurados (mutualistas) cuando son diagnosticados de enfermedades cuyo tratamiento médico es demasiado costoso. De modo que los derivan al servicio de salud correspondiente dentro del Sistema Nacional de Salud.
Esto es el "modelo MUFACE" (y lo es cada vez más):
cambiarte a la pública cuando tienes enfermedades graves o pluripatologías.
Esto es el "modelo MUFACE" (y lo es cada vez más): cambiarte a la pública cuando tienes enfermedades graves o pluripatologías.
Ante esto, integrar las mutualidades en la sanidad pública y fortalecer la asistencia con esos recursos, no queda otra. pic.twitter.com/pHI6hg7Ecj
Tengo en mente el caso de una funcionaria de MUFACE, adscrita a una entidad privada de seguro de asistencia sanitaria, que fue diagnosticada de leucemia. Y entonces, como a la aseguradora no le compensaba su tratamiento, le aconsejaron solicitar cambio de aseguramiento médico al sistema sanitario público (INSS).
Además, en caso de problema de salud pública, esta mutualidad deja al descubierto sus carencias, constatadas en la reciente pandemia de COVID-19. Como médico de familia, tengo presentes varias consultas de pacientes de MUFACE; la primera como cita forzada y sin advertencia previa de la Gerencia de Atención Primaria:
—Me hice un test de antígenos y me dio positivo.
—Pero... ¿quién es su médico?
—Yo soy de MUFACE y tengo médico de ADESLAS.
—???
Imagínense mi cara de estupefacción, que no quedó ahí. Al requerir explicaciones a mi Gerencia, el propio gerente también mostró extrañeza y me dijo que habría de requerir información al respecto, porque tampoco tenía claro que los médicos de familia tuviésemos que atender a usuarios ajenos al servicio de salud.*
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*Después supimos que durante la pandemia, la gestión de los mutualistas de MUFACE adscritos a aseguradoras privadas generó fricciones considerables porque la red de vigilancia epidemiológica y el seguimiento de casos leves o contactos recayeron de forma mayoritaria sobre los recursos de la Atención Primaria del Sistema Nacional de Salud (SNS). Y sucedió lo mismo con las otra mutualidades públicas: MUGEJU e ISFAS.
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En definitiva, advertimos en esta mutualidad de funcionarios públicos —y lo suponemos en las otras mutualidades, MUGEJU e ISFAS—, poca transparencia, carencias y selección economicista de pacientes (rechazo de quienes padecen enfermedades de costoso tratamiento), por no decir discriminación poco ética.
Entonces, nos hacemos una pregunta:
—¿Tienen razón de ser las mutualidades de funcionarios, si sus asegurados (mutualistas) son derivados al sistema público de salud cuando son diagnosticados de enfermedades graves o padecen pluripatologías? ¿O deben integrarse en el SNS?
Cambio entidad sanitaria con MUFACE
Posibilidad de elección de entidad aseguradora privada o INSS.
Historia de MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado)
El inicio de MUFACE se remonta a la Ley 29/ 1975, de 27 de junio (finales de la dictadura franquista), fecha en la que se crea un organismo único de adscripción obligatoria para todos los funcionarios civiles.
Ventajas de mutualistas
Quienes pertenecen a mutuas de funcionarios lo tiene más fácil que el resto de ciudadanos, pudiendo optar por aseguramiento privado o público (de manera continuada), solventado los inconvenientes que los demás no pueden. ¡La desigualdad es manifiesta!, pero no parece haber voluntad política de corregirla. En caso de escoger el privado, el mutualista tiene opción de acudir al especialista que le proporciona su aseguradora (ADESLAS, ASISA, DKV) y de disponer del médico general, equivalente al médico de familia de la sanidad pública.
«MUFACE facilita la prestación de asistencia sanitaria a los mutualistas y a sus beneficiarios a través del Sistema Sanitario Público o de Entidades de Seguro de Asistencia Sanitaria concertadas». [Encuentra tu médico]
El desarrollo económico posibilita disponer de mayores recursos con los que financiar la mejora de la salud medioambiental, la realización de campañas de salud pública, y, sobre todo, el establecimiento de un sistema sanitario cuyos servicios de salud cubran también a los sectores más vulnerables (pobres, niños, mujeres, ancianos), por ejemplo mediante la extensión de la atención primaria de la salud. El desarrollo socioeconómico, particularmente si alcanza equitativamente a la población (aunque generalmente no sea éste el caso), también permite mejoras en las condiciones de vivienda y de otros servicios básicos. Las inversiones en salud se justifican no sólo porque ésta es un elemento básico del bienestar, sino también por argumentos meramente económicos. En términos relativos, las ventajas económicas de una buena salud son mayores para la población pobre, que por lo general es la más afectada por las discapacidades que provoca una salud precaria. No obstante, es muy difícil generalizar sobre la vinculación entre el desarrollo económico y las condiciones de salud de la población. En este sentido, son diversas las experiencias que demuestran que el desarrollo económico no siempre contribuye a un mejor bienestar de la población. Existe la constancia de que los cambios macroeconómicos no siempre se traducen en beneficios para todos los sectores sociales.
Desarrollo económico
Los indicadores económicos pueden variar de país en país, pero en términos generales están estandarizados.
Indicador económico. Tipo de dato económico, de carácter estadístico, que permite realizar un análisis de la situación económica presente, pasada y futura. Indicadores económicos: Tasa de desempleo, IPC (Índice de Precios al Consumo), PIB (Producto Interior Bruto), etc.
Estandarización. Proceso mediante el cual una serie de procesos se ajustan o se adecúan a un estándar.
Navegando en busca de análisis de la financiación sanitaria, nos hemos encontrado con las siguientes "Propuestas para el cambio del modelo de financiación", del presidente de la ADSP (2017), con un titular muy llamativo: "El modelo de financiación sanitaria: la historia de un desastre".
Un nuevo modelo de financiación sanitaria debería:
Garantizar la suficiencia financiera y la equidad entre CCAA, muy afectada por la crisis, los recortes y las deficiencias del actual modelo (basado en población y unos fondos de compensación irracionales). Para lo que habría que incrementar la carga impositiva a los sectores económicamente más poderosos que apenas pagan impuestos, modificar el sistema para que no descanse en impuestos indirectos* que incrementan la desigualdad y afectan al modelo de una sanidad redistributiva y obligar a todas las CCAA a recuperar el impuesto de patrimonio y el de sucesiones.
Devolver el carácter finalista a la financiación sanitaria, con obligación de destinar un montante similar en cada CCAA e impedir que algunas CCAA practiquen dumping social reduciendo impuestos a las empresas y capitales para conseguir mayores inversiones.
Dar trasparencia al sistema, simplificar el sistema de cálculo y de nivelación eliminando los actuales fondos de garantía o sostenibilidad.
Crear una partida económica específica en los Presupuestos del Estado destinada a compensar las diferencias de financiación (no basadas en necesidades objetivas de salud de cada población) entre CCAA, para lo que podrían utilizarse los Fondos de Cohesión.
Introducir para el cálculo de las necesidades de gasto, además de los actuales indicadores basados en la estructura poblacional, otros basados en las necesidades de salud como la carga de enfermedad (enfermedades prevalentes, mortalidad, discapacidad, principales determinantes medioambientales y diferencias de recursos sanitarios).
Cambiar la orientación estratégica de la política sanitaria: Pasar de la actual estrategia orientada a la enfermedad y la curación a otra basada en la promoción, la prevención, la equidad y los cuidados a los crónicos
*Impuestos indirectos: tributos que gravan el consumo o las transmisiones patrimoniales. [Vs directos: dinero que los que los ciudadanos están obligados a pagar de forma directa al Estado, aplicados en función de la capacidad económica de la persona (renta y patrimonio).]
Son propuestas económico-financieras contempladas desde una óptica ideológica. A quienes no somos economistas ni expertos en financiación, nos cuesta interpretar algunos conceptos específicos de la ciencia económica. Por otra parte, confiar en la carga impositiva a determinados sectores (que al final redundan en los asalariados) para sostener una estructura pública me suena a entelequia; tendría más confianza en la disminución de la tasa de paro y el consecuente aumento de los ingresos por cotizaciones de trabajadores activos. Pero habrá que esperar a ver con qué actuaciones nos sorprende el nuevo ejecutivo en el área sanitaria.
Por otra parte, quedan en el aire preguntas necesarias:
Se suele pedir un aumento de la financiación sanitaria, a veces sin pensar que el dinero que ello supone procede de los ciudadanos, a través de impuestos, tasas y cotizaciones. Pero a menudo lo recaudado se va en gastos inútiles, se despilfarra. Entonces, debería pedirse una buena financiación sanitaria, que pasa por sufragar lo estrictamente necesario y por la adecuación de los recursos disponibles.
Principio de justicia: uno de los cuatro principios de la bioética.
Traemos un ejemplo que confronta la bioética —a la que se debe todo profesional sanitario atendiendo a sus principios— con la economía de la salud, por la que han de velar los gestores sanitarios en aras del sostenimiento del sistema público de salud. Prestar atención, por supuesto, pero... ¿cobrando o no?
Cuántos más recursos tenemos, más enfermos nos sentimos. Y estar enfermo es un negocio. Juan Gérvas
La medicina "excesiva" se manifiesta claramente en el aumento progresivo en la petición de exploraciones complementarias o pruebas diagnósticas.
La uroscopia, es decir, la observación de las propiedades organolépticas de la orina, ya fue descrita por Galeno y su aplicación perduró durante muchos siglos en el contexto de la teoría de los cuatro humores de Hipócrates. Hoy el análisis de orina es, junto con el de la sangre, una de las pruebas diagnósticas más comunes.
Pero el universo diagnóstico, el de la identificación de una enfermedad, se ha ido complicando a medida que avanzaban las técnicas de imagen y de laboratorio. Bajo la presión de la medicina defensiva y de la propia disponibilidad de análisis moleculares, genéticos y radiológicos, los médicos de atención primaria ordenan ahora tres veces más pruebas diagnósticas que hace quince años, según se publica en el último número de British Medical Journal. Un equipo de las universidades de Oxford, Bristol y Southampton comparó los test británicos entre abril de 2000 y marzo de 2016: pasaron de 14.869 por cada 10.000 personas/año a 49.267, un aumento anual del 8,5 por ciento: los pacientes recibían una media de cinco pruebas anuales en 2015/2016 frente a 1,5 en 2000/2001.
Es necesaria la moderación en la petición de pruebas diagnósticas. Todo exceso médico es malo. Como nos advierte el Dr. Juan Gérvas, «conviene no dar pábulo a las promesas imposibles de una “Medicina de cuento de hadas” que lleva a la medicalización de la vida, al consumo sin freno de intervenciones sanitarias y a expectativas frustrantes». Y como dice este artículo, «explicar los beneficios y riesgos de las pruebas ayuda en ocasiones a que el paciente elija con prudencia». ¡Ay!, solo en ocasiones. Porque, de modo inconveniente, por encima de la opinión del profesional de la medicina se impone muchas veces el consejo del vecino...
¡Oye!👂que me ha dicho un paciente que ha venido porque le duele la cabeza, que le han dicho que le pida una resonancia que “ahí sale to”😳 “Pero ¿quien te lo ha dicho un médico?¿un enfermero? “No,no la de la tienda vaya a ser que tenga algo” 🤷♂️
[‘‘¡Oye!, que me ha dicho un paciente que ha venido porque le duele la cabeza, que le han dicho que le pida una resonancia que ahí sale to”. “Pero ¿quien te lo ha dicho un médico, un enfermero?’’. “No, no, la de la tienda, vaya a ser que tenga algo”.]
Los estudios por imágenes son una fuente de exposición a la radiación ionizante. La radiación puede ser perjudicial si la dosis acumulada total de una persona es elevada, como cuando se realizan múltiples TC. La exposición a la radiación es también una preocupación en ciertas situaciones de alto riesgo: embarazo, primera infancia, adultez temprana en mujeres que requieren mamografías.
Reflexión anexa: La obsesión por las pruebas complementarias
La obsesión por las pruebas complementarias no es espontánea, sino fruto de un temor social interesadamente inducido y favorecido por una ‘deseducación’ sanitaria. De poco ha servido la educación en salud de la población, propugnada durante décadas –y acaso contrarrestada desde ciertos sectores–, cuando hemos llegado a la situación actual de demanda infinita de pruebas complementarias.
El consumo en salud, también conocido como consumo sanitario, implica todo un proceso de adquisición y utilización de los bienes y servicios de salud a fin de obtener de ellos una satisfacción o utilidad directa en términos de mejora del nivel de bienestar. Este proceso conlleva una serie de etapas en las que se transita desde la percepción de la necesidad sanitaria, pasando por el deseo y búsqueda de la atención, hasta la fase propia de uso de los servicios de salud y su posterior continuación. Esta sucesión de acontecimientos relacionados con la utilización de los servicios sanitarios ha sido explicada por diversos modelos disciplinarios (epidemiológicos, sociológicos, económicos y psicosociales). El enfoque mercadológico, como abstracción de la realidad, nos permite un análisis ampliado del consumo sanitario, ya que hace posible su abordaje en cualquiera de las etapas del proceso del consumo.
Uno de los problemas de nuestro sistema sanitario es el consumo inapropiado cuyas consecuencias más notorias son el despilfarro de recursos y la iatrogenia que no está justificada por la expectativa de ningún beneficio en términos de salud. Entre las posibles causas del consumo inadecuado se destaca la banalización de la medicina, que conlleva la pérdida de respeto y la ausencia de miramientos y por eso facilita cuando no estimula la temeridad en el consumo. Una temeridad de la que son responsables tanto pacientes como sanitarios y seguramente todavía más gestores y políticos. Sin una efectiva emancipación que lleve a los usuarios y ciudadanos a controlar los determinantes de su salud no parece posible disminuir el consumo inapropiado ni la iatrogenia asociada.
En los últimos tiempos asistimos a un aumento del consumo en salud favorecido por la mercadotecnia. Los sistemas sanitarios no pueden permitírselo si no quieren desaparecer. El exceso lleva a la degradación y a la ínfima calidad de los servicios que se prestan. Por eso es necesario revertir este proceso, disminuyendo la cantidad de la oferta y frenando así la demanda, quizá también con una orientación a lo necesario y, paradójicamente, olvidado (p.ej. salud bucodental, podología).
Si la demanda es insaciable ¿por qué no cambiar la oferta que la genera, en lugar de incrementarla?
No es cuestión de cantidad (más oferta) sino de calidad (otra oferta).
Mientras tanto, un caso del "ahogo en la pleamar de la demanda asistencial".https://t.co/HqMXfs8CsT
Si la demanda es insaciable ¿por qué no cambiar la oferta que la genera, en lugar de incrementarla?
No es cuestión de cantidad, sino de calidad (otra oferta).
Resumiendo, ésta sería la estrategia ante el exceso de demanda asistencial que conduce a un consumismo sanitario indeseable:
Y frente a la gris música de consumo, otra de calidad, azul...
Almost blue - Chet Baker
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Consumo. Acción y efecto de consumir (gastar, agotar).
Consumismo. Afán por comprar bienes aunque no sean necesarios.
ANEXO: AFORISMOS SOBRE CONSUMO [Consumismo, consumidor]
Una sociedad en la que el consumo tiene que ser artificialmente estimulado para mantener en marcha la producción es una sociedad fundada en el despilfarro y el desecho y está edificada sobre arena. (Dorothy L. Sayers)
El consumismo genera un bienestar falsificado y anestesia la conciencia. (Antonio Gamoneda)
Y añado:
El consumismo en salud es uno de los males de nuestro tiempo.*
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*El mercado fomenta el consumismo y se come al Estado, y éste fiscaliza más y se come al consumidor, que en el mundo desarrollado se hace más pobre y, sin dinero ni vivienda, deja de procrear. De modo que el mal del consumismo acarrea otros.
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—Consumidor
Los consumidores modernos pueden identificarse con la formula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo. (Erich Fromm)
El hombre es la única criatura que consume sin producir. (George Orwell)
Los que lanzan discursos sobre la sociedad de consumo, siempre han consumido bien, desde su primer biberón. (René Barjavel)
Si el sistema se empeña en considerar al ciudadano un potencial cliente y consumidor, podríamos hacer buena esta lógica y proponer una militancia activa de clientes y consumidores convertidos en informatizados insumisos. (Manuel Vázquez Montalbán)
—Comercio y consumo
El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. (William Burroughs)
Durante las últimas décadas hemos asistido a desatinos estructurales en los edificios sanitarios, sobre todo en los centros de salud. Se han construido algunos tan pequeños que limitan la movilidad y, por el contrario, otros tan grandes que los usuarios se pierden en ellos. Ahora abundan los desproporcionados en relación a los recursos humanos y/o la población asignada. Y no entramos en el capítulo del mantenimiento porque no pararíamos de señalar carencias y chapuzas. Son fruto de la falta de planificación o de la pura improvisación; un indicador de vergonzosa irracionalidad basculante (de la cicatería al despilfarro), que entraña incomodidad e inseguridad para profesionales y pacientes. Sorprenden los contrastes en los centros de salud: edificaciones minúsculas para albergar un equipo de salud numeroso y enormes construcciones que acogen tres o cuatro profesionales. ¡Andamos por los extremos! Además, sin atender a un modelo arquitectónico o patrón funcional.
Olvidando lo estético, asistimos a una variedad inconcebible de edificaciones con predominio de aberraciones arquitectónicas. Desde centros aislados con caprichosas formas a extraños adosados, desde bajos de edificios de viviendas a anexos de complejos ajenos (verbigracia el anexo del antiguo Hospital Xeral de Vigo y futura “Ciudad de la Justicia”). En general, para todos los (malos) gustos...
Y si, en general, los exteriores no suelen ser hermosos, los interiores tampoco iluminan nuestras pupilas (o acaso alarman cuando favorecen el hacinamiento). Por eso seguimos admirando a los clásicos, que seguían patrones establecidos en la construcción de edificios, aprovechando sus ventajas: rapidez y eficacia, familiaridad y adaptación, facilidad de manejo o de movimiento y, por encima, ahorro en costes. Diseñar centros de salud en planta baja (no gasto de ascensor, no riesgos de caídas…) y luminosos (menos luz eléctrica), como los que vemos en Portugal, sin ir más lejos, son claves en este sentido.
La arquitectura sanitaria debe avanzar, eludiendo el repulsivo fenómeno del feísmo, pero sin dejar de mirar atrás...
La medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano.
Aldous Huxley
De la reflexión “Medir la vida”, sobre los inconvenientes del exacerbado control de la población mediante pruebas o test médicos, llegamos a una conclusión en torno a la medicalización y la sostenibilidad del sistema sanitario:
La sanidad como negocio está en crear nuevos problemas. Y la sostenibilidad del sistema supone soportar los nuevos costes derivados o –lo más inteligente e improbable– rechazar de pleno esos problemas artificialmente creados.
Reparemos en que toda manipulación humana es inconveniente, aunque venga aderezada de buenas intenciones; y, como ya hemos dicho, el dominio de las voluntades acaba convirtiendo a individuos sanos en víctimas de salud. Se "crean" enfermos, bajando el umbral diagnóstico o ampliando sus límites (Disease mongering). Estamos ante un problema creciente de mercantilización de la salud, que entra en el campo de la bioética y de la sociología, y que es preciso frenar.
Disease-mongering is a term to describe the process of widening the boundaries that define medical illness in order to expand markets for those who deliver and sell treatments.
Disease mongering (Mercantilización de enfermedades)
MEDICINA DEFENSIVA. Una consecuencia nefasta de la “judicialización de la medicina”, que implica la solicitud de pruebas superfluas y derivaciones innecesarias.
Las demandas por mala praxis a los médicos han ido en aumento; el paciente ya es consciente de que puede denunciar si no está contento con el resultado.
El médico opta por ejercer una medicina defensiva, en vista de lo anterior, que le protege ante un eventual reclamo futuro del paciente.
Es esta situación de temor a una demanda y actitud defensiva la práctica médica se altera. La medicina defensiva distancia más al médico del paciente.
Frente a la indeseable práctica de la medicina defensiva se propone una medicina asertiva, humanizada, que requiere unas condiciones adecuadas, tiempo y recursos, todo lo cual compete a la administración pública.
Y de los comentarios a dicho artículo traemos una interesante selección que nos parece adecuada para complementar la visión de la medicina defensiva.
Lo de la medicina asertiva está muy bien... Pero, como dicen los anglosajones, cuando la mierda llega al ventilador, todo se va al garete.
Los médicos cometemos errores. Es un hecho. Y los cirujanos más, porque ya no se trata de que andes con cuidado, se trata de que un día no estés tan certero como sueles. Tipos que ganan millones y millones de euros fallan un penalti en la final de una Copa del Mundo que supone la culminación de sus vidas, de todo lo que han luchado por ser... ¿cómo no va a haber errores en una práctica cotidiana? Y no vale que me digan que se trata de vidas humanas: lo humano es humano y un humano no puede estar siempre igual de acertado o concentrado.
En España como siempre importamos las cosas solo a medias. (…) Y de USA se han importado las demandas y las indemnizaciones, pero no los sueldos.
La medicina defensiva es cara. Ante la disyuntiva de pedir pruebas caras y posiblemente innecesarias o asumir más riesgos de ser demandado el médico opta muchas veces por lo segundo. Es lógico.
Los pacientes tienen derecho a demandar a los médicos si consideran que su actuación no fue la correcta y les ha perjudicado. Es lo lógico.
Resultado: más listas de espera, sanidad más cara para los mismos resultados y abogados más ricos.
Quizás haya que poner algo de orden en todo esto para evitar tanto despilfarro.
Y uno de los principios fundamentales de la relación médico-paciente es la confianza. (…) Desde el mismo momento en que detecto la pérdida de la confianza del paciente, tengo que inhibirme por definición, y la razón es bien sencilla: con mucha frecuencia, en el tratamiento de una enfermedad, hay que asumir un riesgo, porque la medicina no es una ciencia exacta, y no es fácil asumir ese riesgo cuando el enfermo ya ha dejado bien claro que te va a hacer responsable de todo lo que le pase, sea o no culpa tuya. Y el paciente tiene derecho a tener un médico que no esté mediatizado.
Creo que se está olvidando la vieja y sana relación humana entre médico y enfermo. Soy psicólogo y a veces [pocas por suerte] usuario del sistema estatal de salud y a veces [por necesidad] del sistema privado.
A la sanidad pública solo puedo criticarle la masificación y la falta de tiempo que tienen los profesionales de la salud para tratar como seres humanos a los pacientes. Es que si se dedicaran a emplear el tiempo necesario en cada enfermo, las colas y listas de espera serían astronómicas.
En la privada te atienden mejor, tienen más tiempo porque te lo cobran y eres además un "cliente" que puede volver o recomendarlo. En la pública tienen el sueldo asegurado, y con que el enfermo no se queje a la inspección o te denuncie, o no te insulte o te agreda ya es suficiente.
El problema es la falta de educación e información, pero sobre todo la EDUCACIÓN. El paciente debe saber que la medicina no es una ciencia exacta, que el médico es humano y puede equivocarse, aunque quiera hacerlo bien, y cada persona responde de forma distinta al mismo tratamiento.
El médico por su parte debe tratar al enfermo con humanidad, ya que el 50% del tratamiento es el trato, el diálogo con él.
Y como suplemento, considerando que la masificación asistencial y la excesiva protocolización de los procedimientos limitan el tiempo disponible para cada paciente en el sistema público, nos parece oportuno traer un tuit relacionado.
En definitiva, creemos que hay que alejarse de la medicina defensiva (medicina ofensiva, al decir del doctor Juan Gérvas), peligrosa y costosa, indeseable desde la óptica de la razón y comprensible desde la más pura emoción, una práctica regresiva y probablemente incompatible con un futuro sanitario sostenible. Hemos de darnos cuenta de que la medicina defensiva viene a ser una "medicina de complacencia". Y las palabras claves para orientarnos hacia la preferible medicina asertiva (buena comunicación, sujeción del acto médico a la lex artis ad hoc, respeto de los derechos del paciente y respeto de los derechos del médico) bien podrían ser: confianza, profesionalidad,comprensión y sensatez. Una medicina ideal que supone dignificar la asistencia, en un marco de humanización que precisa recursos y tiempo (por lo tanto, decisiones políticas y cambios organizativos, además de educativos). Ojalá la medicina asertiva se impusiera.
Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón.
Jean Jacques Rousseau
–Dígame, ¿cual es su problema? –le dice el doctor Paratodo a la paciente.
–Quiero que dé un volante para el cardiólogo, y otro para el neumólogo, y otro para el urólogo, y otro para el ginecólogo, y otro para el alergólogo...
–Ninguno... Es por si me encuentran algo y puedo cobrar un subsidio.
Esta entrevista clínica verídica, en periodo de crisis económica, muestra el extremo al que hemos llegado. Una mujer de 50 años y sin trabajo en busca de percibir una renta por minusvalía/discapacidad. Al parecer le habían denegado la renta de inserción social, que por cierto exige, en teoría, estrictos requisitos que, en la práctica, no siempre se cumplen; concedida por seis meses prorrogables, por hipotéticas dificultades de control a menudo se convierte en vitalicia.
Es la muestra de un drama social. O de que vivimos en Gandulandia.
Desde el comienzo de las crisis económica en 2008 ha aumentado el número de solicitudes de rentas de inserción social y de reconocimiento de minusvalía/discapacidad. Las consecuencias son malas para la mayoría de cotizantes. Más subsidios supone más impuestos, aumento de retenciones en nóminas y mayor desmotivación de los trabajadores.
Peor aún es el conocimiento de situaciones que hacen hervir la sangre. Mientras muchos aguardan el derecho legítimo a percibir un mínimo de subsistencia, algunos aprovechados compaginan una renta de inserción social o de discapacidad con trabajos en negro (¿Picarescalandia?). En un foro sobre pensiones no contributivas se recogen algunas revelaciones que claman por medidas de control.
Todos estamos obligados a contribuir socialmente en cierta medida. Si percibimos una ayuda pública hemos de agradecerlo, dando algo a cambio, esforzándonos en contribuir de algún modo al bienestar general. La mayoría de las veces es posible. No es de recibo que unos vivan de la sopa boba mientras otros se consumen y empobrecen por tener que mantenerlos. Como podemos leer arriba, “lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello. Cuando la mitad de la gente llega a la conclusión de que no tiene que trabajar porque la otra mitad está obligada a cuidar de ella, y cuando la otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien obtendrá lo que ha logrado con su esfuerzo, eso es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”. Y queda lejos la utopía de vivir sin trabajar.
Deficiencia: toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica; temporal o permanente y en principio afecta sólo al órgano.
Discapacidad: toda restricción o ausencia (debido a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano. Concierne a habilidades, en forma de actividades y comportamientos que son aceptados en general como elementos esenciales en la vida diaria.
La discapacidad puede surgir como consecuencia directa de la deficiencia o como consecuencia indirecta por la respuesta del propio individuo.
Las discapacidades se clasifican en 9 grupos: de la conducta, de la comunicación, del cuidado personal, de la locomoción, de la disposición del cuerpo, de la destreza, de situación, de una determinada aptitud y otras restricciones de la actividad.
Minusvalía: toda situación desventajosa para un individuo determinado, producto de una deficiencia o una discapacidad, que limita o impide el desempeño que es normal en su caso en función de la edad, sexo y factores sociales y culturales.
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Asombra el esfuerzo ejemplar de personas con importantes limitaciones físicas por amputaciones. Es bien conocido el del escalador Ronnie Dickson, con una pierna amputada. Pero otros también demuestra que no hay límites al esfuerzo.
Sonatina nº 1 "Del taller de un inválido" (Final)– Richard Strauss
Hace dos días me rechazaron una petición de vitamina D.
Al parecer, como consecuencia del gasto de las peticiones (10€ cada determinación) van a denegar las determinaciones cuando haya otra previa antes de 4 meses.
En este caso era un control post tratamiento y el analista me pidió disculpas porque sí debería haberse hecho, pero el aplicativo informático no detecta estas contingencias.
Os lo comento porque lo del plazo no era conocido, como es habitual con el Complejo Hospitalario, así que tenedlo en cuenta para el futuro.
En caso de precisar control por tratamiento, de momento, hay que llamar a teléfono XXXXXX, hablar con Fulanito y pedir que le hagan la determinación.
Mensaje de un médico de familia a sus compañero de centro de salud.
Es bien sabido que los análisis de laboratorio suponen una parte importante del gasto sanitario. No sé si tan importante como la del apartado farmacéutico, pero no creo que mucho menos. Y es motivo de preocupación, sin duda. Y el gasto en análisis de laboratorio por uso inadecuado ha ido creciendo de modo imparable. ¿Por qué? Se han invocado diversas causas: medicolegales (medicina defensiva), falta de tiempo en consulta (medicina apresurada), cribados de enfermedades (medicina preventiva), presiones del paciente (empoderamiento), inseguridad del profesional, repeticiones injustificadas, etc. No dejan de sorprender las peticiones simultáneas de diferentes especialistas descoordinados. Por otra parte, no son infrecuentes las peticiones analíticas en el sistema público a requerimiento de profesionales del ámbito privado, incluidos nutricionistas. Se ha alertado sobre el uso inadecuado del laboratorio clínico y, en consecuencia, sobre la necesidad de patrones de actuación correcta. Se sabe que no hay relación entre número de análisis de laboratorio y calidad asistencial. Por el contrario, hay razones para tratar de remediar el abuso de las pruebas de laboratorio, la irracionalidad y el despilfarro, en una dinámica general de consumismo sanitario contraproducente. Lástima que se detecte el puntual chocolate del loro (petición de vit. D en ese caso) y no el grave dispendio analítico que se produce de modo continuado.
Partamos del hecho que si a un individuo sano le hacemos 10 pruebas de laboratorio la probabilidad de que uno de los resultados sea anormal será del 40%. Si además la sobrecarga innecesaria de trabajo en el laboratorio genera ineficiencia, y ésta provoca a su vez ineficiencia en otros servicios (consultas, exploraciones adicionales y prolongación de hospitalización), el gasto sanitario aumenta en cadena, dando lugar a un derroche inadmisible. Las estrategias para controlar el gasto en análisis de laboratorio (programas de educación e información, auditorías internas, modificación de formularios de solicitud, algoritmos diagnósticos, programas para la detección y eliminación de redundancias y repeticiones prematuras) no parecen haber sido afortunadas. Recuerdo una teleconferencia de un jefe de laboratorio, dirigido a centros de salud, para evitar peticiones sistemáticas de PSA que, sin la necesaria claridad y con ideas contradictorias, no supuso más que una pérdida de tiempo. Y mensajes como el que encabeza este escrito, pretendiendo ahorrar el chocolate del loro, son totalmente desafortunados. De cualquier manera, no hay que limitarse a lo negativo; conviene implementar medidas de mejora en las decisiones de peticiones analíticas.
Es evidente que la tecnología se ha impuesto a la práctica clínica: las pruebas de laboratorio prevalecen a menudo sobre la anamnesis y la exploración física. Hasta cierto punto, es consecuencia de la prisa, de la inquietud, del estrés sanitario espoleado por el estrés social. El preciado tiempo se lo lleva la medición biométrica. Se hacen demasiados análisis, de manera rutinaria, que no resuelven los problemas de salud de los pacientes, y que por encima suponen un gasto superfluo que sustrae recursos económicos limitados. Algunas pruebas realmente costosas (marcadores tumorales, hormonas...) se solicitan demasiado a la ligera. Hay que hacer un adecuado enfoque de los costes de laboratorio. Se habla de la necesidad de cambiar hábitos y patrones de solicitud analítica, así como de consensuar la implementación de estrategias que optimicen su rendimiento diagnóstico. Se habla de la necesidad de interacción entre los facultativos del laboratorio y los clínicos y convencerlos. Pero del dicho al hecho... No debiera ser así. Se precisa calma, sensatez y rigor. Sin embargo es preciso un esfuerzo general para que impere sentido común y que las pruebas de laboratorio se soliciten con un mínimo de justificación.
También es preferible pedir una prueba analítica de más que una de menos.