Ya dijo la voz de la sabiduría: Conócete a ti mismo.
Somos tan vulnerables que nos dejamos engañar fácilmente.
Y no olvidamos factores enloquecedores*, como el ruido, la prisa, el agobio, la dependencia tecnológica, las diversas adicciones (químicas, al juego –ludopatía– y demás) o la incomunicación real. Múltiples motivos de infelicidad...
El secreto de la infelicidad
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*Factores enloquecedores: causas de estrés
El estrés, debido a diferentes causas, puede provocar un trastorno mental. Tanto el estrés agudo, postraumático, por un cambio vital drástico o un cataclismo, o el estrés crónico, continuado, por estímulos ambientales (p. ej. ruido), enfermedades, adicciones, aislamiento, sobrecarga laboral, etc. Varias las hemos referido arriba.
Los médicos están prescribiendo pastillas como si fueran caramelos.
La hibris o hybris (hubris en inglés) es un concepto griego equivalente a «desmesura», exceso de orgullo o arrogancia, que originalmente significaba un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses (inmortales) a los hombres (mortales). Hoy se define como desmesura en el ego, que ostenta una persona orgullosa o arrogante. Hibris, hybris o hubris, cada cual escoja.
Desde este concepto griego, el neurólogo David Owen, miembro de la cámara de los lores y excanciller británico, atraído por el comportamiento y el perfil psicológico de ciertos políticos, acuñó el término Síndrome de hubris (SH), en 2008, para describir el comportamiento de esos mandatarios megalómanos y omnipotentes, incapaces de escuchar a los demás e impermeables a las críticas.
El síndrome de «hubris» (SH) es un trastorno psiquiátrico adquirido que afecta a personas que ejercen el poder en cualquiera de sus formas. Se ha descrito en multitud de campos, desde la política a las finanzas. La relación médico-paciente también es una relación de poder. La falta de humildad y empatía en su ejercicio puede hacer que cualidades como la confianza y seguridad en uno mismo se transformen en soberbia, arrogancia y prepotencia características del médico con SH.
Seguro que todo el mundo conoce a alguien con el síndrome de hubris o hibris. Hay personas que lo padecen en todos los ámbitos, profesionales de todo tipo que se comportan con chulesca desmesura. El sector de la salud no se salva; hay sanitarios orgullosos y arrogantes, encaramados sobre pedestales de soberbia, necesitados de una cura de humildad que los libere de la maldita hibris.
El síndrome de hubris o hybris (Síndrome de arrogancia)
La enfermedad del poder o el poder como enfermedad
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Frente a la hibris (desmesura, arrogancia), la frónesis (prudencia, humildad).
Esta enfermedad tiene dos posibles epílogos: termina en lisis, viene nemesis [Némesis] y lo destruye, o termina en crisis, donde el enfermo de hibris se da lentamente cuenta de su estado y corrige su conducta en base a un aprendizaje transformacional, encontrando el correcto valor de sí mismo y el valor de sus semejantes, de los otros, adquiere humildad, dignidad y respeto por sí mismo y por los demás.
Una tarde cualquiera de 1988, estando yo [como médico residente] en el Área de Observación con cuatro camas a mi cargo (supervisado siempre por médicos mayores), aterrizó por allí una paciente de 82 años a la que llamaremos Aurelia. Aurelia, procedente de un pueblo cuyo nombre omitiré, vino a parar a mi esquina; y, una vez aposentada en mi terreno, durante doce horas completas la atendí lo mejor que supe.
Venía Aurelia con un grave problema de anuria. Esto es: no orinaba en absoluto. Aurelia tenía una diabetes tan avanzada que sus riñones estaban hechos trizas. No filtraban la sangre. No orinaba desde hacía varios días. Era una sentencia de muerte. Una anciana desahuciada por la ciencia.
Bajaron a verla los internistas, los nefrólogos y los urólogos de guardia. Todos coincidieron en lo mismo: la diálisis no era posible por su mal estado de salud y por la avanzada edad; los medicamentos ya no servían para tratar el problema de Aurelia; y un ingreso hospitalario, para morir en pocos días, no era del todo preciso.
Hablamos con sus hijos para que eligieran entre las dos opciones posibles: quedarse, o irse. Fueron unánimes: llevársela de vuelta al pueblo. Fue una decisión sensata: para morir, si el caso es manejable, nada mejor que tu habitación, tu casa, tus hijos, tus nietos, tus amigos de siempre.
Mientras Aurelia estuvo en el Área de Observación (mientras le hacíamos todas las pruebas que necesitaba y los especialistas iban dando el veredicto), yo charlé mucho con ella. Aurelia estaba en sus perfectas cabales, y era una mujer simpática. Me explicó las faenas agrícolas que había hecho de pequeña; y yo, que también soy muy cateto, le daba palique hablándole de olivos, de espuertas, de morcillas y de albercas. Aurelia y yo, por qué no decirlo, nos cogimos afecto.
Pero llegó el momento de irse y, ¡ay horror de los horrores!, la enferma nada sabía. Sus hijos no se habían atrevido a decirle que se iba. Los especialistas que bajaron a tratarla, tampoco. Y a mí, su médico en ese momento, se me había pasado por alto el pequeño detalle de comunicar a Aurelia que lo suyo no tenía solución, que iba a morirse de todas-todas, que ya no orinaría nunca jamás y que, por decisión de todos menos de ella, se iba a marchar a su pueblo en pocos minutos.
Casi con la ambulancia en la puerta, hube de dar la mala noticia a la dueña de su vida. Era lo justo. Durante las doce horas que allí estuvo, aunque tratada y remirada por medio hospital, yo había sido el médico de Aurelia. Su referencia.
Dar malas noticias es algo para lo que no te preparan en la Facultad de Medicina. Al menos así ocurría antes, en mis tiempos. Ahora, no lo sé. Digamos que dar malas noticias era (o sigue siendo) una ingrata tarea que aprendíamos los médicos a base de ensayo y error. Esto es: a base de meter la pata muchas veces. Y yo, con Aurelia, la metí hasta las honduras. Porque, aunque había docenas de maneras de abordar correctamente el asunto, yo, inadvertidamente, por precipitación o inexperiencia, escogí la única que no se debe escoger: la de tratar a un paciente como si fuera un tonto. Y un paciente, aunque esté senil o terminal, no es ningún tonto. Es un paciente. Una persona con derechos. Y, entre ellos, el derecho de recibir información veraz.
Me acerqué a la cama de Aurelia y le cogí las manos. Luego, con aire falsamente desenvuelto, con mi mejor sonrisa postiza, le espeté:
—Muy bien, Aurelia. Traigo muy buenas noticias. Te vamos a dar el alta y te vas a marchar a casa. Te hemos puesto unos medicamentos nuevos que harán efecto en unos días. El médico de tu pueblo, con el informe que llevan tus hijos, ya se encargará de hacerte orinar.
Aurelia me miró, burlona. Aún recuerdo la negrura de sus ojos, el tacto de sus dedos y las arrugas de su cara; el pelo, limpio; blanquísimo; su mano, asida a la mía.
—Sí hijo, sí. Desde luego –Aurelia no me había llamado “doctor”, sino “hijo”. Y una sonrisilla traviesa dejó entrever su dentadura. Luego, amable y mordaz al mismo tiempo, prosiguió–: Si no he orinado en el Hospital Carlos Haya... ¡voy a orinar en mi pueblo!
Y a mí, en aquel preciso instante, se me cayó la cara de vergüenza.
Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.
Aristóteles
La etapa humana de la adolescencia es un tránsito del desarrollo que condiciona la vida posterior y, en ocasiones, conlleva un trauma insuperable (*). Sobre la situación extrema en la que el adolescente decide no seguir soportando una ingrata existencia, dejamos que un texto ajeno hable por nosotros.
Penetrar en la mente de un adolescente y tratar de ordenar lo que la naturaleza o la sociedad entre la que convive ha desordenado es labor de la psicología. Muchos de esos desórdenes son inevitables porque proceden de lo profundo de su alma, pero otros muchos sí son evitables porque proceden de lo más profundo de quien a veces parece carecer de ella. Como es difícil que quien provoca ese daño deje de hacerlo por entendimiento o remordimiento, es labor de quien los rodea tener el valor, si se conoce, o tener la empatía, si se desconoce, para poner a unos en manos de la justicia y a otros en manos especializadas para que cada una de ellas pueda desempeñar su trabajo. Tanto si la depresión que desencadena el suicidio de un niño es causada por el acoso continuado como si lo es por el propio derrotero que ha tomado la sociedad, tiene que ser abordada desde otro punto de vista, porque está muy claro que algo grave está pasando y no está siendo tratado.
Entrar en la significación de la muerte voluntaria (acto reivindicativo, rito, acto de liberación, etc.) implica la valoración de cuestiones sociales, políticas, filosóficas y religiosas. En los adultos podría comprenderse cualquier variante, fraguada en la rabia, la venganza, la desesperanza o la culpa; pero en niños o adolescentes, sin pasado, la tragedia del suicidio es escalofriante.
Prevención del suicidio: información para profesores (OMS)
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Empeoramiento de la salud mental en niños y adolescentes: un problema social, cultural, educativo y económico, que precisa de oportuna prevención.
Anexo: Sobre la salud mental en niños y adolescentes
El mayor motivo tiene que ver con una mayor detección, y en un menor porcentaje de casos por factores biológicos y ambientales. Muchos son trastornos leves y no necesitan de especialista; pueden ser tratados por el pediatra o incluso se resuelven espontáneamente (por ejemplo enuresis, cuadros leves de fobia escolar o de ansiedad). Otros, como la depresión, la hiperactividad o el trastorno del espectro autista son reconocidos antes por los especialistas y, por tanto, tratados antes.
Entre los factores de riesgo se señalan: pobreza, acoso escolar, consumos tóxicos ( tabaco, alcohol, drogas), violencia o malos tratos, tecnología (uso excesivo), expectativas académicas y presión del entorno, conflictos familiares o cambios en la vida familiar.
Para entender la patología en la adolescencia es necesario contextualizar el momento histórico y cultural en el que nos encontramos. Vivimos en una sociedad cada vez más hedonista, existe poca tolerancia al malestar y se tiende más a medicalizar la vida cotidiana y a recurrir a la ayuda de las terapias para enfrentarse al día a día. En cuanto a la crianza, se ha dado una pérdida de autoridad tanto en casa como en los colegios, con una tendencia a democratizar las decisiones que se toman con respecto a los hijos. En nuestra sociedad todo es cuestionable y relativizable, lo que hace que los valores tradicionales pierdan influencia. Cada vez se tienen menos hijos, se ha dado una pérdida de apoyos externos (familia extensa o apoyos de la comunidad), los padres cada vez tienen más edad y horarios de trabajo más extensos, y nuestros menores están continuamente expuestos a las tecnologías (contenidos violentos, sexuales, etc.).
Puntos clave: ■El aumento de los trastornos mentales en la adolescencia es multicausal.
■El pediatra en AP tiene un papel clave en la prevención y detección de trastornos mentales (o de factores de riesgo) en la adolescencia.
■Cabe distinguir el malestar emocional de la vida cotidiana de los trastornos mentales. ■Tratamiento farmacológico [y/o psicoterapia] si es preciso.
...Y a partir de una simple definición, podemos teorizar lo que queramos.
Un buen principio es la teoría motivacional planteada por le psicólogo Abraham Maslow en una pirámide, según una jerarquía de las necesidades humanas. De modo que con las necesidades fisiológicas cubiertas y disponiendo de cierta seguridad, como cualquier humano, el profesional de la salud tendrá más motivación si se siente querido, reconocido y autorrealizado.
Estatua de Rosalía de Castro (Monumento en su honor, Santiago de Compostela)
Rosalía de Castro, una cautivadora personalidad, inteligente, culta y sensible.
Divina Rosalía, Senhora da Saudade e da Melancolía.
Teixeira de Pascoaes
Damos comienzo con este artículo a una pequeña serie, de tres capítulos, sobre la gran poeta Rosalía de Castro en sus perfiles psicológico y patobiográfico: 1) su personalidad, 2) su condición de enferma y 3) los médicos que la trataron. Y comenzamos con los dictámenes y las especulaciones en torno a su personalidad.
[Dictámenes de estudiosos y especulaciones]
Se ha concluido que la personalidad y el sentimiento vital de Rosalía son fruto de sus orígenes. Tenemos a nuestra disposición algunas interpretaciones de reconocidos rosaliólogos.
Juan Rof Carballo (1905-1994), padre de la medicina psicosomática, le achacó a Rosalía el llamado «complejo de Polícrates», enfermedad psíquica que provoca la infelicidad en una persona cuando ya ha logrado sus máximas aspiraciones; un fenómeno observado por Freud, cuya denominación proviene del tirano griego Polícrates de Samos, quien temía que los dioses castigaran su excesiva felicidad y cuyo temor finalmente se cumplió, muriendo ante las tropas persas de Darío.
Según Rof, Rosalía habría padecido este complejo en su forma menor, como miedo a una felicidad excesiva. Acaso nos lo sugiera el poema que comienza así:
Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón...
(Una vez tuve un clavo
clavado en el corazón...)
Después de arrancar el clavo que la atormenta y no sentir ya dolor, nota que algo le falta; tiene saudade de aquella pena. Romántico sufrimiento… Y eleva su plegaria a Dios, al dios en el que cree, expresando su desconcierto, al no entender el barro mortal que envuelve el espíritu.
El médico humanista Agustín Sixto Seco (1926-2004), confiesa su interés por Rosalía desde 1947, tras asistir a una conferencia del profesor José Pérez López-Villamil titulada La personalidad enferma de Rosalía de Castro, en la que este psiquiatra afirmaba que su sufrimiento patobiográfico se reflejaba en el rostro.
A partir de entonces, el doctor Seco se entregó al estudio de la personalidad de la escritora, culminándolo en el ensayo Achegamento médico-antropolóxico á personalidade de Rosalía (1985); y se fundamenta en varias claves para acercarse a la patobiografía de la escritora: su nacimiento singular, su casamiento (precipitado, embarazada), su autorreconocimiento como «eterna enferma» y su cansancio existencial.
Quizá podamos interpretar esto último como permanente insatisfacción, o relacionarlo con el miedo a la felicidad que apuntara Rof Carballo. Pero extraer conclusiones de una simple instantánea, como hizo López-Villamil, nos parece demasiado aventurado; creemos que nos dan más claves sus escritos, en los que se expresa un alma sincera, que las imágenes de su persona.
Por otra parte, hay declaraciones de su buen corazón, de su bondad con la gente humilde, de su preocupación por los niños huérfanos y por todos los desamparados. Se ha dicho que no dejaba a los pobres sin consuelo (a esos infortunados en los que veía justificada la picaresca para sobrevivir, no, por desgracia, para salir de la pobreza), que se mostraba caritativa, ya mediante la limosna, ya con sus palabras cariñosas. Entre los testimonios, el de Augusto González Besada* (1865-1919), abogado y político; el mismo que la retrató con estas palabras:
…alta y delgada, la tez de un limpísimo moreno claro, negros y profundos los ojos y abundantísima y negra la cabellera. La boca muy grande, de labios muy rojos e irreprochable dentadura, corta y bien delineada la nariz, el óvalo del rostro imperfecto por tener los pómulos abultados, busto prominente, cintura estrecha, fina la mano y muy delgados los dedos». En reposo, su expresión era melancólica; mas, cuando hablaba, parpadeaban mucho sus ojos y cobraban singular belleza... Distinguidísima en los ademanes, naturalmente graciosa y suelta en las actitudes, dotada de linda, dulce y acontraltada voz, realzaban, más que la belleza, lo interesante y misterioso de su figura, la afabilidad y sencillez de su trato y su amor a la música, a los pájaros y a las flores.
Este retrato literario difiere del de Ricardo Carballo Calero (1910-1990), filólogo y escritor, quien se basa en la imagen de sus retratos conservados, concluyendo que hay un desfase entre esa Rosalía que vemos y la que imaginamos a través de sus poemas. Por cierto, según Carballo Calero hay una gran similitud entre el poema «Negra sombra» y otro de Aurelio Aguirre: «El murmullo de las olas», en el que Rosalía se pudo haber inspirado.
Giran en torno a la figura de Rosalía, cuya sonrisa esbozada nos parece tan enigmática como la de la Gioconda de Leonardo da Vinci, calificativos portadores de negatividad: triste, taciturna, melancólica, depresiva, pesimista, desolada… incluso loca. Nos hacen verla sumida en el dolor y la fatalidad, en la saudade ontológica. Sin embargo, hallamos en su obra momentos luminosos, de placer, de vitalidad, de ternura y de humor sutil.
En el aspecto psicológico, es posible que marcasen el carácter de Rosalía su nacimiento «sacrílego» y las presiones sociales, al señalarla con el dedo. Después, las prematuras muertes de dos de sus siete hijos. Y no descartamos que la peculiar personalidad de Manuel Murguía (bohemio, díscolo, irritable, polémico) la condicionase de algún modo; el mismo que, tras su desaparición, derramará lágrimas por ella, lamentará su mala fortuna, suspirará al recordar sus horas felices y certificará, con emoción, la bondad de su alma única y el amor a aquellos lugares que consideraba sagrados y a las gentes que los poblaban.
Su voluntario apartamiento de los ámbitos literarios y su relativo aislamiento, podría sugerirnos miedo al éxito o humildad extrema (se alejó de la gloria, de los aplausos: «Yo prefiero a ese brillo de un instante / la triste soledad donde batallo…»). Acaso le bastasen las solitarias lecturas y la intimidad creativa.
Las cartas de Rosalía que nos han llegado, dirigidas a su marido —la mayoría—, a José María Posada (1817-1886), poeta y periodista, a Ángel Baltar Varela (1827-1895), farmacéutico y alcalde de Padrón, y a Ubaldo A. Insúa (1856-1938), abogado, escritor y periodista, nos dan claves de su personalidad. En ellas advertimos una mujer afectuosa, generosa y agradecida, además de cuidadosa en la escritura de la correspondencia epistolar.
En su imaginación todo fluye, y en ella se adivina o se percibe el paso de las estaciones, el calor estival, las hojas de otoño, la escarcha invernal, el dulce y perfumado calor primaveral…
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.
Es fácil decir, nada cuesta especular. En cualquier caso, advertimos en Rosalía un espíritu romántico, sensible, ensoñador e independiente, en el que no falta el amor a la tierra, la preocupación social y la profundidad de pensamiento. Y con todas estas cualidades humanas, contemplamos una mujer buena.
La naturaleza. Son numerosas las descripciones de paisajes o las referencias a la naturaleza en la obra de Rosalía, y son distintas las actitudes adoptadas ante ella. Unas veces proyecta sobre la naturaleza sus estados de ánimo, otras le sirve de contraste para acentuarlos. En ocasiones la naturaleza será algo ajeno y hostil al hombre, otras se produce una plena identificación.
La religiosidad. Uno de los aspectos más difíciles de enjuiciar en la obra poética de Rosalía es el del alcance, la hondura o la autenticidad de su sentido religioso de la vida. No faltan poemas (ni alusiones religiosas) a lo largo de toda su obra; podemos decir, incluso, que son poemas donde late un vivo sentimiento religioso. Y, sin embargo, el conjunto de su obra ofrece un desolado panorama sobre el hombre.
El tiempo. El tiempo en Rosalía es fugaz. Su experiencia se lo muestra como algo rapidísimo, que apenas permite apreciar el presente. En su rápida e irrevocable carrera, el tiempo se lleva la belleza. Y se lleva también la esperanza. La esperanza es cualidad temporal del espíritu humano, propia de la juventud y pasajera como ella.
El amor. A primera vista, el amor es una realidad poco importante en la obra de Rosalía. No estamos ante una gran poeta amorosa; en ningún momento sus poemas de amor están a la altura de sus mejores obras. Pero una lectura detenida descubre que el tema amoroso, bajo una u otra forma, es bastante frecuente. Tenemos la impresión, no de que haya tenido poca importancia en su vida, sino de que existe una especie de inhibición, de dificultad para tratar y, quizá, para vivir el amor.
La muerte. Los sufrimientos constantes que atormentaron a Rosalía fueron quebrantando su reciedumbre y fortaleza de alma. Cada vez más, anhela el descanso, el final de tanto dolor [o sufrimiento]. Y este descanso se presenta ante ella de dos formas distintas: como deseo de muerte y como deseo de insensibilidad.
Las seis emociones básicas (Asco, Miedo,Sorpresa,Enfado –Ira–, Tristeza, Alegría), a las que nos referimos al hablar sobre la necesaria fuerza emocional, nos han inspirado una impresión poética a modo de juego emocional.
EMOCIONES
Sensación de asco, disgusto o fastidio,
conmoción ingrata que enseguida dejo.
Impresión que ahoga, atemorizando,
error, miedo, espanto que, valiente, venzo.
Sorpresivo encuentro, gesto de extrañeza,
repentino pasmo que pronto supero.
Sentimiento de ira, rabia, enfado, enojo
que se acerca al odio e, indulgente, alejo.
Amarga aflicción, penosa tristeza,
desencanto incómodo que, entusiasta, sierro.
Gustosa alegría, felicidad, dicha,
disfrute, optimismo que con fuerza aferro.
—Son seis emociones —con muchos más nombres—
que expresa mi cara y sirven de juego.
[2021, 21 jun.]
Sexteto para clarinete, trompa, trío de cuerda y piano, Ernő Dohnányi
Disforia de género (Incongruencia de género) es el término utilizado para referirse a una profunda sensación de incomodidad y aflicción cuando el sexo biológico no coincide con la identidad de género. En el pasado, esto se denominaba trastorno de identidad de género. En algunas personas, esta discordancia (o incongruencia) puede ocasionar una grave inconformidad, ansiedad, depresión y otras afecciones de salud mental. Este término introducido por el psicólogo John Money en 1973, y aceptado por la psiquiatría, para designar a lo que en 1953 el endocrinólogo Harry Benjamin había llamado transexualidad. En la actualidad, la transexualidad y la disforia de género son términos distintos. [Wiki]
TERMINOLOGÍA
Disforia. Emoción desagradable o molesta; antónimo de euforia.
Sexo y género. Términos que establecen una diferencia entre lo biológico y lo cultural. ‘Sexo’ (hombre o mujer) se refiere a la anatomía del sistema reproductivo y a las características sexuales secundarias. mientras. ‘Género’ (masculino o femenino) se usa para los roles sociales basados en el sexo de la persona (rol de género) o la identificación personal (identidad de género). En cualquier caso, se sigue confundiendo sexo y género, incluso en el ámbito académico.
Orientación sexual. Forma de atracción sexual: hacia el sexo contrario (heterosexualidad), el mismo sexo (homosexualidad, lesbianismo) o ambos sexos (bisexualidad).
Identidad de género. Percepción que tiene un individuo respecto a su género, que puede coincidir o no con el sexo asignado.
Cisgénero. Describe a una persona cuya identidad de género y sexo asignado al nacer son el mismo: coinciden sexo y género; v. g., si nació biológicamente como hombre y se identifica como hombre (género masculino), es un hombre cisgénero.
Transgénero. Describe a una persona cuya identidad o expresión de género difiere del sexo que se le asignó al nacer: no coinciden sexo y género;v. g., si nació biológicamente mujer y se le asignó el género femenino, pero tiene una profunda sensación interna de ser un hombre, o propiamente, del género masculino.
Transexualidad. Cualidad de la persona que pertenece al sexo masculino o femenino bajo el aspecto fenotípico, y que tiene las funciones fisiológicas que responden a ese fenotipo, pero, sin embargo, se experimenta y se concibe a sí misma como perteneciente al sexo contrario (identidad sexual).
[Transfobia. No mirar con buenos ojos la realidad transgénero o la transexualidad.]
Género binario y queer + Género fluido. Ver abajo (Enlaces relacionados).
CAUSAS
No se sabe exactamente qué causa la disforia de género. Se cree que las hormonas en el útero, los genes y los factores culturales y ambientales pueden intervenir.
TRATAMIENTO
Va desde la asesoría y consejería, para ayudar a comprender sentimientos, afrontar y disminuir los conflictos, hasta la cirugía de afirmación de género (antes denominada cirugía de reasignación de sexo), pasando por la terapia hormonal de afirmación de género (en el pasado terapia de reemplazo hormonal).
DISCUSIÓN
No es poca la confusión en torno a la disforia de género, cuya investigación no se ha detenido. Es un diagnóstico psiquiátrico, pero no un trastorno psiquiátrico; considerada inicialmente como tal por la Asociación Americana de Psiquiatría, en su clasificación DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders –Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), dejó de serlo en su actualización de 2018 (DSM-5), y la OMS hizo lo propio en su clasificación CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) de 2022 (CIE-11). Los cambios de denominación por presiones ideológicas (Ideología de género,Feminismo de género, Lobby LGTB), no por motivos científicos, generan desconfianza y más desconcierto. Y la posibilidad de que los niños puedan decidir el cambio de sexo (Ley Trans) levanta ampollas y provoca debates éticos.
¿Qué es disforia de género?
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Has nacido en un cuerpo equivocado. (Expresión tópica)
Algo llamativo es que, pese a la importancia de la subjetividad en este fenómeno, el manejo de la transexualidad se aborda desde una lógica biologizante. La gran demanda de tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas es un indicador de la medicalización que hoy priva, y que se ha incorporado al imaginario social de la transexualidad.
El cerebro de los transexuales, tanto el de los m-f o como el de f-m, no parece que esté globalmente feminizado o masculinizado, pero si muestra una feminización o masculinización selectiva. No existe un gen específico de la transexualidad, pero existen determinadas alteraciones cerebrales... Los factores causales del transexualismo siguen sin conocerse, aunque parece lo más probable que sea el resultado de la interacción de múltiples factores, biológicos, psicológicos y sociales
Las personas no binarias (género no binario) son las que se sienten ajenas a las categorías de lo masculino y lo femenino; rechazan identificarse con un polo, reconocen aspectos de ambos. Las personas genderqueer (género queer) tienen la misma inconformidad y se definen con otros géneros: bigénero, pangénero o andrógino.
Muchas personas que se identifican como “de género fluido” [transicionan entre dos o más géneros de forma permanente o esporádica, pudiendo ser bigénero, trigénero o pangénero] sienten que su identidad de género no es fija ni definible sino más bien cambiante (fluida): se pueden sentir como hombre un tiempo y después como mujer o al contrario, o pueden sentirse sin un género en particular.
La versión 5 del Manual de Diagnóstico y Clínico de los Trastornos Mentales (DSM 5) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), subdivide la disforia de género en: niños (302.6–F64.2) y en adolescente y adultos (302.85–F84.1)
Es una ideología (es decir, un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.
El doctor Koroliov hace una vista a la fábrica de los Liálikov. La hija de la señora Liálikov, la dueña de la fábrica, se encuentra enferma.
(…)
—Tengo palpitaciones —dijo—, he estado tan asustada toda la noche… ¡Casi me muero del susto!* Deme algo.
—Lo haré, lo haré, cálmese.
Koroliov terminó de examinarla y se encogió de hombros.
—Su corazón está en perfecto estado —dijo—. Todo está bien, todo está en orden. Sus nervios deben de haberse alterado, pero eso también es normal. El ataque ya ha pasado, y debería dormirse.
(…)
—Quiero decirle lo que pienso. Creo que no estoy enferma**, pero estoy preocupada y me acongoja que las cosas sean como son, y que no puedan ser de ningún otro modo. Incluso la persona con la mejor salud no puede evitar acongojarse si por ejemplo un bandido se pasea debajo de su ventana. A menudo me dan medicinas —continuó, mirándose las rodillas y sonriendo con timidez—, y por supuesto que estoy muy agradecida, y no rechazo usarlas; pero me gustaría hablar no con un médico, sino con alguien que me fuera cercano, con un amigo, que me entendiera, y que me dijera si tengo o no tengo razón.
**Por esta revelación, uno podría pensar que se ha descubierto a un paciente simulador o con Síndrome de Münchausen (Trastorno facticio autoinfligido). En el primer caso sería para obtener alguna ganancia, en el segundo no: sería un trastorno mental en el que la persona se inventa síntomas o dolencias por una necesidad de ser asistido. [Dif. Sd. de Münchausen por poder, hoy llamado Trastorno facticio infligido a otro.]
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Muchas veces el doliente no tiene una enfermedad del cuerpo, sino del alma. Y Antón Chéjov (1860-1904), escritor y médico, calificado como «cirujano del alma», maestro del cuento y diseccionador del espíritu humano, lo sabía bien.
Antón Chéjov, de médico a escritor
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La literatura es mi esposa legítima y la medicina mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra. A. Chéjov
Escritor ruso autor de novelas, ensayos, obras de teatro y, sobre todo, multitud de relatos cortos o cuentos, género literario en el que hizo historia y en el que se le considera un maestro. Médico de profesión, simultaneó la gran pasión que sentía por la literatura con la medicina. Sus obras de teatro La gaviota [amor –Temas], Tío Vania [aburrimiento], Las tres hermanas [sentido de la vida –Temas] y El jardín de los cerezos [cambio social –Temas] pasaron en principio desapercibidas, pero cosecharon un gran éxito más tarde, al ser representadas por la Compañía de Teatro de Arte de Moscú. Tanto en sus relatos como en sus obras dramáticas, Chéjov hace crítica de la sociedad –zarista– que le tocó vivir, la Rusia anterior a la revolución de 1905, donde refleja la inquietud de sus personajes por crear un mundo mejor… y su frustración. Le movía un ansia de justicia sin motivaciones ideológicas. Como médico, podemos imaginar su impotencia ante la tuberculosis que padecía y que lo habría de llevar a su temprana muerte, en el balneario alemán Banderweilier, a donde había acudido en un último intento para controlar esa infección crónica y progresiva. Como escritor, no se hizo popular fuera de Rusia hasta el final de la Primera Guerra Mundial, con la traducción de sus obras al inglés de la mano de Constance Garnett. Su influencia se hace evidente en autores como James Joyce, Tennessee Williams, Arthur Miller o Raymond Carver.
Chéjov camina por la tierra como un médico por un hospital; hay muchos pacientes, pero no hay medicinas, y, además, el médico no está seguro de que las medicinas sirvan para nada.
Nadie ha comprendido tan clara y sutilmente como Anton Chéjov la tragedia de las pequeñeces de la vida, nadie hasta él ha sabido dibujar a los hombres con tan implacable veracidad: el cuadro vergonzoso y desalentador de su vida en el opaco caos de su mezquindad de cada día.
Maxim Gorki, escritor y amigo de Chéjov
Chéjov no ofrece soluciones ni apunta a posibles vías de salvación, se limita a presentarnos una descripción sincera y descarnada de una sociedad en descomposición, de un edificio podrido desde los cimientos que se resquebraja y amenaza con derrumbarse con gran estrépito.
*«Chéjov nos relata la historia de Andrei Efímich, director de un establecimiento para enfermos mentales, y de la insospechada amistad que traba con uno de los internos, Iván Dmítrich, en quien reconoce una inteligencia fuera de lo común. La amistad con el enfermo demente actúa como el desencadenante de un final en el que el médico se verá absorbido por el mismo sistema carente de piedad en el que él ha actuado durante tanto tiempo como uno de sus necesarios engranajes».
–El tono humorístico de Chejov distiende de momentos serios o dramáticos.
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Entre sus otros numerosos cuentos: «El beso», «El estudiante», «Muerte de un funcionario», «La tristeza» y «La dama del perrito».
Resiliencia: capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad. Grotberg, 2001
CUESTIONES Y LOCALIZACIÓN EN VÍDEO
00:00 Aprender a amar: socializarse.
01:15 Resiliencia. Definición: iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma. Condiciones que la permiten: la segurización, la recuperación, las relaciones y la cultura. Persona resiliente: según construcción de personalidad y entorno.
03:03 Niño resiliente: seguridad, entorno seguro (madre segura transmite seguridad al hijo). Factores negativos: violencia conyugal y precariedad social.
05:30 Segurizar: crear apego familiar, vínculo; da tranquilidad, evita angustia.
07:20 Ralentizar. Vivimos en la “cultura del sprint”; bebés estadounidenses tienen cada vez más ansiedad. Europa la sufre, excepto países del norte (Finlandia es un buen ejemplo). Ralentizar y divertirse, para aprender el “arte de vivir".
11:17 Resiliencia en edad adulta. La resiliencia está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes. Si sufrimos un trauma no debemos aislamos, porque se agrava el sufrimiento: hay que hablar con gente de confianza.
13:19 Traumas. Imposible hacer un baremo. Todo puede ser traumático: una mudanza, una mala palabra… Si antes del suceso uno ha sido vulnerabilizado (debilitado); por mínimo que sea puede dañar.
16:15 Trauma y representación del trauma. Si estamos bien rodeados, si tenemos apoyo (afectivo) y reflexionamos, sufrimos en lo real, pero pronto dejamos de sufrir en la representación de lo real. Pero si nos quedamos solos, solo pensamos en la desgracia, agravamos el sufrimiento y nos abocamos a la depresión.
17:28 Historia personal: Auschwitz. Necesidad de comprender lo que ha pasado.
21:47 Factores del niño resiliente. El factor genético existe, pero no dice casi nada de la condición humana, afecta poco. Lo demás es afectivo y cultural.
22:54 Trauma o aislamiento afectivo. Vivir un trauma o una situación de aislamiento afectivo puede afectar al desarrollo neurológico del niño.
25:43 Artistas que han sufrido situaciones difíciles (pintores, cineastas, escritores). La vida es apasionante y difícil; no se puede suprimir la tragedia de la condición humana. Todas las producciones artísticas están hechas para superar la tragedia. El arte juega un papel muy importante en el proceso de resiliencia. La carencia invita a la creatividad; un niño aislado tendrá el cerebro dañado y no será creativo, pero un niño demasiado protegido tampoco lo será.
30:56 Altruismo y resiliencia. Cuando sufrimos una tragedia estamos a la defensiva, pero cuando superamos un trauma, a menudo nace un deseo altruista, la necesidad de ayudar a otros, porque sabemos lo que es el sufrimiento. Es un mecanismo de defensa psicológico. Ejemplo de niños-soldado del Congo: todos querían ser periodistas o médicos (para contar lo que pasaba y proteger a otros del dolor). El 50% de enfermeros y psicólogos tienen depresión por agotamiento profesional; cuando te centras demasiado en el otro, acabas por descuidarte tú; por eso hay que hacer algo más: apuntarse a un coro, a un equipo de fútbol…
34:28 Empatía. La empatía es la capacidad de descentralizarse uno mismo para representar el mundo de otro. Los niños privados de afectos o con aislamiento sensorial se balancean, se vuelven grises, se hieren, se dan cabezazos contra la pared, se mutilan en la adolescencia agreden a sí mismo. Si no hay alteridad [capacidad de ser otro], uno mismo es su única alteridad. No hay altruismo porque no hay empatía. Hay pedagogía de la empatía; si creamos un entorno seguro para el niño, acabará por interesarse por el otro.
36:26 Cómo trabajar la empatía. Tocar un instrumento o cantar, hacer deporte, el arte... Los niños que tocan un instrumento, o cantan, estimulan el lóbulo temporal izquierdo, que trabaja el lenguaje; esos niños hablan mejor y antes; también socializan con más facilidad, porque tienen más confianza con los demás, y tienen buen rendimiento escolar. Con el deporte ocurre algo parecido. Pero en Occidente padecemos enfermedades derivadas del sedentarismo, porque hemos descuidado nuestro cuerpo. También el dibujo, el teatro y el cine son excelentes para desarrollar la empatía. Una película adecuada puede hacer comprender otras creencias y culturas. Los cuentos enseñan a los niños a expresarse y la moraleja que entrañan les ayuda a pensar como pequeños filósofos. El arte y el deporte forman parte de la condición educativa, desarrollan la empatía.
40:51 Dolor y sufrimiento. "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional". Una frase magnífica. Todos los mamíferos sienten el dolor igual (vía: punto lesionado-médula espinal-base cerebral-córtex), pero no el sufrimiento. Si ha tenido una infancia segura, sufrirá mucho menos; sino sentirá el dolor de forma amplificada, exacerbada, sin sentido. Además, podemos transformar el dolor en obra de arte; la mayoría de obras de arte son confesiones autobiográficas.
43:39 Gente que sufre. Hay guerras, conflictos políticos, migraciones y mujeres embarazadas que sufren. Mujeres embarazadas con síndrome de estrés postraumático: hijos con mal funcionamiento cerebral; estando solas pueden desarrollar graves deficiencias neurológicas, arropadas desarrollan proceso de resiliencia. El estrés forma parte de la vida y se supera; pero si es intenso y prolongado, el exceso de cortisol y catecolaminas [adrenalina en particular], sustancias del estrés, terminan dañando las células cerebrales.
Elevación de cortisol: hiperglucemia, inh. sistema inmune...
Elevación de adrenalina: taquicardia, hipertensión arterial...
48:50 Ralentizar. Como en países del norte: desarrollar actividades deportivas y artísticas para reforzar los vínculos que desarrollan la familiaridad. Hay que hacer frente a las adversidades, trabajar, estresarse por un examen. No hemos de tener miedo, hemos de tener confianza. Hay que combatir los efectos de la angustia provocados por la cultura tecnológica; la tecnología combatió el miedo de la Edad Media y el que conocíamos hasta los años cincuenta, pero ha tenido como efecto secundario el desarrollo de la angustia.
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En resumen, hay palabras claves que nos llevan a la resiliencia, a superar la adversidad y salir fortalecidos: seguridad, afectividad, confianza, alteridad, ralentizar... Por supuesto apoyándose en hechos. Y lo mejor para ayudar a los hijos o a otras personas es predicar con el ejemplo. Ya lo dijo Einstein:
Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera.
Y, por cierto, frente al aforismo atribuido a Buda, se nos viene abajo otro de Thomas Jefferson: "El arte de la vida es el arte de evitar el dolor". O, mejor, el sufrimiento.