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jueves, 25 de junio de 2026

Varrón y los microbios

Varrón

El romano Marco Terencio Varrón (116 a. C.-27 a. C.), o simplemente Varrón, fue un hombre con ansia de conocimiento, un polígrafo, además de militar y funcionario de la Antigua Roma, que podemos considerar enciclopedista y antecesor del humanismo. Pero, siendo consciente de la limitación humana, uno de sus aforismos dice: «Nadie puede saberlo todo (Nemo omnia potest scire)».

Varrón escribió De re rustica (De las cosas del campo), obra compuesta de tres libros, y en ella muestra una anticipación de la microbiología y la epidemiología, pues advierte a sus contemporáneos del peligro de los pantanos y las marismas, diciendo que en sus aguas ‘‘hay una raza de ciertas criaturas diminutas que no se pueden ver por los ojos, pero que flotan en el aire y entran al cuerpo por la boca y la nariz y causan enfermedades graves’’. Pequeñísimas criaturas invisibles...

Es una forma primitiva de decir, seguramente una prevención intuitiva, pero que no iba desencaminada a lo que siglos después habría de demostrar la ciencia. Varrón habló de microorganismos, contribuyendo así a la prehistoria de la microbiología. 

Historia de la Microbiología

Fuente

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Stephen Hales, pionero de la fisiología experimental

Stephen Halles

Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.
Mark Twain.

El clérigo inglés Stephen Hales (1677-1761) es reconocido por haber hecho importantes contribuciones científicas en varios campos: medicina, fisiología, química y botánica. Se le considera iatrofísico, por seguir la corriente de la iatrofísica (ciencia médica surgida en el siglo XVII que aplicaba la física para dar respuesta a interrogantes de la fisiología y patología humana) y pionero de la fisiología experimental*. En la historia de la hipertensión arterial, Hales estableció las bases para la medida objetiva de la tensión arterial.

La medición que hizo Hales de la presión arterial de una yegua (antes lo había intentado en perros) ha pasado a la historia de la medicina. 

Descripción. Mantuvo atada y tendida sobre su lomo a una yegua viva. A través de una incisión en la arteria femoral carótida izquierda introdujo un fino tubo de latón, de menos de 5 mm de diámetro, y por medio de otro tubo del mismo material adaptó un tercer tubo rígido, de vidrio, de 9 pies (2,74 m.) de longitud. Mantuvo este tubo en posición vertical, desató la ligadura que había hasta entonces impedido el flujo de la sangre en la arteria, y vio como la sangre alcanzaba dentro del tubo una altura de casi 2,5 mts., y cómo oscilaba con cada latido entre 5 y 10 cm. Retiró luego el tubo de vidrio, y constató que al aire libre la sangre no llegaba a más de 60 cm de altura. Dejó luego desangrar a la yegua midiendo a intervalos regulares la altura que la sangre alcanzaba en el tubo. 
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*Fisiología: ciencia que estudia las funciones de los seres orgánicos u organismos vivos; incluye el estudio de componentes a nivel celular, molecular y sistémico, analizando los procesos químicos y físicos que hacen posible la vida. Fisiología experimental: evalúa el funcionamiento de los sistemas corporales en un laboratorio, utilizando animales o, a veces, seres humanos.

Fuente
Stephen Hales midiendo la presión arterial de una yegua
por medio de un tubo colocado en la arteria carótida

[Cont. enlace] Hizo más mediciones en caballos y perros, y en diferentes arterias. En otro experimento, rellenó el ventrículo izquierdo de un caballo muerto con cera de abeja caliente que luego se enfrió y solidificó. Obtuvo así un molde que le permitió medir el volumen del ventrículo, que resultó ser de 160 ml. Considerando que la frecuencia cardíaca del animal antes de morir era de 36 latidos por minuto, pudo calcular su volumen minuto en unos casi 6 litros. Estableció que un tercio del latido cardíaco correspondía a la sístole y dos tercios a la diástole, y ¡hace 300 años! sostuvo que el flujo diastólico debía estar determinado por la elasticidad de las arterias. Relacionó el tamaño de los animales con su frecuencia cardíaca, midió la presión en arterias y venas y definió que la resistencia en el circuito pulmonar era menor que en el sistémico. Sus experimentos (publicados en 1733) le valieron a un tiempo rechazo (el gran poeta inglés Alexander Pope lo criticó ferozmente por su crueldad con los animales) y admiración.

Werner Forssmann, que realizó el primer cateterismo cardiaco (en su propio corazón), dijo en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Medicina (1956): 
El crédito por llevar a cabo la primera cateterización del corazón de un animal viviente por propósito experimental se debe a una persona inglesa, el Reverendo Stephen Hales. Este hombre de leyes interesado por la ciencia llevó a cabo en Tordington (sic) en 1710, 53 años después de la muerte de William Harvey (1578-1657), la primera definición precisa de la capacidad de un corazón. Sangró a una oveja hasta su muerte y llenó un barril de pólvora desde los todavía latientes vasos del cuello. Tras esto rellenó con cera las cámaras huecas y midió el volumen resultante del latido y la capacidad por minuto, que calculó con esta. Además, Stephen Hales fue el primero, en 1727 en determinar la presión sanguínea arterial cuando midió el crecimiento de una columna de sangre en un tubo de cristal metido en una arteria.
Esfigmomanómetro de mercurio
1. Porta filtros. 2. Cubeta de mercurio. 3. Escala en mm/Hg. 4. Depósito de mercurio. 5. Llave de seguridad. 6. Conector del depósito de mercurio. 7. Brazalete con la cámara. 8. Perilla insufladora.
Para la medición de la presión arterial con este tensiómetro, o con un tensiómetro aneroide, se precisa además un estetoscopio (o fonendoscopio). En cambio, no lo precisamos con los modernos tensiómetros digitales.

Cardiovascular Physiology: Physical Concepts and Terminology

martes, 26 de octubre de 2021

Albert Schweitzer, reverencia por la vida

Fuente: gettyimages

«Es el hombre más grande de nuestro siglo».
Albert Einstein sobre Albert Schweitzer

Albert Schweitzer (1875-1965) fue un médico, filósofo, teólogo, músico y escritor franco-alemán. Como escritor, ya lo hemos citado en la entrada «Médicos escritores y viceversa», considerándolo un verdadero polímata. Por su labor en África como misionero médico (fundó el Hospital Albert Schweitzer en Lambaréné, Gabón) y por poner en práctica su filosofía de «Reverencia por la vida», le concedieron el Premio Nobel de la Paz en 1952. Musicalmente, destacó como organista y gran conocedor de la obra de Bach. Sin duda, un gran médico humanista y mucho más.

Más sobre Albert Schweitzer

Albert Schweitzer. El hombre como símbolo

Albert Schweitzer, el gran médico-misionero del siglo XX, poseía una personalidad versátil integrada en múltiples talentos, lo cual produjo la conjunción poco frecuente del pensador con el hombre de acción y del humanista con el científico y el artista.
Reproducimos su propio testimonio: «Era catedrático de la Universidad de Estrasburgo, organista y escritor, y lo abandoné todo por ser médico en el África Ecuatorial. ¿Por qué? Diversos escritos y testimonios orales de misioneros me habían revelado la miseria física de los indígenas de la Selva Virgen. Cuánto más pensaba en ello, más dificultades encontraba para comprender que nosotros, los europeos, nos preocupásemos tan poco por la gran misión humanitaria que nos incumbe en aquellas tierras lejanas». 
Algunas frases de Albert Schweitzer
  • Un buen médico debe escuchar como un sacerdote, razonar como científico, actuar como un héroe y hablar como una persona normal. [1]
  • El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte. [2]
  • El propósito de la vida humana es servir, mostrar compasión y tener voluntad de ayudar a otros.
  • La gran tragedia de la vida no es la muerte. Es lo que dejamos morir en nuestro interior mientras estamos vivos.
  • La edad arruga la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma. [3]
  • Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta, el que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
  • La felicidad no es más que buena salud y mala memoria. [4]
  • A la pregunta de si soy optimista o pesimista, yo respondo que mi conocimiento es pesimista, pero mi voluntad y mi esperanza son optimistas.
Fuente: gettyimages
 
Y para finalizar la semblanza de este hombre multitalentoso, una muestra de su arte como organista interpretando a Johan Sebastian Bach, su debilidad.

Bach por Albert Schweitzer
Al pie del vídeo, listado de obras y enlaces. 
La famosa Tocata y fuga en re menor AQUÍ

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Nota: «Un buen médico debe...»

Hemos recibido algunos comentarios a la primera frase de Schweitzer («Un buen médico debe...»), cuestionando la posibilidad de llevar a cabo su propuesta en las circunstancias actuales, sobre todo por la falta de tiempo para la atención adecuada a los pacientes. Y hemos dado estas dos respuestas complementarias:

 —Evidentemente, Schweitzer se refería a un médico «libre», con entera capacidad de decisión, no a un «funcionario» condicionado (esclavizado) por el tiempo y la burocracia.

—Schweitzer propone el ideal de un médico humanista. Nuestra realidad convierte prácticamente su propuesta en un imposible.

jueves, 25 de junio de 2020

Doctor Andrés Laguna

Retrato del Doctor Laguna, Real Academia Nacional de Medicina

Un apunte sobre Andrés Laguna, o Doctor Laguna (c. 1510-1519), médico humanista español dedicado principalmente a la botánica médica.
La obra más importante y conocida del segoviano doctor Andrés Laguna es el libro conocido como Dioscórides, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Nuestro ilustre paisano traduce este tratado al castellano y añade unos sabrosos comentarios, en los que recoge su experiencia. Para entender los comentarios del doctor Laguna, hay que tener en cuenta que vivió en el Siglo XVI, que era un médico humanista, europeísta, admirador de Erasmo y dotado de un fino sentido del humor.

miércoles, 4 de julio de 2018

Estado sin derecho


[Microrrelato]

Marchaba hacia el patíbulo a la fuerza, al son de una marcha aterradora. Los tétricos acordes atronaban esa madrugada sombría del año bisiesto en que estalló la locura estatal, mientras mil voces me insultaban: “¡Cabrón!”.

Un siniestro fiscal, paradigma del nuevo orden, anulara a mi tenaz abogado. Tenía al juez de su parte. Sin justicia, o pagaba la multa o me iba al otro barrio; no había justo medio. Y todo por saltarme un semáforo. ¡Señor…! La implacable administración del reciente Estado sin Derecho era una máquina de recaudar… y de matar. Yo no quería morir, por supuesto, pero carente del millón de euros de sanción y sin fiador, nada podía hacer. En el paradójico cuadrado de la Plaza del Aro, por donde me hicieron pasar, la gente gritaba: “¡Muerte al condenado!”.

Pero al final me liberaron… Desperté sacudiéndome la pesadilla. Escuché una placentera melodía. Y sonreí como feliz ex condenado.

[2016, feb.]

"Marcha al suplicio" de la Sinfonía Fantástica, de Hector Berlioz
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Por similitud condenatoria, no podemos dejar de recordar la ejecución del teólogo y científico Miguel Servet (1511-1553), junto al pago de una multa de 1.000 libras de oro, por sentencia de la Inquisición francesa a instancia de Calvino, el 17 de junio de 1553. Podemos imaginar el proceso de Servet, sometido a un auto de fe. Su muerte en la hoguera, a fuego lento, nos repugna y nos produce escalofríos. Y todo por su libertad de pensamiento, su honestidad moral y su descripción de la circulación pulmonar o menor de la sangre, acusado por ello de blasfemo y hereje.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Palabras de un médico bueno


El doctor Albert J. Jovell (1961-2013), un médico bueno que dio voz a los pacientes (fue presidente del Foro Español de Pacientes), tuvo una doble experiencia vital: como médico y como paciente. Puede decirse que fue un galeno que entendía la medicina como un ejercicio de amor y, hallándose ya del otro lado, un doliente que asumió su enfermedad con dignidad.

En dos frases expresó su sentir como paciente gravemente enfermo: 

He tenido dos carreras de medicina: la vertical como médico y la horizontal como paciente. En la vertical, ves la enfermedad; en la horizontal, la vives. 

Yo ya acepto que no me van a curar, pero me costaría aceptar que no me van a cuidar. 

Y en otras como las que siguen, su visión de la medicina como médico: 

Lo importante es el enfermo, no la enfermedad. 

Ser y ejercer de médico es un compromiso diario con la dignidad humana. 

Necesitamos pacientes más informados y médicos más sensibilizados. 

No basta con ser buen médico. Hay que ser un médico bueno. 

El médico bueno te informa y te comunica, te oye pero también te escucha, te atiende y te acompaña. 

A la vez que se está produciendo un progreso científico sin precedentes, no debería olvidarse la importancia del humanismo asociado a la práctica de la medicina. 

Me siento orgulloso de pertenecer a una profesión donde aún es importante la ética, el compromiso con los demás y la capacidad de sacrificio.
***
Pensando en sonorizar esta entrada, deseaba algo que me evocase vida y calma. Y no sé por qué, me vino enseguida a la cabeza la "Serenata" de Leroy Anderson, en la interpretación de Nat King Cole.  Tal vez por la evocación de festiva serenidad.

viernes, 31 de mayo de 2013

Ramón y Cajal, símbolo del tesón


No deben preocuparnos las arrugas del rostro, sino las del cerebro.
S. Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) fue un extraordinario histólogo y anatomopatólogo, laureado con el Premio Nobel de Medicina en 1906 por su descubrimiento de los mecanismos neuronales. Demostró que la neurona es la estructura básica y funcional del sistema nervioso, su célula principal. Su revolucionaria teoría, posteriormente confirmada, postulaba que el tejido cerebral estaba compuesto por células individuales y su teoría fue denominada “doctrina de la neurona”. Pero detrás de su científico logro hay una historia vital de dificultades y esfuerzos. Realizó sus estudios primarios en una época de agitación social y política, marcada por el destierro de Isabel II y el advenimiento de la Primera República. Cursó la carrera de medicina en Zaragoza (1869-1973), licenciándose a los 21 años. Obtuvo una plaza por oposición para el Cuerpo de Sanidad Militar y los avatares lo llevaron a ejercer como médico en la guerra de Cuba (1873-1876), donde conoció la dureza de los maniguales y los estragos de la malaria (paludismo) y la disentería, en los cuerpos de otros soldados y en su propio cuerpo. A su regresó a España, después de trabajar como ayudante y profesor de Anatomía, su interés por la Histología le llevó a comprar a plazos un microscopio y un microtomo, con la intención de crear un laboratorio en Zaragoza.

Desde entonces, su vocación científica lo llevó por un camino imparable, además de conseguir la Cátedra de Anatomía Descriptiva de la Facultad de Medicina de Valencia (1884-1887), donde estudió la epidemia de cólera que sufrió esta ciudad en 1885, y la Cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (1887-1892). Su paso por la ciudad condal fue muy fructífero, siendo 1888 su "año cumbre" –en sus propias palabras–, al descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas de la materia gris del sistema nervioso cerebroespinal, aplicando el método de Golgi (o cromoargéntico), técnica de impregnación argéntica para la visualización del tejido nervioso mediante microscopía óptica. En 1889 inició la publicación de la Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica, intensificó sus contactos con revistas centroeuropeas especializadas y asistió en Berlín al Congreso de la Sociedad Anatómico Alemana, donde presentó su descubrimiento y trabó amistad con el anatomista y fisiólogo Albert von Kölliker (1817-1905). En 1891 expuso la ley de la polarización dinámica de las neuronas (“doctrina de la neurona”), en la que explica la transmisión unidireccional del impulso nervioso.

En 1892 ocupó la cátedra de Histología e Histoquímica Normal y Anatomía Patológica de la Universidad Central de Madrid. Después vendrían otros nombramientos y reconocimientos: doctor honoris causa por las universidades de Clark, Boston, la Sorbona y Cambridge; miembro de la Real Academia de Ciencias de Madrid; Premio Fauvelle de la Societé de Biologie; Premio Internacional de Moscú; Gran Cruz de Isabel la Católica y Gran Cruz de Alfonso XII; primer director del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII; miembro electo de la Real Academia Española; Medalla de Oro de Helmholz por la Academia Imperial de Ciencias de Berlín. Y en 1906, año en el que rechazó el cargo de Ministro de Instrucción Pública, le fue entregado en Estocolmo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, compartido con el patólogo italiano Camillo Golgi (1843-1926). Reconocido y mundialmente conocido, visitó como pensionado Paris, Londres y Berlín. En 1920 logró que el gobierno creara el Centro de Investigaciones Biológicas o Instituto Cajal, en el que trabajó hasta 1922, año de su jubilación académica. Falleció en Madrid.

En la obra científica de Ramón y Cajal hay que señalar los siguientes libros y revistas: Manual de Histología (1884), Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica (iniciada en 1889), Manual de Anatomía Patológica (1890, Revista Micrográfica (creada en 1896), Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, su obra magna (publicada en fascículos entre 1897 y 1904), Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas (anuario iniciado en 1900), Degeneración y Regeneración del sistema nervioso (1914).
Además de decisivo investigador, Ramón y Cajal ha de considerarse como médico humanista, pues fue un médico escritor que dejó ensayos e incluso relatos: Reglas y consejos de la investigación científica (Los tónicos de la voluntad, 1899), Cuentos de vacaciones (1905), Recuerdos de mi vida (1917, tomo I: "Mi infancia y juventud"; tomo II: "Historia de mi labor científica"), Charlas de café (1921) y El mundo visto a los 80 años (1934), su obra no científica más conocida, publicada el mismo año de su fallecimiento. Subtitulado “Impresiones de un arteriosclerótico”, es éste un delicioso libro en cuatro partes (1ª Las tribulaciones del anciano, 2ª Los cambios del ambiente físico y moral, 3ª Las teorías de la senectud y de la muerte, 4ª Los paliativos y consuelos de la senectud), en el que Cajal habla de la decadencia física y psíquica del anciano, las traiciones de la memoria senil, los cambios del ambiente y del lenguaje, las costumbres, las reivindicaciones femeninas, las modas y costumbres masculinas, los rápidos medios de transporte, el anciano juzgado por los jóvenes, la juventud de su tiempo senil, el maquinismo devorador de los países civilizados, la atonía del patriotismo, las teorías de la senectud y de la muerte, la política y la literatura.

Este gran científico no era ajeno al mundo que lo rodeaba y su labor investigadora no estaba reñida con el ejercicio de las letras.

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Enlaces de interés sobre Ramón y Cajal

Extractos científicos de su autobiografía Recuerdos de mi vida
“En estos últimos cuarenta años, pese a guerras monstruosas y a nacionalismos exasperados, la Humanidad civilizada ha progresado más, sobre todo en el terreno de la ciencia y de sus aplicaciones a la vida, que durante todos los siglos precedentes.”
Citas y frases célebres de Ramón y Cajal

martes, 9 de agosto de 2011

Juan Rof Carballo, padre de la Medicina Psicosomática


Juan Rof Carballo (1905-1994), médico y ensayista, es considerado el "padre de la Medicina Psicosomática". Hijo del ilustre veterinario Juan Rof Codina, catalán destinado a Galicia, estudió en Santiago de Compostela, donde fue discípulo del gran patólogo gallego Roberto Novoa Santos, participó en el Seminario de Estudos Galegos, colaboró en revistas galleguistas y se relacionó con destacadas personalidades de la ciencia y la cultura gallega de su tiempo. Completó estudios en Barcelona, Madrid y, como becario, en Viena y Colonia. El inicio de la Guerra Civil Española en 1936 le sorprendió en Berlín y permaneció fuera de España hasta su finalización. De regreso se doctoró con una tesis sobre los ácidos grasos insaturados y trabajó junto a Carlos Jiménez Díaz en Madrid. Colaboró también con Gregorio Marañón, quien le definió como un "francotirador del espíritu", y fue miembro de la Real Academia Española. 

Rof Carballo estaba convencido del vínculo entre psique –alma– y cuerpo. Aportó una nueva concepción de la relación médico-paciente, con métodos próximos a la psicología en el trato a los enfermos; Domingo García-Sabell llegó a definirlo como "curador". Por otra parte, literatura, arte y música y estuvieron siempre presentes en sus escritos; era un declarado mozartiano y respecto a la literatura gallega admirador de Rosalía de Castro; fue además uno de los principales representantes del llamado "grupo Galaxia", que dio lugar a la Editorial Galaxia en 1951. Al fallecer, Pedro Laín Entralgo, a la sazón presidente de la Real Academia Española, le dedicó emocionadas palabras: "Un trozo importante de mi vida se va con él…".


De sus escritos médicos sobresale su famosa Patología Psicosomática (1949), el primer tratado integral sobre el tema, de difusión mundial, que junto a Cerebro interno y mundo emocional (1952) y Urdimbre afectiva y enfermedad (1961) forma su trilogía fundamental sobre Medicina Psicosomática.

De sus ensayos sobre psicología, biología, sociología y antropología, destacan Entre el silencio y la palabra (1960), Violencia y ternura (1967), Biología y psicoanálisis (1972), Signos en el horizonte (1972), El hombre como encuentro (1973), Teoría y práctica psicoanalítica (1984) y Los duendes del Prado (1990). Su principal obra en gallego es Mito e realidade da terra nai (1957).
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Enlace relacionado:

miércoles, 4 de mayo de 2011

Manuel Fuster, cardiólogo y humanista


El cardiólogo Manuel Fuster Siebert, (1944-2008), de quien hice referencia en un artículo genérico sobre Humanismo Médico, fue el traductor de la última biografía de William Osler (1849-1919): “William Osler: una vida entregada a la medicina”, de Michael Bliss. Por haber sido alumno suyo, cuando era un joven profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela –y Jefe de Sección de Cardiología Pediátrica en el Hospital Clínico Universitario de esa ciudad gallega y universal–, puedo dar testimonio de sus inquietudes humanistas y, al igual que el médico canadiense, de su ejemplar proceder y total entrega a la medicina. Aun reconociendo la necesidad de especialización médica, e incluso de superespecialización como en su propio caso, entregado a la cardiología pediátrica, el doctor Fuster era consciente de la necesidad de conocimiento médico global, entendiendo el organismo como una unidad de sistemas interconectados, inútiles independientemente. Por desgracia, esta valoración suya no era la general, y lo es todavía menos en un tiempo de parcelaciones del saber médico y de sobrevalorada tecnificación, impuesta sobre la humana consideración del paciente. La inquietud humanista del doctor Fuster ya le había llevado con anterioridad a una primera traducción de Osler: Aequanimitas, una colección de ensayos. Y aún realizó una tercera, y póstuma, del admirado médico canadiense: Un estudiante de Alabama y otros ensayos biográficos. Por desgracia falleció antes de revisarla, pero gracias a su hija Cristina Fuster –autora también de una nota introductoria– quedó completada la labor de este querido y admirable cardiólogo humanista.


De una entrevista realizada por el diario El Correo Gallego, bajo el epígrafe de “La pasión humanista del traductor de William Osler”, reproduzco una gran parte, con algunos párrafos que nos dan claves de la propia personalidad del doctor Manuel Fuster:
(…) Siempre me interesó la lectura. El ensayo. Cuando yo era joven era frecuente que los estudiantes leyésemos libros como Cuerpos y almas, de Van der Meersch, y cosas así. Aparte del material estrictamente técnico. Yo, por ejemplo, me leí las obras literarias de Ramón y Cajal, y me engancharon bastante. Era un niño inquieto, jugaba todo el rato, pero también leía siempre que podía. Creo que la medicina no se puede desvincular de las humanidades. Porque un médico no es otra cosa que un individuo al que le interesa todo lo humano, en principio el ser humano enfermo. Nosotros nos entusiasmamos por cosas que otros tal vez rechazan, como la enfermedad, o el estudio de los órganos internos... La medicina es hermosa porque uno es útil al prójimo. Pero es también una profesión llena de curiosidades, de anécdotas. Ahora sabemos que la literatura puede ayudar mucho al médico, y por supuesto al enfermo. En Estados Unidos hay cátedras que mezclan sin problemas ambos conceptos. Hay aspectos sentimentales, muy próximos a la esencia humana, que no están en los tratados de medicina. Pero se puede aprender mucho sobre eso, sobre lo que siente el enfermo, en libros como La muerte de Ivan Ilich, o en Pabellón de reposo, o en La montaña mágica, de Thomas Mann. Cela, es bien sabido, estuvo en un pabellón de tuberculosis, así que sabía bien de lo que estaba escribiendo. Hoy se pide a los enfermos de cáncer que cuenten, que narren su experiencia. Y es que en la medicina el dominio del lenguaje es fundamental.
(…) Aquí tengo uno de los primeros libros de William Osler, Aequanimitas, que es una colección de discursos, de ensayos. Aequanimitas es, además, el título del primer ensayo, y está tomado de los estoicos. Quiere decir que el médico ha de ser imperturbable. Osler propone a los alumnos que adquieran esta virtud, que no pierdan los nervios, que resistan. Y es que el médico ha de transmitir seguridad al enfermo. Pero el equilibrio, la distancia, la objetividad, son virtudes médicas que en absoluto deben estar reñidas con el tratamiento humanista. Osler viene a decir que no se puede ejercer la medicina sin emplear bien la cabeza. Pero, además de la cabeza, dice también, hay que poner el corazón.
(…) A veces creo que el pediatra que yo tuve en mi infancia, en Vigo, contribuyó a que yo me hiciera médico. Era un hombre muy afectuoso, se sentaba al borde de la cama y se ponía a hablar conmigo... me contaba cómo había sido su vida en Santiago, cuando era estudiante. Era un hombre muy próximo, y eso, sin duda, es lo más parecido al humanismo de la medicina.
William Osler
(…) Osler es un médico conocido. Suena en la profesión, porque hay enfermedades que llevan su nombre, etc. Pero la primera vez que me encontré con su figura fue en La Paz, en Madrid, gracias al doctor Julio Ortiz Vázquez, que lo citaba mucho. Hablaba de las cuatro haches de Osler: humanidad, humildad, honradez y humor. Insistía mucho en el humor. Luego recuerdo que compré un libro que tenía cuatro fotos de Osler pasando visita. Aquello me impactó bastante. Osler veía, tocaba, escuchaba y reflexionaba. Ese era el proceso. (…) me encontré en la biblioteca, en inglés, con Aequanimitas. Decidí traducirlo, porque me sorprendió que nadie lo hubiera hecho hasta entonces. Fue una labor pesada, compleja, es cierto, porque Osler es difícil. En 2001 saqué una biografía traducida suya. Ya había una de 1925 (Osler murió en 1919), escrita por su vecino en Baltimore, el padre de la neurocirugía, Harvey Cushing. Cushing era un adicto al trabajo, con intereses literarios, pero, sorprendentemente, se dedicó a hacer una biografía de Osler en plan masivo, con tres o cuatro secretarias, poniendo anuncios en los periódicos en los que recababa información sobre el personaje a todo aquel que la tuviera, o bien fotos, o bien recuerdos. Hizo una biografía de más de mil páginas y ganó con ella el Pulitzer. Yo tenía el libro, leí gran parte de él, en inglés, pero me costaba muchísimo, porque el texto estaba muy cercano a la hagiografía. Cuando Oxford University Press publicó en 1999 la nueva biografía, la de Michael Bliss, me di cuenta de que interesaba mucho el carácter múltiple del médico canadiense. Interesaba la llegada de su padre a Ontario, siendo, como era, un pastor protestante, cómo se había fundado la Universidad John Hopkins, cómo se recaudaron los fondos, etc. El análisis es increíblemente detallado, y muy, muy interesante. Bliss nos cuenta que Osler fue un hombre que viajó mucho, que tenía un carácter muy cordial, muy abierto... vestía con leontina y chistera, pero era cercano, un benefactor social, próximo a los estudiantes... ganó muchísimo dinero, y yo diría que regalaba un 30 por ciento, o algo así. A sus casas las llamaba ‘Brazos abiertos’. Conoció a todos los grandes de la medicina, y luego llegó a Oxford, para culminar su carrera. Naturalmente, para mí traducir la obra (William Osler, una vida entregada a la medicina, editorial Ergon, 2006) fue una experiencia interesante. Se trata de una gran biografía clásica, muy documentada. Seguir todos los pasos de la vida de Osler es algo muy atractivo, y muy ilustrativo. Afortunadamente los conocemos bien. Pero sus discursos y sus ensayos son también sorprendentes. Osler fue, por ejemplo, uno de los que introdujo el sistema de médico interno residente: Osler copió un poco el sistema alemán, aunque en Alemania había más interés en la investigación. Los residentes tenían que ser médicos, varones, solteros... Pero sí, es cierto que fue un gran promotor de la enseñanza directa. En Baltimore, en el John Hopkins, quiso que el estudiante de medicina fuera una pieza fundamental en el engranaje del hospital. Osler se crecía ante el enfermo, con los alumnos delante. Más que en las clases teóricas. Y, desde luego, haciendo autopsias, que hizo muchísimas.

Según recogen las crónicas de su fallecimiento, a los 64 años, el doctor Manuel Fuster Siebert se mantuvo activo hasta su final, a pesar de estar aquejado por una larga enfermedad. Su muerte causó gran conmoción, por ser un hombre muy querido y entregado a su profesión, que siempre tuvo en cuenta el lado humano de la medicina. En su labor médica procuraba darles las explicaciones precisas a los padres de los pequeños enfermos; así por ejemplo, cuando a un niño le detectaba un soplo en el corazón, les decía "que no es una enfermedad, tan sólo un ruido que hace el corazón", de modo que no se marchasen angustiados a casa. Yo mismo lo recuerdo como un médico interesado en el conocimiento científico más allá de la cardiología y, sobre todo, como un hombre de trato exquisito con los pequeños pacientes y con sus padres. Tras su corpulencia y aspecto germánico había un ser extremadamente sensible y bondadoso. Debo decir que hallé un faro orientador en la figura de este inolvidable cardiólogo pediátrico, a quien considero un paradigma del humanismo médico galaico e hispánico. Un ejemplo a seguir.
***
Apéndice musical.- Creo que el doctor Manuel Fuster era un melómano y que incluso tocaba el piano. Me gustaría saber qué música le agradaba, pero me atrevería a asegurar que Mozart habría de estar entre sus compositores favoritos. Vaya en su recuerdo el "Andante" de su Concierto para piano Nº 21.


Tras editar la entrada, he tenido conocimiento de que, efectivamente, le encantaba la música clásica, escuchaba especialmente a Mozart y solía tocar a Schumann, Beethoven y Chopin. Además, su padre y algunos de sus tíos paternos eran músicos. Y entre las obras de Schumann que tocaba, ¡cómo no!, Escenas de niños.




A la memoria del Dr. Manuel Fuster Siebert,
médico cardiólogo y humanista, siempre preocupado por el enfermo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Gregorio Marañón, la hondura de lo humano (2ª parte)


Tras la revisión biográfica de don Gregorio Marañón, haremos ahora una exploración de lo que dejó escrito, una consideración de su pensamiento y un examen de su personalidad. Un pertinente complemento a su trayectoria vital.

El Marañón escritor

El irrepetible médico humanista dejó tras de sí una imborrable huella. Su vastísima obra, traducida a los principales idiomas, comprende un total de 125 libros, alrededor de 1.800 artículos, 146 discursos, 336 conferencias y más de 230 prólogos. Su obra médica se cifra en 1.056 artículos de investigación y 32 monografías. Su labor docente estuvo marcada, según Pedro Laín Entralgo y Juan Rof Carballo, por la creación de la especialidad de la endocrinología y la antropologización de la medicina. Sus descubrimientos y trabajos sobre las glándulas de secreción interna, las enfermedades infecciosas, la emoción, la diabetes, la obesidad y la biología sexual, le otorgaron fama mundial. Su talante de hombre íntegro, trabajador y sensible, lo hace trascender el tiempo y ser punto de referencia para los seguidores hispanos de la ciencia hipocrática.

Como escritor, Gregorio Marañón sobresalió en el campo del ensayo, la biografía y la historiografía. Pedro Laín Entralgo, su más señalado biógrafo, destacó tres facetas de su figura: la de médico, la de historiador y la de moralista. A la suma de varias de ellas se deben obras como Las ideas biológicas del padre Feijoo (1934), Vocación y ética (1935) o El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo (1952). El primero se tiene por su mejor estudio, y aunque haya sobrevalorado el papel de Feijoo (1676 -1764) y sus contemporáneos como renovadores científicos consiguió llamar la atención sobre la indudable vitalidad de la ciencia española de la Ilustración. En las otras dos obras se ocupó de la preparación integral del médico, de su conducta y sus deberes con la comunidad. Por otra parte, en Raíz y Decoro de España (1933), reflexionó sobre la circunstancia del hombre contemporáneo; ante la crisis de las democracias liberales europeas y el auge de las dictaduras totalitarias, vio la defunción del liberalismo político, sin dejar de reivindicar los principios liberales.

Pero en su obra literaria merecen especial mención las biografías, en las que caracteriza a diferentes personajes históricos convirtiéndolos en emblemas de una época y en prototipos de un carácter. Entre ellas cabe citar: Enrique IV de Castilla y su tiempo (1930); Amiel. Un estudio sobre la timidez (1932); El Conde-duque de Olivares (la pasión de mandar) (1936); Tiberio. Historia de un resentimiento (1939); Luis Vives (Un español fuera de España) (1942); Antonio Pérez (El hombre, el drama, la época) (1947); Cajal: su tiempo y el nuestro (1950); El Greco y Toledo (1956); y la póstuma Juan Maragall y su tiempo (1963). A estos ensayos se suele unir un personaje mítico: Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda (1940). En estos estudios analizó diferentes aspectos del comportamiento humano, como la timidez, la pasión de mandar, la impotencia o el resentimiento, abordando aspectos éticos y filosóficos.

Marañón diseccionó sus personajes como si se tratase de casos clínicos, analizándolos desde un punto de vista médico y desde una óptica de anormalidad. El ejemplo más singular y polémico es el del mito de don Juan, personaje que consideró escasamente viril, en contra de la idea popular que lo considera símbolo de masculinidad. Su estilo muestra una gran capacidad y claridad expositiva, a medio camino entre la prosa científica y la expresión literaria. Por ello se le tiene por uno de los principales ensayistas científicos de nuestro tiempo.

Como gran conocedor de la psicología humana, las consideraciones de Marañón sobre los procesos psicológicos y psicopatológicos resultaron fundamentales al tratar las edades, los sueños, el resentimiento, el hambre, la timidez, etc. Al ser recogidas sus aportaciones en la literatura internacional se convirtió en uno de los nombres hispanos más citados en los libros de psicología de todo el mundo. Sus ensayos literarios y sus estudios históricos también alcanzaron amplia difusión nacional e internacional.

Retrato de Marañón [+ Aforismos]

Gregorio Marañón es clave en la historia de la medicina y en el humanismo médico, como un faro orientador, especialmente para quienes ignoran o desdeñan el pasado y se pierden en las complejidades del presente. Es una de las mentes más brillantes del siglo XX, un espíritu humanístico singular, una referencia indiscutible e inalcanzable. En su honor lleva su nombre el mayor hospital de Madrid, su ciudad natal, mas su figura debiera trascender las meras referencias onomásticas. No es fácil en estos tiempos desmemoriados y frívolos continuar por la senda del humanismo que dejó abierta el gran médico y pensador:
“El humanismo se manifiesta en la comprensión, la generosidad y la tolerancia que caracteriza en todo tiempo a los hombres impulsores de la civilización.” 
“Hay que clamar para ensalzar al humanismo, pedir y desear que la juventud sea humanista, o al menos una parte de ella, que bastaría para que se salve el mundo.”
G. Marañón junto busto de Cajal

Mi amigo el Dr. Francisco Doña, gran admirador de Gregorio Marañón, lo ha traído repetidamente al maravilloso blog del que es autor: Tiempo para la memoria. Y en esta bitácora ha manifestado su debilidad por “el trapero del tiempo” y su predilección por dos textos marañonianos que dan fe de una proverbial laboriosidad y una filosofía de vida:
"No desperdiciar ningún resto del tiempo. Ser trapero del tiempo. Éste es el secreto del trabajo." 
"Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir."
En esta época de agobio, de creencia ciega en la tecnología y de menosprecio a la comunicación médico-paciente, cabe recordar lo que decía refiriéndose a la importancia del interrogatorio y la conveniencia del tiempo de dedicación:
“El mejor instrumento de exploración con el que cuenta el médico es la silla.” 
“La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa.”
El interrogatorio clínico simbolizado en la silla: para que el enfermo se siente a hablar y el médico a escuchar. No hemos de olvidar la frase lapidaria en la que resume su visión del paciente como persona individual:
“No hay enfermedades, sino enfermos.”
Expresó claramente la conveniencia de que todo médico, aun en su especialización, tenga una formación médica general, un conocimiento integral:
“La evolución de la Medicina revela y acentúa el hecho paradójico de que a medida que la necesidad de la especialización se hace más notoria y eficaz, hácese asimismo más profunda la necesidad de que todo médico y todo especialista tengan una base de orientación ecléctica general que alcance a todas las ramas de nuestro arte, aun a las más alejadas de la actividad habitual de cada uno.”
 G. Marañón en Toledo

Habló de la importancia del ejercicio de la medicina, pero contemplándola como una ciencia insuficiente e inexacta:
“La Medicina es como profesión excelsa, pero como ciencia humildísima, y hay que aceptar esta insuficiencia y esta humildad en gracia a esta excelsitud... Pedir cuentas al médico de su fracaso con un criterio científico, como se le pide a un ingeniero que ha calculado mal la resistencia de un puente, es disparate fundamental y es principio inaceptable.”
Incidió en el valor ético del compañerismo profesional:
“Hablar mal de otro médico es, por muchas razones que tengamos para ello, hablar mal de la Medicina, y por lo tanto, hablar mal de nosotros mismos. La Medicina vive de su indudable eficacia, cada día mayor; pero vive también y actúa beneficiosamente gracias a su prestigio, al mito de su eficacia, que es parte del honor profesional (…) Cuidar ese prestigio es obligación primordial de los médicos, sin más limitaciones que las que impone la salud del enfermo y la propia conciencia. Desautorizar la actuación de un colega puede convenir a la vanidad o al interés inmediatamente del que critica; pero pronto la piedra, de rebote, caerá sobre su propia cabeza y sobre la cabeza de la Medicina.”
Se pronunció respecto al derecho y deber del paciente:
“Hay siempre muchos médicos entre los que elegir. Cada enfermo debe elegir el suyo. La socialización de la Medicina facilita hoy esta elección. Pero, una vez elegido, no debe discutírsele, y esto sí que lo ha empeorado la socialización de la Medicina.” 
“Obedecer es siempre empezar a curarse. Un medico modesto al que se sigue con fe es mucho más útil que un gran profesor al que se discute.”
Expresó su parecer sobre la mejor manera de dar información al paciente:
“Debemos declarar heroicamente que el médico no sólo puede, sino que a veces, debe mentir. Y no sólo por caridad, sino con el más riguroso criterio científico.”
“Mucho tiempo antes del auge de la Medicina psicosomática sabíamos todos que una piadosa e inteligente inexactitud deliberadamente imbuida en la mente de un enfermo puede beneficiarle más que todas las drogas de la farmacopea.”
Buscó la verdad, no siempre advertida sin matices:
“Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones.”
Y mostró la necesidad de entrega y humildad para ser buen médico:
“Generosidad absoluta, esto es lo que hace respetable la actitud del médico.”
“Ser, en verdad, un gran médico es el amor invariable al que sufre y la generosidad en la prestación de la ciencia... con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor.”
G. Marañón y Pío Baroja

Al Dr. Doña me remito nuevamente para indagar el pensamiento marañoniano extraído de su “Cuaderno de apuntes” (escrito entre 1937 y 1942, durante su exilio en París):
“La humanidad se divide en hombres buenos (los que son buenos a pesar de todo), que son muy pocos; hombres malos (los que son malos a pesar de todo), que son muy pocos también; y hombres que son buenos o malos según las circunstancias, y son los más.”

“Las guerras las ganan unos, las pierden otros. A la larga, las pierden todos. Las revoluciones se pierden siempre. Y a la larga son siempre ganancia.”
Al hilo, añadiría otras tres frases en la que dejó plasmada su firme creencia en el poder de la razón frente al fanatismo:
“La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás.” 
“Es más fácil morir por una idea, y aun añadiría que menos heroico, que tratar de comprender las ideas de los demás.” 
“El hombre que no duda es un peligro para los demás.”
Finalizo con una sentencia en la que refleja el amor a la humanidad, del médico y del hombre:
“El médico, en la guerra, es el único que no quiere matar, el único para quien no existe el enemigo, porque no hay enemigo capaz de esconderse dentro de un hermano.”
Para hacerse idea de su figura, enorme y humana, basta con remitirse al retrato elegíaco de Luis Rosales: “Elegía a Gregorio Marañón”. El poeta lo retrata como un hombre jovial, tranquilo, entusiasta, compasivo, entrañable… inolvidable en “la hondura de lo humano”.

G. Marañón y Madame Herriot (esposa de Édouard Herriot, político francés), en Toledo

Nota sentimental: Visita de Marañón a Galicia

Sobre la visita de Gregorio Marañón a Galicia, recurro a un artículo del Dr. David Simón en su blog Diario de un médico de guardia: “Marañón y Ourense”.
Anduvo Marañón por Ourense en 1936 impartiendo una conferencia en el Ateneo de Ourense, institución cultural que estaba presidida por Otero Pedrayo. Llegó el 3 de mayo de ese año (unos meses antes de la Guerra Civil) para impartir una conferencia sobre el Padre Feijoo, ourensano ilustrado y monje benedictino, una de las personalidades más relevantes de la intelectualidad española del siglo XVIII. Marañón había publicado un par de años antes su obra “Las ideas biológicas del Padre Feijoo” (1934). Tras su visita a Ourense, el Ayuntamiento colocó (6 de junio de 1936) una placa en homenaje a Marañón en la base de la estatua del Padre Feijoo, situada en los jardinillos que llevan su nombre en pleno centro de la ciudad.
Concuerdo con un comentario al mentado artículo en que algunos textos marañonianos debieran ser de obligatoria lectura en nuestras caducas Facultades de Medicina. Respecto a sus aparentes contradicciones, porque su perfil liberal y republicano se atenuó después de su regreso a España en 1942, y a su posicionamiento bioético clásico y conservador, como defensor de un paternalismo contrario a la información a los pacientes –que consideraba "moda perniciosa proveniente de Estados Unidos"– y a su defensa de la mentira –¿piadosa?– ante el enfermo, tengo mis reservas. Además, algunas posturas bioéticas mudan con los tiempos para, muchas veces, retornar afianzadas tras comprobar el error de nuevos postulados.
Enlace de interés:
Marañón en cuatro pinceladas, por el Dr. Juan V. Fernández de la Gala

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Apéndice marañoniano

Obras principales (Fuente: Fundación Gregorio Marañón) [Ordenamiento cronológico]

Obras Completas, Madrid, Espasa-Calpe, 1966-1977.

Medicina: 
  • Lecciones de Patología Quirúrgica tomadas en la cátedra del Dr. Alejandro San Martín, curso 1907-1908, Madrid, Vidal, 1907.
  • La quimioterapia moderna según Ehrlich. Tratamiento de la sífilis por el 606, Madrid, Vidal, 1910.
  • La sangre en los estados tiroideos, Madrid, 1910 (Tesis Doctoral, inéd.).
  • Las glándulas de secreción interna y las enfermedades de la nutrición, Madrid, Ruiz, 1914.
  • La doctrina de las secreciones internas. Su significación biológica y sus aplicaciones a la clínica, Madrid, Corona, 1915.
  • (con Teófilo Hernando) Manual de Medicina Interna, Madrid, Ruiz, 1916.
  • Sobre el diagnóstico y el tratamiento del bocio exoftálmico y de los estados hipertiroideos, Madrid, Valentín Tordesillas, 1917.
  • La Edad Crítica, Madrid, Sociedad Española de Publicaciones Médicas, 1919.
  • Nuevas orientaciones sobre la patogenia y tratamiento de la diabetes insípida, Madrid, Calleja, 1920.
  • Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas, Madrid, Ruiz, 1922.
  • La acción como carácter sexual, Madrid, Caro Raggio, 1925.
  • Tres Ensayos sobre la vida sexual, Madrid, Biblioteca Nueva, 1926.
  • Gordos y Flacos. Cinco ensayos breves sobre el estado actual del problema de la patología del peso humano, Madrid, Cuadernos de Ciencia y Cultura, 1926.
  • El bocio y el cretinismo. Estudio sobre la epidemiología española y la patogenia de esta enfermedad, Madrid, Páez, 1927.
  • Sobre los accidentes graves en la enfermedad de Addison y su probable patogenia, Madrid, Morata, 1929.
  • Manual de las enfermedades del tiroides, Barcelona, Marín, 1929.
  • La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales, Madrid, Morata, 1930.
  • Estudios de fisiopatología sexual, Barcelona, Marín, 1931;
  • Lecciones explicadas durante el curso de Endocrinología, 1931-1932, Madrid, Librería Médica R. Cheno y Compañía, 1933.
  • Once lecciones sobre reumatismo, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.
  • Ginecología endocrina, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.
  • Climaterio de la mujer y del hombre, Madrid, Espasa-Calpe, 1937.
  • Problemas clínicos de los casos fáciles, Madrid, Espasa-Calpe, 1937.
  • Estudios de Endocrinología, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1938.
  • Manual de las enfermedades endocrinas y del metabolismo, Buenos Aires, Hachette, 1939.
  • (con Charles Richet) Estudios de fisiopatología hipofisaria, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1940.
  • Diagnóstico precoz de las Endocrinopatías, Lima, Revista Terapéutica Peruana, 1940.
  • Nuevos problemas clínicos de las secreciones internas, Madrid, Afrodisio Aguado, 1940.
  • (con Charles Richet) Alimentación y regímenes alimentarios, Madrid, Espasa-Calpe, 1942.
  • Manual de diagnóstico etiológico, Madrid, Espasa-Calpe, 1943.
  • (con Jesús Fernández Noguera) La enfermedad de Addison (estudio de 400 casos), Madrid, Espasa-Calpe, 1949.
  • Crítica de la medicina dogmática, Madrid, Espasa-Calpe, 1950.
  • (con Justo Gimena y Miguel Merchán) Diecisiete lecciones sobre el reumatismo, Madrid, Espasa-Calpe, 1951.
  • El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo, Madrid, Editora Nacional, 1952.
  • El crecimiento y sus trastornos, Madrid, Espasa-Calpe, 1953.
  • La medicina y nuestro tiempo, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1954.
  • Fisiopatología y clínica endocrinas, México, Patria, 1955.
  • La medicina y los médicos, Madrid, Espasa-Calpe, 1962.
Ensayos:
  • Amor, conveniencia y Eugenesia, Madrid, Historia Nueva, 1929.
  • Raíz y decoro de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.
  • Meditaciones, Santiago de Chile, Nueva Época, 1933.
  • Vocación y ética y otros ensayos, Madrid, Espasa-Calpe, 1936.
  • Vida e historia, Buenos Aires, Sur, 1937.
  • Crónica y gesto de la libertad, Buenos Aires, Hachette, 1938.
  • Tiempo viejo y tiempo nuevo, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1940.
  • Don Juan, Madrid, Espasa-Calpe, 1940.
  • Elogio y nostalgia de Toledo, Madrid, Espasa-Calpe, 1941.
  • Ensayos liberales, Madrid, Espasa-Calpe, 1947.
  • Españoles fuera de España, Espasa-Calpe, Madrid, 1947.
  • Cajal, su tiempo y el nuestro, Santander, Viento Sur, 1950.
  • Efemérides y comentarios, Madrid, Espasa-Calpe, 1955.
  • El Greco y Toledo, Madrid, Espasa-Calpe, 1956.
Historia:
  • El Empecinado visto por un inglés, Madrid, Ruiz, 1926.
  • Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, Madrid, Espasa-Calpe, 1930.
  • Amiel. Un estudio sobre la timidez, Madrid, Espasa-Calpe, 1932.
  • Las ideas biológicas del padre Feijoo, Madrid, Espasa-Calpe, 1934.
  • El Conde-Duque de Olivares. La pasión de mandar, Madrid, Espasa-Calpe, 1936.
  • Tiberio. Historia de un resentimiento, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1939.
  • Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1940.
  • Luis Vives (Un español fuera de España), Madrid, Espasa-Calpe, 1942.
  • Antonio Pérez (el hombre, el drama, la época), Madrid, Espasa-Calpe, 1947.
  • Los tres Vélez (Una historia de todos los tiempos), Madrid, Espasa-Calpe, 1962.
  • Expulsión y diáspora de los moriscos españoles, Madrid, Taurus, 2004.
Poesía: Poemas, Madrid, Espasa-Calpe, 1964.

Bibliografía (Fuente: Fundación Gregorio Marañón) [Ordenamiento ABC]
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  • J. Botella Llusiá, Gregorio Marañón. El hombre, la vida, la obra, Toledo, Publicaciones del Centro Universitario de Toledo, 1972.
  • J. Botella Llusiá y A. Fernández de Molina (eds.), La Evolución de la Sexualidad y los Estados Intersexuales, Madrid, Fundación Gregorio Marañón - Díaz de Santos, 1997.
  • E. Cornide Ferrant, Apasionante biografía de Gregorio Marañón: Un hombre para la historia, Maxan, 1999.
  • Fernández de Molina (ed.), Antonio Pérez, Madrid-Zaragoza, Fundación Gregorio Marañón-Institución «Fernando el Católico» - Excma. Diputación de Zaragoza, 1999.
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  • S. Girón de Segura, Marañón escritor, Palma de Mallorca, Mossén Alcover, 1962.
  • M. Gómez-Santos, Gregorio Marañón cuenta su vida, Madrid, Aguilar, 1961.
  • M. Gómez-Santos. Españoles sin fronteras, Barcelona, Planeta, 1983.
  • M. Gómez-Santos. Marañón y Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Universidad de Castilla-La Mancha, 1997.
  • M. Gómez-Santos. Gregorio Marañón, Barcelona, Plaza & Janés, 2001.
  • M. Gómez-Santos. Vida de Gregorio Marañón, Madrid, Taurus, 1971.
  • M. Izquierdo Hernández, Gregorio Marañón, médico, escritor e historiador, Madrid, Cid, 1965.
  • G. D. Keller, The significance and impact of Gregorio Marañón, New York, Bilingual Press, 1977.
  • P. Laín Entralgo, Gregorio Marañón. Vida, obra y persona, Madrid, Espasa-Calpe, 1969.
  • A. López Vega, Marañón, académico. Los paisajes del saber, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.
  • C. Malpique, Perfil humanístico de Gregorio Marañón, Lisboa, Sociedade de Expansao Cultural, 1970.
  • J. A. Martínez Gómez-Gordo, Marañón en mis recuerdos, Sigüenza, Colección «Momentos», 1977.
  • M. Olaya Restrepo, Gregorio Marañón, Bucaramanga (Colombia), Editorial Salesiana, 1962.
  • V. Ouimette, Los intelectuales españoles y el naufragio del Liberalismo (1923-1936), Vol. II, Valencia, Pretextos, 1998, pp. 289-444.
  • F. Pérez Gutiérrez, La juventud de Marañón, Madrid, Trotta, 1997;
  • V. Pozuelo Escudero, Marañón y su obra en la medicina. Visión de un discípulo directo y personal, Madrid, Biblioteca Nueva, 1999. 
  • E. Ramos Meza, Gregorio Marañón, gran médico y humanista, Guadalajara, Folia Universitaria, 1961.
  • J. Rof Carballo, “Gregorio Marañón y la patología psicosomática”, en Revista de Occidente, num. 84 (mayo 1988).
  • L. Sánchez Granjel, Gregorio Marañón. Su vida y su obra, Madrid, Guadarrama, 1960.
  • I. Urzainqui (ed.), Feijoo, hoy, Asturias, Fundación Gregorio Marañón - Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII.
  • VV. AA., Veinticinco años de labor. Historia y bibliografía del Profesor G. Marañón y del Instituto de Patología Médica del Hospital de Madrid, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.
  • VV.AA., Homenaje a Gregorio Marañón, Madrid, Prensa Española, 1960.
  • VV. AA., Homenagem à memória do Prof. Gregorio Marañón, Oporto, Imprensa portuguesa, 1960.
  • VV.AA., Hommage à Gregorio Marañón, Madrid, Institut Français en Espagne, 1962.
  • VV.AA., Cataluña al Doctor Marañón. In Memoriam, Barcelona, Publicaciones de la Sección de Prensa, 1964.
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