miércoles, 28 de enero de 2009

Que es un soplo la vida


Pues
es la vida corta, ¿de dónde viene la esperanza larga? (Horacio)

Nicolás acaba de nacer y ya tiene el nombre que le eligieron, quizás al gusto de su madre, de su abuela o de su tía. Y llora con los párpados cerrados con firmeza, ignorante de su desnudez.

Nicolás es un niño que contempla el mundo con ojos de besugo, entusiasmado y ávido de conocer, absorto y boquiabierto ante lo desconocido, al ver cada fenómeno por vez primera.

Nicolás es un chaval que juega en la calle y en el patio del colegio, incansable con los amigos y compañeros, sin dejar por ello de aprender con mayor o menor dificultad.

Nicolás es un adolescente prendido a la pantalla que navega sin moverse de su asiento, que duda de continuo, que se enoja con facilidad y que, con todo, se estremece al sentir la nueva emoción.

Nicolás es un joven que se divierte, que aparenta indiferencia al no atisbar su futuro, que disimuladamente sueña y que oculta tras la risa las amorosas cuitas de su pensamiento.

Nicolás es un adulto que aún estudia, que temporalmente trabaja, que va y viene sin destino, que aspira a la estabilidad, que sigue insatisfecho, que sufre los puyazos de la frustración.

Nicolás es un jubilado que no se ha dado cuenta del gran cambio, que ha dejado atrás sus ideales, que ha visto incumplidas mil promesas, que bien comprende la verdad de la mentira.

Nicolás es un anciano que camina sin apuro, que en las charlas se repite día a día, que a menudo gruñe, que arrastra su sombra por el parque, que ya no hace sino ver pasar el tiempo.

Nicolás es un muerto que no sabe si ha vivido, que se ha ido en cierto modo indiferente, que ha marchado con dudosa mueca, que tampoco ha comprendido el misterio existencial.

Nicolás es y no es, es hombre y es mujer. Nicolás es del presente, del mañana y del ayer.


Volver - Eugenia León

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