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lunes, 12 de mayo de 2025

Sobre la Música Española de los siglos XIX y XX


La música clásica española es un género que fusiona las ricas tradiciones folclóricas de España con elementos de la música académica europea.
Jorge del Valle
La influencia del primer Romanticismo en España fue prácticamente nula. La férrea censura instituida por Fernando VII impidió que llegara hasta España la música de Beethoven o Schubert. Aunque llegó la de los compositores más conservadores, sobre todo la de Rossini. La música española del XIX tuvo como base el estilo italiano, todavía cercano al Clasicismo, que se aprecia en la obra operística y sinfónica de Ramón Carnicer (1789-1855). (…) El primer grupo de compositores de zarzuela se crea en 1856 y estuvo integrado por Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), Joaquín Gaztambide (1822-1870), Rafael Hernando (1822-1888), Cristóbal Oudrid (1825-1877) y José Inzenga (1828-1891). (…) Como autor de sinfonías, Pedro Miguel Marqués (1843-1918)* fue el más conocido. (..) Los primeros que dan a conocer en todo el mundo los elementos de la música española son compositores extranjeros, como Glinka, Ravel, Liszt o Rimsky-Korsakov, que encuentran en España una rica fuente de inspiración. Consciente del movimiento renovador que se vive en estos años en toda Europa, el musicólogo, folklorista y compositor español Felipe Pedrell** contribuye con sus estudios a superar el pintoresquismo costumbrista de autores como Barbieri, Chapí y Bretón. Entre los compositores españoles más destacados de la nueva tendencia nacionalista se encuentran Isaac Albéniz (1860-1909) y Enrique Granados (1867-1916), que recogen en sus obras las características rítmicas, melódicas y armónicas más esenciales del país. La madurez de la música nacionalista española llega ya en el siglo XX con Manuel de Falla (1876-1946).*** 
«Música Española en los siglos XIX y XX», Érika Montoya 
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*Pedro Miguel Marqués, autor de la conocida zarzuela El anillo de hierro, compuso 5 sinfonías. [Pueden escucharse AQUÍ]
**Felipe Pedrell (1841-1922), musicólogo y compositor, primer músico que estudió la música folclórica española, autor de Por nuestra música (1897). 
***Y Joaquín Turina (1882-1949) algo después.
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Para sonorizar esta entrada de sabor musical español, valga de manera genérica la Rapsodia española de Liszt, basada en temas populares españoles.

Rapsodia española – Franz Liszt

jueves, 25 de junio de 2020

Doctor Andrés Laguna

Retrato del Doctor Laguna, Real Academia Nacional de Medicina

Un apunte sobre Andrés Laguna, o Doctor Laguna (c. 1510-1519), médico humanista español dedicado principalmente a la botánica médica.
La obra más importante y conocida del segoviano doctor Andrés Laguna es el libro conocido como Dioscórides, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Nuestro ilustre paisano traduce este tratado al castellano y añade unos sabrosos comentarios, en los que recoge su experiencia. Para entender los comentarios del doctor Laguna, hay que tener en cuenta que vivió en el Siglo XVI, que era un médico humanista, europeísta, admirador de Erasmo y dotado de un fino sentido del humor.

domingo, 3 de mayo de 2020

Redescubriendo la música griega antigua


En este vídeo, titulado "Redescubrimiento de la música griega antigua", se recoge la primera actuación coral con aulós (flautas dobles u oboes dobles) reconstruidos, según nos explica el profesor Armand D'Angour, del Jesus College de Oxford.

Poco se sabe de la música de la Antigüedad (anterior a 476: caída del Imperio Romano) e investigaciones como ésta suponen un avance. [v. cuadro cronológico musical en "La continua búsqueda sonora"]

Y reparando en la importancia de la música en la Antigua Grecia, volvemos a recordar que en ella se inició, con Pitágoras, el pensamiento musical.
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Agradecimiento: a Susan J Hodgetts (@hodgetts_susan) por el descubrimiento de este interesantísimo vídeo.

Fuente

lunes, 30 de marzo de 2020

Preludios de la vida, por Franz Liszt


"Nota de programa" escrita por Franz Liszt a su poema sinfónico Los preludios:
¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la muerte? El amanecer encantado de toda existencia está anunciado por el amor, y sin embargo, ¿en el destino de quién no están interpretados los primeros latidos de la felicidad por tormentas cuyas violentas ráfagas disipan las más caras ilusiones del Ser, consumiendo su altar con un fuego fatal? ¿Y dónde debe hallarse el alma cruelmente golpeada, que habiéndose convertido en juguete de una de esas tempestades, no busca olvido en la dulce quietud de la vida rural? Sin embargo, el hombre pocas veces se entrega a la calma beneficiosa que al principio lo encadenó al regazo de la naturaleza. Tan pronto como la trompeta hace sonar la alarma, corre él al puesto del peligro, aunque sea la guerra la que lo convoque a sus filas, pues hallará nuevamente en la lucha completa autorrealización y plena posesión de sus fuerzas.
Hoy, como otras veces, escuchamos un preludio de la vida. El último marcará la proximidad de la muerte inevitable, siendo deseable que llegue en paz y en calma.


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Liszt es un viejo hipócrita que hace los elogios más exagerados a cualquier trozo musical que se someta a su augusto juicio. Es naturalmente bueno. Es uno de los raros artistas famosos que nunca ha tenido envidia ni ha sentido la tentación de impedir el éxito de sus colegas. Wagner y en parte Rubinstein le deben su éxito. También ha hecho mucho por Berlioz. Pero es demasiado hipócrita para que se pueda contar con una crítica sincera de su parte.

La música de Liszt me deja completamente frío, es un color poético más que una verdadera creación; es una pintura sin dibujo. Todo lo que compone deslumbra, pero carece de armazón. ¡Qué contraste con Schumann, cuyo enorme y vigoroso poder creador no estaba en proporción con sus medios de expresión!

Sobre Franz Liszt (1811-1886)
Al parecer fue Liszt quien acuñó el término poema sinfónico, composición orquestal de carácter poético, descriptivo o programático, en el que no faltan elementos dramáticos. Se analiza más ampliamente AQUÍ.

Entre sus 13 poemas sinfónicos, además de Los preludios (nº 2), podemos citar dos inspirados en personajes reales: Tasso, lamento y triunfo (nº 3), sobre el poeta Torcuato de Tasso, y Mazzepa (nº 6), sobre un famoso héroe cosaco

Por supuesto, debemos recordar también su inmensa obra pianística: Rapsodias húngaras, Estudios trascendentales –entre ellos, «La Campanella»–, Años de peregrinaje, Consolaciones –n.º 3 en especial–, Sueños de amor –Liebesträume, n.º 3 muy conocido–... y numerosísimas transcripciones de obras orquestales. Y además los 2 Conciertos para piano, la Sinfonía Fausto, la Sinfonía Dante, etc. 

Se ha considerado la música de Liszt «llamativa» o superficial, pero algunas composiciones para piano, como Nuages gris (Nubes grises), Les jeux d'eaux à la Villa d'Este y otras, anticiparon la música del siglo XX e influyeron en compositores posteriores, entre ellos Debussy, Ravel y Bartók.

Respecto a la figura de Liszt y su influencia habría mucho que decir. Niño prodigio, influenciado por Paganini, relación amorosa con la condesa Marie d'Agoult (y su hija Cósima, fruto de esta unión), giras por Europa como virtuoso del piano, «Lisztomanía», unión con la princesa Carolyne zu Sayn-Wittgenstein, relaciones con Berlioz y, sobre todo, con Wagner –que inició una relación extramatrimonial con Cósima–, actividad docente, devoción generalizada (todos los músicos deseaban su consejo), legado y repercusión social: sociedades Liszt, inspiración literaria y cinematográfica... Sin duda, todo un personaje.
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Franz Liszt –epdlp

domingo, 1 de diciembre de 2019

Polifonía renacentista y medicina del Renacimiento


Vídeo que forma parte de una colección de vídeos educativos sobre la historia de la música. Dedicado a la música polifónica del Renacimiento, como parte de la música del Renacimiento. Reconocemos nuestra fascinación por esta música polifónica renacentista, perefección de la polifonía ya iniciada en la baja Edad Media.
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Como contrapunto, diremos que la Medicina del Renacimiento supuso un impulso del conocimiento médico, superando parte de las rémoras medievales. A es época destacan corresponden figuras tan importantes en la historia de la medicina como Vesalio, Servet, Paracelso, Fracastoro o Paré.

LA MEDICINA EN EL RENACIMIENTO (SIGLOS XV A XVII)
LA MEDICINA DEL RENACIMIENTO. EL EMPUJE DE LA ANATOMÍA

Juan Valverde de Amusco, anatomista español del siglo XVI
Fuente

jueves, 11 de mayo de 2017

El pensamiento musical


El pensamiento musical nos ha acompañado desde que la historia ha tomado consciencia de la música ¿Cómo nos relacionamos con ella? ¿Qué representa para nosotros? Estos pensamientos no solo se han centrado en la música, también es algo que sucede en otras disciplinas artísticas provocando un sinfín de controversias y argumentaciones a favor un arte en concreto en detrimento de otro. Este hecho está directamente entroncado con la estética del arte.
Fragmento de La importancia del pensamiento musical, en "Diario de una musicóloga"

El pensamiento musical fue iniciado en la Grecia antigua con Pitágoras y su armonía de las esferas, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes, siguiendo la representación geocéntrica del universo (el Sol, la Luna y los planetas), se rige según proporciones musicales; las distancias entre planetas corresponderían, según esta teoría, a los intervalos musicales. Después fue tratada por Platón y Aristóteles, entre otros filósofos, en cuanto a su beneficioso influjo. 

Sobre sus generalidades, podemos aprender leyendo este interesante ensayo:
Y sobre un pensamiento musical en particular en:

Música y creatividad en la antigua Grecia (en Inglés)
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ADENDA. Si consideramos las formas del pensamiento, el pensamiento musical iría más allá de la forma creativa, pues en él "confluyen distintos campos de conocimiento como la Filosofía, la Estética, la Historia, la Sociología, la Antropología, etc.". De modo que también se nutre de otras formas de pensamiento: racional, analítico, crítico, social, sistemático...

miércoles, 16 de febrero de 2011

A través de la historia de la música (3): El modernismo musical


Revisadas la música antigua (medieval y renacentista) y la de los tres grandes períodos musicales (barroca, clásica y romántica) de la cultura occidental, toca ahora referirnos a la última etapa, iniciada en el siglo XX con nuevos lenguajes armónicos. Desde entonces hasta nuestros días, podemos hablar en este ámbito de música moderna-contemporánea, si bien el término de música contemporánea se ciñe expresamente a los últimos cincuenta años. En definitiva, una música del siglo XX que se extiende hasta el XXI.

Antes de la época moderna, la música era tonal, fácilmente comprensible y predecible en su desarrollo, llevaba una evolución aparentemente natural, sin demasiadas convulsiones. Los compositores avanzaban en sus concepciones sin dejar de mirar atrás, aferrados a sus referentes del pasado, y respetando lo ajeno o criticándolo, en función de su generosidad o egocentrismo. Los excelsos genios románticos, generalmente con poca capacidad de transigencia, se vanagloriaban de su talento creativo y suscitaban aureolas de divismo. Sus sinfonías o sus óperas eran únicas, inalcanzables, irrepetibles. La modestia parecía reservada para los más humildes, que los hubo en el panteón de grandes compositores (en este sentido, Dvorak se me antoja paradigma), o para los menos dotados. Diferentes aspectos y personalidades quedan fuera de esta rauda travesía, necesariamente excluyente.

Alcanzado el siglo XX, aún prevalecía la individualidad propugnada en el Romanticismo, bien representada por colosos como Gustav Mahler (1860-1911) o Richard Strauss (1864-1949). Algunos compositores prefirieron permanecer al margen de rupturas y seguir la línea continuista, emulando a sus predecesores; otros llegaron hasta el borde del abismo innovador y allí se detuvieron. Valgan de ejemplo Sergei Rachmaninov (1873-1943) y Jean Sibelius (1865-1957) para esos respectivos posicionamientos. El segundo abandonó su labor compositiva mucho antes de su muerte, estimando que no tenía nada más que decir o consciente de que su voz ya estaba fuera de lugar. Pero la desaparición de la escena de grandes maestros no detuvo a la gran música en su imparable avance.

En la Época Moderna se produjeron grandes innovaciones. Surgió la corriente del impresionismo musical, encabezado por Claude Debussy (1862-1918) y Maurice Ravel (1875-1937) haciendo énfasis en los efectos tímbricos. Comenzó a imponerse la atonalidad y se creó el dodecafonismo, el sistema atonal desarrollado por Arnold Schöenberg (1874-1951) como técnica principal del serialismo (empleo de series de notas sin repeticiones), utilizando las doce notas de la escala cromática, inasimilable para oídos no acostumbrados a tan peculiar lenguaje. Asimismo, irrumpió la politonalidad, o uso en una obra de varias tonalidades simultáneas, y la modalidad, o empleo de modos y escalas de épocas pretéritas, bien aprovechada por Béla Bartók (1881-1945). Comparadas con lo anterior, estas corrientes experimentales eran difíciles, extrañas o desagradables, nada predecibles. No obstante, en medio de las turbulencias se produjo un retorno a lo clásico, un neoclasicismo, del que participaron Igor Stravinsky (1882-1971) y Sergei Prokofiev (1891-1953), sin impedirse una combinación de lenguajes que conllevó auténticas ensaladas estilísticas.

Como parte de la música experimental* desarrollada, a fines de la década de 1940 comenzaron a grabarse sonidos y ruidos de la calle o de la naturaleza y a combinarlos con sonidos instrumentales, surgiendo así la llamada música concreta, que marcó el comienzo de la música electrónica al comprobarse que el sonido gravado era susceptible de manipulaciones electroacústicas ilimitadas. Otra corriente innovadora fue la música aleatoria, que daba gran valor a la improvisación.

*El estilo más popular de la música experimental es la música minimalista, también denominada música posmoderna o música repetitiva.

La posterior evolución de la música de vanguardia, las diferentes escuelas y la intensa experimentación producida –hasta la extravagancia– salen de esta síntesis histórica. Con intención generalizadora, basten dos ideas: la de elitismo intelectual, por estar reservada a minorías (siendo poco aceptada por el público y escasamente programada en conciertos), y otra de mezcla, derivada del uso combinado de instrumentos clásicos, aparatos electrónicos y cintas grabadas.

¿Y otros lenguajes musicales? Ni que decir tiene que el jazz, surgido como forma musical en ese siglo, supuso una revolución, en cuanto a la penetración de las raíces africanas en una sociedad norteamericana heredera de la tradición europea y a la ruptura de moldes, donde la música clásica estaba aprisionada. Se trataba de un lenguaje diferente y emocionante, expresión de una tradición negra a través de los medios que el blanco le proporcionaba, que daba gran valor a la improvisación y al desarrollo de variaciones melódicas, y que habría de influir en músicos de la esfera clásica. Una forma de liberación que alcanzó un extremo que, tal vez, pudiera parangonarse con la música experimental. Y fuera también del mundo clásico, algunos han proclamado la existencia de una música progresiva, con la teórica introducción de elementos sinfónicos en el ligero género rock, para irritación de puristas y regocijo de los más eclécticos.

El Mar de Claude Debussy
De esta obra maestra, estrenada en 1905, disfrutemos del tercer esbozo, “Diálogo del viento y el mar”, en una vibrante interpretación de la Orquesta Nacional de la Juventud de Venezuela dirigida por Gustavo Dudamel


La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky
De esta composición innovadora (armonía, ritmo y timbre), una obra de ballet que supuso un escándalo el día de su estreno en París, en 1913, pero que cambió la música del siglo XX, propongo una recreación de la bailarina Pina Bausch y el ballet de Wuppertal, en la parte final, “Acción ritual de los antepasados” y “Danza sagrada” (La elegida), con la interpretación musical de la Cleveland Orchestra & Pierre Boulez


¿Qué dirían los clásicos reverentes ante la descomposición de la perfecta armonía y del calculado contrapunto, al comprobar el abandono de ciertas leyes matemáticas? Acaso se susciten dudas, porque en la propia evolución de la música llamada culta ha habido continuamente músicos irreverentes, rebeldes o malditos que la han llevado por otros derroteros a través de nuevos lenguajes. Está justificado, es legítimo cuando la creación artística busca persuadir, deleitar, atraer el interés cuando más de lo mismo no estimula los deseos ya saciados. Monteverdi rompió moldes, y Bach, y Mozart, y Beethoven, y Berlioz, y Liszt, y Debussy, y Stravinsky, y Schoenberg... De alguna manera, todos ellos han sido revolucionarios. Sin embargo, la comprensión de los compositores "clásicos" suele dilatarse en el tiempo; han de pasar muchos años antes de que sean valorados en su justa medida.

Al cabo, la música sólo debiera valorarse en función del resultado sonoro: será buena o mala, por encima de los demás apelativos. Cuando uno escucha obras tan sublimes como La Pasión según San Mateo de Bach o El Mesías de Händel, descubre el barroco más escolástico, pero igualmente el fruto del legado de generaciones anteriores, de búsquedas y avances hacia la perfección codiciada. Son obras colosales que conmueven, pero no necesariamente más que un lied de Schubert, un nocturno de Chopin o un tango de Piazzolla. Los medios de expresión aun siendo diferentes persiguen un mismo fin: lograr el pálpito, el estremecimiento o la alegría del frágil corazón humano, en lo divino o en lo terreno. Eterna indagación que mucho y nada encuentra, aunque baste la caricia de consuelo que las notas pueden deparar a los mortales.

Claves de acceso a la música del siglo XX
1ª parte

2ª parte
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sábado, 23 de octubre de 2010

A través de la historia de la música (2): Tres grandes períodos musicales


Barroco

La llegada del Barroco (aproximadamente de 1600 a 1750) marca una controvertida línea divisoria, al considerarse que con su advenimiento en el siglo XVII se habría llegado al final de la “música antigua”. El término barroco, procedente del portugués (“perla deformada”) y tomado de la arquitectura, musicalmente hace referencia a una ornamentación recargada que se identifica con el contrapunto de la polifonía; construcciones musicales con la técnica contrapuntística son el canon y la fuga. La música barroca también se allega a la monodia acompañada con una textura musical en la que una voz superior se destaca sobre otras que forman el llamado bajo continuo, como relleno armónico de la melodía principal, función realizada por uno o varios instrumentos armónicos capaces de producir acordes o polifonía, caso del clavecín.

La monodia acompañada es aquí un elemento de la “ópera”, forma musical aparecida en Florencia a finales del siglo XVI y perfeccionado por Claudio Monteverdi (1567-1643), el músico que personifica la transición. Y también de la “cantata” y el “oratorio”, las nuevas formas musicales cantadas de este periodo. El género vocal barroco se caracteriza por el recitativo, en el cual el ritmo de la palabra determina el discurso melódico. En esta época consiguen convivir al fin la música sacra y la música profana

La música instrumental evoluciona especialmente durante el siglo XVII, desarrollándose formas instrumentales como la “suite”, la “sonata” y el “concerto”. A finales de ese siglo se impone la tonalidad como sistema de relación armónica, expresando un único estado de ánimo en toda una obra. El instrumento musical barroco por excelencia es el violín, aunque también destacan el clavecín –clave o clavicémbalo– y el órgano de teclado.

Los dos magnos compositores de este periodo son Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Georg Friedrich Haendel (1685-1759).

En resumen, con el advenimiento del Barroco (s. XVII) se impuso la escritura contrapuntística y de bajo continuo, se perfeccionó la ópera y se desarrollaron otras formas vocales (cantata y oratorio), evolucionó la música instrumental (suite, sonata, concerto) y se estableció la tonalidad como sistema de relación armónica, expresando un único estado de ánimo en toda una obra. Bach y Haendel sobresalen en este tiempo.


Clasicismo

Tras el Barroco, el Clasicismo (aproximadamente de 1750 a 1820) marca otro punto de inflexión en la historia de la música. Reacciona contra el rígido contrapunto barroco y la idea de mantener un único sentimiento anímico, ampliando el margen de libertad creativa. Se abandona definitivamente el estilo polifónico para adoptar la sencillez de la melodía acompañada. Y la música instrumental toma protagonismo sobre la vocal.

El concepto de música clásica se refiere en general a todos los períodos de la música culta europea, pero las composiciones clásicas propiamente dichas pertenecen a este período. No se trata de un redescubrimiento e imitación del arte sonoro greco-romano, porque nada se sabe de cómo sonaría la música de la Antigüedad, anterior a 476, año de la caída del Imperio Romano; al no existir entonces notación escrita, la música antigua permanece desconocida.

El Clasicismo musical busca el perfecto equilibrio entre armonía y melodía. Supone una fase trascendental en la evolución de la música tonal, que irá cada vez más lejos del llamado centro tonal hasta dar comienzo a la época romántica. En este periodo aparecen nuevos instrumentos, como el piano y el clarinete; se mejoran otros del periodo Barroco, como el fagot, el oboe y el contrabajo; y pierden vigencia la viola da gamba, el clavicordio, la flauta dulce, el laúd y el clavecín.

En el Clasicismo se hace distinción entre música de cámara y sinfónica, imponiéndose nuevas formas musicales: el “cuarteto” y el “trío” de cuerdas, la “sonata” para teclado y la “sinfonía”. Y se configura la Orquesta Sinfónica.

El apogeo clásico se alcanzó en el s. XVIII con tres grandes compositores e innovadores archiconocidos: Franz Joseph Haydn (1732-1809), Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y Ludwig van Beethoven (1770-1827).

En resumen, el Clasicismo reaccionó contra el rígido contrapunto barroco y la idea de mantener un sentimiento monocorde, adoptó la textura de melodía acompañada, amplió el margen de libertad creativa, hizo distinción entre música de cámara y sinfónica, y aportó nuevas formas musicales (cuarteto de cuerda, sonata para teclado, sinfonía). Los grandes compositores de este periodo son Haydn, Mozart y Beethoven. Y habrá de ser este último el promotor del trascendental período romántico, ya en el s. XIX.


Romanticismo

Tras el Clasicismo, llega el Romanticismo para ocupar casi todo el siglo XIX y abrazar los inicios del XX. El Romanticismo musical está relacionado con la corriente romántica literaria, artística y filosófica que lo precede (entre 1780 y 1840), con el fundamento ideológico de que la verdad sólo se puede captar a través de la emoción o el sentimiento. La música romántica procura expresar las emociones, sin que deba interpretarse como dulce, suave y ensoñadora. Por otro lado, no toda la música del Romanticismo se ciñe a unas características determinadas, ni toda la música romántica se encuadra en el periodo romántico; compositores posteriores adoptaron la estética romántica.

Con el impulso de Ludwig van Beethoven (17701-1827), que parte del Clasicismo, el Romanticismo va avanzando en nuevas direcciones, cada vez más abiertas, y se van poniendo en valor la originalidad, la libertad individual y la fuerza emotiva, los sentimientos, en suma. Se acrecienta la ópera y la sinfonía alcanza su máximo esplendor, al tiempo que se exprimen las posibilidades del piano y composiciones intimistas como los “Lieder” alcanzan su plenitud. Alemania domina en lo instrumental e Italia en lo operístico. Francia abraza el movimiento romántico y en la periferia europea se despierta un fervor nacionalista que se impone en lo musical.

En esta etapa histórica de popularización de la música, se presta atención a las propias raíces, al folklore particular de cada pueblo, y en los países musicalmente no dominantes surge un movimiento: el nacionalismo musical. Otras artes, como la literatura y la pintura, influyen en la creación musical dando lugar a composiciones programáticas o descriptivas –algunas bajo la novedosa forma musical del “poema sinfónico”–, si bien la música abstracta o pura, sin referencias exteriores, se mantiene vigente. Los músicos menos ortodoxos buscan y prueban, emprendiendo arriesgados viajes sonoros, a veces de ida y vuelta.

Es la época de otros grandes compositores: Franz Liszt (1811-1886), Hector Berlioz (1803-1869), Franz Schubert (1797-1828), Robert Schumann (1810-1856), Johannes Brahms (1833-1897), Frederick Chopin (1810-1849), Piotr Illich Tchaikovsky (1840-1893), Richard Wagner (1813-1883), Giuseppe Verdi (1813-1901), etc. Cabe resaltar la originalidad de los dos primeros, desasosegados e influyentes en su momento.

En resumen, el Romanticismo musical partió de la corriente romántica general con el impulso de Beethoven, dio valor a la expresión emocional, a la originalidad y a libertad sonoras, bebió en las fuentes del folklore musical, se inspiró en la literatura y en las bellas artes, y consiguió popularizar el arte sonoro. A este periodo pertenecen compositores de todos conocidos: Liszt, Berlioz, Schubert, Schumann, Brahms, Chopin, Tchaikovsky, Wagner, Verdi…



Como colofón a este largo artículo, propongo de ilustración audiovisual un video que hace un somero recorrido a través de la historia de la música, desde la Antigüedad hasta el Romanticismo, pasando por el Barroco y el Clasicismo. Espero que les sirva de utilidad y, sobre todo, que disfruten de la música.

lunes, 27 de septiembre de 2010

A través de la historia de la música (1): La denominada música antigua


En los primeros tiempos la música tenía una finalidad religiosa, ya en el paganismo griego y romano. El año 476, con la caída del Imperio romano, establece una referencia: el fin de la Edad Antigua y el comienzo de la Edad Media. Nada se sabe de cómo sonaría la música de la Antigüedad, anterior a la fecha señalada, puesto que al no existir notación escrita permanece desconocida. En cambio, tenemos conocimiento de la música medieval, y con ella comenzamos nuestro recorrido histórico.

En la liturgia cristiana se impuso un canto monódico sin acompañamiento, influido por la música de la sinagoga judía y de las canciones profanas, que sería conocido como canto gregoriano debido al impulso del papa Gregorio I (540-604); con este hito comienza la historia de la música occidental. Se utilizaban por entonces los signos musicales más antiguos conocidos: los “neumas”, o sea los embriones de la notación musical moderna. La otra música meramente mundana, aun conviviendo con la religiosa e influyéndola, no habría de adquirir la debida aceptación oficial hasta que, ya en el Renacimiento, algunos maestros de capilla, entregados a composiciones destinadas al culto o para celebrar cualquier acto de contenido religioso, la fueron introduciendo, en ocasiones casi subrepticiamente bajo la mirada recelosa del obispo de turno.

Después de la simple melodía sin acompañamiento que supone el canto gregoriano, a partir del s. IX se inició la búsqueda de una música más elaborada, comenzando a desarrollarse contramelodías sobre la base melódica, lo que habría de dar lugar a la polifonía (varias voces), característica de la música occidental. Al mismo tiempo la notación musical evolucionó, empleándose líneas paralelas y espacios para facilitar la interpretación de varias voces simultáneas, aparte de otros elementos referentes a la duración de las notas que no vienen ahora al caso; digamos tan sólo que a finales del s. XIII ya estaba impuesto el sistema moderno. Además, con la música religiosa convivió otra profana, menos elaborada: la monodia profana (una sola voz con acompañamiento instrumental) de los músicos itinerantes: juglares y posteriores trovadores. Como imperecedero legado de este siglo podemos señalar las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio, y las 6 Cantigas del juglar gallego Martín Códax.

Iniciado el s. XIV se verificó otro cambio estilístico: el ars nova o arte nuevo (hacia 1320), que aportó una mayor complejidad y libertad rítmica, entretejiendo una trama melódica contrapuntística sobre un mismo ritmo (isoritmo). Se compusieron “motetes” y “misas” basados en esta innovación musical, pero sobre todo se prestó más atención a la música profana; las melodías sin armonizar de juglares y trovadores cedieron ante las canciones a dos y tres voces, determinadas por la estructura métrica y estrófica del texto, como las “baladas” al uso en Francia o los “madrigales” en Italia. El ars nova supone el tercer punto de referencia de la música medieval, junto con la polifonía (s. IX) y el canto gregoriano (s. VI).

La música en la Edad Media

Llegado el fin de la Edad Media, comenzó el Renacimiento (aproximadamente desde 1400 o 1450 hasta 1600) con sus ideas renovadas. La música renacentista restó importancia al contrapunto previo –se impuso el contrapunto imitativo–, prefiriendo la sencillez, la suavidad melódica y la elegancia. Cobró gran importancia la “misa” como composición, con una característica de la era renacentista: la clara influencia de elementos profanos. Y nació la “ópera”. Nuestro principal músico renacentista, Tomás Luís de Victoria (1548-1611), autor de piezas religiosas de extraordinaria profundidad, es para muchos el representante supremo de la música hispana. Palestrina (1525-1594) y Monteverdi (1567-1641) son representativos de esta época, y el último personifica la transición a la música barroca.

La música en el Renacimiento

Resumiendo, en la denominada música antigua occidental, el monódico canto gregoriano, la polifonía y el ars nova o arte nuevo, que dio lugar a motetes y misas, supusieron tres hitos consecutivos de la música sacra, imperante pero coexistente con otra profana: en el Medioevo la monódica de juglares y trovadores, mucho menos elaborada y trascendente, y en el Renacimiento la polifónica de los madrigales y la ópera, la forma musical más compleja.
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Enlaces externos relacionados:
Entre otros: Juan del Encina, Francisco de Peñalosa, Mateo Flecha, Cristóbal de Morales, Antonio de Cabezón, Tomás Luis de Victoria.
Entrada relacionada:

miércoles, 26 de mayo de 2010

El nacionalismo musical


El material melódico de la música folklórica europea está muy relacionado con la música culta, especialmente con el movimiento conocido como Nacionalismo Musical (NM), originado en la segunda mitad del siglo XIX, a través del cual los compositores de varias naciones europeas intentaron que su música expresara en grado sumo sus peculiares sentimientos, desafiando así el general predominio de la música germana (monopolizadora en el campo instrumental) e italiana (dominadora en la ópera); supuestamente, reaccionando también contra la aculturación francesa que impuso la huella napoleónica.


El NM fue uno de los frutos del Romanticismo europeo –movimiento proclamador de la libertad– y una consecuencia del despertar de muchas nacionalidades europeas. Los musicólogos establecen su origen en Rusia con la ópera de Glinka Una vida por el Zar (1836), surgida de los estudios de cuentos tradicionales y canciones populares; aseguran también que sus manifestaciones más representativas se dieron en ese país con el “Grupo de los Cinco” (Borodin, Balakirev, Cui, Musorgsky y Rimski-Korsakov), cuyos componentes aportaron a sus obras una sonoridad oriental, aprendida de la música folklórica de la Rusia asiática, que les da un encanto especial.

Desde Rusia, el NM se difundió a otros países europeos, surgieron nuevas “escuelas nacionalistas” y se alcanzaron otros logros musicales cuando compositores de diferentes países echaron mano de sus propios patrimonios folklóricos. Smetana y Dvorak en Bohemia, Grieg en Noruega y Albéniz en España, son paradigmas de los grandes creadores marcados por la herencia nacional. Los músicos de esta tendencia eligen con frecuencia argumentos de ópera o títulos de poemas sinfónicos que reflejan alguna característica de la vida nacional, como hizo Smetana en Má Vlast (Mi patria). Asimismo, emplean el folklore musical y las figuraciones melódicas y rítmicas típicas de la música popular, sin dejar por ello de ser artistas creativos y cosmopolitas. Hasta bien entrado el siglo XX, el NM continuó con la obra de compositores como Bartok y Kodaly en Hungría, Elgar en Inglaterra y Sibelius en Finlandia, expandiéndose desde Europa hacia el continente americano.

Alemania, Italia y Francia, los tres países más introducidos en el sistema musical europeo, tuvieron también su expresión musical nacionalista, pero no precisaron batallar para imponer un modelo compositivo propio, ya imperante. La ópera wagneriana construyó un mundo mítico nacional alemán basándose en la orquesta sinfónica que los países germánicos desarrollaran a lo largo de un siglo, con la estela de genios como Haydn, Mozart y Beethoven. La ópera italiana, en la época del “Risorgimento” (proceso que comenzó en 1848 y culminó con la reunificación de Italia en 1870), adquirió los oportunos tonos nacionales al comenzar a cantarse épicamente las luchas del pueblo italiano por su independencia; aun cuando la censura lo impidió, lo llevó a cabo mediante símbolos interpuestos, bien comprendidos por el público de la Scala de Milán en el estreno del Nabucco de Verdi, en 1842, al escuchar su impactante “coro de esclavos”. Francia siguió caminos propios, iniciados por Fauré y llevados a término por dos grandes compositores: Debussy y Ravel.

Profundizar en el NM precisaría un estudio monográfico. Baste decir aquí que grandes compositores emplearon elementos folklóricos, de su propia tradición musical o de otras culturas, como parte de obras muy elaboradas y destinadas a la ópera o a las salas de conciertos; incluso Brahms, abanderado de la música pura, bebió en las fuentes del folklore húngaro. Y aunque parezca extraño, reconocidos músicos de vanguardia exploraron las rítmicas y melodiosas raíces para acabar elevando singularidades armónicas. De esta manera, muchas cantos populares perviven y se difunden ampliamente, depurados pero sin desvirtuar su esencia.
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Esta es una parte del ensayo Folklore musical: de lo particular a lo universal, publicado en Filomúsica (revista electrónica de música culta), al que puedes acceder si te interesa el tema.


Si bien no todos los compositores adscritos al NM pertenecen a una escuela nacionalista definida, ni los diferentes estudiosos los entroncan de la misma manera, sin distinción están identificados con su propia cultura y beben de las fuentes del folklore. Y compositores no considerados estrictamente nacionalistas ahí hallaron ocasionalmente inspiración. Es el caso del polaco Federico Chopin (1810-1849), del húngaro Franz Liszt (1811-1886), del ruso Piotr Illich Tchaikovski (1840-1893) o del español Manuel de Falla (1876-1946).

Veamos una relación por países de los más conocidos compositores nacionalistas:

RUSIA
Mikhail Glinka (1804-1857)
Alexander Borodin (1833-1887)
Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908)
Modesto Musorgski (1839-1881)
Mili Balakirev (1837-1910)
César Cui (1835-1918)

BOHEMIA (REP. CHECA)
Bedrich Smetana (1824-1884)
Antonin Dvorak (1841-1904)
Leos Janacek (1854-1928)

ESCANDINAVIA
Edvard Grieg (1843-1907)
Jean Sibelius (1865-1957)

HUNGRÍA
Béla Bartok (1881-1945)
Zoltán Kodály (1882-1967)

RUMANIA
George Enescu (1881-1955)

ESPAÑA
Isaac Albéniz (1860-1909)
Enrique Granados (1867-1916)
Manuel de Falla (1876-1946)
Joaquín Turina (1882-1949)

GRAN BRETAÑA
Edward Elgar (1857-1934)
Ralph Vaughan-Williams (1872-1958)

EEUU
Charles Ives (1874-1954)
George Gershwin (1898-1937)
Aaron Copland (1900-1990)

IBEROAMÉRICA
Heitor Villalobos (1887-1959)
Silvestre Revueltas (1899-1940)
Alberto Ginastera (1916-1983)

Introducción al Nacionalismo Musical

martes, 3 de febrero de 2009

La continua búsqueda sonora


El arte inspirado por las musas, desde su expresión religiosa o profana primigenia, ha seguido un curso largamente progresivo, marcado por transiciones conducentes a cambios. Convencionalmente, en una clasificación cronológica occidental se habla de grandes períodos musicales, haciéndose referencia a sucesivos estilos de música: medieval, renacentista, barroca, clásica y romántica. Quedarían sin tipificar los dos extremos históricos: la música de la antigüedad, por desconocida, y la moderna –asumiendo la de los últimos cincuenta años como propiamente contemporánea–, por suponer una disgregación estilística. (Ver cuadro sinóptico)

Alcanzado el s. XX y llegada la Época Moderna, aún prevalecía la individualidad propugnada en el Romanticismo, pero comenzaban a producirse grandes innovaciones. La música tonal, fácilmente comprensible y predecible en su desarrollo, había seguido hasta finales del s. XIX una evolución aparentemente natural, sin demasiadas convulsiones, pero a partir de entonces se iban a imponer nuevos lenguajes musicales. Surgió el impresionismo musical, haciendo énfasis en los efectos tímbricos. Comenzó a imponerse la atonalidad, mediante el serialismo y su técnica principal, el dodecafonismo, utilizando en serie las doce notas de la escala cromática, inasimilable para oídos no acostumbrados a tan peculiar lenguaje. Irrumpió la politonalidad y la modalidad

Comparadas con lo anterior, las corrientes experimentales eran difíciles, extrañas o desagradables, nada predecibles. No obstante, en medio de las turbulencias se produjo un retorno a lo clásico, un neoclasicismo, sin impedir una combinación de lenguajes que conllevó auténticas ensaladas estilísticas. Algunos compositores prefirieron permanecer al margen de rupturas y seguir la línea continuista, emulando a sus predecesores; otros llegaron hasta el borde del abismo innovador y allí se detuvieron. Pero la desaparición de la escena de grandes maestros no detuvo a la gran música en su imparable avance.

Como parte de la música experimental desarrollada, a fines de la década de 1940s comenzaron a grabarse sonidos y ruidos de la calle o de la naturaleza y a combinarlos con sonidos instrumentales, surgiendo así la llamada música concreta, que marcó el comienzo de la música electrónica al comprobarse que el sonido grabado era susceptible de manipulaciones electroacústicas ilimitadas. Otra corriente innovadora fue la música aleatoria, que daba gran valor a la improvisación. La posterior evolución de la música de vanguardia, las diferentes escuelas y la intensa experimentación producida –hasta la extravagancia– no entran en el cometido de este estudio sintético. Con intención generalizadora, basten dos ideas: la de elitismo intelectual, por estar reservada a minorías (siendo poco aceptada por el público y escasamente programada en conciertos), y otra de mezcla, derivada del uso combinado de instrumentos clásicos, aparatos electrónicos y cintas grabadas.

(1) Caída del Imperio Romano.
(2) La llegada del Barroco (s. XVII) marca una línea divisoria controvertida.
(3) Desde 1720 se entronca un estilo rococó (galante), preclásico, principalmente en Francia.
(4) En 1836 (estreno de “Una vida por el Zar” de Glinka) se inicia el Nacionalismo musical.
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He reproducido una parte del artículo publicado en OpusMusica (revista de música clásica), una síntesis de la evolución musical en la historia y en sus diferentes lenguajes. Dejo el enlace de acceso al escrito íntegro: