miércoles, 1 de julio de 2026

La historia de las ‘bacaladeras’

Fuente
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Hace más de tres décadas, España tuvo un conflicto pesquero con Canadá: la «Guerra del fletán», o halibut, un pez parecido al bacalao. Y poco después, la Sanidad Gallega le encargó ‘bacaladeras’, máquinas de sobremesa para la impresión de recetas médicas, a una empresa canadiense. ¿Fue esta decisión una casualidad o una consecuencia de ese conflicto?

Haciéndome esta pregunta, la IA me responde:

¿Casualidad o consecuencia? Casualidad temporal o decisión comercial irónica y práctica, se convirtió en anécdota histórica. Tras la «Guerra del fletán» de 1995 (un grave conflicto diplomático y naval entre España y Canadá por los derechos de pesca en Terranova), la Xunta de Galicia encargó la impresión de los talonarios de recetas del Servizo Galego de Saúde (Sergas) a una empresa canadiense.

¿Qué son las bacaladeras? En el argot administrativo y de oficina de la época, se llamaba así a unas máquinas manuales de estampación de tarjetas de plástico (impregnadoras). Se usaban para copiar los datos del paciente desde su tarjeta sanitaria a las recetas de papel carbón mediante presión. [Se pueden imaginar el ruido continuo.]

El nombre bacaladeras. El término fue el apodo popular e irónico que le pusieron médicos y farmacéuticos gallegos, porque las máquinas impresoras y el formato del papel recordaban a los antiguos sistemas de facturación de las empresas bacaladeras o, simplemente, como mofa por haber comprado el material al "enemigo" pesquero del momento.

Contexto del conflicto. El incidente más grave fue el apresamiento del pesquero gallego Estai por patrulleras canadienses, lo que llevó a España a enviar un buque de la Armada a la zona. Que poco después las recetas oficiales vinieran de allí fue visto por la opinión pública como una falta de tacto o una paradoja burocrática. 

La anécdota. La anécdota es un ejemplo de ‘‘humor retranqueiro’’ o contradicción administrativa: mientras los pescadores gallegos eran acosados por patrulleras canadienses en Terranova, la administración regional les compraba a esos mismos canadienses la tecnología para gestionar sus recetas médicas.

Yo creo que la no hubo una opinión pública por desconocimiento del tema. Tampoco la mayoría de médicos sabían del asunto, desconocían el origen de las bacaladeras. Pero uno que es curioso, le dio la vuelta a su artilugio y comprobó, no sé si con sorpresa, su procedencia: ‘‘Made in Canada’’.

Afortunadamente, las pesadas –y supongo que costosas– bacaladeras pasaron al olvido con la instauración de la receta electrónica. ¡Adiós a la tinta y a pringarse las manos con ella! ¡Adiós al ruido continuo de estampación de recetas! ¡Adiós para siempre a esos horribles armatostes!... Desaparecieron por fin, cerrando un curioso capítulo de la ‘intrahistoria’ de Galicia.
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(*) La imagen es de una máquina manual de estampado, diferente de la bacaladera, que tenía una gran base sobre la que se abatía una pieza superior que al juntarse hacía la impresión de las recetas con los datos de la tarjeta de plástico del médico. He buscado una imagen a propósito y no la he encontrado.

Stupidity
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De la bacaladera de recetas médicas a la propia receta médica
Por cierto, la historia de la receta médica también daría para largo, desde la propia definición (Léxico médico...) hasta la receta electrónica (Peculiaridades de las recetas médicas en Hispania), especialmente en el sistema público de salud, con todos sus modelos y colores. Una historia más de la estupidez humana.

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