La puerta de su despacho estaba cerrada con llave. Ya no podía recuperar mi carpeta. La secretaria me dijo que el abogado se había llevado los documentos. Estaban mejor en sus manos y no debía preocuparme. Pero yo dudaba si era mejor defender mi inocencia o admitir la culpabilidad. Pensando en pros y contras no lograba liberarme de la angustia. ¿El asunto? ¡Qué más da! Pleiteando podría caerme una sentencia peor de la esperada. Me costaba deglutir; notaba la nuez inflamada, un balón obstruyendo mi garganta. Debía renunciar a mi defensa y considerarlo como un mero incidente. Las costas era lo de menos, sin poseer boyante fortuna. Sabiéndome un idiota, sudaba sin parar. Necesitaba la toalla que estaba tirando. No podía esperar. Llamé al abogado. Y me sorprendió: —¡Todo resuelto! La otra parte se reconoce responsable. —¡Rauda justicia!, exclamé. El aire me entró con tanta fuerza que ascendí sin consciencia.
Dice este precioso villancico del siglo XVI, conservado en el Cancionero de Uppsala,que no debemos dormir la Noche Santa. Se creía anónimo, pero el autor de la letra es el poeta renacentista Fray Ambrosio Montesino, y la música la puso el compositor Bartomeu Cárceres, vinculado a la corte valenciana del virrey Fernando de Aragón. Su forma es como la del zéjel (canción) andalusí que lo precedió: se inicia con un estribillo, continúa con una estrofa que tiene tres versos monorrimos (mudanza) y un último verso llamado vuelta y, al final, se repite el estribillo. La música, dulce y serena, envuelve apropiadamente el poema.
No la devemos dormir
la noche sancta.
¡No la devemos dormir!
La Virgen a solas piensa
que hará,
quando al Rey de luz inmensa
parirá,
si de su divina esencia
temblará.
¿O que le podrá dezir?
No la devemos dormir
la noche sancta.
¡No la devemos dormir!
No la devemos dormir, Fray Ambrosio Montesino/Bartolomeu Cáceres
La medicina es una ciencia que necesita reflexión y un arte que precisa detenimiento. Si no hay tiempo para escuchar al paciente y considerar lo que dice, no hay forma de aplicar los principios que la rigen. Es una contradicción que surge cuando se trata de dar respuestas médicas cuanto antes a los problemas de salud, en una sociedad cada vez más demandante de atención sanitaria. En la atención primaria se consulta a la carrera y en el hospital no se atiende de forma sosegada. De esta forma se rebaja la calidad asistencial y se pone en riesgo la seguridad del paciente. Es de algún modo un drama de nuestro tiempo, en el que la realidad parece rebelarse contra el estado del bienestar, donde la sanidad pública es uno de sus pilares. Y para acortar los tiempos, en los dos niveles asistenciales, y como estrategia para lidiar con las listas de espera hospitalarias, se ha ido expandiendo la medicina a distancia, la telemedicina, más allá del fin para el que había sido creada. Medios tecnológicos e informáticos han sustituido en gran medida las visitas presenciales (quizá algún día haya que dar el adiós definitivo a la silla marañoniana). Así, las consultas telefónicas, útiles para aclarar una duda o renovar un tratamiento farmacológico, han aumentado de manera desproporcionada. Así, los especialistas de la piel apenas inspeccionan lesiones directamente, sino las imágenes que los médicos de familia les envían, las fotos que ellos mismos han tomado, a pesar de su aptitud para hacer descripciones dermatológicas de lesiones cutáneas y estructuras dermatoscópicas (*); un procedimiento casi ofensivo. De modo que, cada vez más distanciados del paciente, en lo personal (física y psíquicamente) y en lo temporal, el futuro sanitario se reducirá a fríos diagnósticos y crudos tratamientos. El doctor Robot y la inteligencia artificial se harán cargo por completo de la atención médica a las personas, que ya no podrán hallar el calor humano de una buena relación médico-paciente. El devenir de los tiempos...
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(*) Muchos médicos de familia han hecho cursos de dermatoscopia; pero lejos de aprovechar su conocimiento adquirido, los utilizan como fotógrafos.
Guajiro es el campesino cubano. Muchas canciones cubanas hablan de guajiros y guajiras. Y entre ellas, hay una canción que se titula Sentimientoguajiro, del dúo Los Compadres, uno de cuyos componentes fue el longevo y entrañable Compay Segundo, cuya letra comienza así:
Las ausencias escolares de los niños las justifican sus tutores legales, no los médicos. Determinado así en 1985. Y en 2024, casi 40 años después, parece no estar claro todavía, cuando se le sigue pidiendo al médico un ‘‘justificante de ausencia’’ que no le corresponde y se ve obligado a anunciarlo. En este caso para que los padres que no lo sepan tomen nota y se lo digan a maestros y profesores, si es que tampoco lo saben, después de casi cuatro décadas de establecida la norma.
Y para quienes ya lo sabían o no, una vieja canción muy refrescante...
El compositor Ludwig van Beethoven hizo una selección de la Oda a la alegría (An die Freude), del poeta alemán Friedrich Schiller, para el cuarto y último movimiento de su monumental Sinfonía nº 9 “Coral”. Y Waldo de los Ríos realizó una adaptación con el título de «Himno a la Alegría», canción que se popularizó en la voz de Miguel Ríos, que fluyó como agua dulce divulgando esa pieza de música clásica, con el rechazo de puristas y la aceptación de los más transigentes.
Una canción apropiada para este tiempo entrañable, aun con todas las miserias humanas, y para todo tiempo, con la esperanza de paz y, en definitiva, de alegría.
En este día entrañable para tantas personas, creo oportuno traer una reflexión del doctor Juan Manuel Jiménez Muñoz, médico de familia.
Hay en Europa un potente movimiento que promueve la desaparición de la terminología cristiana en las distintas festividades del año. Así, desde ciertos medios de comunicación y desde la propia Unión Europea, pretenden que este mes no nos digamos “Feliz Navidad”, sino “Felices Fiestas”; o, usando terminología pagana, “Felices Saturnales”. Al parecer, no debemos molestar con palabras religiosas a otros miembros no cristianos de esta Europa multicultural que cada día se asemeja más a La Meca o a Teherán. Eso sí: para estos grupos de poder europeístas tan supuestamente laicos y tan supuestamente “de progreso”, felicitar por sus verdaderos nombres el Ramadán mahometano, el Janmashtami hinduista y el Yom Kipur judío sigue siendo aconsejable. Pero justamente porque no me me da la gana entrar en jueguecitos anticristianos, es por lo que yo, agnóstico recalcitrante, tengo el placer de felicitaros la Navidad: la fiesta de mis mayores, la fiesta de mis maestros, la fecha del nacimiento de Jesús, el autor de las bienaventuranzas, un hombre esencialmente justo tanto para creyentes como para no creyentes.
Bo Nadal
Feliz Navidad
Merry Christmas
Joyeux Noël
Froehliche Weihnachten
Buon Natale
Boas Festas
Una pandereta suena (villancico)
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Reflexión navideña
La pérdida del espíritu navideño,
el paso de la ilusión entrañable
–o de la creencia esperanzada– ha dado paso a la decepción consumista. Quizá desde que a las Navidades se las denomina Fiestas. Por eso muchas personas ya no sienten como antaño el mismo gozo en esta época que simboliza la paz. Una pena...
Hay profesionales enamorados de su profesión, debiendo entenderse ese enamoramiento como atracción por la labor que realizan, en general con algún aspecto creativo. Y entre esos profesionales hay médicos enamorados de la medicina, o en particular de una especialidad médica concreta. Se entregan con pasión a lo que hacen, disfrutan de su actividad profesional, la viven intensamente. En ellos confluyen la vocación y la entrega.
Pero como todo enamoramiento deben tener un límite, para que su profesión no ocupe por completo sus vidas. No vaya a ser que pierdan la cabeza, la razón...
Rodeados de montañas, en las praderas, entre los árboles, respirando aire puro y escuchando el canto de los pájaros, se llenará nuestro corazón de alegría y nos sentiremos más vivos. Y la naturaleza vivirá más con nuestro canto...
The hills are alive with the sound of music
With songs they have sung for a thousand years.
Las colinas están vivas con el sonido de la música
Con canciones que han cantado durante mil años.
The Sound of Music (El sonido de la música)
Esta bellísima canción, de una magnífica película con el mismo título (The Sound of Music, 1965), traducida como Sonrisas y lágrimas, supuestamente por las emociones contrapuestas que se suscitan en el film, siempre me ha maravillado en la voz de Julie Andrews, la protagonista femenina.
La primera estrofa de este poema ("Les sanglots longs..."), de tristeza otoñal, fue la contraseña de los aliados en la Segunda Guerra Mundial para dar la señal a la resistencia francesa de que se iniciaba el desembarco [o los desembarcos] de Normandía. AnálisisAQUÍ. Explicación en francés AQUÍ. Emisión de radio AQUÍ.
Chanson d'automne (Canción de otoño), Paul Verlaine)
Poeta y periodista gallego, una de las principales figuras literarias del Rexurdimento, siguiendo con su obra lírica los pasos de Rosalía de Castro y Eduardo Pondal. Su pensamiento liberal y anticlerical quedó plasmado en su labor de periodista, profesión en la que obtuvo un gran prestigio con sus artículos. Colaboró en el Imparcial de Madrid y otros diarios republicanos. En 1877 ganó un certamen poético en Orense con el poema narrativo A Virxe do Cristal (La Vírgen del Cristal), basado en una leyenda, lo que determinó su voluntad de ser poeta. Se estableció en Orense, trabajo en la Intervención de la Administración Económica, y en 1880 publicó Aires da miña terra (Aires de mi tierra), donde mostraba gran sensibilidad lírica y capacidad para crear imágenes de notable delicadeza desde la musicalidad de su versos. Ese mismo año el obispo de Orense lo denunció al escritor por «herejías y ataque a la religión», y publicó un edicto condenando el libro de Curros por contener proposiciones heréticas, blasfemas y escandalosas (en particular los poemas «A virxe do Cristal», «A Igrexa fría», «Mirando ó chau» y «Pelegrinos à Roma»). Por ello, fue juzgado y condenado, sufrió varios meses de prisión y finalmente fue absuelto ante la Audiencia de La Coruña, gracias al recurso del abogado Luciano Puga. Como agradecimiento, Curros le dedicó a la hija de ese abogado, María de la Concepción, el poema «Un adiós Mariquiña» (originalmente titulado «A Mariquiña Puga. Despedida»); inspirado en este poema, José Castro González «Chané» compuso una famosa balada.
Como ti vas pra lonxe
i eu vou pra vello,
un adiós, Mariquiña,
mandarche quero.
Un adiós a Mariquiña – Canción de José Castro González «Chané»
El propio Curros se trasladó a La Habana en 1894. Allí dirigió la revista La Tierra Gallega e integró la redacción del Diario de la Marina. En 1888 publicó O divino sainete(El divino sainete), poema en tercetos dividido en ocho cantos en el que, parodiando la Divina comedia de Dante, satiriza la peregrinación española a Roma con ocasión del jubileo de León XIII y ataca la corrupción religiosa; también critica al gobierno y a los reaccionarios de la sociedad. A pesar de su anticlericalismo, vemos que en la obra de Curros subyace el espíritu de un creyente.
Obra poética:
A Virxe do Cristal (1877)
Aires da miña terra (1880). Online AQUÍ. Una traducción al castellano AQUÍ
*Poemas narrativos. «¡Ai!» es un doloroso canto por la muerte del hijo, siendo un niño pequeño; un poema muy sentido en el que reparó Juan Ramón Jiménez en su Platero («Volvoreta d'aliñas douradas...») y que fue musicado por José Baldomir. «Cántiga» es un poema de amor y emigración que acaba en tragedia; fue musicado por Juan Montes en forma de balada gallega con el título «Unha noite na eira do trigo» (Una noche en el campo del trigo), sustituyendo el compositor el primer verso del poema de Curros, «No xardín unha noite sentada» (En el jardín una noche sentada) y otros cuatros versos más, y también por José Castro «Chané», quien respetó el título original. [v. más detalles AQUÍ] «Nouturnio» es un triste e impresionante poema sobre los reveses de la vida, la pobreza, la soledad y la vejez; un poema inolvidable, tan memorable como «¡Ai!».
Se define al anciano frágil como aquel que tiene una disminución de las reservas fisiológicas y un mayor riesgo de declinar, lo que lo sitúa en una situación de mayor vulnerabilidad ante perturbaciones externas y resulta en una mayor probabilidad para presentar episodios adversos de salud (hospitalización, institucionalización, muerte, caídas) y pérdida de función, discapacidad o dependencia.
El estado de fragilidad es un síndrome clínico-biológico caracterizado por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas del adulto mayor ante situaciones estresantes, a consecuencia del acumulativo desgaste de los sistemas fisiológicos, causando mayor riesgo de sufrir efectos adversos para la salud como: caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y muerte.
La evaluación geriátrica exhaustiva (Comprehensive geriatric assesment) es el instrumento de trabajo que permite la correcta evaluación de los problemas
de salud del anciano en sus correspondientes áreas biomédicas,
funcionales, mentales y sociales, que consiste en un conjunto de técnicas que
facilitan la valoración del paciente y la aplicación de medidas
terapéuticas adecuadas.
Gerontología (etim.: del griego geron, viejo, y logos, tratado): ciencia que estudia la vejez y el envejecimiento. Geriatría (etim.: del griego geras, vejez e iatría, curación): especialidad médica que estudia la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación de las enfermedades en la vejez.
VEJEZ Y FRAGILIDAD
Sobre un viejo no tan frágil, me remito a mi novela EL ÚLTIMO NOCTURNO. Porque el protagonista habla de la vejez y sus fragilidades, físicas y psíquicas.
Debilidad/Fortaleza, Débil/Fuerte.
ANEXO: AFORISMOS SOBRE DEBILIDAD Y FORTALEZA (Fragilidad/Robustez)
Debilidad es falta de autocontrol.
Hallar la debilidad de cada uno es el arte de dominar las voluntades. (B. Gracián)
Muchos hay que no conocen su debilidad, pero otros tantos que no conocen su fuerza. (J. Swift)
Somos muy fuertes cuando admitimos nuestra debilidad. (Balzac)
La amenaza del más fuerte me hace siempre ponerme al lado del más débil. (Chateaubriand)
Fragilidad tiene nombre de mujer. (Shakespeare)
Niños mimados, adultos débiles.*
Estar hecho unos zorros (Expresión) [Estar débil, fatigado]