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jueves, 1 de agosto de 2024

Shéhérezade, poesía y música


«Shéhérezade» de Tristan Klingsor (1874-1966) es una obra poética inspirada en la suite sinfónica del mismo nombre de Rimski-Kórsakov, sobre la narradora de los cuentos de Las mil y una noches, y por su parte inspiró al compositor Maurice Ravel, quien musicó tres de sus poemas (Asia, La flauta encantada, El indiferente) y los publicó bajo el mismo título genérico de Shéhérezade como obra musical para voz y orquesta. Un ejemplo de la relación música-poesía en cuanto a la inspiración de un arte en otro: una obra musical que inspira un poema y viceversa.

Asie, Asie, Asie.
Vieux pays merveilleux des contes de nourrice
Où dort la fantaisie comme une impératrice
En sa forêt tout emplie de mystère.
Asia, Asia, Asia.
Viejo país maravilloso de cuentos de nodriza
donde duerme la fantasía como una emperatriz
en su bosque lleno de misterio.

[Asie/Asia]

Shéhérezade, tres poemas para voz y orquesta – Maurice Ravel
I. Asie (Asia)
II. La flute enchantée (La flauta encantada)
 III. L'Indifférent (El indiferente)
***
Una reflexión: música y palabra (o música y literatura)
Hay música inspirada en la palabra y viceversa. Son frecuentes las canciones inspiradas en poemas y las óperas que beben de novelas y dramas. También sabemos de poemas sinfónicos inspirados en obras literarias. Por otro lado, aunque no tanto, hay ejemplos de inspiración literaria en obras musicales. De modo que la inspiración es mutua entre música y literatura, a pesar de la linea divisoria que entre ambas artes establece el famoso aforismo de E.T.A. Hoffmann*: «Donde calla la lengua, comienza la música» (la música empieza donde terminan las palabras).

*Escritor y músico, autor de cuentos que sirvieron de inspiración a Jacques Offenbach para componer su ópera Los cuentos de Hoffmann.

Enlace relacionado
Música y palabra, Blas Matamoro

domingo, 14 de enero de 2024

El sueño de Geroncio

I am near to death,
And Thou art calling me; I know it now...
Estoy cerca de la muerte,
Y Tú me llamas; lo sé ahora...

El sueño de Geroncio (The Dream of Gerontius), del religioso y poeta John Henry Newman, es la oración de un moribundo; es el sueño de la ancianidad y la proximidad de la muerte (el nombre Gerontius/Geroncio referido a vejez o ancianidad) que el autor sentía en el momento de escribirlo. Poema de esperanza y obra maestra de la literatura inglesa. El compositor Edward Elgar lo convirtió en obra coral, en un hermoso y sentido oratorio, una de sus mejores creaciones. Traemos una interpretación y hacemos un pequeño apunte de Elgar.

The Dream of Gerontius

Otra interpretación AQUÍ
***
Apunte sobre Edward Elgar (1857-1934)
Compositor autodidacta, sin formación académica formal, sólo tomó de su padre las primeras y prácticamente únicas lecciones de música. A partir de ahí, el trabajo cotidiano sobre el violín y el órgano, junto a la lectura de partituras, fueron configurando una personalidad y un estilo musical propios, al margen de las grandes corrientes importantes en el Reino Unido de la época. Su música, inconfundiblemente británica en el tono, refleja la influencia del sinfonismo germánico, de Wagner y Brahms, inscribiéndose en el posromanticismo europeo de finales del siglo XIX y principios del XX. Es el caso de sus dos sinfonías (1908 y 1911), sus dos conciertos –Concierto para violín (1910) y Concierto para violoncello (1919)– el Cuarteto de cuerda Op. 83 (1918) y el Quinteto con piano (1919). En su estilo también deja huella su profunda fe católica, perceptible en partituras como El sueño de Geroncio (1900) y, sobre todo, Los apóstoles (1903), oratorios mantienen la tradición musical británica. Elgar pasó los últimos años de su vida en una especie de retiro artístico, aislado por propia voluntad del nuevo rumbo que estaba tomando la música y casi abandonada la composición.

Edward Elgar encarnaba la confianza de la Inglaterra eduardiana. Su música, imbuida de nobleza y garbo, refleja el país que claramente amaba en la cima de su poder imperial. En su última obra a gran escala, el Concierto para violonchelo (1919), Elgar puso al descubierto sus pensamientos más íntimos, un alma turbada y tormentosa escondida detrás de un exterior tranquilo y bigoteado. Después de esto, se retiró para arreglar obras de otros compositores y crear música ocasional para festivales y exposiciones. Elgar, que también grabó una gran parte de su música, fue uno de los primeros compositores en aprovechar el gramófono para preservar sus ideas interpretativas para la posteridad.

La música de Elgar reflejaba el ambiente optimista de la época en que fue escrita. Pero la Primera Guerra Mundial (1914-1918) cambió aquel ambiente, y cambió también a Elgar. Debido en parte a las palabras de “Land of Hope and Glory”, puestas a la sección central de su primera marcha Pomp and Circumstance, la música de Elgar ha sido considerada a menudo ribombante. Pero, aunque intensamente patriota, Elgar era también un pacifista que halló difícil reconciliarse con el sufrimiento de la guerra. Durante los primeros años de la posguerra, escribió tres piezas de música de cámara y el concierto para violonchelo, obras más sombrías e introspectivas que las anteriores. Con la muerte de Alice en 1920, su creatividad pareció morir también. Y no escribió nada más de importancia hasta su propia muerte en 1934.

Pese a que Elgar aun conserva el tópico de compositor oficial de la época victoriana y eduardiana, sus obras son mucho más complejas de lo que su forma exterior sugiere, y su música se traduce como el íntimo flujo de un hombre altamente sensible. Elgar absorbió elementos estilísticos de ciertas fuentes aunque su música se caracteriza por un extraordinario dominio del cromatismo, factor que imprime a sus obras un colorido y unos giros estructurales inesperados e innovadores. Como compositor más relevante desde Purcell, Elgar terminó con la deprimente fama de que el siglo XIX había sido una centuria sin música en Inglaterra, y con él se inició el glorioso renacimiento musical inglés de los últimos cien años.


Serenata para cuerdas (1892)
Variaciones Enigma (1899)*
Cuadros marinos (1899), para soprano y orquesta
El sueño de Geroncio (1900), oratorio
Pompa y circunstancia (1901), 5 marchas [n.º1: «Tierra de esperanza y gloria»]
Cockaigne (In London Town, 1901), obertura de concierto
En el Sur (Alassio, 1903), obertura de concierto
Introducción y allegro (1905)
Sinfonía n.º 1 (1908)
Elegía (1909), para orquesta de cuerda
Sinfonía n.º 2 (1911)
Falstaff (1913), poema sinfónico
Sospiri (1914), adagio para orquesta de cuerda, arpa y órgano
Concierto para violonchelo (1919)
____
*La Variaciones enigma son 15 variaciones, en cada una de las cuales Elgar retrata a un amigo, excepto en la última, que es un retrato del propio compositor. En cierto modo, me recuerda Le tombeau de Couperin de Ravel, suite en en seis partes en la que éste retrata a siete amigos muertos en la Primera Guerra Mundial.

Grabaciones discográficas

Edward Elgar

jueves, 23 de febrero de 2023

Música rosaliana

Fuente

23 de febrero, Día de Rosalía de Castro

[Rosalía y la música. Sus poemas musicados.]

A Rosalía de Castro le gustaba la música, que suena en algunos de sus escritos. No en vano su primer poemario en gallego se titula Cantares gallegos, y ya desde el comienzo no deja duda de la pulsión musical.

Has de cantar,
meniña gaiteira…

De los Cantares, es significativo el poema «Alborada», en el que, según sus palabras, intentó, no sin dificultad, acomodarla a la música (*). ¿Acaso había compuesto ella una melodía? Puede deducirse que sí, pero no afirmarse con rotundidad. Tampoco tenemos certeza de sus gustos musicales, de qué música la atraía. Seguramente la popular, la de raíces folclóricas gallegas.

Suponemos que habrá escuchado alalás, muiñeiras, alboradas, pandeiradas, pasacorredoiras, jotas..., en interpretación de agrupaciones musicales populares, instrumentales o vocales, de conjuntos corales o de voces solistas, acaso acompañadas de violín, guitarra o zanfona. En su juventud escucharía también los ritmos que las orquestas de baile tocasen en ese tiempo, como valses, pasodobles, polkas o mazurcas.

Opinaba Manuel Murguía que, de haber tenido una educación musical, Rosalía habría sido tan gran compositora como poeta (1). Así lo refiere en el prólogo a En las orillas del Sar. Nosotros no lo dudamos e intentamos imaginarla en esa faceta.

No creemos que nuestra poeta tuviese acceso a conciertos sinfónicos, recitales o acontecimientos operísticos. Al menos en Santiago o en La Coruña. Tal vez en Madrid, donde había mucha más actividad musical, pero no tenemos constancia.(2)
____
(1) Rosalía tocaba la guitarra, la flauta, el arpa y el piano. [«As guitarras de R. C.»]
(2) En Madrid asistió a alguna representación de ópera. (Nota post.)

Sin embargo, sabemos que sus poemas cantábiles han inspirado a compositores de su tierra después de su muerte. Y especialmente a dos músicos gallegos señalados: Montes y Baldomir.

Juan Montes Capón (1840-1899) revistió de música los poemas de Follas novas «Negra sombra» y «Dulce sono» (Dulce sueño), en un grupo de seis canciones que el compositor tituló Baladas gallegas. Al parecer, la melodía de «Negra sombra» no es original, sino basada en un alalá de O Incio (provincia de Lugo).

Y es «Negra sombra» la balada más fuertemente arraigada en la memoria colectiva del pueblo gallego, un verdadero himno que para siempre asombra. La música, con su forma de alalá, envuelve el poema proporcionándole, si cabe, un mayor esplendor.

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

(Cuando pienso que te huyes, / negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales, / tornas haciéndome mofa.
Si imagino que te has ido, / en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla, / y eres el viento que sopla.
Si cantan, tú eres quien cantas, / si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río / y eres la noche y la aurora.
En todo estás y eres todo, / para mí en mí misma moras,
nunca me abandonarás, / sombra que siempre me asombras.)
[Traducción de Juan Ramón Jiménez.]

José Baldomir (1867-1947) fue reconocido por sus composiciones para canto y piano, inspiradas en textos de poetas gallegos, pero principalmente de Rosalía de Castro. Se le ha llamado «el músico de Follas novas». Entre los poemas rosalianos que musicó este compositor están «Maio longo» (Mayo largo), «Mais vé que o meu corazón» (Más ve que mi corazón), «A un batido» y «Tal como as nubes» (Tal como las nubes).

Entre estos poemas elegidos por Baldomir, «Maio longo» es un buen ejemplo de asociación poesía-música, pues ésta, melodiosa y nostálgica, envuelve el texto apropiadamente.

Maio longo... maio longo,
todo cuberto de rosas,
para algús telas de morte;
para outros telas de vodas.

Maio longo, maio longo,
fuches curto para min:
veu contigo a miña dicha,
volveu contigo a fuxir.

(Mayo largo... mayo largo, / todo cubierto de rosas, para unos telas de muerte; / para otros telas de bodas. Mayo largo... mayo largo, / fuiste corto para mí: vino contigo mi dicha, / volvió contigo a huir.) 

Y la obra póstuma de Andrés Gaos (1874-1959), Rosa de abril, es una pieza para piano inspirada en el segundo poema de Cantares gallegosNasín cando as prantas nasen»), posteriormente adaptada para voz y piano. Es un poema en el que la voz lírica (Rosa) le declara sus sentimientos a su amado (Mauro) que, al parecer, ya no la corresponde. Dolorida, ella, que cree habérselo dado todo a él, concluye en una estrofa rotunda: «Yo mi corazón te mando / y una llave para abrirlo. ⁄ Ya no tengo más que darte, ⁄ ni tú ya más que pedirme».

Nasín cando as prantas nasen,
no mes das froles nasín,
nunha alborada mainiña,
nunha alborada de abril.
……………………………..
O meu corasón che mando
cunha chave para o abrir.
Nin eu teño máis que darche,
nin ti máis que me pedir.

Además de compositores académicos gallegos, ha habido un acercamiento a la obra poética de Rosalía de Castro por parte de músicos foráneos, hispanos y extranjeros, que le han puesto música: desde Maurice Ravel a Osvaldo Golijov, pasando por Joaquín Rodrigo, Antón García Abril o Juan Durán. E incluso se ha contemplado la poesía rosaliana desde el pop, el rock y el jazz. [Un nombre señalado es el del cantautor Amancio Prada, que halló inspiración melódica en muchos de sus versos.] Se han musicado muchos poemas rosalianos, con mayor o menor acierto.

[Esta entrada es la reproducción de un capítulo de La sombra de Rosalía.]

Joaquín Rodrigo: Rosaliana
1. Cantart’ei, Galicia 2. ¿Por qué? 3. Adiós ríos, adiós fontes 4. ¡Vamos bebendo!
***
(*) Sobre el poema «Alborada»
De los Cantares, es significativo el poema «Alborada», en el que, según sus palabras, intentó, no sin dificultad, acomodarla a la música. Música, con ritmo de muiñeira, que tocaba un gaitero de Lestrove llamado Clemente Eiras. El poema resultante es singular en la forma y fuertemente simbólico: la alborada como renacer de un pueblo ensombrecido, el galaico. 
Vaite, noi- 
te,—vai fuxin- 
do.—Vente auro- 
ra,—vente abrin- 
do,—co teu ros- 
tro,—que, sorrin- 
do,—¡¡¡a sombra espanta!!! 
(…) 
¡Arriba todas, 
rapaciñas do lugar, 
que o sol 
i a aurora xa vos ven a despertar! 
¡Arriba! 
¡Arriba, toleirona mocidad, 
que atru- 
xaremos —cantaremos o ala... lá...!!!

que en otro tiempo oía...
¡Por Dios, no me cantéis esas canciones
que en otro tiempo oía!

lunes, 13 de febrero de 2023

La sombra de Rosalía


No subas tan alto, pensamiento loco,
que el que más alto sube más hondo cae...
R. C.

Hemos editado otra novela: LA SOMBRA DE ROSALÍA. Es la cuarta y, junto a tres libros de ensayo, se suma a «mis publicaciones». Es más breve que las anteriores y su tratamiento es distinto, combinando lo novelesco con lo biográfico. Con un lenguaje lo más preciso posible, tratamos de retratar de manera fehaciente –con las inevitables sombras biográficas–, e incluyendo su voz poética y narrativa, a Rosalía de Castro, la principal figura de la literatura galaica, trascendental en el romanticismo poético hispano (junto a Bécquer) y universal en su mensaje. 

Esta es la descripción:

La vida de Rosalía de Castro (1837-1885), contada por ella misma, en los últimos momentos de su vida, cuando la enfermedad la está consumiendo. La vida de una mujer inteligente, culta y sensible, de atractiva personalidad, a la que el mundo no deja indiferente y que a un tiempo la abruma. En su existencia hay sombras contradictorias que se concretan en una sombra: oscura y radiante, luctuosa y esperanzada, triste y gozosa... Y esa sombra rosaliana es la que define a la gran poeta, cuya voz, profunda y dolorida, es universal y eterna.

Una obra concebida como novela-biografía, o biografía novelada, y estructurada en capítulos numerados para la parte novelesca y alfabetizados para la parte biográfica; ambas partes se pueden leer de modo independiente o complementario.


[Obra iniciada el 10 de mayo de 2019 y finalizada el 29 de diciembre de 2022]

Tres claves:
  • Una novela-biografía sobre una singular creadora literaria.
  • Una escritora que se hace paso en un mundo de hombres.
  • Una mujer que abre el alma y expresa su sufrimiento... y su dicha.

Negra sombra, Rosalía de Castro-Juan Montes
***
Apuntes rosalianos
Ya hicimos aquí el adelanto de tres capítulos de la parte biográfica de la novela:

miércoles, 4 de enero de 2023

Apuntes rosalianos (3): Los médicos de Rosalía de Castro


[Galenos que trataron a Rosalía. Su muerte inevitable]

Aparte del doctor José Varela de Montes (1796-1868), que atendió el parto de su madre, son tres los galenos que tuvieron una relación profesional con Rosalía: Maximino Teijeiro Fernández, Alfredo Vicenti Rey y Roque Membiela Salgado.

El doctor Alfredo Vicenti Rey (1850-1916), quién además de médico era periodista y poeta, en una carta dirigida a Manuel Murguía, aconseja tranquilidad, prescribe un tratamiento para las hemorragias («flujo»), considera la intermitencia de su enfermedad —con intervalos de mejoría— y recomienda las aguas de Caldas, así como la toma de quina simultáneamente.

En su endeble salud, las aguas de Caldas de Reyes —famoso balneario o estación termal— obraron un verdadero milagro, según la poeta, mejorando de sus habituales catarros invernales.

Es posible que las recomendaciones de Vicenti fuesen en calidad de amigo de la familia. Si bien aparece en documentos como licenciado en Medicina (además de en Filosofía y Letras), no está claro que estuviese dedicado al arte hipocrático. Si así fuese, habríamos de tomar a este hombre polifacético por médico humanista; si no, por su mayor inclinación por las letras podríamos considerarlo como escritor-médico, a la manera de un Chejov.

Muy allegado al matrimonio Murguía-Castro, Vicenti fue un ferviente defensor y divulgador de la figura y la obra de Rosalía, y poco antes de morir contribuyó a recaudar fondos para la construcción del monumento que finalmente se erigió en Santiago de Compostela en honor a la gran poeta gallega. Un conjunto escultórico de granito con la imagen de una Rosalía pensativa.

Del doctor Maximino Teijeiro Fernández (1827-1900), sabemos que trató a la escritora durante su última enfermedad, el cáncer de útero ya referido. Tan larga fue la relación de este egregio profesional de la medicina con Rosalía, que la paciente le dedicó uno de sus libros expresándose como «Su eterna enferma». Una humorística declaración que certifica su gratitud y el afecto surgido de la buena relación médico-paciente. Imaginamos la satisfacción de don Maximino.

Catedrático de Patología General de la Universidad de Santiago, el doctor Teijeiro tenía fama de buen clínico. Fue el primero en realizar en Galicia una laparotomía (apertura de la cavidad abdominal) y ha quedado constancia de su labor docente e investigadora: tradujo obras clásicas de anatomía y cirugía; publicó trabajos sobre la fiebre tifoidea (para erradicar esta enfermedad, que era endémica, reclamó como higienista una buena red de agua y alcantarillado para Santiago), la sífilis y el cólera. Recibió la Gran Cruz de Isabel la Católica por los servicios prestados espontáneamente a la ciudad de La Coruña durante la epidemia de cólera de 1854 que diezmó su población, y por su interés en la naciente microbiología acudió a París como comisionado para el estudio de los procedimientos de Pasteur en el tratamiento de la rabia. Vinculado al krausismo y a la Institución Libre de Enseñanza, desarrolló una intensa actividad social u política. 

Ante el diagnóstico de cáncer de útero, el doctor Teijeiro consultó las posibilidades quirúrgicas con el cirujano Timoteo Sánchez Freire. Es evidente que los recursos operatorios o las técnicas del momento no hacían posible su intervención.

Victoriano García Martí, autor de Rosalía de Castro o el dolor de vivir (1944) refiere las conversaciones de estos dos galenos, en casa de Teijeiro o de la misma enferma, en la que filosofan sobre la vida como enfermedad incurable. Y nuestra enferma era fehaciente muestra de ello con su «dolor de vivir».

Su médico de cabecera en Padrón fue Roque Membiela Salgado (1853-?), un galeno interesado en la higiene pública que llegó a publicar una voluminosa Higiene popular (1885). Se dijo que había acompañado a la escritora en sus últimas horas, sin separarse ni un momento de ella. Es sabido que el buen galeno cura a veces, alivia a menudo y consuela siempre. Y fue él doctor Membiela quien certificó la muerte de la escritora.
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Por desgracia, nada pudo hacerse para salvarla. Y fueron muchos quienes la lloraron y rezaron por ella.

El viudo Manuel Murguía, que sobrevivió a Rosalía por mucho (falleció el 1 de febrero de 1923, en La Coruña), en el emocionante prólogo a la segunda edición de En las orillas del Sar, escribió sobre la muerte de su mujer:
Cuando la vi encerrada en las cuatro tablas que a todos nos esperan, exclamé: «Descansa, al fin, pobre alma atormentada, tú que tanto has sufrido en este mundo».
La calificaba de «alma atormentada»; pero también se refería a ella como un «alma superior», que Galicia perdía. Y en el mismo prólogo, Murguía dejó escrito:
Antes de caer para no levantarse más; antes de aceptar resignada el doloroso calvario con que el Cielo quiso probarla, marchó a Carril con los suyos. Quería ver el mar antes de morir: el mar que había sido siempre, en la Naturaleza, su amor predilecto. (…) El día que abandonó el puerto, esperando el carruaje que debía conducirla a la estación, se impacientó porque tardaba en llegar. Se nos ocurrió que lo mejor era, aunque breve el trayecto, que fuese por mar. Para ella constituyó tal contratiempo un descanso y una distracción inesperada, aunque llena de los vagos temores que acosan a los que tienen su fin ante la vista. Así y todo, el aire y los rumores de la playa animaron su semblante y nunca me pareció más imposible lo que esperábamos, cuando en pie, abierta la portezuela del vagón, iluminando el sol su rostro animado por la fatiga, en medio de sus hijas, joven todavía, sonriente siempre con los que la rodeaban, la despedían y no habían de verla más, esperaba el momento de ponerse el tren en marcha… 
Había un rayo de esperanza, casi una certeza de que no los abandonaría pronto. Y llegó el temido desenlace.

Pero Rosalía no ha muerto; nos queda su espíritu grandioso y su obra inmortal: no puede acabar lo que es eterno...
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En 1891 los restos de Rosalía de Castro fueron trasladados desde el cementerio de Adina, en Padrón (donde ella dispuso que se la enterrara) hasta el Panteón de Galegos Ilustres, en Santo Domingo de Bonaval, Santiago de Compostela. Y en ese edificio que fue convento dominico descansa la gran poeta.

Negra sombra, Juan Montes
La balada o melodía gallega «Negra sombra» es la más fuertemente arraigada en la memoria colectiva de los gallegos. Un verdadero himno que por siempre asombra... Y esta interpretación de la Coral Polifónica de Pontevedra es emocionante.

Con este tercer capítulo, finalizamos nuestra pequeña serie sobre la patobiografía de la gran poeta Rosalía de Castro. Los tres capítulos forman parte de una novela-biografía, o biografía novelada, todavía no editada: La sombra de Rosalía.

No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
R. C., «Era apacible el día», En las orillas del Sar
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Capítulos anteriores

BIBLIOGRAFÍA
ÁLVAREZ RUIZ DE OJEDA, María Victoria: Rosalía enferma: Carta de Alfredo Vicenti a Manuel Murguía. Follas novas: revista de estudos rosalianos 1, pp. 124-143.
BOUZA BREY, Fermín: Las enfermedades infantiles de Rosalía de Castro y los ritos de medicina mágica en Galicia. Cuadernos de estudios gallegos 22, Nº. 67, 1967, pp. 183-197.
FRAGA, Xosé Antón: Maximino Teijeiro. Consello da Cultura Galega: http://consellodacultura.gal/album-de-galicia/detalle.php?persoa=3876
MAYORAL, Marina: Rosalía de Castro. La autora: Biografía. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. MONTES-SANTIAGO, Julio: Tuberculosis: una “negra sombra” en la vida de Rosalía de Castro. Galicia Clin 2008; 69 (1): 45-49. Disponible en: https://galiciaclinica.info/PDF/1/1.pdf
PONTE, Fernando: Médicos de Rosalía. El Correo Gallego (9 jun 2012) https://www.elcorreogallego.es/hemeroteca/medicos-rosalia-EGCG750411
SIXTO SECO, Agustín: Achegamento médico-antropolóxico á personalidade de Rosalía. Actas do Congreso Internacional de Estudios sobre Rosalía de Castro e o seu tempo: (Santiago, 15-20 xullo de 1985), Vol. 1, 1986, ISBN 84-7191-400-X, págs. 57-64.

martes, 3 de enero de 2023

Apuntes rosalianos (2): Rosalía de Castro, la enferma


[Patobiografía rosaliana: testimonios propios y ajenos]

Rosalía de Castro (1837-1885), la mayor poeta que ha dado Galicia y una de las grandes voces de la poesía hispana, ha sido estudiada desde la óptica de la patobiografía. Ahora sabemos, o creemos conocer, algo más de su compleja personalidad, modelada por circunstancias y acontecimientos que hemos de circunscribir a la época que le tocó vivir. Sabemos de los problemas de salud que logró superar, de su preocupación como doliente, de los galenos que la asistieron en cada momento y de la enfermedad que finalmente acabó con su vida. La Rosalía enferma, la paciente, no desligada de su obra, merece nuestra atención.

Hemos tocado el aspecto psicológico de Rosalía al hablar de su personalidad. Y no podemos obviar su miedo existencial.

¡Mar!, cas túas auguas sin fondo,
¡ceo!, cá túa imensidá,
o fantasma que me aterra,
axudádeme a enterrar.

É máis grande que vós todos,
e que todos pode máis…;
cun pe posto onde brilan os astros,
e outro onde a cova me fán.

Impracabre, bulrón e sañudo,
diante de min sempre vai,
i amenaza perseguirme
hastra a mesma eternidá.

Pide ayuda al mar y al cielo para enterrar el enorme y despiadado fantasma que la aterra, siempre acechante, que amenaza perseguirla hasta la misma eternidad.

Otro poema de Follas novas comienza así: «Teño un mal que non ten cura…» (Tengo un mal que no tiene cura…). Dice su yo poético que ese mal nació con ella y que la llevará a la sepultura; advierte a curanderos, cirujanos y doctores en Medicina que su enfermedad no tiene humano remedio; y al final aclara que su mal y su sufrir es su propio corazón, que no la deja vivir. 

Reconoce, pues, que su mal es espiritual, no orgánico.

Centrándonos en las dolencias orgánicas que la aquejaron o preocuparon, las enfermedades señaladas en su biografía son éstas: sarampión, neumonía —o pulmonía—, fiebre tifoidea, tuberculosis —o tisis—, cólera y cáncer (uterino); cinco infecciosas (tres sufridas, una temida y otra nombrada) y una oncológica.

Según testimonio de Manuel Murguía, la salud de nuestra poeta estuvo seriamente comprometida desde la niñez, por catarros y neumonías, llegando a estar entre la vida y la muerte. Manifiesta también que «parecía llevar en su corazón los secretos terrores que sintió su madre todo el tiempo que la tuvo en sus entrañas». Nos da aquí Murguía otra clave de índole psicológica.

Fermín Bouza Brey (1901-1973), historiador, etnógrafo y escritor, autor de Artigos rosalianos, habla de enfermedades infantiles y de ritos curativos populares, procedentes de la superstición, en un trabajo de largo título: «Las enfermedades infantiles de Rosalía de Castro y los ritos de medicina mágica en Galicia» (1967). Y dice Eugenio Carré Aldao (1859-1932), escritor, librero y editor, que el sarampión —enfermedad infecciosa vírica que afecta en particular a niños— la puso al borde de la muerte.

La fiebre tifoidea la encuadramos en la excursión realizada a principios de septiembre de 1853, siendo adolescente, con su amiga Eduarda Pondal. La excursión quedó empañada al ser víctimas ambas de una epidemia de fiebre tifoidea (erróneamente referida a veces como epidemia de tifus, enfermedad infecciosa producida por bacterias del género Rickettsia y transmitida por piojos), causada por la bacteria Salmonella typhi, que contamina agua y alimentos. Rosalía logró superar la infección y Eduarda no.

El cólera, enfermedad infecciosa causada por otra bacteria, el Vibrio cholerae, es citado a causa de una epidemia acaecida en la ciudad de La Coruña en 1854, con resultados devastadores.

Y la preocupación tuberculosa es como un leitmotiv.

Ciertamente, la tuberculosis, infección bacteriana causada por el bacilo de Koch o Mycobacterium tuberculosis, es la enfermedad romántica por excelencia, manifestándose por lo general en forma de tuberculosis pulmonar. La lista de artistas afectados por tuberculosis es nutrida, incluyendo escritores, poetas, pintores y músicos. Sólo de escritores, la lista es interminable: John Keats, hermanas Brönte, Walter Scott, Fedor Dostoiewski, Anton Chejov, Franz Kafka, Leopardi, Edgar Alan Poe, Robert L. Stevenson… La mortalidad por esta enfermedad infecciosa era elevada en el siglo XIX, y aún lo fue durante el primer tercio del siglo XX, pues a pesar de la existencia de sanatorios antituberculosos el tratamiento farmacológico era limitado. La muerte era lenta y agónica.

Había en Galicia una teoría de la predisposición familiar a la que se adscribió el mismísimo Miguel Gil Casares (1871-1931), catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y especialista en neumología y tisiología.

Los sabios también se equivocan.

El ya nombrado Eugenio Carré señala la preocupación de Rosalía por la tuberculosis, que aun temiéndola quiso desmitificarla como motor creativo. Y Augusto González Besada, uno de los biógrafos de la escritora, que también hemos nombrado al hablar de su personalidad, dice haber oído a hablar a gente allegada de vómitos de sangre desde muy temprana edad. Hemos de interpretarlo como hemoptisis (expectoración sanguinolenta o expulsión de sangre por la boca mediante la tos) y no literalmente como hematemesis (vómito de sangre), pues en el primer caso se trata de sangre de procedencia broncopulmonar y en el segundo digestiva.

En su obsesión tuberculosa ha reparado el internista Julio Montes-Santiago, concretando su estudio en el trabajo Tuberculosis: una «negra sombra» en la vida de Rosalía de Castro. El doctor Montes-Santiago dice que «en sus escritos se aparta de las consideraciones románticas acerca de la enfermedad como motor creativo y denunciará esta mitificación y la considerará como una pesada carga». Un posicionamiento racional el de la escritora.

La propia Rosalía escribe en una carta a Murguía (1861): «¿Quién demonio habrá hecho de la tisis una enfermedad poética?». Hemos tomado nota de ella para realizar nuestra narración.

El cáncer de útero o matriz es la enfermedad oncológica que condicionó el final de la escritora. El tipo más común es el cáncer de endometrio, en referencia a la mucosa que recubre el interior del útero, donde generalmente comienza a desarrollarse. Entre otros síntomas, cursa con hemorragias y dolor pélvico. Ella los sufrió y los médicos que la atendieron hicieron lo posible para aliviarla. Y en sus últimos momentos, habrían de consolarla.

Maio longo, José Baldomir (Arreglo: Juan Durán)

Teño un mal que non ten cura,
un mal que naceu comigo,
i ese mal tan enemigo
levaráme á sepultura.

Curandeiros, ceruxanos,
dotores en medeciña,
pra esta infirmidade miña
n'hai remedio antre os humanos.
(...)
O meu mal i o meu sofrir
é o meu propio corazón.
¡Quitaimo sin compasión!
Despois ¡faceme vivir!
R. C., «Teño un mal que non ten cura», Follas novas
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Apuntes rosalianos (3): Los médicos de Rosalía de Castro

con la imagen de Rosalía de Castro (anverso)
y la Casa de la Matanza (reverso)

lunes, 2 de enero de 2023

Apuntes rosalianos (1): Personalidad de Rosalía de Castro

Estatua de Rosalía de Castro
(Monumento en su honor, Santiago de Compostela)

Rosalía de Castro, una cautivadora personalidad, inteligente, culta y sensible.

Divina Rosalía, Senhora da Saudade e da Melancolía.
Teixeira de Pascoaes

Damos comienzo con este artículo a una pequeña serie, de tres capítulos, sobre la gran poeta Rosalía de Castro en sus perfiles psicológico y patobiográfico: 1) su personalidad, 2) su condición de enferma y 3) los médicos que la trataron. Y comenzamos con los dictámenes y las especulaciones en torno a su personalidad

[Dictámenes de estudiosos y especulaciones]

Se ha concluido que la personalidad y el sentimiento vital de Rosalía son fruto de sus orígenes. Tenemos a nuestra disposición algunas interpretaciones de reconocidos rosaliólogos.

Juan Rof Carballo (1905-1994), padre de la medicina psicosomática, le achacó a Rosalía el llamado «complejo de Polícrates», enfermedad psíquica que provoca la infelicidad en una persona cuando ya ha logrado sus máximas aspiraciones; un fenómeno observado por Freud, cuya denominación proviene del tirano griego Polícrates de Samos, quien temía que los dioses castigaran su excesiva felicidad y cuyo temor finalmente se cumplió, muriendo ante las tropas persas de Darío.

Según Rof, Rosalía habría padecido este complejo en su forma menor, como miedo a una felicidad excesiva. Acaso nos lo sugiera el poema que comienza así:

Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón...

(Una vez tuve un clavo
clavado en el corazón...)

Después de arrancar el clavo que la atormenta y no sentir ya dolor, nota que algo le falta; tiene saudade de aquella pena. Romántico sufrimiento… Y eleva su plegaria a Dios, al dios en el que cree, expresando su desconcierto, al no entender el barro mortal que envuelve el espíritu.

El médico humanista Agustín Sixto Seco (1926-2004), confiesa su interés por Rosalía desde 1947, tras asistir a una conferencia del profesor José Pérez López-Villamil titulada La personalidad enferma de Rosalía de Castro, en la que este psiquiatra afirmaba que su sufrimiento patobiográfico se reflejaba en el rostro.

A partir de entonces, el doctor Seco se entregó al estudio de la personalidad de la escritora, culminándolo en el ensayo Achegamento médico-antropolóxico á personalidade de Rosalía (1985); y se fundamenta en varias claves para acercarse a la patobiografía de la escritora: su nacimiento singular, su casamiento (precipitado, embarazada), su autorreconocimiento como «eterna enferma» y su cansancio existencial.

Quizá podamos interpretar esto último como permanente insatisfacción, o relacionarlo con el miedo a la felicidad que apuntara Rof Carballo. Pero extraer conclusiones de una simple instantánea, como hizo López-Villamil, nos parece demasiado aventurado; creemos que nos dan más claves sus escritos, en los que se expresa un alma sincera, que las imágenes de su persona.

Por otra parte, hay declaraciones de su buen corazón, de su bondad con la gente humilde, de su preocupación por los niños huérfanos y por todos los desamparados. Se ha dicho que no dejaba a los pobres sin consuelo (a esos infortunados en los que veía justificada la picaresca para sobrevivir, no, por desgracia, para salir de la pobreza), que se mostraba caritativa, ya mediante la limosna, ya con sus palabras cariñosas. Entre los testimonios, el de Augusto González Besada* (1865-1919), abogado y político; el mismo que la retrató con estas palabras:
…alta y delgada, la tez de un limpísimo moreno claro, negros y profundos los ojos y abundantísima y negra la cabellera. La boca muy grande, de labios muy rojos e irreprochable dentadura, corta y bien delineada la nariz, el óvalo del rostro imperfecto por tener los pómulos abultados, busto prominente, cintura estrecha, fina la mano y muy delgados los dedos». En reposo, su expresión era melancólica; mas, cuando hablaba, parpadeaban mucho sus ojos y cobraban singular belleza... Distinguidísima en los ademanes, naturalmente graciosa y suelta en las actitudes, dotada de linda, dulce y acontraltada voz, realzaban, más que la belleza, lo interesante y misterioso de su figura, la afabilidad y sencillez de su trato y su amor a la música, a los pájaros y a las flores.
Este retrato literario difiere del de Ricardo Carballo Calero (1910-1990), filólogo y escritor, quien se basa en la imagen de sus retratos conservados, concluyendo que hay un desfase entre esa Rosalía que vemos y la que imaginamos a través de sus poemas. Por cierto, según Carballo Calero hay una gran similitud entre el poema «Negra sombra» y otro de Aurelio Aguirre: «El murmullo de las olas», en el que Rosalía se pudo haber inspirado.

Giran en torno a la figura de Rosalía, cuya sonrisa esbozada nos parece tan enigmática como la de la Gioconda de Leonardo da Vinci, calificativos portadores de negatividad: triste, taciturna, melancólica, depresiva, pesimista, desolada… incluso loca. Nos hacen verla sumida en el dolor y la fatalidad, en la saudade ontológica. Sin embargo, hallamos en su obra momentos luminosos, de placer, de vitalidad, de ternura y de humor sutil.

En el aspecto psicológico, es posible que marcasen el carácter de Rosalía su nacimiento «sacrílego» y las presiones sociales, al señalarla con el dedo. Después, las prematuras muertes de dos de sus siete hijos. Y no descartamos que la peculiar personalidad de Manuel Murguía (bohemio, díscolo, irritable, polémico) la condicionase de algún modo; el mismo que, tras su desaparición, derramará lágrimas por ella, lamentará su mala fortuna, suspirará al recordar sus horas felices y certificará, con emoción, la bondad de su alma única y el amor a aquellos lugares que consideraba sagrados y a las gentes que los poblaban.

Su voluntario apartamiento de los ámbitos literarios y su relativo aislamiento, podría sugerirnos miedo al éxito o humildad extrema (se alejó de la gloria, de los aplausos: «Yo prefiero a ese brillo de un instante / la triste soledad donde batallo…»). Acaso le bastasen las solitarias lecturas y la intimidad creativa.

Las cartas de Rosalía que nos han llegado, dirigidas a su marido —la mayoría—, a José María Posada (1817-1886), poeta y periodista, a Ángel Baltar Varela (1827-1895), farmacéutico y alcalde de Padrón, y a Ubaldo A. Insúa (1856-1938), abogado, escritor y periodista, nos dan claves de su personalidad. En ellas advertimos una mujer afectuosa, generosa y agradecida, además de cuidadosa en la escritura de la correspondencia epistolar.

En su imaginación todo fluye, y en ella se adivina o se percibe el paso de las estaciones, el calor estival, las hojas de otoño, la escarcha invernal, el dulce y perfumado calor primaveral…

No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.

Es fácil decir, nada cuesta especular. En cualquier caso, advertimos en Rosalía un espíritu romántico, sensible, ensoñador e independiente, en el que no falta el amor a la tierra, la preocupación social y la profundidad de pensamiento. Y con todas estas cualidades humanas, contemplamos una mujer buena.
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*v. Augusto González Besada: Discursos (leídos ante la R. A. Española)

Anexo: Rosalía de Castro, por Vales Faílde. Madrid, 1906 [Javier Vales Faílde, 1872-1923] Primer libro publicado sobre la vida y la obra de Rosalía.

Tríptico rosaliano, Juan Durán
***
—Ahí va la loca soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos...
R. C., «Dicen que no hablan las plantas», En las orillas del Sar

Anexo: La poesía de Rosalía de Castro, por Marina Mayoral
[Temas poéticos trascendentes]
  • La naturaleza. Son numerosas las descripciones de paisajes o las referencias a la naturaleza en la obra de Rosalía, y son distintas las actitudes adoptadas ante ella. Unas veces proyecta sobre la naturaleza sus estados de ánimo, otras le sirve de contraste para acentuarlos. En ocasiones la naturaleza será algo ajeno y hostil al hombre, otras se produce una plena identificación.
  • La religiosidad. Uno de los aspectos más difíciles de enjuiciar en la obra poética de Rosalía es el del alcance, la hondura o la autenticidad de su sentido religioso de la vida. No faltan poemas (ni alusiones religiosas) a lo largo de toda su obra; podemos decir, incluso, que son poemas donde late un vivo sentimiento religioso. Y, sin embargo, el conjunto de su obra ofrece un desolado panorama sobre el hombre.
  • El tiempo. El tiempo en Rosalía es fugaz. Su experiencia se lo muestra como algo rapidísimo, que apenas permite apreciar el presente. En su rápida e irrevocable carrera, el tiempo se lleva la belleza. Y se lleva también la esperanza. La esperanza es cualidad temporal del espíritu humano, propia de la juventud y pasajera como ella.
  • El amor. A primera vista, el amor es una realidad poco importante en la obra de Rosalía. No estamos ante una gran poeta amorosa; en ningún momento sus poemas de amor están a la altura de sus mejores obras. Pero una lectura detenida descubre que el tema amoroso, bajo una u otra forma, es bastante frecuente. Tenemos la impresión, no de que haya tenido poca importancia en su vida, sino de que existe una especie de inhibición, de dificultad para tratar y, quizá, para vivir el amor.
  • La muerte. Los sufrimientos constantes que atormentaron a Rosalía fueron quebrantando su reciedumbre y fortaleza de alma. Cada vez más, anhela el descanso, el final de tanto dolor [o sufrimiento]. Y este descanso se presenta ante ella de dos formas distintas: como deseo de muerte y como deseo de insensibilidad.

martes, 5 de julio de 2022

Teatro y música

Gran Teatro Falla

El Teatro de Vesura estaba rebosante, sus cerca de mil asientos ocupados, del patio de butacas o platea, de los palcos laterales o de proscenio, del palco de platea, del palco de principal y de los dos anfiteatros. En esa sala plena de espectadores, desde una posición bastante centrada del palco de principal, escucharon con gran deleite las melodías, conocidas por él e ignoradas por su amiga. Bien interpretadas y transmitidas con buena sonoridad en el espacio acústico. La soprano era competente, la orquesta la arropaba adecuadamente y la acústica del auditorio no precisaba de amplificación del sonido. Un vehículo sonoro casi perfecto para dar el adecuado cauce a la creatividad musical, nacida de lo popular, transmitida a lo largo de generaciones y refinada por el buen hacer de Canteloube*. Las piezas folclóricas, elevadas a una melodiosa categoría artística, tenían variados ritmos y no se hacían para nada monótonas. Unas eran lentas baladas y otras briosas danzas, y el dramatismo de las más serias era contrarrestado por la alegre chispa de las más desenfadadas. El numeroso público asistente también parecía estar complacido, vitoreando cada canción con entusiasmo. Los aplausos se sucedían en el bonito teatro. [Fragmento de El tercer oficial]

*Joseph Canteloube (1879-1957), conocido por su colección de Cantos de Auvernia.

Baïlèro (de Cantos de Auvernia), Joseph Canteloube
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Entrada sobre el teatro como género literario:
El embrujo teatral

Teatro a la italiana

jueves, 10 de marzo de 2022

En el final del invierno


Del ciclo de canciones Viaje de inviernode Franz Schubert, elegimos una canción para el final de la estación invernal: «El tilo» (Der Lindebaum). Árbol del hogar y de la seguridad en la literatura romántica. El viajero sueña a la sombra del tilo, graba en su corteza palabras de amor y, ya en la distancia, sueña su llamada de paz. Y nosotros, escuchando este lied, también deseamos el descanso.

El tilo, Franz Schubert
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Viaje de invierno (Winterreise): ciclo de poemas de Wilhelm Müller convertido en ciclo de canciones por Franz Schubert, con las temáticas de viaje, invierno y, sobre todo, de amor (desamor), detonante de la inspiración poética.
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Lieder de Schubert
Franz Schubert (1797-1828), es el creador del Lied romántico y además el mayor del género, con un total de 634 Lieder, que le bastarían para hacerse un lugar en la historia de la música por su extraordinaria calidad. Liberó al Lied de todo exceso y estableciendo su definitiva forma canónica. La mayoría de sus canciones son independientes y de diferente complejidad; pero nos dejó también tres grandes ciclos, dos concebidos por él y otro considerado póstumamente.

Lieder escogidos (orden cronológico) [D.: Catálogo de Deutsche]
Gretchen am Spinnrade (Margarita a la rueca), D. 118.
Der Erlkönig (El rey de los elfos), D. 328. Visto AQUÍ
Wiegenlied (Canción de cuna), D. 498.
Der Tod und das Mädchen (La muerte y la doncella), D. 531.
Ganymed (Ganimedes), D. 544.
An die Musik (A la música), D. 547. Visto AQUÍ
Die Forelle (La trucha), D. 550. Vista AQUÍ
Der Musensohn (El hijo de las musas). D. 764.
Du bist die Ruh (Tú eres el reposo), D. 776.
Ellens Gesang III (Canto de Elena III) o Ave Maria, D. 839.
An Sylvia (A Silvia), D. 891.
Nacht und Traüme (Noche y sueños), D. 927.
Ciclos de canciones
Die schöne Müllerin (La bella molinera), 20 lieder, D. 795.
Winterreise (Viaje de invierno), 24 lieder, D. 911.
Schwanengesang (El canto de cisne), 14 Lieder, D. 957, publicado con este nombre tras la muerte del compositor.

Grabaciones de Lieder de Schubert