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miércoles, 20 de marzo de 2013

El viento y la locura


Ya hemos hablado de la importancia que algunos dan al meteorotropismo (sensibilidad al tiempo atmosférico), en El tiempo y la enfermedad psiquiátrica”, y de la particular implicación del viento como desencadenante de suicidio en “El suicidio, un acto impactante”. Pues el hecho de la locura se recoge en la tragedia Hamlet de Shakespeare:
HAMLET.- Yo sólo estoy loco cuando sopla el viento del Noroeste. Pero cuando corre hacia el Sur, distingo muy bien un halcón de un serrucho.

Hamlet, Acto II, Escena Segunda – William Shakespeare.

Obertura Hamlet, de Tchaikovsky 
1ª parte

2ª parte
***
Apunte shakesperiano [Shakespeare total]
William Shakespeare (1564-1616), dramaturgo y poeta inglés, conocido como el Bardo de Avon o Cisne de Avon (por haber nacido en Stratford-upon-Avon), es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Venerado en su tiempo, su reputación no alcanzó las altísimas cotas actuales hasta el siglo XIX. Los románticos, particularmente, aclamaron su genio, y los victorianos adoraban a Shakespeare con una devoción que George Bernard Shaw denominó «bardolatría». En el siglo XX, sus obras fueron adaptadas y redescubiertas en multitud de ocasiones por todo tipo de movimientos artísticos, intelectuales y de arte dramático. 

Las comedias y tragedias shakespearianas han sido traducidas a las principales lenguas, y constantemente son objeto de estudios y se representan en diversos contextos culturales y políticos de todo el mundo. Por otra parte, muchas de las citas y aforismos que salpican sus obras han pasado a formar parte del uso cotidiano, tanto en inglés como en otros idiomas. Y en lo personal, con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su filiación religiosa, e incluso la autoría de sus obras. 

Retrato Chandos (1600s), John Taylor

BORGES SOBRE SHAKESPEARE 
Jorge Luis Borges escribió sobre él: «Shakespeare es el menos inglés de los poetas de Inglaterra. Comparado con Robert Frost (de New England), con William Wordsworth, con Samuel Johnson, con Chaucer y con los desconocidos que escribieron, o cantaron, las elegías, es casi un extranjero. Inglaterra es la patria del understatement [la moderación], de la reticencia bien educada; la hipérbole, el exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare».

DEBATE SOBRE SHAKESPEARE [Autoría de las obras de Shakespeare]
Se ha discutido si Shakespeare es el verdadero autor de sus obras, atribuidas por algunos a Francis Bacon, a Christopher Marlowe (quien, como espía, habría fingido su propia muerte) y a otros ingenios. Estas imaginaciones derivan del hecho de que los datos de que se dispone sobre el autor son muy pocos y contrastan con la desmesura de su obra genial, que da pábulo a las más retorcidas interpretaciones.

OBRAS DE SHAKESPEARE
Teatro:
  • Tragedias: Romeo y Julieta, Julio César, Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth, Antonio y Cleopatra, Coriolano… 
  • Comedias: El sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, Las alegres comadres de Windsor, Noche de reyes, Cimbelino, La tempestad… 
  • Obras históricas: Eduardo III, Ricardo III, Enrique V
Poesía: escribió poemas extensos narrativos y mitológicos, pero sobre todo es un gran sonetista; escribió 154 sonetos líricos (los más célebres: 18, 29, 73, 116, 130).

El amor es igual que un faro inamovible,
que ve las tempestades y no es zarandeado.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.
[ya visto AQUÍ]

JUICIOS CRÍTICOS SOBRE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE
Shakespeare posee, como todos los grandes poetas, una gran capacidad de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, es un pulidor de metáforas e inventor de neologismos comparables a dramaturgos y poetas de su época como los españoles Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Calderón de la Barca. La crítica ha destacado dos aspectos de su obra dramática: en primer lugar, una indiferencia y distanciamiento casi inhumanos del autor respecto a la realidad de sus personajes (no moraliza, no predica); en segundo lugar, su extraordinario poder de síntesis como lírico: su fantasía es capaz de ver un universo en una cáscara de nuez. Como creador de personajes, cada uno de ellos representa una cosmovisión, por lo que se le ha llamado Poet's poet (poeta de poetas).

First folio (1623), Martin Droeshout

lunes, 1 de octubre de 2012

El tiempo y la enfermedad psiquiátrica


Al hablar del suicidio, reparamos en la importancia del meteorotropismo (sensibilidad al tiempo atmosférico) como posible factor de inducción. Un dato que, en sentido menos trascendente, me apuntaba siempre una auxiliar de enfermería cuando la sala de espera estaba “revuelta”, por la inquietud de la gente: “es que está el  tiempo de tormenta”. Y al comprobar ahora el aumento de trastornos emocionales con la entrada del otoño, en mi propia consulta y en la de otros médicos que lo comentan (“¡vaya semana movidita!”), he buscado información bibliográfica sobre la influencia del tiempo atmosférico y el clima sobre la patología psiquiátrica. Y en la red he hallado dos interesantes artículos, del doctor Jesús San Gil y colaboradores, a los que dejo enlaces. En la dificultad de una implicación directa, por la multicausalidad y la influencia de factores sociológicos, y habiendo pocos estudios al respecto, parece existir sensibilidad atmosférica en personalidades depresivas, así como correlación del metereotropismo con la ansiedad, el alcoholismo e incluso la esquizofrenia.  


Stormy Weather

miércoles, 17 de marzo de 2010

El suicidio, un acto impactante


Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado. Napoleón

¿Por qué, Dios piadoso,
por qué chaman crime
ir en busca da morte que tarda,
cando a un esta vida
lle cansa e lle afrixe?

ROSALÍA DE CASTRO, Por qué, Dios piadoso

El hecho del suicidio me ha impactado desde mis primeros años de ejercicio de la medicina. En un pequeño núcleo rural, sometido a las inclemencias meteorológicas, envejecido y cerrado, a donde me llevó el primer destino profesional, había una alta prevalencia de suicidios que sucedían invariablemente en individuos de edad avanzada que vivían solos. No se quitaban la vida mediante la ingesta de medicamentos ni por armas de fuego, sino que utilizaban el viejo método del ahorcamiento. Me avisaban, siempre de madrugada, para acudir al lugar de los hechos y hallaba a un hombre o una mujer que habían puesto fin a su existencia con una soga al cuello; sistemáticamente, la ataban a una viga del alpendre y de ella se colgaban, con la soledad como telón de fondo y quién sabe cuántos sinsabores.


La verdad es que había salido de la facultad sin la suficiente preparación para afrontar tales desenlaces. En las circunstancias que yo he vivido, la teórica formación en medicina forense no me sirvió más que para certificar la defunción y comprobar, mediante inspección ocular, el surco de ahorcadura y otros signos de muerte violenta. El secretario del juzgado y el juez de paz tomaban nota, instruían las primeras diligencias y ponían los hechos en conocimiento del juez de distrito, quien procedería al levantamiento del cadáver (¡qué ironía!, tras el descendimiento), preceptivo en una muerte violenta o médico-legal, previo a la definitiva autopsia que realizaría el forense (y, en su defecto, el propio médico rural). Durante la noche aciaga de un día cualquiera de guardia, me limitaba a verificar el cadáver de un desconocido, sin dejar de preguntarme cuáles habrían sido las motivaciones de su drástica decisión.

Aunque la gente inculpaba a los vientos (en particular al Nordés) y, con ello, determinaba la importancia del meteorotropismo (sensibilidad al tiempo), la única explicación aparente era la soledad. Los infelices se habrían abandonado en todos los sentidos, sin acudir siquiera a consulta en busca de ayuda. De otro modo, detectándose la ideación suicida, tal vez hubiese sido posible prevenir algún fatal desenlace. Y aunque no hubiese servido la actuación médica, la hipocrática conciencia estaría más libre de dudas.

En otros destinos posteriores, en plazas menos envejecidas y más desarrolladas, los suicidios –acaso no tan frecuentes– obedecían a causas determinadas o desencadenantes evidentes. Recuerdo el caso de un militar de treinta y tantos años, que sufría fuertes migrañas y que había ido voluntario a Bosnia; las cefaleas y las intensas vivencias estresantes lo tenían sumido en un estado depresivo. Le había comunicado a su médico de cabecera la intención suicida, cuando el dolor de cabeza no le cedía con nada, y acabó disparándose un tiro en la sien con el arma reglamentaria.


La situación de este hombre había llegado al límite y decidió acabar con su sufrimiento; segó su vida de un balazo, pero bien pudo hacerlo tomando una sobredosis de fármacos. Tenía factores de riesgo que pudieron ser detectados. Otros suicidas presentan enfermedades somáticas, invalidantes o terminales, pero en la mayoría se advierten trastornos psiquiátricos. Los estudios epidemiológicos reflejan que los varones son más propensos y que el riesgo aumenta con la edad, aunque con altos índices en la adolescencia, la cuarta década y la ancianidad. Antecedentes familiares y factores sociales (abandono, desarraigo, soledad) también han de ser tenidos en cuenta, sin olvidar el alcohol y las drogas y las situaciones de duelo. Detectar factores de riesgo es esencial para tomar medidas preventivas, proporcionando apoyo psicoterapéutico, administrando fármacos antidepresivos y ansiolíticos, o procediendo al ingreso hospitalario si fuese preciso. Y mejor contando con el apoyo familiar.


SIGNIFICACIÓN DE LA MUERTE VOLUNTARIA

El suicidio es el acto último de un hombre libre. Séneca

El suicidio no es abominable porque Dios lo prohíba; Dios lo prohíbe porque es abominable. Immanuel Kant

Entrar en la significación de la muerte voluntaria (acto reivindicativo, rito, acto de liberación, etc.) implica la valoración de cuestiones sociales, políticas, filosóficas y religiosas. En los adultos podría comprenderse cualquier variante, fraguada en la rabia, la venganza, la desesperanza o la culpa; pero en niños o adolescentes, sin pasado, la tragedia del suicidio es escalofriante. Los debates jurídicos en torno al suicidio, sobre lo punible de la omisión de socorro en un estado de pérdida de facultades mentales o del impedimento por la disposición plena de las mismas, así como sobre el auxilio a la consumación, competen también a la bioética y transcienden el campo de la medicina.


Quizás no deba verse el suicidio ni como un acto de valentía ni de cobardía. Sea cual fuere el camino a la muerte voluntaria (ahorcamiento, arma de fuego, envenenamiento, ahogamiento, desangramiento, defenestración, fuego a lo bonzo, harakiri, inanición...), yo considero el radical hecho impactante, sagrado, y trato de comprender sus motivaciones. Y por supuesto, procuro detectar factores de riesgo y aplicar las oportunas medidas preventivas.
***
El caso del militar referido me impresionó, inspirándome un lívido «Réquiem».

Se fue por propia iniciativa
y no por infortunio eventual.
En plena noche negra entró fuego militar.
Un disparo furtivo acabó con las ansias.
(¡Descanse!)

Anegado en la ardorosa sangre,
los zozobrantes ojos naufragaron.
Ahogada la insufrible inquietud.
Hundida sin remedio la quimera.
(¡Descanse!)

Amargura en lo más dulce.
Ya corren turbias aguas de incerteza...
Sin nada, y te llevaste tu mísera verdad,
o la enorme mentira enmascarada.
(¡Descansa!)

Buscaste una evasión —y sin retorno—
en un viaje que todos quieren explicar.
Dejan las lenguas sus razones sin razón
y el aire da su queja: “Ardor desatinado”.
(¡Descansa!)

Tal vez lo más reglamentario
dañó otro honor hipersensible y caqui.
¡No siempre el tiempo cura las heridas!
A todas esas voluntades naufragadas...
(¡Descansen!)

[sep. 1994]


Enlaces relacionados
Suicidio y riesgo de suicidio, por E. García de Jalón y V. Peralta
Los mitos sobre el suicidio, por Sergio A. Pérez Barrero
Factores de riesgo suicida en adultos (Rev Cubana Med Gen Integr)
Suicidas célebres, en Diccionario del suicidio de Carlos Janín
Levantamiento del cadáver, por Bernardo Epstein y José Maiuri
Nota de suicidio (Nota suicida) / Carta de suicidio

Bibliografía
Giner Ubago J, Sanmartín Roche A, Franco Fernández D. Suicidio en Atención Primaria. Psiquiatría y Atención Primaria. 2000. Pag. 22-27.
Fortes Alvarez J.L.; Ramos Fuentes M.I. El suicidio y sus circunstancias. Jano 1999; 1296: 51-57.
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