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lunes, 28 de noviembre de 2016

Diálogos político-sanitarios (12): Certificados médicos


Conversación entre el Dr. Abré, médico de familia, y el Dr. Encantado, secretario general del colegio médico de su provincia:

DR. ABRÉ.- Antes, el galeno que emitía un certificado médico oficial, percibía un pequeño honorario del colegio médico por la responsabilidad que conlleva. 

DR. ENCANTADO.- Eran otros tiempos, en los que el médico del sistema público todavía no estaba proletarizado. Ahora la situación es muy distinta. 

D. A.- (Con sumisa mirada de extrañeza.) En cambio el médico con ejercicio privado cobra libremente por los certificados. 

D. E.- (Con el cinismo de quien está en buena posición.) En realidad no cobra por cubrir el certificado, sino por la exploración previa que realiza. 

D. A.- ¿Y el facultativo de la empresa pública, ni por una cosa ni por otra? La mayoría de peticiones son inútiles o absurdas, pero siempre comprometedoras. 

D. E.- Así es, querido Abré. En mi consulta particular, si alguien solicita un certificado, se lo cobro. (Con una sonrisa maligna.) Tú en cambio, lo haces gratis. 

D. A.- Ya, por amor al arte. Con similar capacitación y pagando igualmente mis cuotas colegiales, pero sin beneficiarme. ¿Le parece normal, doctor Encantado? 

D. E.- No, y sé que en otros lugares no es así; tengo constancia. Es que aquí tenemos una ética distorsionada… Queremos ser más papistas que el Papa. 

D. A.- Sin embargo, se benefician de la venta del papel el estanquero y, últimamente, el farmacéutico. Quisiera yo una prebenda del colegio farmacéutico. 

D. E.- Desde luego, no la espere. Entiendo que se aprovechan de esfuerzos y responsabilidades ajenas. Si estuviera en mi mano cambiar esta injusta situación... 

D. A.- Me parece más limpio lo que había antes: parte del coste del papel oficial repercutía en el emisor. ¿Hoy de qué se beneficia el médico proletario colegiado? 

D. E.- (Sonriendo igual que antes.) De nada. Regala su ciencia y su arte. 

Aunque parezca increíble, unos ganan simplemente por vender impresos de certificados médicos (estanqueros, farmacéuticos) y médicos colegiados, que les dan valor con su conocimiento y asumen una responsabilidad al firmarlos, los cubren gratis. ¿Acaso por el hecho de haberse proletarizado? No sé, pero me parece un disparate, el mundo al revés. Hay que reconocer que los médicos de familia sienten (sentimos) cierto pudor al hablar de este tema, como si se avergonzasen por obtener una legítima ganancia o fuese algo antiético. Es cierto también que se piden certificados médicos desde todos los ámbitos y de forma injustificada o absurda, con la rutina exclusiva de un país de pandereta, y que por lo tanto deberían emitirse muchísimos menos. Es así por la aceptación general que mantiene la inercia ("Siempre se han pedido..."), convirtiendo  un procedimientos serio, de índole legal, en una frívola costumbre. “Total, solo tiene que echar una firma”, dicen algunos que los solicitan con hispano desparpajo. Pues no. Emitir un certificado médico exige conocimiento y acarrea una responsabilidad. Y eso debe ser valorado.

Certifico que la música que viene a continuación es percusiva.

martes, 24 de junio de 2014

Diálogos político-sanitarios (11): Acuerdos de gestión



Los acuerdos de objetivos nacen de la desconfianza. Reinhard K. Sprenger

Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el Dr. Convencido, gerente de atención primaria (dentro de la nueva organización de atención integrada):

Dr. Abré.- En este centro de salud discrepamos de los objetivos planteados en el mal llamado acuerdo de gestión, que no es un pacto entre las partes, sino una imposición unilateral.

Dr. Convencido.- Puede que en lo de imposición tenga usted razón, Dr. Abré, pero los objetivos son los adecuados para garantizar la calidad asistencial y la sostenibilidad del sistema.

Dr. Abré.- Pues leyéndonos, Dr. Convencido, no vemos ninguna intención de garantizar la calidad, tan sólo disposiciones economicistas que atentan contra esa pretendida calidad.

Dr. Convencido.- Primero, el acuerdo de gestión garantiza la accesibilidad, con demora cero; no me lo pueden negar. Segundo, no sé a qué disposiciones economicistas se refiere.

Dr. Abré.- Nuestros gestores, incluido usted, confunden accesibilidad con barra libre. Y es evidente que se basan en criterios economicistas: basta ver los indicadores que manejan.

Dr. Convencido.- De algún modo hay que medir la actividad asistencial de los médicos de familia. Nos centramos en los polimedicados, el gasto farmacéutico, las derivaciones...

Dr. Abré.- La polimedicación es mayormente inducida desde el nivel hospitalario. Valorar las derivaciones adecuadas es realmente difícil. Del gasto farmacéutico tengo mucho que decir.

Dr. Convencido.- ¡Hable usted del gasto de farmacia, Dr. Abré! Han logrado aumentar el porcentaje de medicamentos genéricos, pero en otros indicadores de prescripción flojean.

Dr. Abré.- Me ha tocado la fibra sensible, Dr. Convencido. Es un gran error medir el gasto medio por receta y no el farmacéutico total: ¡puedo bajar aquél subiendo éste!

Dr. Convencido.- Entiendo; también a mí me parece mal este indicador. Obliga a los prescriptores a dar medicamentos baratos, de complacencia, para disminuir la media. ¡Hum!

Dr. Abré.- No lo veo muy convencido, doctor ídem. Entenderá que no queramos firmar un acuerdo que no es tal y con el que discrepamos. No sé si le perjudicamos...

Dr. Convencido.- Para nada me perjudican. Pero me gustaría que firmasen… (Contrariado, mira al Dr. Abré.) Estimaré sus observaciones y seré flexible en las mediciones. 

(Se marcha el gerente y el médico de familia se queda pensativo: “Siempre la misma cantinela. Todo va a seguir igual”.)

Es habitual que se firmen acuerdos de gestión, a modo de compromisos para cumplir ciertos objetivos y conseguir un complemento de productividad, de un modo automático, sin reparar en lo absurdo de algunos contenidos o incluso sin leerlos. Es necesario cambiar el actual procedimiento para que sean auténticos acuerdos, pactados, con objetivos clínicos realistas, inteligentes y sensatos. De otro modo se mermará la calidad y no se frenará el gasto sanitario.

Y de los insatisfactorios acuerdos, a los placenteros recuerdos...

Try to remember - The Brothers Four

viernes, 21 de septiembre de 2012

Diálogos político-sanitarios (10): Urgencias Extrahospitalarias


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la Dra. Urgentina, directora de “atención continuada” (peculiar denominación en Hispania de las Urgencias Extrahospitalarias):

Dra. Urgentina.- Estamos orgullosos de haber organizado un buen sistema de Urgencias Extrahospitalarias, tanto en el medio urbano como en el rural.

Dr. Abré.- El problema es que antes había Servicios de Urgencias y la gente acudía por tales motivos; ahora hay Puntos de Atención Continuada (PAC) y acude por motivos banales.

Dra. Urgentina.- Es cuestión de educación, Dr. Abré, y de que el ciudadano tome conciencia.

Dr. Abré.- Habría que haber comenzado por ahí, Dra. Urgentina; pero, como siempre, se olvida informar a los usuarios.  Después, claro, viene el mal uso y el abuso de los servicios.

Dra. Urgentina.- Es usted un poco catastrofista, amigo mío.

Dr. Abré.- Para nada, querida Urgentina. Y le diré más: el sistema es chapucero. Porque los PAC no cubren un segmento horario en días laborales: de 08:00 AM a 15:00 PM.

Dra. Urgentina.- Bueno, y qué problema hay por siete horas, digamos, en descubierto.

Dr. Abré.- Pues que en ese tramo la atención urgente, incluida la domiciliaria, tiene que ser asumida por los médicos de atención ordinaria. Y dos cosas a la vez…

Dra. Urgentina.- ¡Ay!, siempre quejándose, Dr. Abré. Nada es perfecto.

Dr. Abré.- No me quejo, hablo con sensatez. Y por supuesto todo es mejorable.

Dra. Urgentina.- Puede que tenga razón. Lo estudiaremos.

Dr. Abré.- Bien. Pero no lo dejen para dentro de veinte años. Cada cosa debe ser llamada por su nombre, sin eufemismos, y los Servicios de Urgencias han de dar cobertura total.

Dra. Urgentina.- (Dubitativa.) Veinte años… ¡Si veinte años no es nada!...

En este blog ya hemos analizados diferentes aspectos de las Urgencias Extrahospitalarias en general, en “Atención sanitaria urgente”, y en particular de la atención psiquiátrica urgente, en “Urgencias psiquiátricas domiciliarias”. Basta echar una ojeada a ambos escritos para recordar las deficiencias organizativas en las que todavía seguimos inmersos (¿hasta cuándo?); una estructura deshilvanada que se sustenta en la continua improvisación no deseable. De ahí la necesidad de un auténtico sistema integral de urgencias.

lunes, 2 de mayo de 2011

Diálogos político-sanitarios (9): Formación médica continuada


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el Dr. Formacín, director de formación continuada:

Dr. Abré.- Considero que la formación obligatoria debe realizarse dentro de la jornada laboral, como sucede con el resto de trabajadores públicos.
Dr. Formacín.- Con los médicos hay dificultades, no es posible.
Dr. Abré.- ¿Por qué?
Dr. Formacín.- Porque no disponemos de suplentes que sustituyan a los ausentes.
Dr. Abré.- Eso no es problema; podemos cubrirnos entre nosotros, ampliando la jornada.
Dr. Formacín.- Ya, pero hay problemas económicos; estamos en crisis.
Dr. Abré.- Son apenas unos días muy concretos.
Dr. Formacín.- Ni aunque fuese un solo día.
Dr. Abré.- Bien, pues no se me puede obligar a realizar un trabajo extra, fuera de mi jornada y sin remunerar. Y que conste que tengo interés en mejorar.
Dr. Formacín.- Desde luego que no. Pero piense usted en el cumplimiento de objetivos; podría no cobrar el complemento de productividad variable.
Dr. Abré.- ¿Debo interpretarlo como amenaza? Si es así, métase el complemento de m… por donde le quepa.
Dr. Formacín.- (Mirada inquisidora.) Interprételo como quiera. Y tomo nota.
(El doctor Abré anubla el pensamiento y muerde la lengua; le cuesta contenerse y no agredir.)

Siendo obligatoria, y necesaria, la formación continuada debe realizarse dentro de la jornada laboral (pacto sindical, punto 2.6), incluyendo como motivo la posible siniestralidad. Un pacto debe cumplirse: pacta sunt servanda («lo pactado obliga»). No es entendible que gestores y políticos perciban dietas, remuneraciones por desplazamiento (kilometraje) y, en su caso, complementos por asistencia a comisiones, y que personal cualificado al servicio de la Administración Sanitaria haya de desplazarse por sus medios para una formación de interés público, sin contraprestaciones, y fuera de las horas de trabajo. Los médicos de familia saben de esta situación discriminatoria, pero la mayoría calla (por temor, aunque parezca mentira), y el que calla asiente; al final, se tiene lo que se merece.

jueves, 28 de octubre de 2010

Diálogos político-sanitarios (8): Gasto farmacéutico


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la señora Medicalina, directora de Farmacia:

Dr. Abré.- ¿No le preocupa que siga aumentando el gasto farmacéutico y que, a pesar de ello, se continúen financiando medicamentos de dudosa eficacia?

Sra. Medicalina.- Estamos promocionado genéricos y vamos a establecer una financiación pública de medicamentos basada en criterios científicos, de superioridad, seguridad y eficacia.

Dr. Abré.- Hasta ahora los tiros les han salido por la culata... ¿Para cuándo medidas serias, en vez de “promociones” que recuerdan las rebajas de los grandes almacenes? 

Sra. Medicalina.- Es nuestra prioridad controlar el gasto y racionalizarlo. Creemos que son buenas las campañas para sensibilizar a los profesionales y concienciar a la población.

Dr. Abré.- ¡Ah, ya! Pero siguen permitiendo la publicidad engañosa y la dispensación en las farmacias sin prescripción preceptiva, al tiempo que critican a los facultativos prescriptores. 

Sra. Medicalina.- Es usted muy mal pensado, Dr. Abré. Nuestra intención es controlar el gasto farmacéutico y disminuir el déficit. Y por supuesto facilitar la labor de los médicos.

Dr. Abré.- ¡Ja, ja! ¿Eficiencia en un marco de calidad? ¿Centrada economía de la salud? ¿Y satisfacción profesional como objetivo?... Sra. Medicalina, todo eso es vacua teoría gestora.

Sra. Medicalina.- Nuestra posición es axiomática. Un medicamento ha de ser eficaz y seguro, con pocos efectos adversos; si por encima es barato, mejor que mejor.

Dr. Abré.- Gran verdad, aunque tan obvia como la de que el uso racional de los medicamentos no ha de suponer de ningún modo perjuicio para los pacientes. Faltaría más.

Sra. Medicalina.- ¡No me lie, no me lie! Y créame: me opongo a la mercadotecnia que emplea el falso y peligroso argumento de alcanzar la felicidad a través de los medicamentos.

Dr. Abré.- Bien, pues consideren los condicionantes del consumo farmacéutico y actúen sobre ellos. Y configuren un listado suficiente a partir de los “medicamentos esenciales”.

Sra. Medicalina.- La política sanitaria y la economía de la salud no le competen, Dr. Abré. Deje estas cuestiones en manos de los expertos, que para eso les pagan… y muy bien. 

El gasto farmacéutico preocupa más que nunca en plena crisis económica. Se suscitan debates en busca de su racionalización y, mientras sigue creciendo, los responsables políticos se enfrentan en desacuerdos partidistas. De ahí que se impongan reflexiones en torno al uso, valor, coste y control de los medicamentos.

viernes, 13 de agosto de 2010

Diálogos político-sanitarios (7): Futuro del médico de familia


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el señor Sperantus, futurible ministro de sanidad:

Dr. Abré.- El médico de familia, tradicionalmente médico general o de cabecera, ha perdido su identidad.

Sr. Sperantus.- ¿Por qué lo dice?

Dr. Abré.- Porque antes desempeñaba una función y era socialmente respetado; en cambio ahora ya no tiene ni autoridad moral.

Sr. Sperantus.- ¿De quién cree que es la culpa?

Dr. Abré.- De quienes impulsaron unos cambios poco meditados, sin tener en cuenta las responsabilidades y la jerarquía.

Sr. Sperantus.- Comprendo. Usted se refiere a que la reforma de 1984 unió diferentes categorías profesionales sin hacer distingos y sin delimitar funciones.

Dr. Abré.- Veo que está usted al tanto, señor Sperantus. No podía esperar menos de alguien que aspira a patronear el barco de nuestra peculiar Sanidad.

Sr. Sperantus.- Soy consciente, Dr. Abré, de que en la Atención Primaria se ha perdido el orden jerárquico, lo que no ha sucedido en el medio hospitalario.

Dr. Abré.- Ciertamente. En el hospital el médico da una instrucción a la enfermera o una orden al personal no sanitario y nadie tuerce el gesto. En un centro de salud es otro cantar.

Sr. Sperantus.- Si yo llego al poder, procuraré que las cosas vuelvan al cauce de donde nunca debieron haber salido.

Dr. Abré.- Pero eso va contra sus ideas de igualitarismo, las mismas que en otro tiempo trataron de romper barreras y las levantaron aún más altas.

Sr. Sperantus.- Yo no confundo progresismo consecuente con estupidez uniformadora. Si soy nombrado ministro, les espera a ustedes un futuro muy diferente. Le prometo… (Observa la cara escéptica del doctor Abré y acaba dudando de sus propias palabras.)

Podríamos hablar de crisis de la medicina de familia. Los profesionales más críticos de esta especialidad médica contemplan el futuro con pesimismo, conscientes de que han sido progresivamente condenados a realizar funciones no médicas, frustrados por la imposibilidad de desarrollar sus capacidades. Muchos demandan un cambio, una nueva reforma de la Atención Primaria de Salud en Hispania, hartos ya de sufrir tanta improvisación y cansados de los vanos lamentos. Me uno a este deseo, inquieto por el futuro del médico de cabecera.

miércoles, 2 de junio de 2010

Diálogos político-sanitarios (6): Copago sanitario


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la señora Igualina, defensora del paciente:

Dr. Abré.- Es posible que el copago sea necesario para mantener nuestro sistema sanitario. Bien aplicado, claro, para evitar injusticias sociales.

Sra. Igualina.- No estoy de acuerdo. La sanidad debe ser gratuita y estar libre de tasas.

Dr. Abré.- Piense, señora Igualina, que en casi toda Europa se aplica, incluso en países tradicionalmente preocupados por el bienestar social. Y usted sabe que nada es gratis.

Sra. Igualina.- Bueno, pero tienen una cultura diferente a la nuestra.

Dr. Abré.- Puede que Alemania, Holanda o Suecia. Pero Portugal tiene costumbres parecidas a las nuestras y también lo aplica.

Sra. Igualina.- No lo veo claro, doctor Abré… ¿Qué sería de los enfermos crónicos y de nuestros mayores si tuviesen que pagar por los medicamentos?

Dr. Abré.- No se verían perjudicados si la medicación imprescindible conlleva un aporte mínimo o está exenta de contribución.

Sra. Igualina.- Habla usted de un mínimo, o sea de un porcentaje.

Dr. Abré.- Me refiero a la aportación reducida por medicamentos esenciales, que tienen un “punto negro”. Además, como contraprestación se podría amplia la cartera de servicios.

Sra. Igualina.- No entiendo.

Dr. Abré.- Por ejemplo, se podría incluir la atención bucodental integral, que ahora hay que pagarla del propio bolsillo y sin posibilidad de desgravación. Y las lentes correctoras.

Sra. Igualina.- No había reparado en ello. Visto así… (Silencio reflexivo.) ¡Nada de eso!, yo soy la defensora del paciente y no puedo dejarme llevar por teorías capitalistas.

El copago sanitario (tasa moderadora o ticket moderador) ya ha sido asumido por otros países europeos. En el vecino Portugal existen tasas (taxas) por atención, anunciadas en la puerta de entrada a los centros sanitarios. Y aquí permanece como controvertida opción, puesta encima de la mesa de la Sanidad hispana en varias ocasiones. El lejano “Informe Abril” (1991) ya incluía, con matices, la propuesta de copago entre sus 64 recomendaciones sanitarias. Fue desestimado en su momento y ahora, en plena crisis, vuelve a plantearse el copago con la intención de frenar el déficit (¿frenando la demanda?). Su aprobación debería conllevar, en justicia, un aumento en las cuantías de las pensiones. El debate está servido.

lunes, 10 de mayo de 2010

Diálogos político-sanitarios (5): Financiación sanitaria


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el señor Excluido, usuario del Servicio Público de Salud:

Sr. Excluido.- ¿Qué le parece, doctor Abré, que el sistema sanitario no cubra mis únicas necesidades de salud hasta el momento?

Dr. Abré.- ¿A cuáles se refiere, señor Excluido?

Sr. Excluido.- Me refiero a mis problemas bucales, de visión y de pies.

Dr. Abré.- Es cierto que la atención odontológica del adulto sólo está cubierto para extracciones y que no hay callistas o, mejor dicho, podólogos en nuestro sistema sanitario.

Sr. Excluido.- Ya ve. Los arreglos dentales debo pagarlos de mi bolsillo y las lentes he de costearlas íntegramente. Con estas carencias, lo de las callosidades parece cuestión menor.

Dr. Abré.- Pues tampoco, porque muchos diabéticos sufren amputaciones por una insuficiencia en la atención podológica.

Sr. Excluido.- Veo que está conmigo, doctor Abré, y me alegro.

Dr. Abré.- Sí, amigo Excluido. Porque la salud bucodental es esencial. Y porque es más lógico sufragar lentes para corregir defectos de visión que fármacos inútiles o prescindibles.

Sr. Excluido.- Y de la salud de los pies también me ha dado la respuesta que esperaba. Aunque yo pensaba que las ideas de los galenos coincidían con las oficiales.

Dr. Abré.- Pues en esto no, señor Excluido. Yo me he postulado a favor de lo que le he dicho y he propuesto que, en su defecto, se pueda desgravar por esos gastos para nada suntuarios.

Sr. Excluido.- Querido doctor Abré, debiera aspirar a un cargo político. Seguro que habría de conseguir la necesaria ampliación de los servicios sanitarios.

Dr. Abré.- (Algo desconcertado.) Sería imposible sin incluir otras obligaciones... En todo caso, no está en mis planes la carrera política. Al menos de momento.

Sr. Excluido.- ¡Una lástima! En este país faltan individuos que lleven a la práctica lo que aconseja el sentido común. Pero ¡piénselo!... (Dándole una palmadita al galeno.) ¡Piénselo!

Ya hemos planteado algunas cuestiones sobre la financiación sanitaria y puesto de manifiesto la necesidad de atención integral a la salud bucodental (aquí también dijimos que debieran sufragarse lentes correctoras y no medicamentos prescindibles). Sobre la atención podológica parece haber disparidad entre comunidades autónomas. El gasto en este apartado y en el odontológico habría de repercutir en ahorro de atención a complicaciones infecciosas y vasculares, además de atañer al derecho sanitario como la corrección de la agudeza visual.

martes, 20 de abril de 2010

Diálogos político-sanitarios (4): Salud laboral


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el Dr. Adedo, Director Gerente de Atención Primaria de su área de Salud:

Dr. Abré.- Desde que trabajo con el ordenador y tengo que imprimir tantos papeles, sufro una tendinitis del hombro izquierdo que no cede.

Dr. Adedo.- Para evitar estos problemas hemos convocado un curso de salud laboral.

Dr. Abré.- No se eche flores, señor Gerente, que no es iniciativa suya, sino un imperativo de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Dr. Adedo.- Bueno, ya, pero… Nosotros hemos dispuesto enseguida los preparativos.

Dr. Abré.- Lo sé, Dr. Adedo. Yo ya he ido a las dos sesiones correspondientes, sobre generalidades y ergonomía, impartidas por sendos docentes. Y sigo con mi tendinitis.

Dr. Adedo.- Los docentes son integrantes del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales. ¿No les has comentado nada?

Dr. Abré.- Sí, les dije que no se había instalado mobiliario adecuado para trabajar con ordenador, y que teníamos que hacer giros forzados del brazo para acceder a la impresora.

Dr. Adedo.- ¿Y…?

Dr. Abré.- Y nada; el de las generalidades dijo que era incumbencia del encargado de la ergonomía, y éste se encogió de hombros. Será que solamente les importa el hospital.

Dr. Adedo.- Aunque están en el hospital, también les compete la salud laboral de la Atención Primaria.

Dr. Abré.- Pues dieron a entender que era responsabilidad de nuestra Gerencia.

Dr. Adedo.- (Crispado.) Ya estamos con derivaciones de problemas… Tendré que exponérselo a la directora asistencial, y al director médico, y a la directora de gestión, y al responsable de suministros, y a la encargada de mantenimiento…

Dr. Abré.- Y mientras tanto, ¿qué hago con mi dolor de hombro? Debería estar de baja.

Dr. Adedo.- ¡No me fastidies, Abré!, que viene el verano y no tenemos sustitutos. Tómate antiinflamatorios, opiáceos o lo que sea. Pero ¡aguanta, por favor! ¡Aguanta!

Dr. Abré.- (Con cara de circunstancias y diciendo para sí:) ¿Merecerá la pena tanto sacrificio…?

A los consabidos riesgos para la salud del médico, sobre todo el burnout y exceso de carga mental, se vienen a unir los de los operarios de ordenador: lesiones osteomusculares (por posturas prolongadas y forzadas), cefaleas (por larga permanencia frente a la pantalla), etc. Aquí la Salud Laboral sigue siendo una cuestión menor, y no sólo en el ámbito sanitario, sino en cualquier medio de trabajo, por más que haya una Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Basta echar un vistazo a los datos estadísticos de accidentes laborales, que asustan sin reflejar toda la verdad, porque muchas bajas se derivan interesadamente a la vía común (accidente no laboral). A ver si de una vez nos lo tomamos en serio.

jueves, 8 de abril de 2010

Diálogos político-sanitarios (3): Burocracia médica


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el señor Proyectus, teórico del sistema sanitario:

Dr. Abré.- Nunca entenderé porqué se permite semejante gasto de papel, en recetas, partes laborales y trámites burocráticos sin sentido. Y ya no hablo de papeleo desquiciante...

Sr. Proyectus.- Ustedes los médicos de familia siempre quejándose de su función administrativa. Sé bien que están hartos de informes y formularios, pero es lo que hay.

Dr. Abré.- Nos quejamos con razón, pues a pesar de nuestra capacitación se nos considera la ventanilla burocrática del sistema sanitario. ¿Acaso hemos de resignarnos?

Sr. Proyectus.- Bueno, están en primera línea. Deben aguantar duros envites y tragar lo inimaginable, sin dejar de estar prestos para cualquier emergencia. En el fondo les admiro.

Dr. Abré.- Su cinismo es insultante y despreciativo. ¿No se ha dado cuenta de que el papeleo determina la presión asistencial que sufrimos y el gasto sanitario?

Sr. Proyectus.- Lo sé… y le digo, ahora que nadie nos escucha, que yo en su lugar pensaría en largarme a un país que me ofreciese otras oportunidades.

Dr. Abré.- (Con asombro.) ¡Señor Proyectus! Viniendo de un responsable de la organización asistencial que sufrimos, ¿he de tomarlo como provocación o como consejo de amigo?

Sr. Proyectus.- Tómelo como eso último, Dr. Abré, y no sea masoquista. ¿No ve que no tiene tiempo para los pacientes y que por encima está poco reconocido y mal pagado?

Dr. Abré.- (Con gesto pensativo.) Haré caso de su sugerencia. Tengo muy buena preparación y domino el inglés, así que no me será difícil encontrar un país normal de acogida.

Sr. Proyectus.- Marcharse es la opción más inteligente. Lo de aquí no es para gente inquieta, pensante y bien intencionada como usted, que además no tiene aspiraciones políticas.

Dr. Abré.- Ingenuo de mí. Y yo que pensaba que iban a desburocratizar el sistema…

Sr. Proyectus.- ¡Pamplinas! A estas alturas, ¿aún no se ha dado cuenta de que cuanto más se habla es peor? Hágame caso y búsquese otros horizontes. Me lo agradecerá.

Poco o nada se ha conseguido en la lucha contra la burocracia médica, a pesar de plataformas y grupos anti-burocracia. Me recuerda el proyecto de mi ciudad de abrirla al mar, que ha conseguido cerrarla definitivamente. Otro tanto puede decirse de los intentos de desburocratizar el sistema sanitario: han servido para redoblar el papeleo. En la lista de distribución MEDFAM-APS, he leído un texto muy lúcido y esclarecedor del Dr. Julio Bonis, quien considera que nuestra Atención Primaria está concebida como ventanilla burocrática sanitaria. Una ventanilla que no resuelve los problemas reales, sino sólo los creados por la propia burocracia.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Diálogos político-sanitarios (2): Incapacidad temporal


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la Dra. Alerta, inspectora médica.

Dr. Abré.- No debiera ser gestor de la baja laboral de un paciente que no atiendo o no sigo, cuya incapacidad decide otro. Incumbe a quien conoce su situación clínica.

Dra. Alerta.- Las cosas están así y yo no tengo autoridad para cambiarlas. Los especialistas están liberados de esta responsabilidad.

Dr. Abré.- Insisto en que es disparatado gestionar una baja decidida por un tercero. Y es insultante que desde la Unidad de Salud Laboral se me pida información improcedente.

Dra. Alerta.- ¿Te sientes ofendido, Abré, por tener que hacer una gestión que te corresponde?

Dr. Abré.- Estoy ofendido, querida Alerta, por la ineptitud imperante en este sistema único. Hasta por una ausencia de un día envían a un trabajador para que se le dé un justificante.

Dra. Alerta.- Estoy de acuerdo. Con una auto-certificación debería bastar para justificar hasta siete días, como sucede en el Reino Unido. Pero aparte de esto, ¿qué propondrías?

Dr. Abré.- Lo que hacen en ese país y en otros del entorno. Conceder las incapacidades que uno puede valorar y dar únicamente el parte de baja y el de alta, no partes de confirmación.

Dra. Alerta.- En verdad es absurdo reiterar los partes intermedios, tanto manual como informáticamente. Quizás con el tiempo…

Dr. Abré.- Pasan lustros y todo sigue igual. ¡Esto no es serio! Ni tampoco incentivar de manera perversa: menos bajas y altas anticipadas. Ni por supuesto descuidar vuestra tarea inspectora.

Dra. Alerta.- Ahora la ofendida soy yo. Aunque reconozco que no se hace nada o se toman medidas sin objeto; y nada más inútil que ser eficiente en lo que no debe hacerse.

Dr. Abré.- Así nos va de mal, sin eficacia ni eficiencia y con progresivo queme neuronal.

Dra. Alerta.- Creo que estamos hablando demasiado; ahí viene mi jefe…. (Cambio de expresión.) Lo dicho Dr. Abré, envíeme los informes que le pedí. ¡Ah!, y los partes como de costumbre.

Carece de sentido mantener un sistema obsoleto y poco operativo, porque engendra gasto y no consigue disminuir el absentismo laboral. Debiera imponerse el pragmatismo en la gestión de la incapacidad temporal (IT) a la manera de los británicos, quienes aplican inteligentemente el auto certificado (Absence Self Certification Form). En teoría, por una ausencia de hasta tres días ya no habría que pedir justificación o baja médica, pero las empresas suelen exigir eses requerimientos; envían al interesado a por un “justificante” o un formulario de IT, para que el médico de cabecera pierda el tiempo con el engorroso trámite hispánico.

lunes, 8 de marzo de 2010

Diálogos político-sanitarios (1): Transporte domiciliario


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el diputado Vivales:

Dr. Abré.- No entiendo porqué tengo que poner mis medios para realizar un servicio domiciliario público.

Sr. Vivales.- Es que le va en el sueldo.

Dr. Abré.- Creo que el complemento de dispersión geográfica trata de compensar la penosidad del desplazamiento, en ocasiones fuera de la jornada, no la gasolina.

Sr. Vivales.- Es posible…

Dr. Abré.- ¿No está claro?

Sr. Vivales.- Aquí casi nada lo está.

Dr. Abré.- Cuando estudié la carrera nadie me dijo que para ejercer como médico necesitaba tener un vehículo, ni siquiera carnet de conducir.

Sr. Vivales.- Bueno, hoy en día todo el mundo…

Dr. Abré.- Además, ese complemento se imputa en la declaración de la renta; en cambio usted no tiene que declarar sus dietas y primas por kilometraje.

Sr. Vivales.- Es la ventaja de ser político.

Dr. Abré.- Entonces… me equivoqué de carrera.

Sr. Vivales.- (Silencio y sonrisa cínica.) C’est la vie!

Este diálogo, con el que doy comienzo a una nueva sección, ha sido inspirado por dos noticias (recientes) sobre las dietas por kilometraje de los diputados: “Los diputados cierran filas en la defensa de las dietas de kilometraje” (en esto no hay color político) y “El Parlamento de Galicia reformará las dietas a diputados” (cada diputado gallego tiene un coste medio de 218.726 euros, al parecer menos que en otras CCAA)*. Y oportunamente ha llevado a otra (de hace unos años) sobre la larga reivindicación de vehículos para la asistencia domiciliaria, en busca de una solución para el transporte domiciliario: “Negativa de trabajadores sanitarios a realizar las visitas domiciliarias con sus propios vehículos”.

*Según el artículo 17.2b de la Ley 35/2006 (del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), diputados y senadores, miembros de las asambleas legislativas autonómicas, concejales de ayuntamiento y miembros de las diputaciones provinciales, cabildos insulares u otras entidades locales, quedan excluidos de tributar por la parte que se les asigne para gastos de viaje y desplazamiento.