martes, 29 de junio de 2010

Medicina de Familia: del desencanto al orgullo profesional

En un artículo periodístico, que hace hincapié en lo poco atractiva que es la medicina de familia para los licenciados médicos hispanos, aparecen primeramente los tópicos consabidos: principal puerta de entrada al sistema sanitario, resolutiva y satisfactoria para los usuarios, con profesionales excelentes… incluyendo el desprestigio social y la desconsideración profesional (médico de ambulatorio mal pagado, desbordado por la excesiva presión asistencial y la carga burocrática, una máquina de hacer recetas y rellenar informes…). Después lo que parece novedad y supone desinformación: la gran desconocida para los estudiantes de la licenciatura. Finalmente los brindis al sol: la especialidad tiene que ganar prestigio, hacen falta medidas de incentivación económica, académica y profesional para el especialista en atención primaria (parece chiste de mal gusto: se repite una vez más, pero ahora justamente cuando acaban de bajarles el sueldo).


Y los comentarios a dicho artículo, no todos son de profesionales de la medicina pero sí la mayoría, oscilan desde el desencanto al orgullo profesional. En ellos se refleja la frustración, el derrotismo, las carencias, las contradicciones, la falta de estímulos, los cambios sociológicos, el escaso reconocimiento económico y social, la deshumanización, el descontento con la organización sanitaria, el conformismo... y la satisfacción de ser médico de familia. Algunas manifestaciones son muy duras, agrias, difíciles de asumir aunque sean verdades como puños. Podemos estar o no de acuerdo con ellas, pero suponen una visión poliédrica de la que se pueden extraer interesantes conclusiones. Voy a dejar que algunas expresiones ajenas hablen por sí solas, resaltando datos y frases que me parecen relevantes.

Uno. El desencanto profesional…

Después de 6 años de carrera, un año para el MIR y 4 años de formación MIR, ¿qué es lo que espera a los médicos de familia? Centros de salud colapsados, con cupos de pacientes que se saltan a la torera cualquier normativa, con menos de 5 minutos para ver a los pacientes en la consulta, con escasez de medios, con agresiones... Y encima les bajan el sueldo (como al resto de funcionarios). 

He dejado mi trabajo voluntariamente. No puedo hacer de médico, secretaria, enfermera, auxiliar y administrativo en 7 minutos que tengo para cada visita. Hemos perdido la calidad humana de la medicina, ¿dónde queda el respeto por una profesión que cuida de la parte más noble del ser humano: sus vidas? No hay tiempo para el dialogo, los consejos, eso ya no importa. Solo tiene valor que visites muy rápido, sigas los protocolos (¿dónde quedó la medicina clínica?), y así ni siquiera puedes mirar a la cara a tus pacientes, mientras te entregas totalmente al ordenador, que tantas veces se queda colgado.

¿Incentivos? ZP ya nos baja un 7% y se nos pide que hagamos nuestro cupo y veamos pacientes de otros cupos encima gratis este verano. Hacemos de médicos y también de administrativos, celadores y auxiliares, gestionamos todo tipo de papeles, ordenamos nuestras salas de espera sin ayuda de nadie (en los hospitales, para 4 ó 5 pacientes hay una auxiliar que los llama y establece un filtro, así el médico se preocupa de hacer sólo su trabajo de médico) y encima, pásmense, hacemos medicina de calidad, basada en la evidencia, tratamos con cariño a nuestros pacientes y hasta leemos el New England.

Dos. La crítica nacional…

La precariedad en el trabajo y la falta de respeto de la gente es que lo que hace a los médicos emigrar. Es tan simple como eso. Si se van a otro país de la UE lo entenderán. La gente es agradecida y educada, y el sistema te paga acorde a tu categoría y responsabilidad. SIMPLE.

¿8.000 médicos españoles trabajando fuera? Lo que no me explico es cómo cualquier chaval que acabe la carrera y domine medianamente algún idioma comunitario puede ni siquiera llegar a plantearse ejercer en España. Teniendo en cuenta el prestigio que todavía tienen los médicos españoles en Europa (ya veremos por cuánto tiempo) yo no me lo pensaba ni un segundo. Si este país no sabe apreciar, valorar ni recompensar el capital humano en el que ha invertido cuantiosos recursos para formar, que le den morcilla, que el mundo es muy grande.

Pues no me extraña que nadie quiera ser médico de familia, es una tomadura de pelo, tanto estudiar para esto… Yo lo hice por vocación, pero desde luego, si lo llego a saber hago otra cosa. ¿Qué más da que en teoría falten médicos si te ofrecen contratos basura, y eso cuando encuentras trabajo? Por no hablar de lo mal que nos tratan la mayoría de los pacientes, algunos nos ven como un supermercado de medicinas y si no le damos lo que quieren nos ponen reclamaciones. Y ver 50 personas en una tarde, y estar en un sitio diferente cada día... Me estoy planteando seriamente irme a otro país.

Y tres. El orgullo de ser médico de familia…

Yo soy médico de familia, orgullosa de mi especialidad, QUE LO ES, y formándome cuánto puedo. Gran parte de la culpa de ese desprestigio la tenemos los mismos médicos de familia, que no nos respetamos a nosotros mismos y nos echamos tierra a nuestro propio tejado. Bien es que la administración apoya poco y el sistema no ayuda tal y como está planteado, pero somos la base del sistema. Promoción de la salud, educación sanitaria y formación en diagnóstico diferencial...entonces dejaremos de ser recetarios y seremos respetados por pacientes y colegas.

Para mí esta profesión es maravillosa… En mi centro de salud hacemos de todo: cirugía menor, infiltraciones, control del simtron, control de la diabetes, prevención, pedimos citologías a las mujeres, las colonoscopias cuando está indicado, manejamos la osteoporosis, hacemos todo tipo de exploraciones desde una otoscopia, un electrocardiograma, una espirometría, un tacto rectal, hasta una ecografía. Tratamos muchas enfermedades, atendemos urgencias hacemos visitas a domicilio, tenemos sesiones clínicas, investigamos y participamos en Congresos científicos. Yo como médico no puedo pedir más.

Sin médicos de familia la sanidad se va al garete. Somos los más valorados por los ciudadanos, los más requeridos, los más cercanos. También los que menos nos quejamos y así se nos trata... No hago 50 recetas por minuto. Uso el ordenador para que gestione los tratamientos crónicos, miro a la cara a mis pacientes, son una cara, no un número de habitación ni un órgano interno. Hago cirugía, quito a mucha gente el hábito de fumar, conozco, y me conocen, a familias enteras, padres, hijos, encuentro la relación entre sus problemas, buscan mi consejo... Me gusta ser médico de familia y lo volvería a ser.

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