Hoy traemos un escrito ajeno, publicado como carta al director en La Voz de Galicia, que refiere la realidad de la sanidad pública y plantea alternativas.
En España hablamos de «lo público» —y en especial de la sanidad pública— como si se tratara de un modelo incomparable. Sin embargo, la experiencia cotidiana muestra una realidad menos ideal: ambulatorios saturados, salas de espera llenas y listas de espera que se prolongan durante meses.
El debate, además, suele plantearse de forma reduccionista: o este sistema o el de Estados Unidos, presentado a menudo como un modelo en el que quien no puede pagar queda abandonado a su suerte.
Pero existen alternativas. Países como Suiza combinan gestión privada con cobertura universal, sin dejar a nadie atrás y con una mayor agilidad en la atención. Resulta llamativa cierta incoherencia social: no son pocos los defensores acérrimos de la sanidad pública que, llegado el caso, recurren a clínicas privadas, porque buscan una atención rápida frente a una enfermedad que les puede llegar a agobiar. Defender lo público no puede convertirse en un acto de fe. Ignorar otros modelos que funcionan revela una clara miopía.
Alejado de posturas fundamentalistas, nos parece interesante: en su brevedad, pone el dedo en la llaga, critica el pensamiento reduccionista y se abre a cambios.
La música también ha ido evolucionando y experimentando cambios...
Beethoven: Sonata n.º 32. II. Arietta. Adagio molto, semplice e cantabile
Algunos han visto en el segundo movimiento de esta sonata de Beethoven, la última que escribió, un anticipo del ritmo de jazz
La importancia del médico en el sistema sanitario es indiscutible; es tanta que cuando cualquier ciudadano habla del uso que hace de la sanidad pública suele decir: «Fui al médico», «Voy al médico», «Tengo que ir al médico»... Porque el médico asume la responsabilidad del diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento clínico del paciente.
Una incuestionable aseveración sobre la cual dice la IA:
Esa metonimia —donde el médico representa a todo el sistema— refleja no solo una costumbre lingüística, sino la base misma de la atención sanitaria por varias razones:
El rostro de la confianza: Para el paciente, el sistema no es un conjunto de protocolos o infraestructuras, sino una relación personal. El médico es quien valida su dolor, da un diagnóstico y ofrece esperanza.
La puerta de entrada: En la mayoría de los sistemas, el médico de familia es el "gestor" de la salud del ciudadano, decidiendo quién necesita pruebas, especialistas o medicación.
Responsabilidad última: Aunque el sistema es un trabajo en equipo (enfermería, celadores, técnicos, administrativos), el médico suele ser quien asume la decisión clínica final, lo que le otorga ese peso simbólico.
Es curioso cómo, a pesar de la digitalización y la burocracia, la figura humana del doctor sigue siendo el eje sobre el cual el ciudadano construye su seguridad vital.
Valga como contrapeso frente a quienes en la actualidad minusvaloran la figura del médico, teniéndolo como igual a cualquier sanitario o no sanitario con muchísima menos preparación y responsabilidad. Porque el tango Cambalache sigue vigente.
Una falla que concreta el hartazgo médico, valenciano e hispano.
Una falla justificada por problemas de los médicos en el sistema público de salud.
(sobrecarga asistencial en Atención Primaria, guardias de 24 horas extenuantes, falta de relevo generacional, fuga de talentos y pérdida de poder adquisitivo).
La costumbre hace que lo aberrante parezca normal.
No son aberrantes sólo las guardias médicas hospitalarias de 24 horas, que atentan contra la salud laboral. Lo son también los Puntos de Atención Continuada (PAC), que hace muchísimos años sustituyeron a los Servicios de Urgencias Extrahospitalarios, para crear confusión o generar demanda no urgente en todo momento. Y lo son además las agendas médicas de Atención Primaria, abiertas sin límite, ad infinitum, por contentar al usuario-votante y despreciando el principio básico de la atención de calidad, un insulto al médico y un engaño del paciente. Son tres cuestiones, entre otras, que reflejan la situación de deterioro estructural en nuestro Sistema Nacional de Salud, causante de un desgaste profesional que perjudica a toda la población que depende de su funcionamiento.
Urgen cambios drásticos en todo el sistema sanitario, con sus servicios de salud autonómicos incluidos, para revertir una situación inconveniente para trabajadores de la salud y pacientes. Necesitamos una sustancial mejora de la atención primaria.
El profesional puede sentirse libre o asfixiado...
El NHS confía. El SNS desconfía. Confianza vs. Desconfianza.
Dos sistemas sanitarios opuestos, porque su gestión parte de principios contrarios, que condicionan la relación entre administración, profesionales y pacientes.
El NHS (Reino Unido), el modelo basado en la confianza, se ha estructurado sobre la autonomía profesional; el GP (General Practitioner, médico de familia), actúa con independencia, gestionando su propio presupuesto y personal, confiando la administración en el compromiso del profesional, en que cumplirá con los estándares de calidad a cambio de flexibilidad administrativa.
El SNS (España), el modelo de control, tiende a una estructura más burocratizada y jerárquica, de ‘desconfianza’ institucional hacia la autonomía profesional; con gestión rígida, los profesionales tienen escasa o nula capacidad de maniobra sobre los recursos sanitarios y la fiscalización administrativa supone un control absoluto sobre el gasto farmacéutico y las derivaciones, basado en protocolos inflexibles.
Esta visión, más sintética que el análisis lejano ‘‘NHS vs. SNS’’, nos hace tener más claro el porqué de la insatisfacción profesional del médico del SNS.
[Esto no presupone contento profesional en el NHS, pero el factor confianza es un pilar fundamental para la satisfacción profesional.]
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NHS: National Health Service.
SNS: Sistema Nacional de Salud.
Beethoven: Sonata para piano n.º 8. I. Grave - Allegro di molto e con brio
Hablamos de las diferencias entre los médicos de los dos niveles asistenciales en «Médico de familia vs. Médico hospitalario». Pero ahora queremos reflejar un hecho que sirve para ilustrar el diferente grado de dignificación del médico de atención primaria y del médico de hospital, de ambos profesionales de la medicina en el sistema público de salud. Veamos, pues, su diferente realidad.
Si un paciente llega tarde a la consulta con un especialista hospitalario, debe hablar con su auxiliar para que se lo comunique, por si puede atenderlo. Si sucede lo mismo con un médico de familia, que no cuenta con auxiliar, irrumpe en su consulta para decírselo, presuponiendo que lo atenderá aunque haya llegado tarde.
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Nota. Otra diferencia importante entre el médico de atención primaria y el médico hospitalario es la forma de citación en la agenda médica.
Dejando en el aire la afirmación de que el sistema sanitario español está deturpado, la IA responde que esta afirmación es una generalización que puede ser debatida, pero aunque el Sistema Nacional de Salud (SNS) es generalmente reconocido como uno de los mejores del mundo en términos de cobertura y resultados de salud, también enfrenta desafíos y críticas. Y refiere puntos a favor y puntos en contra.
Puntos a favor (fortalezas):
Cobertura universal
Alta calidad
Énfasis en la atención primaria*
Puntos en contra (debilidades):
Financiación (problemas de financiación)
Listas de espera (para consultas, pruebas diagnósticas y cirugías)
Escasez de profesionales**
Desigualdades territoriales (variabilidad de calidad entre CCAA)***
Percepción ciudadana (menos satisfacción general en últimos años)
Y resume:
El sistema sanitario español es reconocido por su cobertura universal y calidad en muchos aspectos, pero enfrenta desafíos como la financiación, las listas de espera y la escasez de profesionales, que impactan en la percepción general del sistema.
___ *Sobre la atención primaria, cabe señalar sus carencias: insuficiente financiación, escasez de profesionales, sobrecarga de trabajo y falta de tiempo en las consultas.
**O más bien una incorrecta dimensión de las plantillas. [v. AQUÍ]
***Cada comunidad autónoma tiene su propio servicio de salud, de modo que el SNS hispano lo conforman 17 servicios de salud, cada uno con sus peculiaridades.
¿La mejor Sanidad del mundo? La caída en desgracia del sistema sanitario español
Creo que ninguna huelga de médicos ha tenido tanta repercusión mediática como la de hoy, viernes 13 de junio de 2025, con reivindicaciones justas y necesarias. ¿Qué se pide? Garantizar los derechos laborales del médico y protección de su salud, limitando la jornada laboral para evitar una sobrecarga dañina. Y la reforma del Estatuto Marco de Sanidad –ley que regula las condiciones laborales de los profesionales de la salud– no les garantiza nada de esto.
Médicos van a huelga nacional para mostrar su rechazo
al Estatuto Marco propuesto por Sanidad
¡Necesidad de un Estatuto Marco propio para el profesional médico!
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ESTATUTO MARCO. Una Ley tardía y controvertida que pretende regular las funciones de todo el personal sanitario, sin distinción de categorías. Llegó tarde, mal y para establecer mil controversias.
La importancia del médico en el sistema sanitario es indiscutible; es tanta que cuando cualquier ciudadano habla del uso que hace del sistema sanitario suele decir: «Fui al médico», «Voy al médico», «Tengo que ir al médico»...
Reflexión anexa 1: Médicos hoy y hace cincuenta años
Los médicos están hoy peor que hace 50 años, si consideramos que entonces la mayoría eran profesionales liberales –con o sin ejercicio público compatibilizado– muy valorados socialmente. En la actualidad, vemos el desencanto y la frustración del profesional de la medicina, sobrecargado laboralmente y con una gran responsabilidad no reconocida como se merece.
Reflexión anexa 2: Trienios del médico
Además de la remuneración salarial, habría que revisar los trienios médicos al alza, considerando la duración de la carrera de medicina y la diferencia en su cuantía tan poco significativa con enfermería e incluso con categorías inferiores. Cuando un médico hace un trienio, otras categorías profesionales ya van por dos o tres.
Reflexión anexa 3 (post.): Triste realidad
La huelga médica tradicional es ineficaz, o poco eficaz, incluso perjudicial para el profesional. La huelga de celo o trabajo a protocolo sí sería eficaz, pero, paradójicamente, es ilegal. Entonces, quedan otras estrategias de lucha legítima: la 'huelga de burocracia', la alianza con el paciente... y, finalmente, el 'éxodo', la retirada del sistema o la búsqueda de otros horizontes.
Propuestas No Hacer en Coordinación entre Atención Primaria y Hospitalaria
Estas propuestas de no hacer determinadas cosas inconvenientes, para poder hacer otras convenientes, fue presentada el 26 de noviembre de 2024 –nos lo dicen AQUÍ– en unas jornadas de coordinación entre atención primaria y atención hospitalaria. Ahora queda esperar que estas bases teóricas sean llevadas a la práctica, para mejorar la relación o coordinación entre los dos niveles asistenciales.
Hace poco leí una afirmación rotunda y tremendista: «La medicina privada mata»; una aseveración tan brutal y gratuita como decir que la veterinaria privada mata; una declaración visceral con evidente carga ideológica. De otro modo, como manifestar que la medicina pública todo lo cura. Tras estas palabras, podemos suponer incluso que quien ve tan sesgadamente sostiene que lo público es humano y honesto, al contrario que lo privado, que es inhumano y deshonesto. Pero la bioética médica no admite sentencias tan simplistas. Así que, pretendiendo la sensatez que proporciona el punto medio, podemos declarar que ni la medicina pública es la panacea ni la medicina privada es la solución para todos los enfermos.
Y como contrapunto a las bondades de lo público, traemos opiniones discordantes, que cuestionan la medicina pública y defienden la medicina privada.
La mayoría de las personas que se opone a la medicina pública lo hacen porque, aunque sea moral y bienintencionada, no es práctica; es decir, que es una idea noble pero que no funciona. Yo no estoy de acuerdo en que la medicina socializada sea moral y bienintencionada, pero sí en que no es práctica, que no funciona, pero mi opinión es que no es práctica porque es inmoral.
John Dean escribió en una opinión personal en BMJ que el ejercicio privado de la medicina es poco ético y que los médicos deberían abandonarlo. He trabajado en la medicina pública nacional durante 39 años y 31 años en medicina pública y privada, y discrepo (…) En España, los mejores médicos de los hospitales, en general, son aquellos que también tienen consulta privada. (…) Los hospitales públicos en España están gobernados por políticos, quienes nombran a los directores, que suelen ser personas del mismo partido político, o familiares o amigos. (…) Concluyo con esta cita de Ayn Rand: «Los médicos no son sirvientes de sus pacientes. Son comerciantes como todos en una sociedad libre, y deberían estar orgullosos de su título porque los servicios que ofrecen son de crucial importancia».
De un artículo periodístico sobre la propuesta de exclusividad de los jefes de servicio en la sanidad pública, es decir, que no puedan ejercer en el ámbito privado (planteamiento que el articulista rechaza, por posible renuncia de los mejores, y que otros aplauden, entendiendo que hay un conflicto de interés entre lo público y lo privado), rescato lo esencial de un comentario anónimo –no sabemos si profesional de la salud o no– que me parece interesante, porque, yendo más allá de su conveniencia o no, ahonda en los problemas del sistema sanitario, en concreto los retrasos en la atención y las listas de estera.
La gran mayoría de los problemas sabemos que son multicausales. Y más cuando se trata del estado de la sanidad española, otrora joya y hoy un poco menos valiosa si la comparamos con una década atrás. Por eso es sorprendente ese párrafo que comienza con «Nada de eso [retraso en citas, listas de espera] es achacable al personal sanitario».
Un conjunto heterogéneo [el personal sanitario], en el hay personas muy brillantes y trabajadoras, personas que simplemente cumplen y hasta quienes se aprovechan del sistema público para mejorar sus cuentas en el privado. Hay de todo. Negarles su cuota de responsabilidad significa que no se quiere abordar a fondo el problema.
Se ha privatizado la sanidad en España mucho y mal; tanto, que hoy funcionan peor los seguros privados; hay atascos, listas de espera, sobrecostes inexplicables, endeudamiento, fracasos y una sanidad primaria agobiada por las listas de espera donde la prevención de la enfermedad ha pasado a un segundo plano, si no tercero. Muchos centros actúan sólo a demanda, pues por desidia o falta de medios no pueden abordar preventivamente la salud de sus pacientes. Pruebas que tardan semanas o meses y consultas de escasos minutos que hacen imposible una evaluación adecuada. Y si de todo eso excluimos la responsabilidad del conjunto de los profesionales mal empezamos.
La gestión de la sanidad en España es autonómica, pues está transferida en un porcentaje altísimo, lo que significa que ningún partido se ve libre de culpa en los resultados. Pero el camino no es bueno. La comercialización de la salud puede acabar en una medicina de ricos, que pueden pagarse las pruebas a tiempo, y otra de menos ricos, que tendrán que soportar con sus impuestos las listas de espera.
Durante meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el hospital, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia, ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.
El cuidado de la salud de los demás precisa, además de conocimiento, sensibilidad. Lo dice bien Diego, con la misma delicadeza con la que toca el piano.
Caminando en la niebla, Manuel Carra – Diego Fernández Magdaleno
La informática es una herramienta inestimable para el ejercicio de la medicina, e imprescindible en la actualidad para que funcione el sistema de salud. Estamos en la era de la salud digital. Son evidentes los beneficios de la informática en salud: reducción de errores y costos, mejora de la coordinación interprofesional. Sin embargo, ahora también es un condicionante del funcionamiento de los servicios de salud; si hay un fallo informático –una ‘‘caída informática’’–, los procedimientos médicos dejan de ser operativos y los profesionales se ven imposibilitados para ejercer sus funciones. Esto puede verse como algo anecdótico, por no ser lo habitual, o como un drama de la medicina actual, por ser frustrante cuando sucede. Es el odioso sometimiento informático... Y no entremos en la relación humana que la medicina entraña, pues aunque la informática no mejora la relación médico-paciente, los fallos informáticos pueden generar crispación de los usuarios, que sufren los galenos siendo víctimas. En fin, es el avance de los tiempos y sólo caben estrategias que minimicen las malas consecuencias de las caídas informáticas.
¡Ah!, somos esclavos de la informática...
Obertura de Los esclavos felices, Juan Crisóstomo Arriaga
En el consultorio rural del Dr. GAMIR, en Balobia, pueblo cercano a la ciudad de Vizana. Su sala de consulta, decorada con varias láminas anatómicas y un par de cuadros pictóricos, está compuesta de una mesa de despacho, dos sillas, una camilla de exploración y aparatos médicos comunes. Hay dos puertas colindantes: una que da acceso a la consulta de enfermería y otra que comunica con la sala de espera. El joven Dr. GAMIR, de veintiocho años de edad, con bata blanca y el estetoscopio al cuello, está atendiendo a una paciente habitual de sesenta y tantos.
Dr. GAMIR. (Viendo los análisis de la paciente.) Señora Obdulia, tiene el azúcar alto y las grasas por encima de lo aconsejable. ¡Igual que siempre! Le recomiendo que haga dieta y ejercicio para bajar de peso. Le sobran unos kilitos. Los medicamentos no bastan. Debe esforzarse, poner un poquito de voluntad.
OBDULIA. (Poco convencida.) De acuerdo, don Gustavo, pero... Y si pudiera darme este medicamento. (Echa tímidamente en la mesa un envase de cartón.) Me lo recomendó Amparo, mi mejor amiga. A ella le fue de maravilla para adelgazar.
Dr. GAMIR. Ya le dije la vez anterior que no es apropiado para usted. Lo que necesita es cambiar sus malos hábitos por otros saludables. De ese modo disminuirán tanto la glucosa como los lípidos. Ya ve cómo andan disparados últimamente.
OBDULIA. (Con fingimiento.) Si ya hago la dieta… y camino bastante.
Dr. GAMIR. (Se levanta y se dirige a la puerta de la sala contigua.) ¡Emilia! Hazme el favor, ven un momento si no estás muy ocupada.
EMILIA. (Acude sin demora y saluda a OBDULIA.) Dígame, doctor Gamir.
Dr. GAMIR. Quería saber si Obdulia ha estado en tu consulta. En concreto, para controlar el peso y establecer una dieta hipocalórica.
EMILIA. Ya hace varios meses que no la veo. Antes venía a mirar la tensión; la tenía un poco alta. Le di las recomendaciones habituales y no volvió.
OBDULIA. Es que el peso lo controlo en casa…, y a veces en la farmacia.
Dr. GAMIR. ¡Gracias, Emilia! Sólo era eso. (EMILIA se despide y vuelve a su consulta.) Pues nada, señora Obdulia, haga usted lo que crea más oportuno. Pero mi consejo, sin pretender ser paternalista, sigue siendo el que le he dicho. A ser posible, pida cita con Emilia para que le haga un seguimiento más completo. Sería adecuado que viniese dentro de un par de semanas, a primera hora, en ayunas, para medir la glucemia. Y confíe en la enfermera.
OBDULIA. (Algo cariacontecida.) Está bien, don Gustavo. Pediré una cita con Emilia. Cambiaré mis hábitos y tomaré sólo los medicamentos que usted me indique. Le prometo que a partir de ahora haré lo que me diga. (Se levanta y sale un tanto avergonzada.)
ESCENA SEGUNDA
DORINDO, Dr. GAMIR
Accede otro paciente desde la sala de espera.
DORINDO. ¡Buenos días, don Gustavo!
Dr. GAMIR. ¡Hola, Dorindo! ¿Qué tal? (Después de saludarlo, comprueba en su ordenador los datos de la última visita de este hombre, que trabajó como picapedrero.)
DORINDO. Me encuentro mejor desde que comencé con el inhalador. Y he logrado dejar de fumar. Eso sí, gracias a la terquedad de Lola. Mi mujer es muy tozuda, ya sabe usted.
Dr. GAMIR. ¡Enhorabuena! Dejar el tabaco es lo más importante. Pues vamos a ver cómo están esos bronquios. Siéntese en la camilla y desvístase de cintura para arriba.
DORINDO se va hacia la camilla, se descubre el torso y se coloca en sedestación, preparado para la exploración clínica. El galeno se levanta y se coloca el estetoscopio en forma adecuada para la auscultación.
DORINDO. Ya no siento la falta de aire que antes sentía. No echo por las mañanas aquellos esputos gordos y amarillos. Y ahora duermo bastante bien por las noches.
Dr. GAMIR. (Después de auscultar al paciente.) Esto está mucho mejor. Ya no se escuchan los pitidos y el aire se mueve aceptablemente.
DORINDO. (Vistiéndose la camisa.) No le he oído bien; tantos años de picapedrero y barrenero me han producido esta odiosa sordera. Hábleme un poco más alto, por favor.
Dr. GAMIR. (Elevando el volumen de su voz.) ¡Que lo veo muy bien, Dorindo!
DORINDO. ¡Qué alegría me da, don Gustavo! ¡Qué alegría!
Dr. GAMIR. (Sentado en su mecha de despacho.) Vamos a anotar aquí esta mejoría y voy a pedirle a Emilia que lo cite para repetir la espirometría. Así sabremos objetivamente cuál es el nivel de mejora. Pero… (Hablando todavía más alto.) Haber dejado de fumar es lo principal, Dorindo. ¡Le felicito! Con la neumoconiosis, digo, con el polvillo que ha inhalado trabajando en las canteras, ya tenemos bastante que limpiar.
DORINDO. Sí, tragué mucho polvillo trabajando en el granito durante treinta años. Llegué a expulsar esputos negros y a sentir mucha angustia por la falta de aliento.
Dr. GAMIR. Entonces, ya que la cosa va tan bien, vamos a seguir con el mismo tratamiento broncodilatador. (Le proporciona la medicación precisa para unos meses, activándola de modo electrónico: tecleando en el ordenador.) ¡Ya están activados los medicamentos! Siga la misma pauta… Y, por cierto, salude a Lola de mi parte.
DORINDO. Le serán dados sus saludos, don Gustavo. ¡Ah!, y no deje de venir el último domingo del mes a comer a casa. Ya sabe que está invitado, y su novia Sonia también.
Dr. GAMIR. Si no tengo ningún contratiempo, acudiré sin falta. Acudiremos… ¡Hasta la vista, Dorindo! ¡Y cuídese! (Se despiden con un apretón de manos.)
ESCENA TERCERA
Dr. GAMIR, EMILIA
Después de haber visto a todos sus pacientes, treinta y siete en total, el Dr. GAMIR permanece unos minutos meditabundo en el despacho. Espera la llegada de una estudiante de medicina. Tiene pendientes varios informes, que piensa dejar para mañana, y dos visitas domiciliarias, que hará por la tarde. Y mientras habla para sí, emitiendo su voz estos pensamientos, entra EMILIA.
EMILIA. Me voy a hacer un par de curas y a administrar un tratamiento parenteral.
Dr. GAMIR. Vale, Emilia. Estamos en contacto.
Sale EMILIA y se queda GUSTAVO, ensimismado con sus sonoras reflexiones. La vida en Balobia suele llevar un ritmo tranquilo; este pueblo del interior vive alejado del bullicio de la industrial Vizana, la pujante ciudad marítima en la que nació el galeno. Pero la población está cada vez más envejecida y, en consecuencia, los enfermos crónicos van en aumento, un hecho constatado con más fundamento por el veterano Dr. RILKE. Así que también las descompensaciones de las enfermedades son más frecuentes que en tiempos pretéritos, cuando la atención médica no era tan rigurosa. Ahora las expectativas de los pacientes son mayores, confían en una pastilla para cada síntoma y muchas veces esperan milagros imposibles. Y al mismo tiempo, los políticos se cuestionan la sostenibilidad del sistema de salud.
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(Continuará)
‘‘Méditation’’ de la ópera Thaïs de Jules Massenet
La obsesión por la salud nos conduce a una sociedad de enfermos.
Un día escribimos sobre el excesos de intervenciones médicas. Y señalábamos la obsesión por la salud, en concreto la obsesión preventiva, como principal causa.
La obsesión preventiva equivale al término salutismo (Healthism: Healthism and the medicalization of everyday life, Robert Crawford, 1980): “la preocupación por la salud personal como principal objetivo para lograr el bienestar”. Y esta preocupación excesiva conduce al exceso sanitario, incluyendo los medicamentos.
*Joan-Ramon Laporte es autor de Crónica de una sociedad intoxicada, una crítica del sobrediagnóstico de enfermedades y de su consecuencia: el sobretratamiento con fármacos. Un hecho alarmante: «En España, tres de cada diez personas toman pastillas para dormir o para la
depresión; tres, omeprazol; y dos, para el colesterol».
Muchas personas tienen complicaciones graves o incluso mueren por los efectos adversos de medicamentos innecesarios.
Productos ineficaces de venta en farmacias
Sobre el consumo de productos innecesarios o inútiles, que no son pocos, también tienen su responsabilidad los dispensadores. En eso incide la doctora Esther Samper en su libro La cara oculta de la farmacia.
Traigo unos fragmentos de la reflexión de un médico de familia (en este enlace el texto completo) suscitada por una manifestación popular*, en la que la furia ciudadana por los problemas de la sanidad pública se ceba con sus profesionales, como si fuesen los culpables de la mala planificación y desorganización sanitarias, como una variante de matar al mensajero que trae una mala noticia.
Y a ti, médico, te aconsejo lo siguiente: vete de España ya. Vete. Coge la maleta y vete. Lárgate pronto de aquí. Agarra tu fonendo, tu inglés, tu alemán, tu portugués, tu inigualable expediente académico, tu carísima formación MIR… y vete. (...) Pero deja la bata en el consultorio donde te han amenazado, donde te han grabado con el móvil, donde te han insultado, donde te han pegado, donde han hecho estallar un petardo en tu cabeza de trapo.
Vete, médico joven. No aguantes más. Y si eres mayor, prejubílate. Esto no tiene remedio. (...) Vete, médico. No mires atrás. Olvida a las decenas de miles de políticos españoles que, acaso con el graduado escolar como mérito académico, te gobiernan, te mangonean y ganan más salario que tú.
Vete. Aléjate de los millones de derechos que tienen los pacientes y de los millones de deberes que tienes tú.
Vete. Olvida los hipócritas aplausos de la etapa del COVID. Olvida los malos modos en la consulta, los móviles sonando mientras exploras, el insolente tuteo de las adolescentes para exigir una receta, la altanería con que te obligan a firmar una derivación que no procede, o un fármaco que no se necesita.
Vete. Olvida las reclamaciones que te han puesto por llevar cierto retraso en la consulta (a quién se le ocurre entretenerse con los pacientes más de los cinco minutos reglamentarios). Y olvida las reclamaciones por las listas de espera a los especialistas (como si tú tuvieses la culpa).
Vete. Aléjate de los gestores tóxicos que responden en tu contra, sistemáticamente, las puñeteras hojas de reclamaciones, esos hijos de puta que han convertido la asistencia sanitaria en un infierno de papeleo, de objetivos a cumplir, de burocracia, de ordenadores que fallan, de sustitutos que no llegan, de botones antipánico escondidos bajo las mesas, de agresores reincidentes a los que no hay manera de expulsar.
Vete. No te lo pienses. Haz lo que ya han hecho decenas de miles de compañeros. Haz lo que, en lo que va de año, han hecho varios miles más. Vete. Ganarás más dinero, tendrás contratos estables y no quemarán tu efigie ni harán estallar petardos en tu cabeza de trapo.
Esta reflexión desoladora, con una carga de asqueo más que justificada, no tiene desperdicio. Entristece el desprecio de profesionales de la salud que están al servicio de la ciudadanía, sobre todo la menos pudiente, que si tuviese que pagar las consultas sería menos demandante de atención médica o tendría que privarse de muchas cosas. Una pena. Y sí, es adecuado el mensaje dirigido a médicos jóvenes para que se vayan fuera, en busca de mejores horizontes, y a los veteranos para que abandonen en cuanto puedan. Así unos y otros respirarán mejor al alejarse de esos gestores tóxicos que no los aprecian, que si pueden los machacan. En fin, en un tiempo no lejano habremos de escuchar quejidos por lo perdido y no cuidado.
¿Quedará un resquicio de esperanza?
Final del ‘‘Adagio’’ (IV mov.) de la Sinfonía n.º 9 de Mahler
El ruido es la más impertinente de todas las formas de interrupción.
Arthur Schopenhauer
Leemos por casualidad un artículo que, con el título «Sala de espera», nos transmite el ambiente ruidoso que se percibe y respira en el lugar donde la gente aguarda a ser atendida de urgencia, a menudo por motivos nimios,...
«Hablan a gritos, contestan al teléfono, ven vídeos con el volumen al límite y dejan ese sonidito mefistofélico al pulsar las teclas. Normalmente, son los canallas que aparecen allí porque les parece que el corazón palpita de más o alguna pijada similar»
...y dejamos que cada cual extraiga sus conclusiones, aunque no sirvan para evitar el ruido impertinente que causan esos que aguardan con urgente impaciencia.
Se ha ido constatando que las mutualidades de funcionarios con aseguramiento privado ‘rechazan’ a sus asegurados (mutualistas) cuando son diagnosticados de enfermedades cuyo tratamiento médico es demasiado costoso. De modo que los derivan al servicio de salud correspondiente dentro del Sistema Nacional de Salud.
Esto es el "modelo MUFACE" (y lo es cada vez más):
cambiarte a la pública cuando tienes enfermedades graves o pluripatologías.
Esto es el "modelo MUFACE" (y lo es cada vez más): cambiarte a la pública cuando tienes enfermedades graves o pluripatologías.
Ante esto, integrar las mutualidades en la sanidad pública y fortalecer la asistencia con esos recursos, no queda otra. pic.twitter.com/pHI6hg7Ecj
Tengo en mente el caso de una funcionaria de MUFACE, adscrita a una entidad privada de seguro de asistencia sanitaria, que fue diagnosticada de leucemia. Y entonces, como a la aseguradora no le compensaba su tratamiento, le aconsejaron solicitar cambio de aseguramiento médico al sistema sanitario público (INSS).
Además, en caso de problema de salud pública, esta mutualidad deja al descubierto sus carencias, constatadas en la reciente pandemia de COVID-19. Como médico de familia, tengo presentes varias consultas de pacientes de MUFACE; la primera como cita forzada y sin advertencia previa de la Gerencia de Atención Primaria:
—Me hice un test de antígenos y me dio positivo.
—Pero... ¿quién es su médico?
—Yo soy de MUFACE y tengo médico de ADESLAS.
—???
Imagínense mi cara de estupefacción, que no quedó ahí. Al requerir explicaciones a mi Gerencia, el propio gerente también mostró extrañeza y me dijo que habría de requerir información al respecto, porque tampoco tenía claro que los médicos de familia tuviésemos que atender a usuarios ajenos al servicio de salud.*
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*Después supimos que durante la pandemia, la gestión de los mutualistas de MUFACE adscritos a aseguradoras privadas generó fricciones considerables porque la red de vigilancia epidemiológica y el seguimiento de casos leves o contactos recayeron de forma mayoritaria sobre los recursos de la Atención Primaria del Sistema Nacional de Salud (SNS). Y sucedió lo mismo con las otra mutualidades públicas: MUGEJU e ISFAS.
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En definitiva, advertimos en esta mutualidad de funcionarios públicos —y lo suponemos en las otras mutualidades, MUGEJU e ISFAS—, poca transparencia, carencias y selección economicista de pacientes (rechazo de quienes padecen enfermedades de costoso tratamiento), por no decir discriminación poco ética.
Entonces, nos hacemos una pregunta:
—¿Tienen razón de ser las mutualidades de funcionarios, si sus asegurados (mutualistas) son derivados al sistema público de salud cuando son diagnosticados de enfermedades graves o padecen pluripatologías? ¿O deben integrarse en el SNS?
Cambio entidad sanitaria con MUFACE
Posibilidad de elección de entidad aseguradora privada o INSS.
Historia de MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado)
El inicio de MUFACE se remonta a la Ley 29/ 1975, de 27 de junio (finales de la dictadura franquista), fecha en la que se crea un organismo único de adscripción obligatoria para todos los funcionarios civiles.
Ventajas de mutualistas
Quienes pertenecen a mutuas de funcionarios lo tiene más fácil que el resto de ciudadanos, pudiendo optar por aseguramiento privado o público (de manera continuada), solventado los inconvenientes que los demás no pueden. ¡La desigualdad es manifiesta!, pero no parece haber voluntad política de corregirla. En caso de escoger el privado, el mutualista tiene opción de acudir al especialista que le proporciona su aseguradora (ADESLAS, ASISA, DKV) y de disponer del médico general, equivalente al médico de familia de la sanidad pública.
«MUFACE facilita la prestación de asistencia sanitaria a los mutualistas y a sus beneficiarios a través del Sistema Sanitario Público o de Entidades de Seguro de Asistencia Sanitaria concertadas». [Encuentra tu médico]