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jueves, 14 de agosto de 2025

Drama invernal


[Relato]

Soplaba el viento con intensidad inusitada, plomizas nubes cubrían el valle y una niebla de cuento velaba los caminos y las casas. Era una fría tarde invernal de mil novecientos sesenta y ocho (el año del Mayo Francés), callada, lánguida, sombría, desasosegante, intimidatoria, de algún modo revuelta, de esas que invitan a quedarse entre cuatro paredes, al calor de la chimenea. Y así yo lo hacía, al abrigo de la casa de los tíos (ausentes desde el amanecer), donde pasaba tranquilamente el fin de semana, escuchando música y tecleando en un viejo piano que estaba desafinado.

De pronto, petaron a la puerta.

Al abrir, ante mí se presentaba un hombre desconocido –pero cuyo rostro dibujaba una familiaridad entrañable–, con un aura apremiante en torno a su anatómica quietud. Contrariando su actitud corporal, me habló con gran celeridad.

—¡Buenas tardes!, aunque esté de más lo de buenas. Si no me equivoco es la casa de Víctor y Carmen. Y tú supongo que eres Saladino.

Afirmación seca por mi parte y apretón de manos.

—Me llamo Alberto Arosa —continuó hablando—. Soy el hermano mayor de Juan, ese al que llaman El Chispas.

Ahora me percataba de la peculiaridad de sus facciones, marcadas, fuertes, pero nobles y agradables. Y, mostrando ahora mi mejor sonrisa, respondí que sí, que ya veía el parecido con su hermano es increíble. No había duda de su similitud física, realmente asombrosa. Enseguida lo invité a entrar y guarecernos de la helada que estaba cayendo. No quiso sentarse, se le veía apurado. Así que seguimos hablando de pie.

—Es extraño que no nos hayamos visto antes —le dije—. Aunque, si no me equivoco, usted ha estado fuera del país estos últimos tiempos, ¿no es cierto?

—Sí, Saladino, acabo de regresar de Alpesia. Allá dejé dieciocho años de mi vida. Me fui cuando tú... —me miraba a los ojos—. Bueno, no sé si hago bien en tutearte.

—¡Faltaría más! —por supuesto consentí, por mi juventud y porque mi carácter abierto, opuesto a los distanciamientos, facilitaba la cercanía.

Con rapidez, me explicó que se marchara de Balobia cuando Juan y yo éramos unos párvulos. Hacía tanto que era natural que no me acordara. Su presuroso ritmo lingüístico conseguía engancharse en el mío y ya no me iba a abandonar. Y pronto fue al grano. 

—Vengo por mi hermano... He acudido a ti, Saladino, porque Juan ha amenazado con quitarse la vida. Y no parece una simple bravata. Quienes lo tratan, me han dicho que otras veces lo escucharan hablar de suicidio, pero que nunca antes lo habían visto tan desquiciado. Fuera de sí, se ha dirigido al barranco de Salgueira y, al borde mismo, tembloroso por el frío y tambaleante por la ebriedad, permanece apoyado en un arbusto, advirtiendo que se echará al vacío si alguien se le acerca. Bueno, espero que siga allí sin culminar su mala intención. Lleva más de dos horas, sin que sus amigos —supongo que esos que dicen tratarlo lo son– se atrevan a aproximarse. En vano, hemos intentado persuadirle para que desistiera. En último extremo, aconsejado por ellos, he venido hasta aquí. La noche se echa encima y… ¡es capaz de cumplir su amenaza!

—Pues...

¿Qué podía hacer yo ese desagradable día del sesenta y ocho? Conocía bien a Juan, pero llevaba tiempo sin tratarlo. Le habían dicho a Alberto que yo tenía conocimientos médicos, que leía sobre el tema y que podría comprender mejor que los profanos la psicología de un alcohólico. Había acabado el bachillerato, gracias a las becas y a mi propio trabajo complementario, y alternaba en uno y otro oficio, sin suponer que un año después el destino me llevaría a cruzar el mar y a una nueva vida como sanitario; pero de momento sólo tenía un bagaje de conocimientos teóricos, nula experiencia en el trato de enfermos y en el intrincado universo de la mente humana. Y, sin embargo, quizás pudiese decirle algo que lo disuadiese, una palabra clave de esas que figuran en los tratados de psiquiatría, o simplemente adoptar una actitud diferente, fruto de mi posición dominante, que no arrogante, de Esculapio teorizante y practicante en ciernes.

En unos pocos segundos veía medrar la inquietud de Alberto, sus ojos azules brillando por la angustia. No podía permanecer impasible. Así que, presuroso, cogí mi gabardina y salí en su compañía, aquella tarde casi noche, lúgubre, gélida, húmeda, nebulosa, enturbiada aún más por el drama que estaba aconteciendo.

***
En el coche de Alberto nos dirigimos hasta el referido lugar, a unos diez kilómetros de la casa de los tíos. El hermano de Juan seguía mostrando su temperamento impasible, por más que por dentro, con toda seguridad, los nervios lo estuviesen corroyendo. De camino, mi acompañante me fue explicando cómo había sabido de mi paradero y, de seguido, se fue centrando en la cuestión principal. A la pregunta sobre si había regresado alguna vez a la aldea desde su marcha, me contestó que apenas, que sobraban los dedos de las manos para contar las ocasiones. Que lo había evitado conscientemente, para no sucumbir a la morriña tentadora, esa dichosa debilidad patria que nos esclaviza a los naturales de Breogania. Como pude saber tiempo después, no quería quedar atado al terruño, a la inmovilidad, al atraso, a la incerteza. Comparar Alpesia, un país desarrollado, con Breogania (de la que Balobia formaba parte), cincuenta años por detrás, no dejaba duda de la elección. Sobre todo, tratándose de una persona joven con inquietudes. Cartas a la familia cada vez más espaciadas, la presencia en el funeral de una tía –a poco de irse–, por algunas Navidades, en la boda de su hermana María, y nada más. En resumen, que había vivido casi ajeno a lo que por aquí acontecía. Permanecía soltero, libre, sin emocionales ataduras. Centrándonos en el presente, y en lo que nos incumbía, Alberto hablaba con la premura de un condenado que quiere relatar su existencia en un tris y justificarla. Con cándida simplicidad, le hice saber mi comprensión, nacida de la espontánea empatía, y, sin dilación, me explicó el motivo de su visita.

—Tiene gracia lo de Chispas. Creía que el apelativo se debía a su agudeza y vitalidad hasta que, hace un par de días, mi madre me lo aclaró. Al saber la verdadera razón del sobrenombre, me abatí profundamente. Es cierto que no he tenido la deseable relación con mi hermano, pero lleva mi sangre y me duele que se haya descarriado. Apegado a la bebida, ¡Dios!, a la etílica destrucción. Hoy lo encontré a la puerta de una cantina en un estado tan deplorable que sentí pena, y vergüenza. Llevo aquí una semana y no lo había visto así. Me pregunto si seré yo la causa, si habré vuelto en mala hora, si acaso esté ocupando un espacio que ya no me pertenece.

—Usted no tiene culpa de nada. 

Traté de confortarlo. Le dije que la mayoría de fines de semana que yo pasaba en el pueblo solía verlo en ese estado lamentable, a menudo dando discursos sin tino o cantando obscenas canciones de borrachera, siempre desaliñado, con aspecto derrotado. Peor desde que su novia, Marta, una buena chica, por cierto, lo había dejado. Le dije también que solía hablar de él, empleando el diminutivo de su nombre: «Tito está haciendo fortuna en Alpesia», repetía. 

—Cuando María se casó y marchó a vivir a Vizana, donde yo también resido, creo que sintió el revés de una pequeña derrota, porque, de diferente manera, sus dos hermanos triunfaban y él aguardaba, sin saber qué. La derrota fue total cuando Marta se apartó de su lado; ya comenzara a beber. Quise aconsejarle y me increpó con tal vehemencia que decidí rehuir su compañía. Su trato se ha vuelto muy difícil... Así que usted, Alberto, no tiene por qué atormentarse.

Tras un silencio reflexivo, las circunstancias imponían un ritmo al que Alberto venía enganchado desde antes de sobrepasar el umbral de la puerta de la modesta casa de mis tíos, que como todos los primeros sábados de mes habían ido al mercado ambulante de un pueblo cercano. Su hablar, agradable y musical, corría como en un acelerando. Y sus siguientes palabras prestas fueron éstas:

—Le decía que hallé a Juan embriagado, hecho un guiñapo. Hoy precisamente, que pensaba desplazarme hasta Vizana para visitar a mi hermana, a su marido y a sus dos pequeños, los sobrinos que todavía no conozco. Quise convencerlo para que volviese a casa, pero recibí una respuesta airada, espetándome que la culpa de su desgracia era mía, por haberme marchado al morir nuestro padre. No esperaba una reacción tan violenta por su parte. Esto me hace sentir tan responsable que...

En ese momento, Alberto se mostraba tan consternado que las palabras se le atragantaban. Yo no sabía qué decirle. No son fáciles estas situaciones. Intenté alentarlo de la mejor manera posible, restando importancia a la acusación fraterna.

—No debe afligirse, ni sentirse culpable –le reiteré.

Hizo una mueca, como quien se abochorna y busca un escondrijo inexistente para guarecerse del infortunio, sin desviar la mirada de la carretera, y después, ansiosamente sumido en la inútil búsqueda, con una dicción más pausada y menos musical, dijo balbuceando:

—Tal vez... 

Las palabras del hermano retornado llovían en mi cabeza. Posiblemente, Juan quería huir de una realidad que le hacía sentirse mal, válida únicamente para cultivar unas tierras miserables, casi improductivas. También le habría gustado irse lejos y encontrar un lugar más esperanzador que Balobia, pero la situación de la viuda madre habría influido. Y entre especulaciones y confidencias, llegamos al lugar de Salgueira, y bajamos del auto.

***
Una multitud se agolpaba cerca de El Chispas. Detrás de éste, el inmenso barranco cortado a pico imponía. Enseguida escuchamos amenazas.

—¡No te acerques, Alberto! —gritó Juan nada más apearse su hermano—. No sé a qué has vuelto. ¡Y tú tampoco, Dino –dijo al verme–, aspirante a matasanos!

El hermano mayor se aproximaba tímidamente, o acaso con la frialdad de un experto rescatador; y yo tras él, mientras El Chispas pronunciaba de viva voz:

—¡Quietos, o me dejo caer!

La réplica me salió espontánea.

—¿Qué ganas con eso?

Y la contrarréplica no se hizo esperar.

–¿Qué pierdo?

Enmudecí por unos instantes, hasta que se me iluminó el adormilado ingenio.

—Pierdes un futuro prometedor. Tu hermano ha venido para quedarse. Desea ayudarte. Me ha dicho que puedes serle de ayuda en el taller mecánico que piensa abrir.

—¡Tonterías! Alberto sabe que no sé hacer nada, excepto golpear la tierra con la azada. Bueno, si me pongo a cantar no lo hago mal del todo. Ahora veréis…

Y comenzó a cantar: «Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla…».

Al entonar esta canción popular, casi me dio la risa. Si me contuve, fue porque las circunstancias eran demasiado serias. Tanto, que él mismo cortó su cántico a poco de comenzar, dejando el melódico relax y retornando a lo más transcendental.

—¡Soy un inútil! ¡No sirvo para nada! ¡Para nada! Y está bien que todos lo escuchéis. Aunque a vosotros, ¡qué os importa mi vida! ¡O mi muerte!

Se estaba hundiendo como el despeñadero, e intenté erguir su espíritu antes de que se desplomase definitivamente con su maltratado cuerpo.

—Estás equivocado, Juan. ¡Nadie es inútil! Todo el mundo puede hacer algo. Y eres todavía muy joven para que te detenga el desaliento.

—¿Juan? ¡Llámame Chispas, que es mi verdadero nombre! —refutó con agilidad, como deseoso de dar a conocer su sobrante energía autodestructiva—. Tú tienes mi edad y estás capacitado para labrarte un porvenir. Yo en cambio no he tenido ocasión de estudiar, apenas leo y escribo con dificultad. Para mí no hay un mañana.

Creí que se desasía del arbusto y sentí un sobresalto. Entonces, nuevas palabras salieron raudas de mi boca, impetuosas como las aguas de una cascada.

—Eso no es motivo para que actúes de modo infantil. Haznos caso, retírate de ahí y deja que te ayudemos. Deseamos tu bien, no debes dudarlo.

—¡No! Lo he pensado detenidamente y no voy a desistir. Prefiero dejar de atormentarme e impedir que mi madre siga sufriendo por mi culpa.

La velocidad de su etílico torrente y su arisca entonación me superaban. No parecía que fuese a arrojar la toalla. Y en un intento desesperado, arremetí verbalmente; lancé mis aguas para reanimar su obnubilado pensamiento.

—¿Y crees que no vas a sufrir más si haces una locura?

Al plantearle este interrogante, giró la cabeza hacia el precipicio, sin que pudiésemos saber si en actitud pensativa o decidida a acabar la función. Y como si la mente de Alberto y la de un servidor se hubiesen coordinado, sin decir palabra, aprovechamos la ocasión para avanzar rápidamente hacia él, con el propósito de sostenerle. Pero Juan se soltó definitivamente, desplomándose al abismo sin emitir el más mínimo lamento de espanto. Apreté los puños y contraje la cara.

Salvo un milagro, la tragedia se había consumado…

***
El aire escuchó lamentos y gritos de espanto. Nos acercamos todos los presentes, mujeres y hombres del pueblo, al margen de la imponente sima, intentando divisar el cuerpo del infortunado. No se podía esperar nada más que lo peor, su pérdida definitiva. Y he ahí lo inaudito: Juan había quedado retenido, milagrosamente, por los espesos matorrales que crecían en la parte alta de la pared del barranco. Tal vez se hubiese salvado, pensé esperanzado. Parecía estar inconsciente, pero no muerto. De ser así, sería como agua de mayo en pleno invierno.

Anudándome a la cintura la larga cuerda que alguien, previsor, había traído, emprendí el rescate del infeliz. No era novedad para mí salvar grandes desniveles, habituado de siempre a la escalada libre. Y felizmente llegué al punto donde El Chispas yacía inerte. Comprobé que respiraba y que el corazón le latía rítmico. Después lo amarré, con precaución y con la necesaria seguridad, no sin temor de que  nuestro peso hiciese ceder la vegetación. Acto seguido, di orden de que lo izaran lentamente. Tras el exitoso rescate de Juan, los de arriba hicieron lo propio con mi persona.

Todo había acabado felizmente. Juan había vuelto a la vida o, mejor, a la pugna con su dramático sino. Mis tíos habían regresado y temido por el mío; llegaron en el momento justo de mi venida de lo profundo. Nunca olvidaré la expresión sobresaltada de tía Carmen, con la nariz enrojecida, tiritando de frío y de angustia.
……………………………………………………………………………………………................................
Han pasado seis años desde el referido suceso, y desde aquélla Juan es llamado por su nombre de pila, no por su infame apelativo. Abandonó la bebida y se rehabilitó voluntariamente, con inestimable apoyo de familiares y amigos. Superó gran parte de sus temores y llegó a valorarse más favorablemente; en disposición de lograr éxitos y afrontar fracasos, con humana valentía, por fin le halló significado a esta vida sin sentido. En la actualidad es un buen mecánico. Es más, su entusiasmo le ha llevado a realizar algunos estudios; incluso me atrevo a decir que ahora es un hombre culto. Nos une una firme amistad. Y desde mi regreso de Hacubey, donde me formé como practicante (las circunstancias impidieron que llegase a matasanos), solemos vernos, ya en Balobia, ya en Vizana. Recordamos a menudo el día de su extrema desesperación y él me reitera su agradecimiento; sus sinceras alabanzas me turban.

Hace poco me dijo con aire circunspecto:

—Amigo Dino, si vuelvo a tener un tropiezo semejante déjame caer, no me levantes. Ya no sería digno de implorar otra oportunidad.

Y le respondí con seria comicidad:

—No te preocupes. Sé que tu conciencia impedirá que des otro paso en falso. Además, ¡si hasta tienes la Naturaleza de tu parte y te trata con guante de seda!

Le di una palmadita en la espalda, que correspondió. Juan era un hombre diferente. Su sonrisa chispeante (si prefieren, soleada, para eludir equívocos o el chiste fácil), hacía olvidar su dramático pasado. Elevando al cielo nuestros vasos de mosto, brindamos por el amplio futuro, cada vez más alejados de su escabroso pretérito. Y cantamos, con adecuada entonación, para coronar nuestra inefable alegría.

No hay nadie más feliz en el mundo
que nosotros cantando sin temores.
Gozamos de la vida y del amor
y la dicha ya no hay quien nos la borre.

[2017]

Adagio para cuerdas, Samuel Barber

miércoles, 5 de marzo de 2025

Tabaquismo y feminismo


El hombre es el único animal que se intoxica por propia voluntad.

Es sabido que en los movimientos sociales bien intencionados siempre hay algún aprovechado que los utiliza por interés económico; sucede en las artes, y en particular en la música urbana, y ha sucedido en la lucha por los derechos de la mujer. Y en este caso fue, cómo no, un hombre:

Bernays, el hombre que utilizó el feminismo para que las mujeres empezaran a fumar. El escritor y publicista austríaco fue uno de los grandes manipuladores del siglo XX en Estados Unidos.

Pero ¿quién era este personaje? Se trata de Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, inventor de la teoría de la propaganda y las relaciones públicas, que utilizó ideas relacionadas con el inconsciente para la persuasión del «sí mismo» (self) en el ámbito publicitario masivo. [Extracto wikipédico]

Fácil es la manipulación. Fumar era de hombres y las mujeres se les podían igualar como nuevas fumadoras. Vaya engaño. Sucede con otros hábitos y con otras actividades, a las que se ha inducido a las mujeres en nombre de su liberación, haciéndolas caer en los mismos errores en que habían caído los hombres. Con todo, siempre hay tiempo para corregirlos... Y para no provocar controversias, no diremos más que una doble verdad: fumar es malo; dejar de fumar es bueno

Cigarettes & Gin - Granvil Poynter
***
Enlaces relacionados

viernes, 27 de agosto de 2021

Tóxica evasión

Alucinación

El mundo de las drogas, en especial el de las perturbadoras, alucinógenas o psicodélicas, nos inspiró una vez un soneto que esperamos no cree adicción.


TÓXICA EVASIÓN

Y tras beber del manantial prohibido,
un hombre poderoso e invulnerable
se creyó. Fortaleza inexpugnable,
al sentir lo que nunca había sentido.

Aquello era irreal: el más fingido
viaje alucinante. Qué admirable,
hasta reaparecer, inevitable,
la negrura del mundo aborrecido.

Abrazado a la trampa placentera,
pensó que era dichoso en ese instante,
mientras se solazaba su alma herida.

¡Embuste! No hay huida duradera
ni embriaguez perenne que se aguante
ni lucha que no lisie nuestra vida.

[1993, oct.]

Hallucinations, Bud Powell
***
Drogas y drogodependencia: un problema social
«la primera gran invasión de drogas en España se produjo en 1975 y la primera gran demanda social de ayuda contra la droga a principios de los años 80».

 Drogas y frivolidad [vídeo] 

«¡el que no esté colocado, que se coloque...!» (E. Tierno Galván, 1984)

La drogadicción es un problema social y educativo. 
Es hábito enfermizo para unos y un vicio para otros.

Drogadictos y médicos de familia: cuestiones y reflexiones
  • Cuando adictos a drogas exigen –amenazantes– psicofármacos u opioides a un médico, hay dudas sobre cómo se debe actuar. 
  • Un hecho constatado: todos cuantos acuden a centros de salud exigiendo ansiolíticos u opiáceos son jóvenes, con supuesta «adicción a drogas», e invariablemente PENSIONISTAS. Algo aquí está fallando.
  • Dan noticia de un agresor que sólo contestó a las preguntas de su abogada, declarando su adicción al alcohol y a las drogas. Se amparó en que su conciencia estaba alterada por el consumo de estas sustancias para atenuar su responsabilidad en los hechos. ¡Vaya cara!
  • Son muchos los antisociales adictos a drogas que viven de quienes no lo son; y por encima, a veces ponen a éstos en peligro.
  • Dan noticia de un detenido por tráfico de drogas que es llevado al centro de salud más cercano para que un médico certifique que está en condiciones de ingresar en prisión. Dudamos de que esto sea también competencia del médico de familia.
  • A pesar de cualquier crítica, los adictos a drogas son enfermos y como tales deben ser tratados; son  personas dignas de respeto y comprensión.

martes, 26 de mayo de 2020

Dejar de fumar

Lo que da valor a un placer es usarlo raramente. Juvenal 
—Bien, le he escuchado atentamente, y creo que tiene razón en que lo más importante para dejar de fumar es la fuerza de voluntad. Me di cuenta cuando dejé de fumar al quedarme embarazada. Pero dígame, ¿hay algunas ayudas farmacológicas que valgan la pena? 
La mayor parte de los que dejan de fumar, aún hoy, lo hacen sin ayuda farmacológica alguna. La cesación no asistida continúa a la cabeza del otro método más utilizado, el tratamiento sustitutivo de nicotina (chicles, parches…). Incluso, recientemente se ha comparado este tratamiento con placebo y no hay casi diferencias. Lo que pasa es que la cesación no asistida, es decir lograda por uno mismo, es rara vez enfatizada y aconsejada para los fumadores. Y la eficacia de otros tratamientos farmacológicos está engrandecida en los estudios porque la mayor parte están financiados por las compañías farmacéuticas que venden estos fármacos; en los estudios que no han sido financiados la eficacia es menos de la mitad que en los financiados. 
Para dejar de fumar, Joaquín Lamela (neumólogo)

Dejar de fumar de manera no asistida vs. hacerlo de manera no asistida...

El tabaco es la primera causa prevenible de enfermedad. Y ahora que el gobierno hispano ha decidido financiar medicamentos para dejar de fumar (bupropion y vareniclina), para combatir el consumo de tabaco (hábito tóxico que produce efectos nocivos para la salud del consumidor), merece la pena reparar en afirmaciones como las subrayadas arriba y reflexionar sobre el verdadero valor de las cosas y en la conveniencia de dirigir los recursos económicos a lo que en verdad merece la pena (técnicamente, los expertos habla de coste de oportunidad o costo alternativo). Porque cuando un presupuesto se destina a un capítulo determinado se sustrae o se elimina de otro.

La adicción al tabaco fumado, o tabaquismo, es causada por uno de sus componentes más activos: la nicotina
la acción de dicha sustancia acaba condicionando al abuso de su consumo. Pero el humo del tabaco tiene otros muchos componentes, gran parte de ellos carcinógenos. Y además de cancerígeno, el tabaco es un factor de riesgo cardiovascular (FRCV).

El tabaquismo produce enfermedades nocivas para la salud del consumidor. El riesgo de enfermedad (EPOC, enfermedad cardiovascular, cáncer) se calcula por la cantidad de tabaco consumido, de cigarrillos (paquetes-año), mediante una fórmula que puede ser chocante («¡yo fumo cartones enteros!»), pero que es práctica.

Riesgo según nº paquetes-año*: 15-20: R de EPOC; 30: RCV; 40: R de cáncer.

*Paquetes-año: nº de cigarrillos / 20 (los que hay en una cajetilla) x años de consumo. Por ejemplo, si uno ha fumado una cajetilla al día (20 cigarrillos) durante los últimos 20 años, ha consumido 20 paquetes-año (20/20x20).

Sabiendo de las sustancias perniciosas del tabaco, de la posibilidad de que los fumadores sufran de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) o incluso un cáncer de pulmón u otro tipo de cáncer, y no obviando el poder de la fuerza de voluntad para dejar de fumar (cesación no asistida), se justifica la intervención en tabaquismo (cesación asistida) en determinados casos.

1
Componentes cancerígenos del tabaco

2


3



***
Tabaco: Curiosidades –Tabacopedia

Recordatorio en tabaquismo
–Grado de dependencia (a nicotina): Test de Fagerström
–Grado de motivación (para dejar de fumar): Test de Richmond
–Tratamiento farmacológico*:
  • Vareniciclina (Champix). Días 1-3: 0,5 mg x 1/d. Días 4-7: 0,5 mg x 2/d. 8 y sig.: 1 mg x 2/d. [12 sem.]
  • Bupropion (Zytabac). Días 1-6: 150 mg/d. Días 7 y sig.: 150 mg x 2/d. [7-9 sem.]
Sin necesidad de fármacos
Para dejar de fumar, se han escrito libros, se han creado comités de expertos, se han establecido grupos de trabajo específicos, se han elaborado medicamentos, se han formado unidades de tabaquismo... Pues, repitiendo lo dicho, solamente hay tres fórmulas para conseguirlo: voluntad, voluntad y voluntad.

De todas formas, siempre es útil una Guía para dejar de fumar.

*Fármacos en tabaquismo [notas post.]
El bupropión es un antidepresivo, que fue autorizado por la FDA en diciembre de 1985, pero que fue retirado del mercado debido a la detección de cuadros convulsivos relacionados con el medicamento. Y la vareniclina también fue retirada en julio de 2021 por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Farmacéuticos (AEMPS), debido a la presencia de nitrosaminas en su producción (se trata de compuestos químicos carcinógenos). 

Como tratamiento farmacológico disponemos ahora de la terapia sustitutiva con nicotina (TSN), combinando la forma transdérmica con formas de liberación inmediata ­—chicles, comprimidos, espray—, y de citisina (comercializada desde 2018 con el nombre Todacitan®), que el Ministerio de Sanidad ha decidido financiar. Pero el futuro dirá cómo evoluciona el tratamiento antitabáquico.

Ref. : 

miércoles, 9 de mayo de 2018

Delirio... y tratamiento del alcoholismo

¿Cómo reconocemos y tratamos el problema de alcohol?

La mejor cura para la Dipsomanía (compulsión por el alcohol) es la Religiomanía.

El alcoholismo es la adición más frecuente y sus consecuencias (personales, familiares y sociales) pueden ser graves. Su prevención se hace necesaria y, cuando no se ha logrado, procede el reconocimiento del consumo de alcohol (detección: determinar cuánto se consume y con qué frecuencia) y su adecuado tratamiento, mediante la desintoxicación y la deshabituación etílica. El alcohólico es el adicto al alcohol, no un consumidor ocasional, sino un enfermo crónico, a veces considerado despectiva e inexactamente como bebedor, beodo, borracho o borrachín.

Veamos un vídeo y cuadros y figuras al respecto.


Tratamiento: 1) Desintoxicación: benzodiacepinas, clometiazol, tiapride, vitamina B6; 2) Deshabituación: fármacos: antidepresivos ISRS, topiramato, disulfiram (Antabus®), cianamida cálcica (Colme®); psicoterapia. 

No olvidar apoyo familiar y considerar Alcohólicos Anónimos.

1
Cuantificación alcohol
Fuente
UBE: Unidad de bebida alcohólica
Bebida alcohólica: la que contiene etanol (alcohol etílico)
Alcohol: compuesto químico orgánico que presentan en su estructura uno o más grupos químicos hidroxilo (-OH).

2
Consumo etílico de riesgo
Fuente
Alcoholismo: dependencia del alcohol.

3
Algoritmo de intervención breve en alcohol
Fuente
AUDIT: cuestionario para la detección del consumo de alcohol.
***
Entrevista habitual:
—¿Qué cantidad de alcohol bebe usted?
—Lo normal.

Enlaces relacionados
Abordaje de toxicomanías en AP (incluido alcohol) –PPT
—Metabolismo del alcohol (etanol o alcohol etílico)

Descomposición química del Etanol (CH3CH2OH)
ADH: Alcohol deshidrogenasa (enzima)
ALDH: Aldehído deshidrogenasa (enzima)

Mitos sobre el alcohol
Alcohol y sociedad
Borracheras (para Adolescentes) –TeensHealh
Es fácil que un estudiante de segundo ciclo de secundaria viva numerosas situaciones sociales y esté sometido a fuertes presiones de grupo. Inevitablemente, una de las principales áreas en que se ejerce mayor presión social es el consumo de alcohol.

Algunos estudios han mostrado que las personas que tienen muy acentuada la tendencia a beber descontroladamente —aquellas que tienen tres o más episodios de embriaguez (intoxicación etílica) en dos semanas— tienen algunos de los síntomas del alcoholismo propiamente dicho.

Intoxicaciones etílicas de menores atendidas en urgencias

Un gran problema social, cultural y de salud pública, que se combate con educación, regulación y, en último término, medidas correctivas.

El triunfo Baco o «Los borrachos» (1629), Diego Velázquez 
***
Delirio. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia.

ANEXO: AFORISMOS SOBRE EL DELIRIO (Y LA ALUCINACIÓN)
  • El delirio es una falsa creencia. La alucinación, una percepción falsa.*
  • Cuando una persona sufre de un delirio se llama locura. Cuando muchas personas sufren de un delirio se llama religión. (Robert M. Pirsig)
____
*Ejemplos de delirio: la idea de que alguien está en su contra de uno o que la televisión le envía mensajes secretos. Ejemplos de alucinación: escuchar, ver o sentir algo que no existe. [v. Trastornos psicóticos]

martes, 29 de agosto de 2017

El jazz y las drogas

DIZZY GILLESPIE.- Yo también dejé de tocar una vez. Y te voy a decir por qué. Nunca le he contado esto a nadie. Habíamos creado una nueva música. Pero aun así seguíamos siendo negros. En aquellos tiempos, en los EEUU no podías superar el estatus de los negros… Charly Parker era inteligente y joven…, ¿por qué tuvo que perderse? ¿Fue la droga o el hecho de que no pudiera soportar la presión? Lo mismo que Billie Holiday. Y muchos, muchos más que han muerto. Yo tenía muchos más amigos músicos muertos que vivos. Y el racismo era algo que no podía soportar; tenía que acabar con eso. Dejé de tocar y me vine a Europa.
Del film El invierno en Lisboa, basada en la novela homónima
de Antonio Muñoz Molina.
Al parecer, el trompetista Dizzy Gillespie fue de los pocos músicos relevantes del jazz que no se dejó someter por las drogas duras del momento (heroína, cocaína); era consumidor de marihuana, como la mayoría, por no considerarla peligrosa, pero no murió prematuramente a consecuencia de las drogas como otros instrumentistas y vocalistas de jazz de su tiempo. Con un buen sentido del humor y generosidad, supo disfrutar de la vida hasta el final de sus días.

Pero no sólo es el jazz el que se relaciona con las drogas, también el rock y otras músicas urbanas. Música y drogas (o drogas y música), una relación complicada...

Drugs and Music - A Complicated Relationship
***
Enlaces sobre jazz y drogas
Muchos de los más grandes músicos de jazz han visto sus vidas afectadas por enfermedades mentales o abuso de drogas y alcohol, según un estudio de un psicólogo británico.
La historia del jazz y las drogas tiene muchas aristas, desde la persecución por parte de agentes de narcóticos hasta la influencia que tuvo en la locura sonora de genios como Parker, Armstrong, Baker, Davis, Gordon, Gillespie y Pastorius.

Droga: toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psíquica, física o ambas. (OMS)

LAS DROGAS. Drogadicción/Drogodependencia y abordaje terapéutico
DROGAS. Algo inseparable de la práctica médica y, con su significado vulgar de “estupefaciente”, un mal que cuesta combatir. El problema de las drogodependencias también debe abordarse desde el ámbito de una Atención Primaria que de nada se ve libre y que, por ello, es digna del mayor reconocimiento.
Glosario de términos –Drogomedia
Léxico de las drogas [argot, jerga]
Infodrogas (Concepto, Clasificación, Tolerancia, Dependencia)
Dejando a un lado el resto de perspectivas [de clasificación], quizá lo más práctico sea seguir el criterio de la clasificación por el que opta la OMS, que ha agrupado las drogas según sus efectos sobre el sistema nervioso central. De acuerdo con este criterio, las drogas pueden ser: Depresoras, Estimulantes y Alucinógenas/Psicodélicas. 

1
Perturbadoras: alucinógenas/psicodélicas
El LSD (Dietilamida del ácido lisérgico) se extrae del cornezuelo de centeno (hongo), que contiene ergotamina, alcaloide que puede producir ergotismo, pero también útil para tratar la migraña por su efecto vasoconstrictor.
Y hay plantas alucinógenas, como la ayahuasca (liana) y el peyote (cactus).

La drogadicción es una enfermedad crónica que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo o incontrolable de la droga a pesar de las consecuencias perjudiciales que acarrea y los cambios que causa en el cerebro, los cuales pueden ser duraderos. Estos cambios en el cerebro pueden generar las conductas dañinas que se observan en las personas que se drogan. La drogadicción es también una enfermedad con recaídas. La recaída ocurre cuando una persona vuelve a consumir drogas después de haber intentado dejarlas.
Abordaje terapéutico –Plan Nacional sobre Drogas
Desintoxicación, Deshabituación, Programas de sustitutivos opiáceos.
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Medicamentos: ayudan a suprimir síntomas de abstinencia durante desintoxicación y a prevenir recaídas. 
Opioides. Para tratar adicción: Metadona, Buprenorfina y Naltrexona.
Tabaco (Nicotina). Terapias de reemplazo: parches, aerosoles, goma de mascar y pastillas. Para tratar adicción: BupropiónVareniclina.
Alcohol. Para tratamiento del alcoholismo: Naltrexona (bloquea receptores opioides que participan en efectos de recompensa generados por consumo de alcohol y en deseo intenso de bebida), Acamprosato (puede reducir síntomas de abstinencia duradera, como insomnio, ansiedad, desasosiego y disforia), Disulfiram (Antabus®: interfiere con descomposición del alcohol. Si paciente bebe alcohol, se acumula acetaldehído en el organismo, lo que produce reacciones desagradables que incluyen sofocos: enrojecimiento y calor en la cara, náuseas y latido irregular del corazón) y Topiramato (Topamax®). 
Trastornos concurrentes: medicamentos disponibles para tratar posibles trastornos de salud mental, como depresión o ansiedad, podrían estar contribuyendo a la adicción de la persona.

Consumo de drogas: libertad y costes
La libertad personal de consumir drogas y desarrollar adicción a ellas tiene un coste personal y un coste social que no debemos olvidar. El uso continuo de drogas puede causar problemas crónicos de salud dependencia y discapacidad. Las consecuencias familiares, interpersonales y sociales suponen una carga enorme, incalculable. 
 
Lucha antidroga y legalización de las drogas
La guerra antidroga se orienta a la persecución de la producción, comercio y consumo de ciertas sustancias psicoactivas consideradas drogas prohibidas, no medicinales; sus partidarios se basan en que causan grave perjuicio para la salud y generan redes de delincuencia y corrupción. Los partidarios de la legalización de las drogas se fundamentan en el derecho individual a elegir y/o que es un medio para erradicar las mafias del narcotráfico y en general el tráfico de drogas.