El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.
Gabriel García Márquez
Soy un mayor, lo que significa que recibo múltiples presiones imperativas, tanto latentes como manifiestas, para ser alojado en el espacio social asignado para los que salen de la gran sociedad. También un extraño, en tanto que me inscribo en la retaguardia digital. Sigo saliendo al espacio público sin móvil, lo que me otorga la condición de incomprensible para las legiones smartphonizadas. Y no acompañado, lo que suscita en las profesiones de la salud y los servicios sociales un incremento de presiones para ser controlado, inspeccionado y dirigido, de modo que se recorte mi autonomía y crezca mi dependencia, en la perspectiva de la siguiente fase, que es la del encierro final en una institución de custodia de rostro humano, pero que conserva el ADN del asilo. Así se conforma la última versión de un nuevo MENA, que comparte con la originaria de los menores el atributo del encierro y la expulsión de la gran sociedad.
Es el autorreconocimiento del sociólogo Juan Irigoyen como «nuevo MENA», en una sociedad que excluye a los viejos y abusa o se aprovecha de ellos, en su supuesta condición de seres desvalidos que no pueden defenderse. Maldito edadismo... En este fragmento de un artículo editado en su blog Tránsitos intrusos, con fecha 1 de febrero de 2024, manifiesta su sentir el autor, que falleció cuatro meses después, el 31 de mayo, a los 75 años de edad. Sólo tres días antes, había editado su último artículo, tanto o más amargo: «Ochocientos: en el invierno biográfico». Sobre su figura, profesional y humana, escribió Juan Gérvas una sentida semblanza: «Murió Juan Irigoyen...; y Sergio Minué hizo un particular retrato de su personalidad: «In memoriam: Juan Irigoyen, un hombre libre». D. E. P.
Cronicidad: la mirada desde el interior – Juan Irigoyen
Hoy se cumplen treinta años de la muerte de mi padre (tenía entonces 63 años y, por lo tanto, cumpliría 93), y me parece que fue ayer mismo cuando nos abandonó de manera inesperada. Podría decirlo de otra manera, pero no hallo la forma de superar el tópico. Recordé aquí el vigésimo aniversario de aquel triste día y hace dos años lo volví a sentir inolvidable. Ahora, después de tres décadas, me remito a lo dicho en esas otras ocasiones en este espacio, en las que rendí homenaje a su memoria. El sentimiento supera a las palabras...
Y recordando sus cualidades musicales*, traigo un fragmento de una de las piezas que de niño le escuchaba tocar en la rondalla: "Entrada de los invitados", del Tanhäuser de Wagner (en versión orquestal original, no en transcripción para orquesta de cuerda pulsada). Porque él estará eternamente invitado.
*Cualidades de músico aficionado, hijo de músico profesional (tocaba el saxo y dirigía combos), que abandonó el hogar cuando mi padre era un niño.
Traigo el escrito de despedida de Juan Manuel Jiménez Muñoz a Jesús Candel «Spiriman», el homenaje de un médico vivo a otro que acaba de fallecer.
Por mi parte, he añadido este breve comentario:
Hombre apasionado, polémico y sencillamente humano. Quiso despertar conciencias que todavía siguen dormidas. Con sus excesos y errores, ha sido ejemplo de lucha sanitaria.
Siento su muerte. D. E. P.
Han transcurrido veinte años desde aquél luctuoso agosto de 2001, y aún permanece grabada en mí la imagen de un periodista singular, de recia personalidad independiente sin individualismo, vitalista, entrañable y cordial. Me estoy refiriendo al inolvidable Nano Cambeiro, escritor, presentador de radio y gran conversador, originario de Cee e integrado felizmente en Val Miñor. En este valle atravesado por el río Miñor, en la comarca pontevedresa situada entre Vigo y A Guarda, se propuso la edición de un periódico dedicado a esta tierra, a pesar de las dificultades que él mismo reconocía. En mayo de 1995 hizo su declaración de intenciones en el Editorial del número 1 de su periódico «O Miñor», en lengua gallega, aprovechando la correlación entre las palabras Miñor y mellor (mejor):
O Miñor de cada casa. Baixo este nome nace hoxe un novo medio de comunicación… vehículo das inquedanzas de tódolos miñoranos… de todos e para todos… Desexa contribuír a darlle prestixio a esta terra, axudar, dende a pequenez, a mellorar a calidade de vida daqueles que formamos o tecido social do Val Miñor. Absolutamente respectuoso con tódalas ideas e con tódolas persoas… Somos O Miñor de cada casa… e aspiramos a ser tamén o mellor de cada casa .
(Lo mejor de cada casa. Bajo este nombre nace hoy lo mejor de cada casa… vehículo de las inquietudes de todos los miñoranos… de todos y para todos… Desea contribuir a darle prestigio a esta tierra, ayudar, desde la pequeñez, a mejorar la calidad de vida de quienes formamos el tejido social del Val Miñor. Absolutamente respetuoso con todas las ideas y con todas las personas… Somos El Miñor de cada casa… y aspiramos a ser también lo mejor de cada casa.)
Su proyecto miñorano ya hecho realidad fue avanzando y sus ideas socioculturales anunciaban un deseado esplendor, cuando una larga enfermedad silente decidió despertar y ensañarse en su apacible víctima. Nano sabía de la gravedad y afrontó la situación con admirable entereza, dispuesto a jugarse a una carta la humana vulnerabilidad que marca el límite de ser y no ser. El bisturí había de decidir. Y el destino cercenó cruelmente la vida del hombre joven, libre, bueno y soñador.
Puente de la Ramallosa (Río Miñor, Val Miñor)
Con motivo de la desaparición de Nano Cambeiro, sus numerosos amigos le dedicaron elogiosos calificativos realmente merecidos: «entusiasta, afectuoso, solidario, generoso, intachable, equilibrado, dialogante, tolerante, respetuoso, bondadoso…», que resumen su gran humanidad. Manolo Lado, amigo desde la adolescencia, lo describe como «amante del pacifismo, siempre crítico, idealista, irónico, nada acomodaticio y a veces poco práctico», y como un ser nunca adaptado al trabajo convencional, que se hacía querer y a quien nunca le faltaron amigos. Rasgos estos que podrían calificarlo de bohemio.
En su memoria, yo mismo sentí la necesidad de expresar lo que sentía…
...la sensación amarga en el espacio desolado tras la pérdida, transitado hasta hace poco por esa presencia vital que me envolvía. La fatal posibilidad –la grave enfermedad amenazaba– era irracionalmente negada por quien, conocedor del riesgo, temía la traidora puñalada del destino. Tan pocos momentos de vivencias compartidas... y sin embargo queda la impresión de conocerte de siempre, lo que acontece solamente con los infrecuentes espíritus modestos henchidos de silenciosa grandeza.
Alguien te atribuyó una extraordinaria habilidad: la de juntar voluntades individuales e ideas dispersas conduciéndolas a buen fin, difícil tarea en esta tierra tan poco asociativa. El transigente mirar hablaba de su gran capacidad conciliadora; y las lucientes pupilas reflejaban sueños y utopías. Impulsor sociocultural en un valle de acogida, confirmaste una vez más el dicho popular: «lo importante no es el lugar en que se viva, sino que el lugar viva en uno», y dejaste proyectos dignos de ser retomados. Te sentirías satisfecho si así fuera, y seguirías creciendo en la mayoría incrédula que te rodeaba.
Palabra justa, acertado consejo, comedimiento y reflexión pausada para contagiar conveniente bonhomía. Pero, siguiendo la regla, el reconocimiento es póstumo... Veo todavía esa aureola de alegría alumbrando en las monótonas mañanas, encubriendo la tristura comprensible, y comprendo la difícil tarea de ser persona. Persona digna de admiración y respecto, como tú, Nano.
[Traducción del original, en gallego]
LAÍDO POR NANO
Todo quedou —e nada— nas adegas
do navío desarborado.
No singrar fatigoso e pracenteiro
sen alardes
a elevada modestia dun pao maior
que mira a rentes da cuberta calada e sufridora.
Poucos houbo —e poucos hai— do teu talante.
Conciliadores ollos tenros
que interrogan efémeros o eterno inexplicable.
Fasquía sen malicia que anuncia canto esconde.
Xeneroso peito inxustamente feble.
Quen sabe das indescifrables razóns
fráxiles corazóns entregados?
Unha puñalada espetouse traidora
tralo derradeiro latexo
compañeiro inesquecible!
E agora a propia víscera fendida clama
aterecida en mar hostil
en arredadas augas.
LAMENTO POR NANO
Todo quedó —y nada— en las bodegas / del navío desarbolado.
En el singlar fatigoso y placentero/ sin alardes / la elevada modestia de un palo mayor / que mira a nivel de la cubierta callada y sufridora.
Pocos hubo —y pocos hay— de tu talante. / Conciliadores ojos tiernos / que interrogan efímeros lo eterno inexplicable. / Hechura sin malicia que anuncia cuanto esconde. / Generoso pecho injustamente débil.
¿Quién sabe de las indescifrables razones / frágiles corazones entregados?
Una puñalada se clavó traidora / tras el último latido / ¡compañero inolvidable! / Y ahora la propia víscera partida clama / entumecida en mar hostil / en arredradas aguas.
[2001, 13 sep.]
Tras el fallecimiento del recordado periodista, el Instituto de Estudos Miñoranos (IEM) recogió en el nº 2 de la revista de Estudos Miñoranos (2002) una parte de las emociones provocadas tras su desaparición –las que he tratado de resumir en este artículo– y estableció el Premio Nano Cambeiro de Periodismo , convirtiendo así una efeméride luctuosa en motivo de celebración, de reconocimiento de una labor imperecedera a su amigo y fundador.
El Primer Premio Nano Cambeiro de Periodismo (Xornalismo) correspondiente al año natural 2002 fue concedido a Xosé Luís Méndez Ferrín por el artículo Tristura no Galiñeiro (Tristeza en el Gallinero), publicado en Faro de Vigo y entregado en un acto celebrado el 3 de octubre de 2003.
Sé que también –y sobre todo– guardan a Nano en la memoria su mujer, Moncha, y su hija, Cali, a quien vi sólo en un par de ocasiones, pero suficientes para valorar el profundo amor paterno que su tierna mirada reflejaba. Es como si te devolviese la luz que tú le dabas, que tú nos dabas a todos. Inolvidable tu persona y estimulante tu ejemplo. Para seguir luchando. Para seguir viviendo.
Intermedio n°3 "... y el viento pronunció tu nombre", Juan Durán
Morir trabajando en lo que a uno le gusta, puede ser visto como una tragedia cuando se produce a edad temprana, pero también como un final glorioso.
Los curas pecan y los médicos enferman, es indudable. Y unos y otros, cuidadores de almas y de cuerpos, no pueden evitar su final existencial, como todos los mortales. Lo que no sucede siempre, o sucede raras veces, es que fallezcan durante el desempeño de su oficio. Que a un sacerdote se le pare el corazón oficiando misa no es habitual. Tampoco que un director de orquesta expire en un concierto mientras dirige, aunque aquí ya hemos traído el caso de Giuseppe Sinopoli. Ni que un cirujano emita su último aliento en el quirófano, durante una operación, tratando de mejorar la salud de un paciente o de salvar su vida.
¡Qué ironía existencial!
Pero hay casos que se han recogido en los medios, y uno no demasiado lejano en el tiempo -y cercano por la rama familiar paterna- es el del doctor Francisco Bouzón, que además tenía inclinaciones musicales. La vida es así de imprevisible. Si morir haciendo lo que a uno más le gusta es un legítimo deseo, como dicen a menudo los actores que sueñan con acabar sus días sobre un escenario a avanzada edad, el desenlace de este cirujano que murió joven y con los guantes puestos fue un hecho infortunado. Y, aun así, podemos considerarla una muerte gloriosa.
Nos sumamos al reconocimiento póstumo de este cirujano, que había formado su propio grupo musical, y valga también en su honor una canción de los Beatles, por quién el doctor Bouzón sentía verdadera debilidad.
Hoy hace veinte
años de la muerte de mi padre*, cuya imagen sigue, y seguirá, presente en
mi recuerdo. No me parece que haya pasado ese tiempo. Y al evocarlo, el espacio
se llena de una interminable melodía. Es por ello, que tras el fallecimiento de
otro ser querido hace menos de un mes, volví a rememorarlo, e inexplicablemente
un impulso me llevó a componer una canción elegíaca, Cuando otra alma se va (Último adiós),
cuya letra reproduzco…
Cuando otra alma se va,
cualquier alma bienquerida,
se tiene la sensación
de que es absurda la vida.
Todo parece distante,
en nada hay alegría,
las lágrimas de tristeza
nuestro dolor atestiguan.
Y sin embargo nos queda,
tras la rabia contenida,
lo mejor de su presencia,
el dulzor de su sonrisa.
[Canción, 13 oct. 2012]
____
*Severino “Chicho”
Brea Barros (1929-1992)
____
Por él descubrí el Bolero de Ravel, a él le escuché tocar en la rondalla piezas musicales que me impactaron, como El sitio de Zaragoza de Oudrid o la "Entrada de los invitados" –de Tanhäuser– de Wagner. Y en su honor, traigo la "Serenata" de Los millones de Arlequin, de Ricardo Drigo, una música
que mucho le gustaba. [Tanto como "Granada" de Isaac Albéniz.]
Y, con posterioridad, decido añadir mi propia canción "Cuando otra alma se va".
Tal día como éste, hace ahora diecisiete años, recibí la más dolorosa puñalada. Seis de noviembre de mil novecientos noventa y dos. Viernes. Una llamada inesperada me hizo experimentar el mayor de los vacíos, una inefable sensación de incorporeidad jamás imaginada. Sesenta y tres años. Quería que fuese sueño, irreal pesadilla; quería negarlo inútilmente. Y después llegó el desvelo. ¡Quedaban tantas cosas por decirle! No conseguí del todo conocerlo; no supe, por pudor, acercarme a su enorme corazón abierto. De nombre, Severino, de sobrenombre, Chicho. Amigo de sus amigos, amoroso padre y amante esposo, trabajador incansable y hábil, de gran inteligencia natural y fino oído musical, tañedor de la bandurria (tocaba en una rondalla), un hombre generoso y bueno. Yo lo admiraba en silencio y, por callar lo que sentía, mayor fue mi lamento. Hoy puedo decir, como el poeta Manrique, que nos dejó harto consuelo su memoria.
Mi padre, a los 23 años
De los cuatro sonetos que, por impulso incontenible, escribí en memoria de mi padre, traigo uno en su recuerdo…
Hoy se cumple el décimo aniversario del fallecimiento del gran tenor Alfredo Kraus.
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de noviembre de 1927, de padre austríaco y madre española, su voz se apagó en Madrid el 10 de septiembre de 1999, poco antes de cumplir los 72 años, tras un larguísimo período de actividad de más de cuatro décadas (1956-1999). La crítica lo considera uno de los mejores tenores líricos ligeros de la segunda mitad del siglo XX, y muchos aficionados lo tienen por el mejor que jamás hayan escuchado.
En 1956 hizo su debut internacional en el Teatro de la Ópera de El Cairo, con el papel del Duque de Mantua de Rigoletto de Verdi. De este compositor es memorable su interpretación de La Traviata junto a Maria Callas, realizada en 1958 en el Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa, que hoy podemos disfrutar gracias a la técnica de grabación; el papel de su homónimo Alfredo Germont le iba como anillo al dedo. Ese mismo año dio vida en el cine al tenor navarro Julián Gayarre (Gayarre, 1958).
Además de interpretar otros títulos de la ópera italiana, también se especializó en la ópera francesa, siendo indiscutible su personaje de Werther de Jules Massenet. Y tampoco debemos olvidar su contribución como intérprete de zarzuela: La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal, Doña Francisquita de Amadeo Vives, La Revoltosa de Ruperto Chapí y otras.
Alfredo Kraus siempre procuró elegir los papeles más apropiados a sus características vocales, en una actitud comedida y alejada de los divismos. Dicen que su elegante canto lírico brota más de la inteligencia que de la pasión, pero es incuestionable que su control no está reñido con una emisión vocal bella y cristalina.
Su ciudad natal le dedicó en vida su auditorio: Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, inaugurado en diciembre de 1997, tres meses después de la muerte de su mujer. Dos años más tarde, un cáncer de páncreas acabaría con la vida del extraordinario tenor, ya sumida en la tristeza desde la pérdida de su compañera. Para el mes de julio de 1999 tenía previsto cantar en el Teatro Real de Madrid el Werther de Massenet, la ópera con la que generalmente se identifica al tenor canario, pero la enfermedad se lo impidió.
Dejo el enlace a una autobiografía audiovisual de Alfredo Kraus:
Y traigo aquí como homenaje sus últimas interpretaciones de dos romanzas de zarzuela. El sonido no es bueno y su voz no es la de sus mejores años, pero siendo grabaciones de un concierto realizado unos meses antes de su muerte, en el Teatro Real de Madrid, me parece un documento excepcional y emocionante.