domingo, 30 de enero de 2022

Canción infantil y Mozart

 

Estrellita, ¿dónde estás?,
quiero verte titilar 
En el cielo y en el mar,
un diamante de verdad.
Estrellita, ¿dónde estás?,
me pregunto qué serás.

Esta letra de la canción infantil «Estrellita, ¿dónde estás?» (también conocida como «Campanita del lugar» o «Estrellita del lugar») es la adaptación española de la versión en inglés, que a su vez procede de una melodía tradicional francesa: «Ah! vous dirai-je, Maman». Y en ella se inspiró Wolfang Amadeus Mozart para componer sus Doce variaciones para piano sobre «Ah! vous dirai-je, Maman», K. 265. Curiosa historia de una música para niños y no tan niños.

jueves, 27 de enero de 2022

Enfermedad del alma (Una visita médica)

El doctor Koroliov hace una vista a la fábrica de los Liálikov. La hija de la señora Liálikov, la dueña de la fábrica, se encuentra enferma.
(…)
—Tengo palpitaciones —dijo—, he estado tan asustada toda la noche… ¡Casi me muero del susto!* Deme algo.
—Lo haré, lo haré, cálmese. 
 Koroliov terminó de examinarla y se encogió de hombros.

—Su corazón está en perfecto estado —dijo—. Todo está bien, todo está en orden. Sus nervios deben de haberse alterado, pero eso también es normal. El ataque ya ha pasado, y debería dormirse.
(…)
—Quiero decirle lo que pienso. Creo que no estoy enferma*, pero estoy preocupada y me acongoja que las cosas sean como son, y que no puedan ser de ningún otro modo. Incluso la persona con la mejor salud no puede evitar acongojarse si por ejemplo un bandido se pasea debajo de su ventana. A menudo me dan medicinas —continuó, mirándose las rodillas y sonriendo con timidez—, y por supuesto que estoy muy agradecida, y no rechazo usarlas; pero me gustaría hablar no con un médico, sino con alguien que me fuera cercano, con un amigo, que me entendiera, y que me dijera si tengo o no tengo razón.
(…)

ANTON CHEJOV, Una visita médica

*En verdad un susto puede matar. [Miocardiopatía de Takotsubo: Miocardiopatía por estrés, Síndrome del corazón roto]
**Por esta revelación, uno podría pensar que se ha descubierto a un paciente simulador o con Síndrome de Münchausen (Trastorno facticio autoinfligido). En el primer caso sería para obtener alguna ganancia, en el segundo no: sería un trastorno mental en el que la persona se inventa síntomas o dolencias por una necesidad de ser asistido. [Dif. Sd. de Münchausen por poder, hoy llamado Trastorno facticio infligido a otro.]

Muchas veces el doliente no tiene una enfermedad del cuerpo, sino del alma. Y Antón Chéjov (1860-1904), escritor y médico, calificado como «cirujano del alma», maestro del cuento y diseccionador del espíritu humano, lo sabía bien.

Antón Chéjov, de médico a escritor
***
La literatura es mi esposa legítima y la medicina mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra. A. Chéjov

Sobre Antón Chéjov (1860-1904). Biografía breve
Escritor ruso autor de novelas, relatos cortos, ensayos, obras de teatro y, sobre todo, multitud de cuentos, género literario en el que hizo historia y en el que se le considera un maestro. Médico de profesión, simultaneó la gran pasión que sentía por la literatura con la medicina. Sus obras de teatro La gaviota [amor –Temas], Tío Vania [aburrimiento], Las tres hermanas [sentido de la vida –Temas] y El jardín de los cerezos [cambio social –Temas] pasaron en principio desapercibidas, pero cosecharon un gran éxito más tarde, al ser representadas por la Compañía de Teatro de Arte de Moscú. A nivel internacional, este autor no se hizo popular hasta el final de la Primera Guerra Mundial, con la traducción de sus obras al inglés de la mano de Constance Garnett. Su influencia se hace evidente en autores como James Joyce, Tennessee Williams, Arthur Miller o Raymond Carver.

Relatos médicos de Chéjov
Una novela de médico (Cuentos completos, 1880-5). Leer AQUÍ
Cirugía (1884). Leer AQUÍ/AQUÍ
El arte de la simulación (Los simuladores, 1885). Leer AQUÍ/AQUÍ 
El pabellón número 6 (1892). Comentado AQUÍ. En pdf AQUÍ
Incidente ocurrido a un médico (Una visita médica, 1898). Leer AQUÍ/AQUÍ

Entre sus otros numerosos cuentos: «El beso», «El estudiante», «Muerte de un funcionario», «La tristeza» y «La dama del perrito».


Antón Chéjov (1900)
–Fuente: Wiki–

martes, 25 de enero de 2022

Confianza entre médico y paciente


 La relación médico-paciente es un vínculo de confianza.

Hace poco referí unas cuantas anécdotas profesionales, de esas que dejan buen sabor de boca y ayudan a seguir en la profesión médica, bajo el título de «Tierno anecdotario retrospectivo». Y con posterioridad, referí otra brevemente en TW que recibió más respuestas de las que esperaba. Sin duda, porque es simpática y muestra claramente la importancia de la confianza en la relación médico-paciente.

El mensaje tuitero era éste:

Aviso urgente a domicilio. Anciana semiinconsciente que no responde a estímulos. Está en una casa que no es su hogar habitual, desganada y abatida, según familiares. Al verme llegar, exclama: 
—¡Es mi médico! 
Y como por ensalmo, abre del todo los ojos y alegra su semblante.


En verdad, esa confianza que sólo proporciona una relación continuada en el tiempo («longitudinalidad») contribuye a la mejora del doliente, cambiando su estado emocional de modo positivo. No es un milagro; es un efecto del arte médico.

«Tempo di valse» de Serenata para cuerdas, Antonín Dvořák

domingo, 23 de enero de 2022

Los pintorescos hórreos

Hórreo en Ponte Sampaio, Pontevedra

Hórreos, canastros, espigueiros...
 
Los hórreos son construcciones destinadas a guardar el grano y otros alimentos. Elevados sobre pilares, evitan la entrada de humedad y de animales (en particular roedores) desde el suelo, y sus ranuras permiten la ventilación. Aunque existen en diversas regiones del mundo, son característicos los de la península ibérica, siendo abundantes en Galicia, Asturias y norte de Portugal (aquí los llaman espigueiros y celeiros). Prácticos y pintorescos, sirven a los lugareños y llaman la atención de los visitantes foráneos. Recuerdo que Compay Segundo, el viejo sonero cubano, declaró durante un concierto en el sur de Pontevedra, que en su recorrido por tierras galaicas le habían fascinado los hórreos. Al final de su actuación, muy prolongada (tanto que los músicos que lo acompañaban tuvieron que convencerlo para finalizarla, después de varias «propinas»). Y no se fue sin el obsequio de un hórreo en miniatura; su cara de satisfacción se me hace indescriptible.

Hórreo de Carnota, Coruña

Espigueiros (Lindoso)

Enlaces sobre hórreos
Los hórreos más famosos Galicia [Combarro, Carnota...]
Hórreos de Combarro (Poio, Galicia)
Espigueiros de Lindoso (Norte de Portugal)
Espigueiros de Sistelo (Norte de Portugal)

Celeiros de Soajo, Arcos de Valdevez
(Parque Nacional Peneda-Gêres, Norte de Portugal)

Espigueiros de Sistelo, Arcos de Valdevez
(Parque Nacional Peneda-Gêres, Norte de Portugal)

Más fotos propias de hórreos AQUÍ [Flickr]

jueves, 20 de enero de 2022

Autobiografía de un estudiante de medicina


No creo que venga a cuento para la narración de esta verdadera cuanto inverosímil historia, decir cómo fui por mis padres consagrado desde mi tierna infancia al arte de Hipócrates y Galeno, y cómo hube de dejar el regalo de los paternos lares por la estrechez de una mísera posada. Ignoro en qué particulares signos y marcas pude revelar disposiciones felicísimas y raras aptitudes médicas; pero es lo cierto que una mañanica me hallé en Santiago hecho estudiante. 

Cuando tal aconteció era yo un mozancón más espigado de lo que mis años pedían, muy reñido con los libros y muy amigo de pasarme las horas vagabundeando o mano sobre mano. Pienso que esta mi holgazanería fue cabalmente la que inclinó a mi familia a dedicarme al estudio. La cava, la siembra, la siega, no entraban en mi reino: luego yo tenía a la fuerza que ponerme a sabio. Mucho trabajo me costó deshabituarme de la rústica abundancia que en su hogar montañés ostentaban mis padres, a fuer de ricachones labradores gallegos; (y es de advertir que estos tales, a pesar de su fama de cicateros y mezquinos, son, según la experiencia y viajes me han demostrado, los mayores pródigos y manirrotos de toda España). Ello es que yo, al beber el caldo turbio y chirle que nos regalaba la fementida patrona, al engullir su pelado puchero, traía a la mente las perpetuas bodas de Camacho que atrás dejara, y envidiaba de todo corazón a mis hermanos, los que quedaban arando sin pensar en mojigangas de estudios ni de Universidades. 

Si era en otoño, decía para mi sayo: tiempo de vendimia, de castañas, nueces y mosto, ¡quién te cogiera allá! Si en invierno: ¡valientes perniles y chorizos cocerán en el pote de casa! Si en primavera: ¡viérame yo buscando nidos de jilgueros y lavanderas, moras y fresillas silvestres, y no preso en estos bancos y oscuras cátedras! Y finalmente, en carnestolendas recordaba el antruejo que solíamos vestir, pereciendo de risa, con todos los trapos que hallábamos a mano, dándole por corona un ruedo de paja, por cetro una escoba, y pintorreándole de hollín la cara, mientras la sartén puesta en la trípode cantaba el estribillo con que suele acompañar el nacimiento de las amarillas filloas.

Fuente

Esta fue la primera novela de Emilia Pardo Bazán (1851-1921)

Pascual López deja el rural para estudiar la carrera de Medicina en la ciudad de Santiago de Compostela. El libro sigue sus vicisitudes del joven en una narrativa en primera persona. 

La representación del espacio que ofrece Emilia Pardo Bazán en Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina (1879), su primera novela, compone un Santiago siniestro y grotesco a un tiempo que sin duda tiene que ver con un uso paródico de códigos tardorrománticos ya trillados. Pardo Bazán sitúa las aventuras de un excéntrico profesor de química y su alumno menos despierto en una Compostela atravesada por varios ejes dialécticos (centro/periferia; civil/religioso; ciencia/superstición) que corren paralelos a un contraste fundamental, el que existe entre un presente de decadencia y un pasado de esplendor. Esta formulación, en la que cristalizan ciertos discursos decimonónicos sobre la ciudad, obedece a una lectura ideológica tradicionalista que presenta a Santiago como escenario de la historia y exalta la dimensión bélica de su Apóstol. ​

Gaudeamus Igitur (Alegrémonos pues)
–Himno universitario–

lunes, 17 de enero de 2022

Tierno anecdotario retrospectivo


He referido en este espacio algunas anécdotas profesionales, entre tantas acaecidas, que mueven a la sonrisa o a la compasión (están bajo la etiqueta «anecdotario médico», y unas cuantas recogidas en una serie de tres entradas). Ahora voy a referir otras, unas pocas para no hacerme pesado, que encierran agradecimiento y confianza. Dos sentimientos esenciales para el médico; porque la confianza del paciente le proporciona seguridad y su agradecimiento, o al menos la falta de su reproche, es un estímulo para continuar en una larga y dificultosa andadura.


1. Un caso de alergia
Cuando comenzaba el ejercicio profesional, en una sustitución eventual de ambulatorio, traté a un hombre de mediana edad de una reacción alérgica de cierta gravedad, sin llegar a ser una anafilaxia (de ser así, habría ido directamente al hospital). Indiqué administrar lo habitual: un antihistamínico parenteral, y acaso un corticoide, seguido de pauta oral. Unos días después acudió de nuevo a la consulta, completamente recuperado, para agradecerme mi servicio y brindarme el acceso a las Islas Cíes (joya de la ría de Vigo) por ser él autoridad competente para ello. Creo que me dejó su teléfono. Sentí una de esas primeras satisfacciones que invitan a seguir adelante. Pero no me atreví nunca a llamarlo para solicitar su favor.

2. Exploración física
Por ese tiempo, no sé si en el mismo ambulatorio, igualmente como sustituto, tras explorar a un paciente que por sus síntomas requería atención, éste me respondió: «Es la primera vez que me ven». Me sorprendió al momento y, sobre todo, me halagó; pero lo comprendí pronto. En consultas de sólo dos horas (después dos horas y media), con 80, 90, 100… pacientes, prácticamente se prescribían tratamientos sintomáticos y se firmaban recetas (en la ciudad, el médico general o de cabecera tenía en consulta el apoyo de una auxiliar que las cubría).

3. Capacidad diagnóstica (ojo clínico)
En otra sustitución, esta vez en el ámbito rural, me dieron un aviso para ver a un anciano que aquejaba un problema respiratorio. Ni conocía al paciente, ni había registro alguno del médico titular para comprobar sus antecedentes. El hombre yacía en su cama, rodeado de seres queridos, y respiraba con dificultad. Después de explorarlo, guardar el fonendo y comenzar mi reflexión para tomar una decisión, un familiar me inquirió: «Si es cáncer, doctor, díganoslo». Confiaba en mi ojo clínico. Creo que enmudecí… y que al mismo tiempo se agrandó mi pecho.

4. Paciente cordial
Ya con plaza fija, aunque destino provisional, trabajaba como verdadero médico rural en una población bastante apartada del mundanal ruido e inserta en otro mundo cunqueriano. En ese rústico reducto predominaba la ignorancia, la desconfianza, la superstición y la defensa a ultranza de la propiedad privada. Pero había excepciones, naturalmente, personas al margen del atraso cultural y de la barbarie. Una de ellas era un hombre tuerto (creo recordar que por un traumatismo), ya retirado, que había vivido y trabajado en Inglaterra. Siempre demandaba algodón y esparadrapo para tapar la cuenca ocular vacía. Hablaba con parsimonia; era comedido y educado. Lo atendí de varios problemas de salud y manteníamos conversaciones distendidas. Y un día me agasajó con un dedal de porcelana con una imagen de Isabel II, la reina británica, muy bonito. No era el valor en sí, sino el símbolo de gratitud concretado en aquella pequeña pieza decorativa la que aproximaba dos almas diferentes. La mía, desde luego, se encendía de gozo.

5. Padre agradecido
Habiendo cambiado a un destino definitivo, esta vez urbano, llevaba un tiempo trabajando en un ambulatorio. Una tarde, casi noche, se presentó un hombre en mi domicilio; había hecho lo posible para saber de mi paradero. Quería agradecerme mi buena decisión con una hija suya, a la que había derivado al hospital ante la sospecha de un proceso grave. Me dijo emocionado: «Usted le ha salvado la vida. Si no la llega a mandar al hospital…». No recuerdo si se trataba de una apendicitis, una meningitis u otro episodio que precisaba tratamiento urgente. Me traía un detalle, que tampoco recuerdo, pero soy consciente de que también me emocioné y me sentí satisfecho de desempeñar una profesión útil, de servicio a los demás.

6. Cocina relajante
De nuevo como médico rural, haciendo una visita médica a un anciano encamado, con dificultad para hablar tras haber sufrido un accidente cerebrovascular. En el hospital no le habían dado esperanza de recuperación, pero la familia confiaba en mí. Después de esplorar al paciente, me llamó la atención frente a la cama, y a un lado de un aparato de TV, una pila de cintas VHS que llegaba hasta el techo. Pregunté curioso: «¿Son películas?». Y me respondió la hija: «No, doctor. Son los programas de Karlos Arguiñano. Le gustan mucho y se los grabamos todos; los ve continuamente. ¡Lo relajan mucho!». Comprendí que, sin necesidad de pastillas, la cocina puede ser muy relajante. 

7. Admirable paciente
También como médico rural, traté a una de mis «admirables pacientes». Una mujer luminosa que, padeciendo un cáncer incurable y una insuficiencia renal avanzada que precisaba diálisis continua, nunca se quejaba; al contrario, daba gracias a la vida y se sentía agradecida. Yo la visitaba a menudo (sólo podía proporcionarle apoyo y tratamientos paliativos) y siempre mostraba una calma admirable, transmitiendo a su entorno una paz infinita. Murió en paz y a mí me hizo empequeñecer como persona. Ya hablé de ella, poéticamente, AQUÍ.

El granjero feliz (de Álbum para la juventud), Robert Schumann

domingo, 16 de enero de 2022

Galicia

Fuente

Galicia, el país de los mil ríos. Álvaro Cunqueiro


El mar que duerme en las tranquilas rías
buscando acaso olvido a sus tormentas,
se consume de sed del agua dulce
que de las cimas llega,
y mira al Ulla, al Lérez, y en las fuentes
que el bosque esconde sueña.
Sed es de la dulzura
que su amargor consuela;
sed de los besos húmedos
que ella le manda de sus hondas selvas,
sed de las fuentes que entre los castaños,
de la roca revientan.

Como lenta caricia el Miño manso
desciende restregándose en sus vegas,
y el Lérez, demorándose en «salones»,
en lecho de verdura se recuesta.
El Sar humilde, tras cortinas de árboles
sus aguas cela,
cantando de la dulce Rosalía
cantos de amor y queja,
y en honda cama de granito pasa
el Sil asceta.

MIGUEL DE UNAMUNO, Galicia [Fragmento]


Galicia: donde da la vuelta el aire


Galicia, mapa físico

jueves, 13 de enero de 2022

Lágrimas y sonrisas


No son pocos los médicos que se están jubilando anticipadamente, hastiados de un trabajo insatisfactorio y agotador. Se van después de muchos años con un mal sabor de boca. Y me temo que sin gesto alguno de preocupación por parte de los gestores, ni por supuesto de afecto. Pero incluso médicos jóvenes acaban renunciando al doloroso ejercicio de la medicina.

En el ámbito sanitario el optimismo se hace necesario para mantener un buen estado de ánimo con el que poder hacer frente a tantas adversidades. Un médico optimista, lo mismo que un enfermero optimista, sea hombre o mujer, dispone de mayor fuerza terapéutica que otro desilusionado, por muchas aptitudes técnicas que posea. Y la medicina es seguramente el más digno oficio.
Reflexión alegre (Optimismo sanitario)

Más de uno ya se habrá percatado de que el título de esta entrada es la inversión del de una famosa película musical en su versión española: Sonrisas y lágrimas. Por lo demás, nada que ver con el séptimo arte. Nuestro enfoque se dirige a la expresión emocional de tristeza y alegría de los médicos respecto a su vida laboral. Cada profesional de la sanidad tiene su personalidad, sus circunstancias y su modo particular de contemplar su espacio de desempeño de su actividad diaria. Hay quienes lo ven todo blanco, o negro, o en una variopinta escala de grises. 

Destacando los extremos, reproducimos manifestaciones contrapuestas de algunos facultativos que hemos recogido de las RRSS.

Dice un veterano galeno quemado:
—Queridos aspirantes al MIR: probablemente dentro de 30 años os encontréis con vuestra vida personal y familiar arrasada y preguntándoos si ​realmente ha merecido la pena el esfuerzo. Eso por no hablar de que vuestra salud física y mental estará tocada y tal vez seáis adictos al alcohol o alguna otra droga y/o necesitéis tratamiento con psicofármacos. Y a la empresa, pública o privada, le va dar igual si os ocurre algo. Al día siguiente, habrá otra persona haciendo vuestro trabajo.

Dice un joven galeno entusiasta:
—A pocos meses de hacer el MIR, tengo claro que quiero ser médico de familia. Soy un tío con las cosas bastante claras y siempre he tenido la especialidad de familia entre mis prioridades, pese a saber de la excesiva carga de trabajo, el desprestigio y las mil y una carencias a las que tienen que enfrentarse diariamente estos especialistas. Pese a las opiniones en contra de familiares y amigos.

Un tercer galeno experimentado corrobora:
—Somos muchos los que hicimos lo mismo hace muchos años, elegir esta maravillosa profesión. Cerca de la jubilación, te confirmo que no me arrepiento y que he visto satisfechas mis ambiciones profesionales y sociales.

Un cuarto galeno rodado critica la gestión de los RRHH en el sistema sanitario:
—Hace años me esforzaba en cumplir objetivos, todo lo que me trazaban; quería ser un buen chico, apreciado por la organización. Pero nunca nada parecía suficiente, nunca nada estaba bien hecho y nadie valía lo suficiente. Algo falla; algo falla por ahí arriba, donde gestionan —o manejan— los recursos humanos. Porque no podemos ser todos unos mediocres, unos vagos, unos incompetentes... ¡Tengo cicatrices de esta prolongada guerra llamada vida profesional!

Y galenos de atención primaria refieren las bondades de elegir medicina de familia:
—Vemos al paciente como un todo... Te permite diariamente sorprenderte, ilusionarte y emocionarte... Solucionamos muchos problemas de los pacientes... Medicina de Familia no es una especialidad, es LA ESPECIALIDAD.

Médicos de atención primaria o de atención hospitalaria, enfermeras, auxiliares..., de cualquier nivel asistencial, pueden verter lágrimas por su infortunio. O, por el contrario, exhibir sonrisas de satisfacción por el servicio que brindan y caras alegres por su realización personal. Y aunque algunos se sientan profesionalmente crucificados, cabe ver la parte buena de la vida y, en vez de llorar, cantar y silbar.

Always Look on the Bright Side of Life​ (Mira siempre el lado bueno de la vida)
***
REFLEXIÓN ANEXA
En un escenario calamitoso, muchos sanitarios son incapaces de sonreír y se plantean dejar la profesión. Los telediarios lo repiten. Las malas condiciones laborales y, en atención primaria, la burocracia aplastante (hasta la gestión de las bajas por covid-19 que sufre el médico de familia nos distancia de otros países de Europa), son factores decisivos. También hay un descontento hospitalario que está llevando a un desgaste profesional e incluso al abandono del ejercicio, sobre todo en especialidades con mayor presión asistencial. Y sin embargo, esta grave cuestión de la «huída» de nuestros profesionales no parece ser merecedora para los políticos ni de una triste sesión parlamentaria. Así que nos tememos que lleguen más lágrimas, aunque nos quede en el fondo el deseo inmenso de lucir sonrisas.

lunes, 10 de enero de 2022

Ante la mala situación de la Atención Primaria


La atención primaria de salud está gravemente enferma.

Resumen de una notificación del Colegio Médico a sus colegiados.

1. Por la desidia administrativa en revertir la situación de abandono de la AP, con una sobrecarga asistencial inaceptable, el Colegio Médico (provincial) denuncia a la administración sanitaria.

2. La administración sanitaria no entiende el motivo de la citada denuncia y presiona al Colegio y a su Junta Directiva, previamente a la presentación de la misma, MOSTRANDO UNA FALTA DE DIÁLOGO ABSOLUTA. 

3. Los juzgados locales dan por sobreseída la denuncia, resolución “ya esperada”, pues consideran que la problemática denunciada incumbe a otros ámbitos administrativos y advierten de las denuncias previas interpuestas en otras instancias como la Inspección de Trabajo.

4. La Comisión Deontológica hace dos consideraciones y una propuesta de acción: 

CONSIDERACIONES GENERALES
Considera que los médicos logran reflejar la difícil situación de la Atención Primaria: una especialidad que ha tenido que responder a múltiples desafíos (envejecimiento de la población, cronicidad, aumento exponencial de la demanda, aumento exponencial de sus funciones y responsabilidades), sin que la administración haya acometido las reformas necesarias para poder asumirlos con calidad suficiente

CONSIDERACIONES DEONTOLÓGICAS
Señala que el código deontológico, en su artículo 7.1 obliga a los médicos a “velar para que se den los requisitos de calidad y suficiencia asistencial” y obliga a “denunciar las deficiencias, en tanto puedan afectar a la correcta atención de los pacientes”. Desde esta base aprueba el que se lleven a cabo – por parte de las organizaciones colegiales- acciones dirigidas a señalar tales déficits.

PROPUESTA DE ACCIÓN
La Comisión entiende que, si bien el “sentir” se refleja en el escrito de los médicos, tanto la deliberación ética como los juicios deontológicos deben sustentarse en hechos concretos. La ausencia de datos acerca de hechos concretos probados es un obstáculo para profundizar en las deliberaciones y recomendaciones de la citada Comisión Deontológica. La situación de AP es un problema complejo, de larga evolución, con muchos ángulos y agentes implicados. Por ello, no cabe una denuncia genérica del estado de la AP, sino que deben ser identificados, analizados y, si procede, denunciados, hechos concretos.

—Se propone, por tanto, a la Junta Directiva, la creación de un registro o buzón de incidencias en Atención Primaria (a saber: vacantes no cubiertas, agendas “imposibles”, contratos “basura”, etc.) que tendría sede en el Colegio Médico y al que los compañeros podrían enviar sus denuncias concretas. Con el material, el Colegio podría elaborar periódicamente un informe admonitorio y serviría de base para valoraciones más rigurosas y para tomar decisiones sobre eventuales quejas o denuncias por parte del Colegio. Se crea así un “OBSERVATORIO” donde todos los médicos puedan dejar reflejados, con absoluta protección de datos y confidencialidad, deficiencias y abusos a los que son sometidos y que por desgracia son no solo frecuentes, sino que se han convertido en la norma.

Denuncia de la situación insostenible de la Atención Primaria
***
Los gestores sólo ven números; los profesionales, fuego que los acecha.

Consultas aceleradas, insatisfacción general y burnout 
La frase de arriba es una paráfrasis extraída del artículo «Mi burnout y yo».  El autor dice que hay agendas que desafían las leyes del espacio-tiempo (con varias personas a la misma hora y minuto), que hay que definir el trabajo y considerar el trabajo añadido, que tiempo y complejidad no son intercambiables (hay problemas sencillos que lleva mucho tiempo resolverlos), que hay una gran distancia entre el estudio académico y lo que el médico afronta en la realidad... 

El profesional se encuentra con una medicina acelerada, insatisfactoria para él y para el paciente, cuando el buen rendimiento sólo es posible en una medicina sin prisa. En estas malas circunstancias, ¿quién no se siente estresado?; y ¿quién no es en medio de ellas víctima propicia para el burnout? Y tratar de controlar el desgaste profesional sin abordar las causas no resuelve nada. Entonces, siguiendo al autor del artículo, proponer empatía, liderazgo, humanización o resilencia resulta vano.

En el burnout, o síndrome del quemado, hay una triada característica: agotamiento emocional, despersonalización y disminución del rendimiento personal. Desinterés hacia los pacientes, respuestas frías e impersonales, incluso cinismo, reflejan la despersonalización. Si ya era preocupante el problema de los médicos quemados antes de la COVID-19, parece haberse agravado con la pandemia.

El médico de familia, impotente ante la dificultad —o imposibilidad— de gestionar su propia consulta (¡qué bonita teoría la de la gestión clínica o microgestión sanitaria), en una continua lucha contrarreloj, clama por la racionalización de la asistencia, en un primer nivel que cada día se desborda. Es evidente que así las consultas no pueden ser resolutivas, un hecho que genera desconfianza (fruto de la insatisfacción) en los usuarios, y en consecuencia se encadenan más consultas —muchas de ellas «urgentes»— tratando de buscar respuestas satisfactorias ad infinitum. En palabras llanas, ¡urge parar este desaguisado!

Fuente

[Desde el confinamiento personal por COVID]

PENSAMIENTO DEFINITIVO
Solución al problema de Atención Primaria: menos Atención Primaria. El primer nivel asistencial no puede abarcarlo todo, ni atender absolutamente a todo (incluida la demanda burocrática inútil). De otro modo: menos cantidad y más calidad asistencial. (Menos actos médicos permitiría mejorar cada uno de esos actos.)

viernes, 7 de enero de 2022

Aplausos musicales... y sanitarios


El aplauso es una expresión de aprobación mediante palmadas. Los espectadores de una función, de un espectáculo público, suelen aplaudir cuando finaliza. También al comienzo, como señal de educado recibimiento. A veces el aplauso sincronizado se convierte en música, en música celestial sobre todo para quienes lo reciben. Y a menudo los protagonistas también aplauden, al público o a otros compañeros de actuación, en señal de reconocimiento o afecto.

No es raro el aplauso disonante, cuando alguno o algunos escuchantes creen erróneamente que ha finalizado una obra musical. También es cierto que ahora los aplausos son más generosos; antes, los espectadores los reservaban para quienes consideraban que eran merecedores de ellos, manifestando su satisfacción con mayor o menor efusividad, discretamente o con ganas, según el caso; y se los negaban a otros en los que no veían merecimiento (incluso, si se sentían muy defraudados, llegaban a lanzar tomates podridos al escenario en señal de protesta).

Pero lo que siempre me ha llamado la atención es el aplauso intramusical. Es habitual que en los conciertos de jazz el público aplauda durante la interpretación de una pieza. En ocasiones me disgusta, pues impide escuchar con atención y quizá haga perder la concentración de los músicos. Sobre esto, dicen AQUÍ que es un mito; en el mismo lugar donde diferencian aplauso ritual de aplauso sincero

Desde los intemporales aplausos musicales (fruto del placer de la melódica escucha) vayamos ahora a los recientes aplausos sanitarios, coyunturales, consecuencia del temor a una enfermedad acechante, a un riesgo inminente.

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, los ciudadanos de todo el mundo expresaron su agradecimiento a los profesionales sanitarios mediante un aplauso diario («Aplauso por los trabajadores de la salud»). Suponía un estímulo para éstos. Pasado un tiempo, superado el miedo inicial, se pasó de los aplausos se pasó a los insultos. Entonces, ¿se trataba de un aplauso ritual y no sincero? 

Saque cada cual su conclusión...

Y deseando que la sinceridad se imponga al fingimiento, finalizamos con una actuación musical en la que hay aplausos iniciales y finales.

Mr. Bojangles – Sammy Davis Jr - (Live in Germany 1985)
***
ANEXO: AFORISMOS SOBRE EL APLAUSO
  • El aplauso del pueblo es generalmente falso y sigue más bien a los hombres vanos que a las personas virtuosas. Francis Bacon
  • Envejece la fama y caduca el aplauso, así como todo lo demás, porque las leyes del tiempo no conocen excepción. Baltasar Gracián
  • Cuando se han merecido los aplausos no ha de ser difícil pasar sin ellos. Concepción Arenal
  • Los grandes parlanchines suelen ser espíritus refinadamente egoístas, que buscan nuestro trato, no para estrechar lazos sentimentales, sino para hacerse admirar y aplaudir. Santiago Ramón y Cajal 
  • Al final, el aplauso no es un bravo a los intérpretes, sino un gracias al compositor y al genio de la música. Carlo Maria Giulini

jueves, 6 de enero de 2022

Los tres Reyes Magos



—Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

—Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

—Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

—Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.
Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida.

RUBÉN DARÍO, Los tres Reyes Magos

Fuente foto:

miércoles, 5 de enero de 2022

Dr. Robot

 
La ciencia ficción se hace realidad...
Elaborado su raudo diagnóstico, el Dr. Robot (en realidad una combinación de letras y números) se lo hacía saber al interesado sin reticencias, sin circunloquios, sin piedad: «¡Infarto de miocardio!», «¡Leucemia!», «Trombosis cerebral», «¡Cáncer de laringe!».
Hace años escribí un cuento –titulado Engañoso progreso– en el que médicos sin alma atendían a los usuarios del sistema público de salud que aquejaban dolencias del cuerpo y de la mente. De forma resumida, lo incluí en la novela El último nocturno. Me parecía inimaginable e indeseable. Ahora, viendo la deriva social y la merma de profesionales, no me extrañaría que en un futuro, no lejano, el médico de familia (el mismo que fue médico general o de cabecera) acabe siendo sustituido por un androide programado para realizar su cometido. Un doctor-robot incansable para dar respuestas a infinitos problemas de salud, biológicos o sociales, y capaz de resolver cualquier trámite burocrático sin derramar ni una gota de sudor. Vayamos haciéndonos a la idea de futuros médicos androides, inagotables e insensibles. Lo mejor no es siempre sostenible. Todo se agota. 

I Robot. The Alan Parsons Project
Álbum inspirado en Yo, robot (de la Serie de los robots) de Isaac Asimov,
conocido divulgador científico y escritor de ciencia ficción
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Los robots, o los programas de Inteligencia Artificial, están a punto de desembarcar en el mercado de trabajo a escala masiva, lo cual va a tener consecuencias tan graves como las tuvo la industrialización y la mecanización de la agricultura en su momento.
El Doctor Asistente AI es un robot que cuenta con inteligencia artificial para diagnosticar a pacientes y recetarles el medicamento que necesitan... El robot tiene el aspecto de humanoide, y cuenta con una gran sonrisa y unos azules que miran al paciente. Logra reconocer diferentes enfermedades y los medicamentos que hay que prescribir.

lunes, 3 de enero de 2022

Sobre el «imbecilismo antivacunas»


Tras leer el en el blog musical «Ya nos queda un día menos» (de Fernando López Vargas-Machuca, centrado en la música clásica) el artículo sanitario El imbecilismo antivacunas llega a la clásica, creímos conveniente responder con este comentario:

Creo que deberíamos tomar todo con relatividad; no con desconfianza, pero sí haciendo una reflexión crítica. Lo digo como médico que confía en las vacunas y al mismo tiempo cuestiona algunas medidas. Porque estamos navegando en el desconcierto de mensajes confusos, incluso contradictorios, emitidos desde estamentos sanitarios que deberían informar a la población con rigor y claridad. Además, cada comunidad autónoma va por libre, tratándose de un problema de salud pública que obliga a un mando único central.

En el trabajo diario, el médico de familia se ve en una lucha continua contra informaciones falsas y equívocos, tratando de aclarar dudas de los pacientes y dando recomendaciones pertinentes en medio de una descoordinación irritante. No hablemos ya del sinfín de llamadas telefónicas (muchas forzadas) y de la burocracia desmedida (sobre todo por las bajas laborales preventivas derivadas de la situación pandémica, que las mutuas no asumen), que le roban prácticamente todo el tiempo que debería dedicar a la asistencia clínica. Hasta un profano lo puede entender.

Respecto a nuestros sabios epidemiólogos, observamos más soberbia que humildad, y raudos vaivenes en su pensamiento científico. La propia Dra. del Val dijo el año pasado: «Una vacuna contra el coronavirus en 2022 sería optimista». Y ahora parece confiar plenamente en la novedosa inmunización anti-COVID. Parece haber pasado en un santiamén del escepticismo al triunfalismo. Sin dudar de su capacidad, el recelo podría acabar apoderándose hasta de los sanitarios, ya muy cansados de tanto zarandeo. En fin, dejémonos llevar por la cordura…


Por otra parte, Fernando, felicitaciones por este magnífico blog musical. Y espero con ansia nuevas valoraciones críticas. Un saludo cordial (y anticoronavírico).

[Por desgracia no ha sido posible publicar este comentario porque «Los comentarios de este blog están limitados a los miembros del equipo».]

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Como (casi) nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena, los no vacunados por desconfianza (miedo), al presentar complicaciones de la enfermedad coronavírica, entregan su voluntad al médico que los atiende. Perpleja, dice una neumóloga: «Ni uno solo me ha dicho que no cuando les he ofrecido Tocilizumab».

Y un médico intensivista, en una reflexión audiovisual (¿Un orden futuro sin COVID-19?) nos recuerda los principios bioéticos, entre los que se encuentra el principio de autonomía: el paciente decide si se somete a un tratamiento o no. Respetando este principio, la vacunación no puede ser obligatoria. Y de serlo, tendría que haber un fondo de compensación por posibles daños vacunales (Programas de compensación por lesiones causadas por vacunas).

An Eye for Optical Theory – Michael Nyman

Médicos y vacunación COVID-19 
1. Promotores a ultranza. 
2. Detractores extremos. 
3. Prudentes.

«Se puede ser provacunas y estar totalmente en contra
de medidas coercitivas contra no vacunados». Mónica Lalanda


Daniel Barenboim en el concierto de Año Nuevo 2022

sábado, 1 de enero de 2022

El Año Nuevo




Día de Año Nuevo,
tanto esperar, ¿y qué?:
Un día más.

Haiku de Hôrô

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¿Qué se puede decir en las rimas de Año Nuevo?
¿Eso no se ha dicho mil veces?

Llegan los años nuevos, se van los años viejos
Sabemos que soñamos, soñamos, sabemos.

Nos levantamos riendo con la luz
Nos acostamos llorando con la noche.

Abrazamos al mundo hasta que pique,
Entonces lo maldecimos y suspiramos por alas.

Vivimos, amamos, cortejamos, nos casamos
Coronamos a nuestras novias, cubrimos a nuestros muertos.

Reímos, lloramos, esperamos, tememos
Y esa es la carga del año.

[Original en inglés: The year]

Ver: 


Tritsch-Tratsch-Polka - Johann Strauss II