Muchas composiciones de música sacra son a capela (del italiano: a cappella ‘como en la capilla’), referida al canto puro, sin acompañamiento instrumental. La voz humana puede generar sola los sonidos necesarios con ritmo, melodía y armonía. Es interesante lo que dice Natalya Kaganovich:
La armonía vocal del canto a cappella puede disfrutarse sin importar el idioma que la acompaña. Las Vísperas de Rachmaninov o el canto gregoriano no conmueven tanto por sus palabras como por la habilidosa combinación de las voces y la intensa emoción que son capaces de producir. [Tomado de quinoff.blogspot.com]
Las Vísperas de Sergei Rachamninov (1893-1943) es una composición a capela conmovedora e impresionante; una obra para coro a cuatro voces más basso profondo. Es música melismática [de melisma]: el canto de una sola sílaba del texto se mueve entre varias notas musicales diferentes en sucesión*. Tan maravillosa como la Liturgia de San Juan Crisóstomo de Tchaikovksky o cualquiera de las grandes composiciones de Tomás Luis de Victoria. Es más, se considera esta obra musical la cumbre de la música sacra rusa. Para llevar a la isla desierta.
Esta sobrecogedora pieza sacra, con textos de la liturgia ortodoxa rusa, que Rachmaninov escribió impresionado por los horrores de la I Guerra Mundial, era la composición más querida del compositor (más conocido por sus piezas para piano, conciertos para este instrumento y obras sinfónicas), junto a la sinfonía coral Las Campanas, y tal vez sea su mejor creación; tanto es así que el compositor decidió que el V movimiento de las Vísperas –«Ahora, Señor, despide en paz a tu siervo», que tiene una impactante escala descendente de los bajos al final– se cantase en su funeral. Escuchar esta obra maestra es una experiencia única.
[La mejor grabación de Vísperas, según la crítica; excelentes solistas y coro, en particular con voces de bajos profundos que parecen sobrehumanas]
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Estilo de Rachmaninov
Acusado a menudo de romántico trasnochado, Rachmaninov prefirió ser epígono de Tchaikovsky (a cuya memoria dedicó su Trío elegíaco para piano, violín y violonchelo) en lugar de un creador original. A menudo es percibido, lo mismo que Tchaikovsky –o Mahler–, como un compositor ‘lacrimógeno’. Pero la belleza de su música e incluso algunas originalidades innegables lo hacen un digno compositor.
Obras de Rachmaninov
Aparte de Vísperas, nuestra obra de Rachmaninov para la isla desierta, debemos señalar las composiciones del músico ruso en las que el piano se erige como protagonista: 4 Conciertos para piano, donde el segundo descuella por popularidad y el tercero por refinamiento; Rapsodia sobre un tema de Paganini, otro concierto atípico donde piano y orquesta dialogan sensual y poderosamente; 24 Preludios que suponen la esencia de su música para piano solo, junto a los Etudes-Tableaux. Pero aparte, su maestría orquestal le permitió elaborar 3Sinfonías numeradas, donde la segunda sobresale por su embriagador embrujo melódico antes que por su estructura formal; sin olvidar la sinfonía coral Las campanas –para soprano, tenor, barítono, coros y orquesta–, basada en un poema de Edgar Allan Poe, las Danzas sinfónicas –tres piezas para orquesta– y el poema sinfónico La isla de la muerte, inspirado en un cuadro de Arnold Böcklin.
Apunte médico-melódico (Patobiografía de Rachaminov).– Ya hemos hablado AQUÍ del desequilibrio emocional que sufrió Rachmaninov, hombre de temperamento melancólico; tras el fracaso de su Primera sinfonía, sufrió una depresión y fue tratado por el doctor Nicolás Dahl.
Música imperfecta de los hombres para la perfección de Dios.
La música sacra es una forma de expresión musical europea, iniciada a principios de la Edad Media como parte de los ritos cristianos. Por supuesto, hay manifestaciones de música sagrada en otras religiones, pero al hablar de género sacro nos estamos refiriendo a la música religiosa de la cultura cristiana occidental. Un género que se desarrolló en el Renacimiento y que evolucionó en los periodos musicales posteriores. Son formas musicales de música sacra: misa, réquiem, cantata, oratorio, pasión, magníficat, motete, Te Deum, Stabat Mater, marcha procesional, villancico. [Fragmento de nuestras SONORIDADES CLÁSICAS]
Como vimos al hablar de la música antigua, en los primeros tiempos la música tenía una finalidad religiosa, ya en el paganismo griego y romano. En la Baja Edad Media, se impuso la monodia del canto gregoriano; y en la Alta Edad Media, la polifonía y el ars nova –arte nuevo–, con cuyas innovaciones rítimicas se compusieron motetes y misas. En el Renacimiento se introdujeron elementos profanos en la música religiosa. En los tres grandes periodos musicales, Barroco, Clasicismo y Romanticismo, se compusieron grandes obras sacras. Y el modernismo musical también aportó las suyas, en lenguajes que rompieron moldes anteriores.
Algunas de las composiciones de música sacra más relevantes las hemos traído a este espacio (dejamos enlaces), y están entre las del siguiente listado cronológico.
Misa del Papa Marcelo (1562), Palestrina –Interp. AQUÍ
Agnus Dei (1967 –sobre Adagio para cuerdas, 1936), Samuel Barber –Interp. AQUÍ
*Sobre las celebraciones religiosas, hemos incluido esta obra –junto a otras– en: Música para la Semana Santa. Y además de la música académica de compositores conocidos, hemos tratado sobre los villancicos: Tiempo de villancicos.
y entre sus cuatro tipos está la Liturgia de San Juan Crisóstomo.
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Anexo: Canto a capela
Muchas composiciones de música sacra son a capela (del italiano: a cappella ‘como en la capilla’), referida al canto puro, sin acompañamiento instrumental. La voz humana puede generar sola los sonidos necesarios con ritmo, melodía y armonía. Es interesante lo que dice Natalya Kaganovich:
La armonía vocal del canto a cappella puede disfrutarse sin importar el idioma que la acompaña. Las Vísperas de Rachmaninov o el canto gregoriano no conmueven tanto por sus palabras como por la habilidosa combinación de las voces y la intensa emoción que son capaces de producir. [Tomado de quinoff.blogspot.com]
Ciertamente, las Vísperas de Rachamninov es una composición a capela impresionante. Como lo es la Liturgia de San Juan Crisóstomo de Tchaikovsky o tantas composiciones de Tomás Luis de Victoria.
Entre las recomendaciones musicales para la Semana Santa (Lo mejor de la música clásica...) hay piezas de Tallis, Gesualdo, Allegri, Vivaldi, Bach, Händel, Pergolesi, Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms, Fauré, Mahler...
Uno puede dejar este mundo dentro de un periodo esperado, en razón de la expectativa de vida, o prematuramente, por diversas razones: a causa de una enfermedad fatal, un accidente imprevisto, un acto de violencia, una máxima condena o por propia decisión. Pero nadie se libra de la muerte.
El hecho de la muerte suscita profundos pensamientos y hondos sentimientos. Es lo normal, obviando las excepciones de muertes deseadas y por tanto no sentidas.
Si la muerte siempre es dolorosa y nada consigue mitigar la pena de quienes pierden a un ser querido, no es menos cierto que la música escrita para la ocasión del final de la existencia puede acariciar los heridos corazones. La música también sirve de consuelo en los dolorosos momentos.
Y ninguna composición más sencilla, natural y dulce que el emotivo "Pie Jesu" (Piadoso Jesús) del Réquiem de Gabriel Fauré. Cuando es cantado por un niño, lo que deseaba el compositor, acaso la emoción se acreciente.
Una auténtica obra maestra, increíblemente poco conocida a pesar de su belleza y calidad. El Stabat Mater de Antonín Dvořák sorprende por su autor, a quien se conoce más por sus obras sinfónicas o de cámara. El impacto emocional que produce la audición de esta música pocas veces podrá compararse... y no es una exageración. Una sola audición basta para comprobarlo.
Sí, las sinfonías son hermosas, pero me parece que lo mejor de Dvorák es su Stabat Mater. Cuando lo escuché por primera vez me dejó de una pieza... y me emocionó como pocas, muy pocas obras lo han hecho. Que música tan bella, tan concentrada y sin aspavientos, es una aceptación del dolor, un canto de resignación... y un final maravilloso, único.
Debería conocerse más esta obra tan bella.
Basten estas palabras ajenas para valorar una impresionante composición, nacida del infortunio del gran compositor checo: fue concebida tras la muerte de su recién nacida hija Josefa, el 21 de septiembre de 1875 (contaba dos días de edad), y completada tras la muerte en 1877 de otros dos hijos, Růžena (de once meses) y su primogénito Otakar (de tres años y medio). Antonín Dvořák (1841-1904) eligió la forma musical del Stabat Mater para expresar su dolor y hallar consuelo, y rara vez su sensibilidad creadora alcanzó cotas tan elevadas. Son bien conocidas y apreciadas las obras sinfónicas de Dvořák, sobre todo la Sinfonía nº 9 "Del Nuevo Mundo" y el Concierto para violonchelo, pero su maravilloso Stabat Mater parece estar, inexplicablemente, en segundo plano. Es difícil encontraruna composición clásica tan impactante, y menos siendo de carácter sacro. Yo me siento profundamente seducido por su encanto. Traigo aquí su emocionante final y dejo el enlace a una interpretación completa. Disfruten esta obra única e inolvidable.
Antonín Dvořák: Stabat Mater - Quando corpus
Stefania Woytowicz · Vera Soukupova · Ivo Zidek · Kim Borg · Tschechischer Sängerchor Prag · Josef Veselka · Czech Philharmonic Orchestra · Vaclav Smetacek
*Brahms, mentor y admirador de Dvorak, se sintió fascinado por este concierto.
**En mitología eslava, una rusalka es una náyade o ninfa del agua dulce que vive en ríos y lagos; si ve a un hombre hermoso, lo hechiza y lo lleva al fondo para ahogarlo.
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Patobiografía dvorakiana.- Al parecer, Dvořák no había estado nunca enfermo, o no había padecido enfermedades dignas de mención, pero a partir de un proceso gripal su salud empeoró repentinamente. Sobre si la causa de su fallecimiento, a los 63 años, fue la propia influenza o su complicación con un accidente cerebrovascular (trombosis cerebral), las fuentes de información difieren.
Dvořák, un hombre afable y creyente.
Así firmaba sus composiciones: «Gracias a Dios, gloria a Dios».
No hace mucho referimos aquí las obras escogidas por una parte de la crítica como “lo mejor de la música clásica”. Y de modo imperdonable, no aparecía ninguna de las muchas obras maestras del genial Georg Friedrich Haendel(1685-1759), primer compositor moderno en crear música para satisfacción del público en general, no sólo de nobles y mecenas. Entre ellas figura su maravilloso oratorioEl Mesías, su composición más conocida, una pieza única, grandiosa, sublime, que trata del nacimiento, de la vida y la pasión de Jesús, así como de las secuelas tras la muerte de El Salvador. Es ciertamente una obra indispensable.
Dejemos que la música de Haendel, y en este caso la de su Mesías, hable por sí sola, con tres hermosos coros y en otras tantas concepciones interpretativas. Dejémonos arrobar por tan excelsas sonoridades.
Georg Friedrich Haendel (1685-1759), compositor alemán naturalizado inglés, es contemporáneo de Johann Sebastian Bach (y como éste, una de las cimas de la música barroca y de todos los tiempos), pero diferente en estilo* y aspiraciones. Músico muy prolífico, abarca todos los géneros de su época, con por la ópera y el oratorio. Sus comienzos musicales chocaron con la oposición de su padre (pretendía que siguiera estudios de Derecho), aprovechó las enseñanzas de su profesor Friedrich Wilhelm Zachau, organista de la Liebfrauenkirche, de modo que en 1702 fue nombrado organista de la catedral de su localidad. Y un año más tarde, violinista de la Ópera de la corte de Hamburgo, donde el compositor Reinhard Keiser lo instruyó en la composición de música para el teatro.
En 1705 estrenó su primera ópera, Almira. Un año después espués emprendió un viaje a Italia, familiarizándose con el estilo italiano, distinto de la tradición contrapuntística alemana. En esa época compuso las óperas Rodrigo y Agrippina y el oratorio La Resurrezione. En 1710, de regreso en Alemania, fue nombrado maestro de capilla de la corte del Elector de Hannover, puesto que abandonó al final de ese mismo año para trasladarse a Inglaterra. Tras el triunfo de la ópera Rinaldo, decidió afincarse en Londres a partir de 1712.
A partir de la década de 1730, por circunstancias adversas, entre ellas la bancarrota de su compañía teatral, decidió volcar su esfuerzo creativo en la composición de oratorios. Y es el El Mesías la obra que más fama le ha reportado, entre otros oratorios importantes: Israel en Egipto, Sansón, Belshazzar, Judas Maccabeus, Solomon y Jephta. El modelo establecido por Haendel inspiró a compositores británicos como Edward Elgar o William Walton.
En 1750 se organizó una interpretación del Mesías a beneficio del Hospital Foundling de Londres, seguida de conciertos anuales durante el resto de su vida. En reconocimiento a su patrocinio, lo nombraron gobernador del hospital. Su implicación es conmemorada con una exposición permanente en el Museo Foundling de Londres, que también alberga la Gerald Coke Handel Collection. También realizó obras de beneficencia junto a organizaciones que asistían a músicos pobres y a sus familias.
Haendel ciego
Los últimos años de la vida de Haendel estuvieron marcados por la ceguera**, consecuencia de una fallida operación de cataratas. A su muerte, fue inhumado en la abadía de Westminster.
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*Extrovertido y solemne (Bach académico y profundo).
**Una coincidencia con Bach, como la del año del nacimiento de ambos músicos, que nunca llegaron a conocerse; al parecer, ambos fueron intervenidos por el mismo cirujano, el británico John Taylor.
Cristo abrazando la Cruz -detalle-
El Greco, 1580-85
Para este tiempo de recogimiento podría traer aquí alguno de los grandes oratorios archiconocidos, como la Pasión según San Mateo de Bach o El Mesías de Händel. Pero para no reincidir en la escucha de estas obras cumbres de la música sacra, propongo ahora la de otras dos próximas a nuestro sentir, por ser respectivamente de raíz y de encargo hispanos. La primera es el sobrecogedor Tenebrae Responsories (Responsorios de Tinieblas) que Tomás Luis de Victoria (1548-1611) compuso para la Semana Santa. Un total de 18 responsorios, 6 para cada uno de los tres días principales (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo). La otra es Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz* de Joseph Haydn (1732-1809), fruto del encargo que en 1785 le hizo al compositor austriaco José Sáenz de Santamaría, marqués de Valde-Iñigo y rector del Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz (donde se conserva la tradición de interpretarla cada Viernes Santo), y que curiosamente se expresa instrumentalmente, sin palabras. Merece la pena entregarse a la escucha de la extraordinaria polifonía de Victoria y de la asombrosa representación orquestal de Haydn.
Primera Palabra
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34) Segunda Palabra
«De cierto te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43) Tercera Palabra
«Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Juan, ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26 s.) Cuarta Palabra
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46) Quinta Palabra
«Tengo sed» (Jn 19,28) Sexta Palabra
«Todo está consumado» (Jn 19,30) Séptima Palabra
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46)
Responsorios de Tinieblas - Tomás Luis de Victoria
Como muestra, el responsorio VIII, Tenebrae factae sunt (Se hizo la oscuridad)
The Sixteen, Dir. Harry Christophers
Responsorio VIII: Tenebrae factae sunt
(recoge las palabras cuarta y séptima)
Tenebrae factae sunt,
dum crucifixissent lesum Iudaei:
et circa horam nonam exclamavit Iesus voce magna:
Deus meus, ut quid me dereliquisti?
Et inclinato capite, emisit spiritum.
Exclamans Iesus voce magna ait:
Pater, in manus tuas commendo spiritum meum.
Et inclinato capite, emisit spiritum.
Se hizo la oscuridad
cuando los judíos crucificaron a Jesús,
y hacia la hora novena Jesús exclamó en voz alta:
Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?
E inclinando la cabeza, exhaló su espíritu.
Exclamando en voz alta, Jesús dijo:
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
E inclinando la cabeza, exhaló su espíritu.
(Mt 27, 45-46; Lc 23, 46)
Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz - Joseph Haydn
De las siete sonatas que integran la obra, escuchemos la VII, es decir la última palabra («Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»)
Le Concert des Nations, Dir. Jordi Savall
[Nota. Vídeo eliminado. Añadimos post. este otro sobre la obra]
Al referirnos a los espirituales negros hablamos de música gospel (de “GodSpell”: Dios dice), una música religiosa de origen oscuro surgida en las iglesias afroamericanas en el siglo XVIII y popularizada en la década de 1930, de carácter ligero y con habitual empleo de coros, cuya fuerza melódica y emocional ha trascendido etnias desde sus primeros esclavos negros impulsores, que ha evolucionado hasta nuestros días y dado lugar a subgéneros.
Pero para introducirnos en este género musical hay que recurrir a los títulos clásicos: Deep river, Every time I feel the spirit, Give me Jesus, Go down Moses, Gospel train, Great day, Hush! somebody’s callin’ my name, I couldn’t hear nobody pray, Joshua fit de battle of Jerico, Lord, I want to be a christian, My Lord, what a morning, Nobody knows the trouble I've seen, Soon-a will be done, Stand by me, Swing low, sweet chariot, Walk together children, Were you there…
Y como muestras, propongo deleitarnos con algunas piezas exquisitas en las voces de Louis Armstrong, Elvis Presley y Jessy Norman. Una trilogía interpretativa cronológica que a nadie puede dejar indiferente.
El clásico “Adeste fideles” (Venid fieles todos) no es un villancico, sino un himno usado desde el siglo XVIII en la bendición durante la Navidad. Su discutida autoría se atribuye mayormente al rey Juan IV de Portugal (1604-1656), conocido como “El rey músico”. Dicho esto, les propongo una grandiosa interpretación de este famosísimo himno, con mis mejores deseos. ¡Que lo disfruten!
El villancicoes una forma musical tradicional, una singular canción profana que surge en el siglo XV español –periodo del Renacimiento–, cantada por los villanos o habitantes de las villas, de ahí su nombre. Después derivaría en otra con temática religiosa. Villancicos de los primeros tiempos están recogidos en cancioneros, como el Cancionero de Palacio –con Juan del Enzina como principal compositor–, el Cancionero de la Colombina o el Cancionero de Medinacelli.
Del siglo XVI destaca el Cancionero del Duque de Calabria o de Venecia, más conocido como Cancionero de Upsala, porque la única copia que se conserva se halla en la biblioteca universitaria de esta ciudad sueca. En él se incluye la conocida pieza “No la devemos dormir” (La noche Santa).
Durante los siglos XVII y XVIII continuó en España el desarrollo de esta forma musical y en el decayó por influencia de la música italiana. El paso del siglo XVII al XVIII representa el apogeo barroco español, con compositores como Sebastián Durón, Antonio Literes, fray José Vaquedano, Miguel Ambiela, Antonio de Yanguas, Jerónimo de Carrión, Juan Manuel de la Puente y otros.
En el siglo XIX la Navidad siguió inspirando en la península ibérica un subgénero de canción popular conocida igualmente como villancico, con variantes como la panxoliña en Galicia. Y aunque el villancico más famoso es "Noche de Paz" (Stille Nacht), una composición austriaca de 1818, con letra de sacerdote Joseph Morh y música de Franz Xaver Gruber, tenemos buenos ejemplos por toda la geografía hispana cuya escucha propongo (orden ABC):
Réquiem es palabra latina que significa “descanso” y la Misa de Réquiem, también llamada Missa pro defunctis o Missa defunctorum, es la ofrenda por el eterno descanso de los difuntos, un ruego por sus almas. Como servicio litúrgico puede ser seguido por los católicos, pero también por los cristianos anglicanos y ortodoxos. Y como composición musical puede ser interpretada en una sala de conciertos o servir de realce al servicio litúrgico. Seamos o no creyentes, es difícil substraerse a la emocionante belleza de algunas misas de réquiem compuestas por inspirados compositores.
La Misa de Réquiem suele tener las siguientes secciones:
Introitus:Requiem aeternam («Descanso eterno»)
Kyrie:Kyrie eleison («Señor ten piedad»)
Sequentia: Dies Irae («Día de la ira»)
Offertorium («Ofrecimiento»): Domine Iesu Christe («Señor Jesús Cristo»), Hostias («Plegarias»)
Pero hay variantes, en forma de división de alguna de estas secciones, lo que suele suceder con la Sequentia (Dies irae, Tuba mirum [«La trompeta»], Rex tremendae [«Rey inmenso»]), Recordare [«Recuerda»], o de movimientos añadidos: motete Pie Jesu («Piadoso Jesús»), Libera me («Líbrame») o In paradisum («En el paraíso»), los dos últimos cerrando algunas composiciones.
Hay grandes logros musicales de Réquiem, como el de Berlioz (“Grande Messe Des Morts”), el de Brahms ("Ein Deutsches Requiem"), el de Fauré o el de Verdi (“Messa da Requiem”). Pero el que ha hecho correr más tinta es el Réquiem de Mozart, pues el compositor falleció en extrañas circunstancias antes de acabarlo y pareciera haberlo escrito para sí mismo. Fue completado por otros músicos y de las diferentes versiones la más reconocida es la de Süssmayr, si bien algunos críticos no encuentran en el resultado final la pureza mozartiana. De sus ocho secciones, la Secuentia tiene tiene seis partes (Dies irae, Tuba mirum, Rex tremendæ, Recordare, Confutatis, Lacrimosa) y el Offertorium dos (Domine Jesu, Hostias). [Texto AQUÍ]
Valga esta bella Misa de Réquiem y, de íntimo epílogo, el conmovedor “Pie Jesu” (Piadoso Jesús) del tierno Réquiem de Fauré*–llamado “canción de cuna de la muerte” por su serenidad–, como celebración del Día de difuntos. [Texto AQUÍ]
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*Partes de Réquiem de Fauré: I. Introit et Kyrie
II, Offertoire, III. Sanctus, IV. Pie Jesu, V. Agnus Dei et Lux Aeterna, VI. Libera Me, VII. In Paradisum.
–Fauré omite la Secuencia (‘‘Dies irae‘’), coloca el “Pie Jesu” antes del Agnus Dei y después de éste el ‘‘Libera Me’’, y pone como final el responsorio ‘‘In Paradisum’’.
La misa, como forma musical, es una composición coral del género sacro que tiene seis secciones principales: 1-Kyrie, 2-Gloria, 3-Credo, 4-Sanctus, 5-Benedictus (continuación del Sanctus), 6-Agnus Dei. Pero puede tener otras partes añadidas: Canto de entrada (Introitus), Salmo responsorial, Aleluya, Aclamación al Evangelio, Ofertorio (Presentación de dones), Aclamación Eucarística, Amén, Padre Nuestro, Comunión, Rito de Salida.
La Misa de Réquiem, por los difuntos, suele tener las secciones arriba indicadas.
El misterio del “Miserere mei Deus” de Gregorio Allegri(1582-1652), una creación musical de partitura inédita, sobre el salmo penitencial más intenso (salmo 50 [51] o miserere), que desde su composición (sobre 1630, en el papado de Urbano VIII) era interpretado únicamente por el coro papal durante la Semana Santa, en la Capilla Sixtina de la basílica de San Pedro, alcanza lo sobrenatural. Sucesivos Papas guardaron la partitura en los archivos vaticanos para preservar tan exquisita composición coral, amenazando con la excomunión a quienes revelasen su secreto. Al parecer, tenía una copia el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Leopoldo I de Habsburgo (1640-1745) y otra el padre Giovanni Battista Martini (1706-1784), un músico franciscano.
Pasado casi siglo y medio desde su composición, en la Semana Santa de 1770, llegó a Roma Wolfgang Amadeus Mozart, entonces un muchacho de 14 años, acompañado por su padre Leopold. Ambos fueron a la Basílica de San Pedro a escuchar al coro y el enigmático "Miserere", y se dice que el genial Mozart retuvo en la memoria la composición a cuatro voces y la escribió completa. El compositor y musicólogo británico Charles Burney (1726-1814) obtuvo una copia de la partitura (se duda si consiguió la original o la del genio de Salzburgo, no conservada) y en 1771 editó el Miserere en Londres. Cabe decir que el entonces papa Clemente XIV (1701-1774) quitó trascendencia al hecho de la “usurpación” y no excomulgó a nadie.
[Vídeo añadido post., por eliminación del previo]
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NOTAS
–Miserere: latinismo que significa «apiádate», «ten compasión».
–Salmo 50 o 51. Hay una doble numeración de los salmos (150 en total), según el Texto Masorético (Biblia hebrea) o la Septuaginta (Biblia griega). Así la numeración cambia a partir del salmo 9: en la Septuaginta se fusionan los salmos 9 y 10 en uno solo, de modo que a partir del salmo 11 tiene un número menos que en la Biblia hebrea. Sucede lo mismo con los salmos 114 y 115. En cambio divide en dos los salmos 116 y 147, de modo que el número final es el mismo. [La biblia Vulgata, que es una traducción de la griega al latín, mantiene esta numeración.]