El poema «Cumpleaños», de Ángel González (1925-2008), es la celebración amarga de un aniversario de nacimiento, o natalicio, en el que se siente el paso de los años. Espero que la celebración de mi natalicio sea más dulce, a pesar de que los años pesen de algún modo por el envejecimiento, porque celebramos la vida.
Este poema lejano, que casi no recordaba, me hace reflexionar sobre la Nochebuena que se repite de manera diferente, con mayor o menor alegría, según la edad, las circunstancias o las vivencias; seguramente más entrañable para los niños. Es la voz poética de un creyente –no necesariamente la del poeta– sobre la Noche que cada uno vive a su modo en estos tiempos de escaso espíritu navideño. La Noche que, para los vivos, siempre llega, aunque se lamenten de algunas ausencias...
NOCHEBUENA
¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Me vienen recuerdos,
imágenes bellas
de seres queridos
en torno a la mesa;
alegría y besos,
la opípara cena,
mazapán y nueces;
y en la sobremesa
cantos, villancicos
que a Jesús se ofrendan.
¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Al irse acercando
mi pecho se aprieta,
pues me va calando
la amarga tristeza;
no estaremos todos
esta Nochebuena,
dos sillas vacías
dirán de la ausencia
de seres queridos,
de papá y la abuela.
¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Son felices días;
la gente más buena
parece sentirse
cercana la fecha
en que el Niño Dios
puso pie en la tierra.
Acaso es engaño,
y aunque ilusión sea,
serán más felices
aquellos que crean.
¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Quedan pocos días
ya para que venga,
y al instante pienso:
«Ojalá se fuera,
pasara de largo
sin darnos ni cuenta,
o que por lo menos
yo no lo sintiera».
Mas vendrá la Noche,
hará su presencia
para congregarnos
en torno a la mesa,
por más que añoremos
nuestra enorme pérdida.
¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Que no haya lamentos,
afuera las penas,
que en la Santa Noche
nadie dolor tenga.
Y aunque, en la esperanza,
un necio parezca
al querer creer
en ciertas quimeras,
dejad que me engañe:
¡De nuevo a la mesa
estaremos todos
cuando Dios lo quiera!
[1994, 15 dic.]
Noche de paz
Bo Nadal
Feliz Navidad
Merry Christmas
Joyeux Noël
Froehliche Weihnachten
Buon Natale
Boas Festas
***
En este tiempo de celebración religiosa, despojada en gran parte de espíritu navideño con el consumismo festivo, nos aferramos a la celebración tradicional, entrañable y nostálgica por la ausencias, y en lugar del postmoderno ¡Felices Fiestas! seguimos exclamando ¡Feliz Navidad!
Hay algo en esas lápidas y retratos que detiene el tiempo. Son rostros que sonríen congelados en un instante que ya no existe. Algunos me miraban desde el mármol como si aún esperaran mi última visita como médico; otros parecían descansar al fin, en una paz deseada.
(…)
Mientras caminaba entre aquellas tumbas, comprendí que el cementerio, para mí, es un lugar de memoria. Es casi un mapa de mi propia historia médica y humana. Allí están los que me enseñaron a escuchar, los que me dieron las gracias con una sonrisa, los que me hicieron dudar, mis errores, los que me mostraron que curar no siempre es salvar… y que acompañar también es una forma de medicina.
(…)
Pensé que quienes descansan allí siguen, de alguna manera, acompañándome. Y que, tal vez, cada vez que los recuerdo, los resucito un poco. Los que yacen en el camposanto no se han ido del todo. Recuerdo sus nombres, siguen conmigo en mi memoria, en mis manos, y me ayudan como médico en cada decisión que tomo.
...en el que refleja su sentir en una visita al cementerio de su localidad.
Un texto revelador y conmovedor. Apropiado para el día de homenaje a los difuntos, que despierta profundos sentimientos en los vivos. A fin de cuentas, los muertos nos hacen sentir lo que seremos.
Los verdes montes serpenteaban
para deleite de los ojos
que en la naturaleza gozan.
La sierra: ¡un don de eternidad!
Así se presentaba ella,
fresca, hermosa, cubierta de árboles
que alegran y procuran vida.
La sierra: ¡un singular edén!
Era refugio de animales
salvajes y hombres no sujetos
por ciudadanas ataduras.
La sierra: ¡espacio en libertad!
Los pájaros allí cantaban,
el lobo dejaba su aullido
y en silencio iban los pastores.
La sierra: ¡música y paciencia!
Y ahora poco queda, nada
del dulce manto vegetal
que el fuego se llevó veloz.
La sierra: ¡un cementerio gris!
Reducida a ceniza, evoco
lo que fue y lloro de impotencia
echando al aire las preguntas.
—¿Por qué? ¿Y cómo resucitarla?
[2022, 1 ago.]
____
Poema inspirado en los grandes incendios forestales de la Sierra de la Culebra de junio y julio de 2022, y escrito poco después. Decido publicarlo ahora, este verano de 2025 en que ha vuelto a incendiarse esa sierra de la provincia de Zamora, al parecer por mano humana (¿pirómana, incendiaria, negligente?), en una oleada de incendios forestales que afectan en especial a territorios del noroeste peninsular, sobre todo de las provincias de León y Ourense (aquí con el incendio de Chandrexa de Queixa, calificado como el más grande de la historia de Galicia)*. Las monstruosas llamas dejan destrucción y muertos. Por eso el aire ardiente se llena de lamentos... Pero hay que tomar en serio la prevención, escuchando a agricultores y pastores**, quienes de verdad conocen el medio rural y saben de la incompetencia de los políticos. También hay que escuchar a verdaderos ecólogos. Y mientras nuestros bosques siguen ardiendo, hoy, aunque parezca una broma nos lo recuerda una celebración: el Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales. ¡Ay!, debemos concienciarnos: prevención, prevención y prevención.
**O siguiendo eficaces formas tradicionales para la gestión forestal, como la «Suerte de pinos» de Soria (recordada en referencia a los incendios AQUÍ), que confiere derechos a los vecinos, sistema ya usado en tiempos de las cartas pueblas para la repoblación territorial de zonas de interés [v. La Hispania vaciada]. O el proyecto «Ramats de Foc» (Rebaños de Fuego) de Cataluña. O el «Proyecto Mosaico» de Extremadura.
Nota final. Tras los incendios forestales, conviene prevenir la erosión del suelo –y la desertificación consecuente– por posibles lluvias torrenciales, mediante diques o barreras.
Pie Jesu (Piadoso Jesús) es el final del himno Dies irae y forma parte de alguna Misa de Réquiem, como motete. El texto está en latín, breve y profundo, pero en nuestro poema intentamos recoger su mensaje, ampliado, con versos en castellano. Apropiado para el Día de Difuntos (2 de noviembre), lo editamos ahora como piadosa contribución, aunque no corresponda a la Semana Santa en la que estamos.
La desconfianza es una señal de debilidad. Indira Gandhi
El visado –u “homologación”– de recetas, es una de las actividades sanitarias inútiles que soporta el médico, mayormente el médico de atención primaria, que se ve obligado (salvo que quiera complicarse la vida) a emitir continuamente informes sobre fármacos y artículos sanitarios que a menudo son prescritos por especialistas hospitalarios. Un gran inconveniente... ¿Por qué? Porque roba mucho tiempo y crispa a ese actor de la salud; no sólo por el trámite burocrático que supone, sobre todo porque el galeno siente que se les cuestiona su prescripción.
Todo el sistema parece basado en la desconfianza... y en la falta de transparencia.
Y sobre el visado de medicamentos, nos preguntamos: ¿Por qué se financian nuevos fármacos (mucho más costosos y a veces sin ventajas evidentes) y luego se cuestiona su prescripción imponiendo visados? ¿Es por interés o por estupidez?
Necesitamos respuestas claras, y preguntamos a golpe de timbal...
[Orchestral Excerpts Timpani sheet - BEETHOVEN 5 Symphony: Allegro]
The 2025 New Year's Concert was held at the Golden Hall of the Vienna Musikverein, broadcast to over 90 countries, and watched by millions of viewers worldwide.
«Los años nuevos vienen, los años viejos se van...». Hoy se acaba el año y mañana comienza otro nuevo. Como siempre, con lo bueno y con lo malo en diferente proporción. Y hallo la mejor definición de los contrastes de la vida –en un ciclo que se repite– en el poema «El año» (The Year) de Ella Wheeler Wilcox.
¿Qué se puede decir en las rimas de Año Nuevo,
que no se haya dicho mil veces?
Los años nuevos vienen, los años viejos se van,
sabemos que soñamos, soñamos que sabemos.
Nos levantamos riendo con la luz,
nos acostamos llorando con la noche.
Abrazamos el mundo hasta que nos pica,
entonces lo maldecimos y suspiramos por alas.
Vivimos, amamos, cortejamos, nos casamos,
enguirnaldamos a nuestras novias, amortajamos a nuestros muertos.
Reímos, lloramos, esperamos, tememos,
y esa es la carga del año.
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¡FELIZ AÑO NUEVO! ¡FELIZ 2025!
Bugler´s Holiday - Leroy Anderson
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Post scriptum: Especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias
En España, después de muchos avatares y años de reivindicación, la Especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias ha sido reconocida este año que se acaba, mediante el Real Decreto 610/2024, publicado el 2 de julio de 2024. Para resolver las dudas sobre el procedimiento y los supuestos de acceso extraordinario al título de esta especialidad, la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) emitió el escrito «FAQ Real Decreto...». Téngase en cuenta que muchos médicos de familia prestan atención urgente fuera de la jornada ordinaria y que son mayoritariamente médicos de esta especialidad extrahospitalaria, comunitaria, quienes vienen atendiendo los servicios de urgencia hospitalarios desde la década de 1980, sin titulación específica. Ya era hora.
Dice este precioso villancico del siglo XVI, conservado en el Cancionero de Uppsala,que no debemos dormir la Noche Santa. Se creía anónimo, pero el autor de la letra es el poeta renacentista Fray Ambrosio Montesino, y la música la puso el compositor Bartomeu Cárceres, vinculado a la corte valenciana del virrey Fernando de Aragón. Su forma es como la del zéjel (canción) andalusí que lo precedió: se inicia con un estribillo, continúa con una estrofa que tiene tres versos monorrimos (mudanza) y un último verso llamado vuelta y, al final, se repite el estribillo. La música, dulce y serena, envuelve apropiadamente el poema.
No la devemos dormir
la noche sancta.
¡No la devemos dormir!
La Virgen a solas piensa
que hará,
quando al Rey de luz inmensa
parirá,
si de su divina esencia
temblará.
¿O que le podrá dezir?
No la devemos dormir
la noche sancta.
¡No la devemos dormir!
No la devemos dormir, Fray Ambrosio Montesino/Bartolomeu Cáceres
Expedición de Magallanes y circunnavegación de Elcano (1519-1522)
La expedición de Magallanes (1) fue la expedición marítima española del siglo XVI, formada por cinco naves –naos– (la Trinidad, la San Antonio, la Victoria, la Concepción y la Santiago) y capitaneada por Fernando de Magallanes, portugués al servicio del Imperio Español, que partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 (después de bajar desde Sevilla por el río Guadalquivir), con el propósito de abrir una ruta comercial con «las islas de las especias» (islas Molucas) por el oeste (la ruta del este era de dominio portugués), buscando un paso entre el océano Atlántico y el océano Pacífico, hoy llamado estrecho de Magallanes, en el extremo sur de Chile, que halló el 28 de noviembre de 1520. Poco antes, en el sur de la Patagonia (nombre debido a los indígenas que allí habitaban, tehuelches, a quienes el jefe de la expedición llamó patagones), Magallanes reprimió la sublevación de dos capitanes, que mandó ejecutar, y naufragó la nao Santiago. Durante la travesía por el estrecho, navegando por un laberinto de islas, vieron hogueras que hacían los indígenas y bautizaon el territorio como Tierra de Fuego; y ahí hubo una deserción de la nao San Antonio, que regresó a España. En su travesía por el Pacífico nombre que le dio Magallanes al navegar por aguas tranquilas (*), la expedición, con tres naos, sufrió bajas por hambre y escorbuto y llegó mermada a las islas Filipinas (**), donde Magallanes murió en combate con los nativos (batalla de Mactán), junto a otros soldados españoles, el 27 de abril de 1521. Muerto Magallanes, los expedicionarios eligieron a Juan Sebastián Elcano para capitanear la navegación hasta las Molucas, antes de emprender el viaje de regreso; con insuficientes tripulantes, quemaron la nao Concepción y con las dos naos restantes se dirigieron a las islas de las especias, llegando el 8 de noviembre de 1521, tras dos años y dos meses de navegación. En la isla de Tidore tuvo quedarse la Trinidad, la nao capitana, para ser reparada, a causa de una importante vía de agua, y después retornó a España por el este. Y con una sola nave disponible, la Victoria, Elcano decidió navegar hacia el oeste por el océano Índico. Los expedicionarios que quedaban dieron la vuelta a África, doblando el cabo de Buena Esperanza, el 19 de mayo de 1522, y sufrieron más bajas. El 9 de julio hicieron escala técnica en Cabo Verde y varios tripulantes fueron apresados por los portugueses (poseedores del archipiélago), pero los demás huyeron en la nao Victoria. Por fin, después de temporales y tribulaciones, de perder la mayoría de tripulantes y desechar las otras cuatro naos, arribaron a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, lo cual supuso un hito histórico: la primera circunnavegación de la Tierra. Habían pasado tres años. De los 239 hombres que salieron de Sanlúcar de Barrameda, solamente regresaron 18. La crónica del viaje fue relatada por Antonio Pigafetta (2), italiano embarcado en la expedición como cronista, en la obra titulada Relación del primer viaje alrededor del mundo (1524); muy próximo a Magallanes, Pigafetta ignoró los méritos de Elcano.
(*) Vasco Núñez de Balboa lo había bautizado en 1513 como Mar del Sur.
*«En la playa blanca», soneto en el que Unamuno evoca la hazaña de su paisano marino.
Ciñó a la tierra por la mar Elcano,
pues era vasco y le venía estrecho
su golfo patrio...
**«Juan Sebastián de Elcano» (1879) es un largo poema, en octavas reales, de Pío Amando Valdivieso.
En pos de lauro y de anhelada gloria,
humilde puesto acepta en la escuadrilla
Juan Sebastián de Elcano, que en la historia
de la ardua empresa cual primero brilla;
el que marino de inmortal memoria
á Magallanes aguardó en Sevilla,
por su experiencia y su saber profundo,
tal vez ideando dar la vuelta al mundo.
***«Por tierra y por mar profundo» es una redondilla, recuperada por Pío Baroja (en su novela Las inquietudes de Shanti Andía), que aparecía al comienzo de un relato de Casimiro Gómez de Ortega (1741-1818) sobre la circunnavegación de Magallanes y Elcano, y que alude precisamente a éste: Juan Sebastián Elcano.
En una casa que conoce bien, SONIA alcanza enseguida el comedor.
SONIA. ¡Buenas tardes! (Observa a los presentes, sentados a la mesa y sorprendidos, y detiene su mirada en la estudiante.) Supongo que ésta es Cristina.
Dr. GAMIR. ¿Cómo se te ocurre venir sin avisar? Y después de haberte rechazado la invitación de Lola y Dorindo, porque te dolía tanto la cabeza.
SONIA. La cabeza me duele, pero no por lo que piensas.
Dr. GAMIR. Tengamos la fiesta en paz.
DORINDO. (Sin escuchar plenamente.) Eso, eso.
CRISTINA. Creo que mi presencia está de más.
SONIA. (Con el rostro iracundo.) Para nada. Es más, debes quedarte porque tenemos cosas de qué hablar. De salir, saldremos las dos juntas.
LOLA. (Tratando de arreglar la situación.) Siéntate Sonia. ¿Has comido?
SONIA. Sí, doña Lola, no se preocupe. He comido lo suficiente.
LOLA. Entonces tomarás el postre con nosotros. Y una copita de licor.
SONIA. La copa la acepto. No suelo hacer excesos, pero un día es un día.
Dr. GAMIR. Pero si no bebes. El alcohol te despierta la jaqueca.
SONIA. Hoy creo que me va a sentar maravillosamente. (Dirigiéndose a CRISTINA y subiendo la voz.) ¡Vaya, vaya! Así que tú eres la que me quiere quitar el novio.
Dr. GAMIR. ¿Qué dices, Sonia? Ni que ya estuvieras bebida.
CRISTINA. Yo me marcho…
SONIA. Tú no te vas sola.
LOLA. Por favor, Sonia. Que hoy es mi cumpleaños. Tranquilízate.
Dr. GAMIR. Eso, ten calma y guarda las formas. Estamos aquí invitados y hemos de agradecer la hospitalidad de nuestros anfitriones.
SONIA. Estoy muy tranquila. Demasiado tranquila. Y no voy a amargarles el día ni a Lola ni a Dorindo. Sólo quiero que esta intrusa salga a la calle conmigo.
DORINDO. (Por lo bajo.) Voy a buscar el inhalador, que no respiro bien.
LOLA. (Viendo la mala cara de su marido.)Hasta Dorindo se nos está poniendo malo.
Marcha DORINDO, hacia el fondo del escenario, sin mirar atrás, como si pretendiese ponerse a salvo antes de la explosión en una de las viejas canteras donde había trabajado, tapándose los oídos como si de pronto hubiese recobrado la audición y no quisiese oír aquellas voces discutidoras, en busca del broncodilatador que está necesitando. Hay unos momentos de silencio, de tensa calma, que GUSTAVO acaba rompiendo cuando DORINDO ya está de vuelta, mostrándose aliviado al comprobar que no ha pasado nada malo.
Dr. GAMIR. Cristina se marchará conmigo, Sonia.
SONIA. (Más acalorada.) Ahora lo veo todo completamente claro. Me estás engañando con esa avispilla. Pues entonces no me queda más remedio que tomar venganza.
En un impulso animal y emitiendo un grito gutural, SONIA arremete contra CRISTINA y la agarra por los pelos, sin que GUSTAVO, pese a sus esfuerzos, consiga desprenderla. Es más, SONIA, enfurecida, le da un codazo en la cara al galeno y éste cae al suelo seminconsciente. Un hombre fuerte en decúbito supino, derribado bruscamente por una fémina que hasta entonces lo había llenado de caricias, parece una escena cómica. Las dos jóvenes se enzarzan en una pelea descomunal, rodando por el suelo y golpeándose contra las patas de la mesa y las sillas del comedor. DORINDO, que no sabe bien de qué va la cosa, muestra una cara de preocupación que produce risa y a la vez lástima, mientras LOLA, viendo que aquello puede acabar mal, decide llamar a las fuerzas del orden y sale.
LOLA. (Desde el recibidor, donde tiene el teléfono fijo.) Soy la señora Lola, del hostal. Hay una pelea en mi casa entre dos mujeres, y un hombre se encuentra mal herido. Es preciso que vengan cuanto antes.
DORINDO. (Fatigado por la afectación de sus debilitados bronquios, no deja de pedir sosiego en una especie letanía.) Halla paz, Señor, halla paz…
SONIA. (En plena lucha.) ¡Ay! Esto lo tienes que pagar, mala pécora.
CRISTINA. (Atenazando a SONIA por el cuello.) Yo no soy culpable de nada, no he hecho ningún mal. Y tengo derecho a defenderme.
Continúa la contienda, mientras perciben del exterior un ruido motorizado que sólo LOLA interpreta. Acaba de llegar un coche patrulla de la Guardia Civil.
ESCENA QUINTA
MARCIAL, TRES GUARDIACIVILES, SONIA, CRISTINA, LOLA, Dr. GAMIR
Irrumpe en la casa el CAPITÁN MARCIAL junto a otros tres miembros del referido cuerpo de seguridad, a las órdenes del primero.
MARCIAL. (Dando las correspondientes órdenes a los otros guardiaciviles y reparando en la hija del alcalde.) ¡Atención a la autoridad, muchachas! ¡Sepárense! Sean sensatas y dejen de pelearse. (Ellas a lo suyo, como si no escuchasen.)
Los guardiaciviles logran separarlas.La furia de SONIA contrasta con la relativa serenidad de CRISTINA. Son dos temperamentos muy diferentes. CRISTINA se dirige hacia GUSTAVO, que con una tremenda hinchazón del pómulo derecho consigue levantarse a duras penas. Se encuentra bastante grogui.
LOLA. Gracias a Dios que han llegado a tiempo.
MARCIAL. Es nuestra obligación acudir cuánto antes allá donde se nos llama. (Dirigiéndose a las chicas.) Ustedes dos tienen que venir conmigo al cuartelillo para prestar declaración. Y usted también, doctor Gamir, si no le importa.
Dr. GAMIR. (Que conoce bien a MARCIAL.) Desde luego, capitán.
El capitán MARCIAL avisa al cuartelillo para que envíen otro coche a recogerlos.
Tras casi 39 años de vida laboral en el Servicio Andaluz de Salud, he colgado la bata y el fonendo y he pasado a una existencia más gozosa, más íntima, más personal, más “jubilosa”. Lo llaman jubilación, pero uno nunca se jubila de ser médico: uno es médico para siempre; aunque, bien es verdad, inevitablemente, los conocimientos y las habilidades sanitarias se oxidarán y anquilosarán muy pronto.
Mis prioridades, a partir de hoy, serán mi mujer, mis nietos, mis libros, mis amigos, mis lectores y mi huerto. De hecho, la jubilación que imaginé hace tan sólo unos años en la Axarquía malagueña la plasmé en un bonito poema que paso ahora a recordar. Se titula “Mi vejez”, y dice así:
Cuando regrese a mi terruño a contemplar las nubes, pocas cosas querré para pasar el tiempo:
Un espejo donde cuente mis arrugas; un bancal para plantar mi huerto; una hamaca que mire a la Tejea; un libro, siempre a mano, para alimentar mis sueños.
Un gallo que me alegre las mañanas; un papel para anotar recuerdos; una alberca donde refrescar las tardes; dos gallinas pizpiretas que me pongan huevos.
Un amigo con quien filosofar de nuestras cosas; un catalejo para ver el cielo; un tomate tempranero de mis matas; hinojos y aceitunas en invierno.
Tres paisanos para jugar al tute; una mesa redonda y un brasero; un gastado dominó con que matar las horas y un leño en el hogar, ardiendo.
Un jazmín que perfume mis sentidos; una dama de noche y un dompedro; el agua de la lluvia en mi ventana; la nieve de la sierra y el ulular del viento.
Un naranjo a la vera de mi casa; un botijo, una parra y un sombrero; un racimo de uvas moscateles; un perrillo juguetón y un limonero.
El esquilón de la ermita anunciando la novena; las cabras resonando sus cencerros; el silencio solemne de la noche; las callejas empedradas de mi pueblo.
Mi esposa y yo cogidos de la mano; mis hijos y mis nietos, no muy lejos; un buen vaso de vino en la bodega y un pequeño bastón donde apoyar mi cuerpo.
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Médico y escritor malagueño.
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Al autor de este emotivo escrito le respondí con estas palabras: Uno nunca deja de ser médico, pero es un gozo deprenderse de un deber profesional cada día más insatisfactorio y agobiante. Permanece el amor a la medicina, desaparece la pesadilla de la burocracia inacabable... ¡Suerte en tu nueva aventura existencial!
En mi jubilación escribí: Y aunque el retiro deje un poso de tristeza, hoy me dejo llevar por su significado de alegría. («Despedida profesional»)
Haydn: Sinfonía n.º 45 «Despedida o Los adioses» – IV. Finale. Presto-Adagio
El Adagio final de la Sinfonía n.º 45 de Haydn, o Sinfonía de los adioses, incluye una curiosidad: varios músicos tienen solos pequeños justo antes de marcharse, y los músicos van saliendo de la orquesta por este orden: primer oboe y segunda trompa (con solos), fagot (sin solo), segundo oboe y primera trompa (con solos), contrabajos (solo), violonchelos (sin solo), violines orquestales (con solos; músicos de primera silla no tocan), viola (sin solo). Los violines de primera silla se quedan para completar la obra.
Se eligió el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía por ser el comienzo de la primavera, en el hemisferio norte, una estación muy ligada a la inspiración poética.