Camille Saint-Saëns (1835-1921) es visto como un músico academicista y serio, que prefiere las estructuras musicales clásicas y la perfección formal, que evita experimentaciones de vanguardia y hace pocos guiños a lo humoresco. Sin embargo, se le considera un eslabón de la música francesa que conduce a Claude Debussy y Maurice Ravel, aunque es sabido que aborrecía la música avanzada y para él difícil de entender de Debussy, compositor bastante más joven. Quizá por eso no quiso que su obra El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux), suite en 14 movimientos, se publicara ni se interpretara en público durante su vida, por ser una broma musical, un divertimento alejado de las concepciones académicas, con la excepción del movimiento n.º 10, «El cisne», el más formal, que sí fue publicado e interpretado en vida del compositor. En conjunto, se trata de una “fantasía zoológica”, como la llamó el compositor, en la que desfilan el león, gallinas y gallos, asnos salvajes, tortugas*, el elefante**, canguros, peces, el cuco, fósiles***... y donde no falta la parodia de los humanos (pianistas).
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*Suena el «can-can» de la operetta Orfeo en los infiernos de Jacques Offenbach.
**Suenan la «Danza de las sílfides» de La Condenación de Fausto de Berlioz y el «Scherzo» de El sueño de una noche de verano de Mendelssohn.
***Suenan la Danza macabra del propio compositor, canciones infantiles y el aria de «Una voce poco fa» de El barbero de Sevilla de Rossini.
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Para muchos críticos, El carnaval de los animales es la mejor obra de Saint-Saëns, y muchos melómanos la tienen como favorita entre sus numerosas composiciones.
Otras destacadas composiciones de Saint-Saëns: Concierto para piano n.º 2 –de 5–, Sinfonía n.º 3 –de 5–, Danza macabra, poema sinfónico para violín y orquesta, Variaciones sobre un tema de Beethoven, para piano, y la ópera Sansón y Dalila.
Apuntes sobre El lago encantado, poema sinfónico de Anatoli Liadov:
Hay una clase especial de obras musicales que tratan de evocar lugares o paisajes mágicos. Claro de Luna, la famosa pieza para piano de Claude Debussy, por ejemplo, hace aparecer ante la mayoría de los oyentes una escena encantada iluminada por la luna; el comienzo del ballet de Maurice Ravel, Daphnis et Chloé, sugiere un mundo pasado donde juegan las ninfas y los sátiros. El lago encantado, el breve poema sinfónico de Anatoli Liadov, es otra composición de este tipo. (...) Liadov abre y cierra la pieza con un susurro silencioso de los instrumentos de cuerda en sordina. Sólo un puñado de motivos distintos completan los materiales de composición a partir de los cuales Liadov crea esta obra: un breve chirrido de las flautas; frases melódicas cortas en delicados ritmos; unas pocas pinceladas de color del arpa, la celesta o la trompa. Son ideas musicales más seductoras que imponentes, y Liadov las combina con armonías ambiguas para crear un luminoso e impresionista paisaje sonoro.
El Lago encantado op. 62 se estrenó en San Petersburgo, el 21 de febrero de 1909 bajo la dirección del compositor. Esta pieza iba destinada a una ópera, Zoryushka, que Liadov nunca acabó, basada en una antigua leyenda eslava.
Su música no transmite narrativa programática, sino que evoca una escena de misterio silencioso y reluciente belleza. La música es notable por su delicadeza y moderación. Pocos compositores de su época, se habrían atrevido a evitar la expresión dramática en favor de la iridiscencia silenciosa tan completamente como lo hace Liadov aquí.
El compositor se refirió a El lago encantado (1908) como un "cuadro de fábula", y fue su favorita entre sus composiciones: "Qué pintoresco es", escribió a un amigo, "qué clara es la multitud de estrellas que se ciernen sobre los misterios de las profundidades". No hay ruegos ni quejas; sólo la naturaleza, fría, malévola y fantástica como un cuento de hadas. Uno tiene que sentir el cambio de los colores, el claroscuro, la incesantemente cambiante quietud y la aparente inmovilidad."
La pieza es en efecto una maravilla de serenidad mística...
Anatoli Liádov (1855-1914) recibió la primera formación musical de su padre y la definitiva en el Conservatorio de San Peterburgo, estudiando composición con Nikolái Rimski-Kórsakov. Llegó a ser expulsado de ese convervatorio por faltar a clase, siendo readmitido dos años después, y ya formado fue profesor de composición de ese mismo establecimiento de formación musical. Perteneció al Círculo Beliáyev –junto a Alexander Glazunov y el propio Nikolai Rimski-Kórsakov, que había pertenecido al Grupo de los Cinco. Mussorgsky advirtió su talento y Prokofiev fue alumno suyo. Un pensamiento del compositor: «El arte es el reino de lo inexistente. El arte es un producto, un cuento de hadas, un fantasma. Dame una leyenda, un dragón, un espíritu de agua, un demonio del bosque; dame algo irreal y estoy feliz». Y una anécdota: al parecer Diáguilev, el fundador de los Ballets Rusos, le encargó la partitura de El pájaro de fuego, pero tardaba tanto en comenzar que le hizo el ofrecimiento definitivo a Stravinsky. No escribió obras de gran envergadura, pero fue un maestro de la miniatura; pequeñas piezas para piano y poemas sinfónicos son su mayor legado.
La alondra ascendiendo (The Lark Ascending, 1914), de Ralph Vaughan Williams, es una romanza para violín y orquesta, y en verdad un auténtico poema sinfónico. Es una obra significativa, inspirada en un poema de George Meredith del mismo nombre sobre la alondra vulgar, pájaro que canta incansablemente en pleno vuelo mientras asciende a gran altura. Por otra parte, el compositor, uno de los más vinculados a la naturaleza, escribió los esbozos mientras observaba barcos de guerra que cruzaban el canal de la Mancha durante la Primera Guerra Mundial.
He aquí algunos versos del poema inspirador en una traducción libre:
Para cantar hasta llenar su cielo,
este amor de la tierra que infunde,
y siempre volando hacia arriba y hacia arriba.
Y la evocación que a alguien le produce su escucha:
«Cuando escucho esta pieza, me vienen a la mente imágenes de la campiña inglesa. Al principio la alondra está en su nido en un campo.
Luego, despega con el solo de violín, subiendo y bajando, pero acaba volando cada vez más alto. Después [6:10], la alondra aterriza en un pueblo, se posa sobre un techo de paja y observa todas las idas y venidas. Las melodías populares que se entretejen en la pieza reflejan la vida que sucede en torno. La alondra da vueltas alrededor del pueblo [12:30], deteniéndose en varios lugares.
Cuando se encuentra en las afueras del pueblo, y el sol se pone, se prepara para partir. Finalmente [13:00], la alondra se va volando hacia el sol poniente en el horizonte».[Traducción de un comentario a pie del vídeo]
La alondra ascendiendo (The Lark Ascending), Ralph Vaughan Williams
El compositor describe a la sorprendente calandria entonando un aria desafiante mientras asciende en la libre infinidad.
Rodeados de montañas, en las praderas, entre los árboles, respirando aire puro y escuchando el canto de los pájaros, se llenará nuestro corazón de alegría y nos sentiremos más vivos. Y la naturaleza vivirá más con nuestro canto...
The hills are alive with the sound of music
With songs they have sung for a thousand years.
Las colinas están vivas con el sonido de la música
Con canciones que han cantado durante mil años.
The Sound of Music (El sonido de la música)
Esta bellísima canción, de una magnífica película con el mismo título (The Sound of Music, 1965), traducida como Sonrisas y lágrimas, supuestamente por las emociones contrapuestas que se suscitan en el film, siempre me ha maravillado en la voz de Julie Andrews, la protagonista femenina.
Cuando todo parecía calma blanca, comenzó a agitarse el gélido ambiente. Entonces, las sensaciones mudaron y la mente trató de proteger el cuerpo y protegerse a sí misma. No valían malos pensamientos ni anclarse en negros augurios. Convenía adaptarse sabiamente a la ventosa situación...
Estudio Op. 25 n.º 11 'Viento de invierno', Chopin
Los primeros cuatro compases de este estudio chopiniano, cuya lentitud contrasta con la tormenta de notas que sigue, se agregaron antes de su publicación por consejo de Charles A. Hoffmann, un amigo del compositor. [Análisis AQUÍ]
Y con esta entrada natural y sonriente, después de tantos avatares en un tiempo pandémico, damos por concluido nuestro año bloguero 2021. Gracias, amigos.
De los mosquitos y su repercusión histórica han hablado en el programa Longitud de Onda de Radio Clásica de RNE, bajo el título Los mosquitos deciden la historia. La importancia de los mosquitos –que ha hemos recordado en un poema–, y en especial del Anopheles, es decisiva, por cuanto estos insectos han producido muchas muertes, de civiles y militares, diezmando tropas y colectivos de trabajadores (pensemos en la construcción del canal de Panamá), acabando con proyectos de misioneros, exploradores o simples viajeros, cambiando incluso el curso de la historia, como parece haber sucedido con Escocia.
Ilustramos esta entrada con una de las piezas musicales emitidas en este programa radiofónico: "El vals de los mosquitos" de la suite Circo (1923) de Juan José Mantecón Molins (1895-1964). Por cierto, vigués como un servidor.
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Adenda.– Cabe recordar aquí al doctor William C. Gorgas (1854-1920), por su pionera y decisiva contribución en el control de la fiebre amarilla y la malaria, mediante la actuación sobre de los mosquitos que las transmiten (Anopheles y Aedes), que actúan como vectores. Sus indicaciones de higienización, desecado de zonas pantanosas y campañas de fumigación, fueron decisivas.
Es una selección de la música incidental La Tempestad Op. 109 (1925-6), de Jean Sibelius. No podemos encontrar música más evocadora y misteriosa; además aquí con deliciosas imágenes, para la obra de Shakespeare (una reseña AQUÍ) del mismo título. De Tchaikovsky ya habíamos traído su particular recreación musical, también soberbia, en forma de obertura-fantasía.
La música nos hace olvidar, momentáneamente, otras tempestades metafóricas, políticas, sociales, sanitarias, vivenciales...
Para celebrar el Día Internacional de los Bosques, y con el deseo de preservar los biomas con vegetación predominante de árboles y arbustos, no se nos ocurre nada mejor que traer un fragmento del extenso poema LOS ROBLES de Rosalía de Castro, perteneciente a su poemario En las orillas del Sar(1884). Ya entonces, hace 135 años, se lamentaba la gran poetisa de la destrucción de los bosques.
Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto en tierra cayeron encinas y robles!; y a los rayos del alba risueña, ¡qué calva aparece la cima del monte! Los que ayer fueron bosques y selvas de agreste espesura, donde envueltas en dulce misterio al rayar el día flotaban las brumas, y brotaba la fuente serena entre flores y musgos oculta, hoy son áridas lomas que ostentan deformes y negras sus hondas cisuras. Ya no entonan en ellas los pájaros sus canciones de amor, ni se juntan cuando mayo alborea en la fronda que quedó de sus robles desnuda. Sólo el viento al pasar trae el eco del cuervo que grazna, del lobo que aúlla.
Los bosques reconfortan, los bosques dan sosiego. Los bosques oxigenan, los bosques dan salud. Los bosques tienen música, los bosques dan placer...
Tapiola*, Jean Sibelius
[*De Tapio, el espíritu o la divinidad del bosque]
El encantador Lied "Die Forelle" (La trucha), de Franz Schubert, cuya letra de Christian Friedrich Daniel Schubart mostramos a continuación traducida al español, nos habla del pez común de agua dulce y un pescador. Y nos basta para llenar esta página de delicioso sabor y tierno encanto melódico.
Vox Balaenae (La voz de las ballenas), de George Crumb
Intérpretes: Mimi Stillman, flute
Arlen Hlusko, cello
Amy Yang, piano
Cuando el movimiento ambientalista (verde) se afianzó a fines de los años sesenta y principios de los setenta, y "salvar a las ballenas" se convirtió en algo más que una pegatina para el parachoques, el revolucionario Vox Balaenae de George Crumb proporcionó una voz musical distinta, creando un vívido paisaje marino de sonido y textura.
Crumb coloca la relación contemporánea entre el hombre y la ballena en una escala mucho más amplia, pintando un cuadro que resume las vastas extensiones de la historia previa a la interacción del hombre con el mar y sus habitantes antes del inevitable conflicto. Este viaje cronológico musical toca elementos de la ciencia, la historia, la religión y la filosofía existencial, así como diversas cuestiones morales y éticas.
Los intérpretes usan medias máscaras negras durante la ejecución. En palabras de Crumb, "borrando el sentido de la proyección humana [las máscaras] simbolizarán los poderosos e impersonales rostros de la naturaleza", mientras que la iluminación azul, a menudo utilizada, mejora la figurativa inmersión en el mar. Aunque se inspira en las grabaciones de la canción de la ballena jorobada, Crumb evita el uso de cintas y, en cambio, pide a los tres músicos que produzcan sonidos naturalmente, ayudados por la amplificación y la técnica extendida, lo que permite un rango notable de dinámica, color y emoción.
Texto del vídeo traducido
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Esta obra de cámara, recreación de las sonoridades de una especie del reino animal, es un complemento ilustrativo, a nuestra serie Música y Naturaleza.
Ceo escamento, ou chuvia ou vento.
Dicho popular gallego, sobre los altocúmulos
Leemos sobre los colores de las nubes, cómo mirando al cielo se puede augurar si traerán traen lluvia por su color, claro u oscuro, desde el blanco a diferentes tonalidades de gris, según estén formadas por cristales de hielo o agua líquida. Y el color de la nube depende del tamaño de las gotas de agua que la forman, por su capacidad de filtrar los rayos de sol, de modo que cuanto más grandes, más intensos son los grises, y alcanzado un punto caen por la gravedad en forma de lluvia.
Entre las nubes grises que presagian lluvias están los cumulonimbos, nubes de desarrollo vertical asociadas a las tormentas (a veces denominadas “nubes de evolución”). En otro extremo, vemos nubes trasparentes o translúcidas, por cristales de hielo, como los cirros, en forma de filamentos, a veces en forma de cirroestratos o de cirrocúmulos [Añadido/corrección del texto periodístico], con copos de algodón muy llamativos.
Adentrándonos en el tema, vemos que el variado y apasionante mundo de las nubes incluye diez géneros nubosos:
1. Nubes altas:
Cirros(cirrus). Aspecto filamentoso: filamentos blancos y transparentes. Compuestos de cristales de hielo. Vídeos AQUÍ
Cirrocúmulos(cirrocumulus). En forma de filamentos y copos de algodón. [v. Cúmulos, abajo.] Vídeos AQUÍ
Cirrostratos (cirrostratus). Aspecto de velo blanco, sin estructura definida. [v. Estratos, abajo.] Vídeos de cirros y cirrostratos AQUÍ
2. Nubes medias:
Altocúmulos (altocumulus). Aspecto de copos esféricos, con sombras, ondulaciones o estrías entre ellos; o de rebaño de ovejas ("cielo aborregado"). Anuncian frente frío o desarrollo de nubes de tormenta. Vídeos AQUÍ
Altoestratos (altostratus). Cubren el cielo total o parcialmente como una capa uniformemente gris, de aspecto regular o ligeramente estriado (Altostratus undulatus); mixtas de hielo y agua. Vídeos AQUÍ
Nimbostratos (nimbostratus) [Nimbo: nube de lluvia o tormenta. Vídeos AQUÍ]. Capas grises, oscuras, con diferentes grados de opacidad o grosor; sin rasgos de nubes, son las formas menos pintorescas, pero pueden bloquear el sol. Pueden ser nubes medias. Vídeos AQUÍ
3. Nubes bajas:
Estratocúmulos (stratocumulus). Cúmulos de poca altura, a veces en ondulaciones o cilindros alargados (strat. volutus), de color variable, desde blanco a gris oscuro. Nubes atractivas, pintorescas. Vídeos AQUÍ
Estratos (stratus). Capas de bajo nivel de color gris o blanco bastante uniforme (neblina o velo sin estructura regular). Son el tipo de nube más baja, a veces en forma de niebla o neblina. Vídeos AQUÍ
Cúmulos(cumulus)*. De bordes bien definidos y aspecto algodonoso. Asociados al buen tiempo. Ver también AQUÍ, y vídeos AQUÍ
Cumulonimbos(cumulonimbus).De desarrollo vertical y apariencia masiva, grisácea o cerúlea, a menudo con base plana muy oscura. Son nubes tormentosas que puede producir granizo y rayos por su carga eléctrica. Ver también AQUÍ, y vídeos AQUÍ
*Los cúmulos menos desarrollados se denominan “nubes de evolución”.
Todo tiene su fin. Y el sexto capítulo radiofónico sobre Música y Naturaleza de nuestra colaboración con el programa Longitud de onda, de Radio Clásica de RNE, ha sido el último de la serie. Lo hemos titulado “Música de los ciclos naturales”, en referencia a los ciclos estacionales, los ciclos día-noche (con la particularidad de amanecer y anochecer) y los ciclos meteorológicos. Hemos intentado, como siempre, responder a un cuestionario; para la ocasión éste:
Al hablar de los ciclos naturales, ¿a qué nos estamos refiriendo?
Sobre la música de los ciclos estacionales, ¿qué composiciones merecen ser citadas?
En cuanto a obras musicales referidas a meses concretos, ¿cuáles podemos recordar?
Sobre sonoridades del amanecer y del anochecer, ¿qué piezas sonoras tenemos?
Respecto a los ciclos de tempestad y calma, ¿qué composiciones cabe apuntar?
De otros ciclos naturales llevados a la música, ¿hay algo que decir?
Y para ilustrar este capítulo sobre la música y los ciclos, ¿qué obra escogemos?
Hemos traído títulos de composiciones sobre las estaciones del año, los meses, los días con su alborada y su ocaso, los ciclos de tempestad y calma y el ciclo de las nubes, con un recordatorio de los cantos populares o del folklore musical que tienen como motivo las labores del hombre en su medio natural en cada ciclo estacional: siembra, recogida de frutos de la tierra (la siega, la vendimia) y de frutos marinos. Comprobamos que la música vocal domina el campo de los ciclos naturales, por eso decidimos elegir como ilustración sonora un lied: La última primavera (Våren, 1881), de Edvard Grieg, por apartarnos por una vez de la música orquestal, en detrimento de la referencia para este capítulo que, sin duda, debería ser Las cuatro estaciones de Vivaldi. Pero el referido lied supone el adiós de un hombre que, próximo a morir, se lamenta, porque no habrá de disfrutar de otra primavera. Nos pareció adecuado como cierre del ciclo de Música y Naturaleza.
Pinchar en "Música de los ciclos naturales" para acceder a la página de Longitud de onda. Activar botón play, y aprox. desde minuto 13:03 nuestra intervención.
Como otras veces, hemos de decir que se han quedado inevitablemente composiciones por referir, pues comprimir todo un catálogo compositivo en diez minutos es imposible. Pero creemos haber citado obras musicales suficientemente representativas. No obstante, nos hemos dejado algunas merecedoras de mención, como Voces de primavera (Frühlingsstimmen, 1882), vals de Johann Strauss II, La consagración de la primavera (Le Sacre du printemps, 1913), ballet de Stravinski, o Vals de la primavera (1952), pieza para guitarra, de Agustín Barrios. Y, sobre todo, una que pasamos por descuido, y que conjuga anochecer y amanecer: Cabalgata nocturna y amanecer (1901), poema sinfónico de Sibelius, inspirado por un paseo en trineo en el que el compositor contempló un impresionante amanecer. Incluso dejamos de lado una estrofa del poema de Heine inspirador del lied «En el maravilloso mes de mayo» (Im wunderschönen Monat Mai), del ciclo Amor de poeta (Dichterliebe, 1840), de Robert Schumann. En fin, nada es perfecto.
Y como contraste con el lamento primaveral del lied de Grieg, traemos la explosión de alegría de la primavera vivaldiana.
«La primavera» de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi
En la música de la naturaleza, cabe incluir la música del fuego. Si pensamos en el fuego como elemento, creador y destructor, saludable para los ecosistemas o capaz de destruir los bosques y su biodiversidad (ahí el drama de los incendios forestales provocados por la mano irresponsable del hombre, cuya música se nos antoja en tempo de scherzo burlesco y, al dejar tristes cenizas, adagio lamentoso), podemos referir composiciones que lo realzan.
Sobre el fuego como elemento poderoso o purificador podemos referir tres composiciones: «Música del fuego mágico», final del Acto III de la ópera La Walkiria (Die Walküre, 1870), de Richard Wagner; «Danza ritual del fuego» de El Amor Brujo (1915), de Manuel de Falla; «Danza de los espíritus del fuego», de la ópera El loco perfecto (The Perfect Fool, 1922), de Gustav Holst, de la cual se suele interpretar el ballet introductorio en forma de suite de cuatro movimientos (el 4º es la Danza de los espíritus del fuego): un interpretación AQUÍ.
Música del fuego mágico, de La Walkiria de Richard Wagner
Respecto al fuego destructor de los bosques, una composición de Heitor Villa-Lobos nos parece adecuada: «Fuego en el bosque» (Fogo na floresta), penúltimo número de la suite El bosque del Amazonas (A floresta do Amazonas, 1958).
En el quinto capítulo radiofónico sobre Música y Naturaleza, de nuestra colaboración con el programa Longitud de onda, de Radio Clásica de RNE, nos hemos centrado en los animales en la música, con especial protagonismo de los pájaros como fuente de inspiración para los compositores. Un capítulo más extenso que los otros que hemos titulado "El canto de los animales", intentando responder como siempre a un cuestionario, en este caso el que sigue:
Hablando de animales, ¿las sonoridades de la fauna son una buena fuente de inspiración musical?
Sobre los mejores cantores de la naturaleza, ¿qué obras musicales podemos citar?
Individualmente, ¿podemos referir piezas dedicadas a los mejores solistas alados?
Del indiscutible rey del canto, el ruiseñor, ¿qué composiciones hallamos?
Aparte del canto, ¿han inspirado las aves a los compositores por otras cualidades?
¿Cabe decir algo de la simbología de los pájaros en las composiciones musicales?
Y para ilustrar el canto de los animales, ¿qué obra maestra elegiríamos?
Tan extensa relación de otras inspiradas en la fauna es imposible concentrarla en sólo diez minutos de intervención, sobre todo sin dejar detalles ilustrativos sobre las mismas. El primer apartado, referido a insectos, arácnidos, reptiles, mamíferos, peces, etc, siguiendo el ordenamiento por clases de la taxonomía animal, ya se hace de por sí muy extenso. Las composiciones sobre pájaros hemos decidido distribuirlas en diferentes apartados, tratándolos en conjunto, individualmente, contemplando al ruiseñor como rey del canto y considerando la simbología de las aves. Un mundo alado inacabable para el que decidimos elegir como pieza representativa La alondra ascendiendo (The lark ascending, 1914), romanza para violín y orquesta de Ralph Vaughan Williams, por representar en ella la alondra, o calandria, las dos cualidades más significativas de las aves: el vuelo y el canto.
Pinchar en "Las melodías fluviales" para acceder a la página de Longitud de onda.
Activar botón play, y aprox. desde minuto 11:15 nuestra intervención.
Hemos de apuntar también otras obras no referidas o que se han quedado afuera por limitación de tiempo: Las avispas (The wasps, 1909), música incidental para la obra teatral de Aristófanes del mismo título, de Ralph Vaughan Williams; Dúo humorístico de dos gatos (Duetto buffo di due Gatti, 1825), de Robert Lucas de Pearsall, inspirada en el Otello de Rossini; «El colibrí» (Le colibrí), de Siete melodías (1879-82), de Ernest Chausson; Azulão (final 1920/inicio 1930), de Jayme Ovalle, canción en la que el exótico pájaro azul (Cyanocompsa brissonii) de bello canto es invocado por la ausencia de la amada; El mirlo negro (Le merle noir, 1951), de Olivier Messiaen, obra para flauta y piano; El ruiseñor de la huerta (1929), zarzuela de Leopoldo Magenti; Una bandada desciende en el jardín pentagonal (A Flock Descends into the Pentagonal Garden, 1977), obra orquestal de Toru Takemitsu, inspirada por una fotografía de centro Pompidou de París y un sueño posterior: un jardín pentagonal donde pájaros blancos vuelan guiados por un pájaro negro. Un canto, el de los animales, que se hace inacabable.
Félix Mendelssohn (1809-1847), cuando tenía veinte años, halló inspiración en una visita a Escocia. Así compuso la obertura Las Hébridas o La gruta de Fingal (1830), la impresión sonora de su viaje a ese archipiélago y en particular a una famosa gruta o cueva marina en la isla de Staffa, cuyo nombre se lo dieron los vikingos: Stafi-oy, «isla de columnas», por las columnas de basalto que hay allí.
Otras interpretaciones de La gruta de Fingal con imágenes más vívidas:
—«Caminante no hay camino», de Antonio Machado, XXIX de Proverbios y cantares, nos dice que la vida no tiene un camino marcado, sino que el camino se hace viviendo, y que el camino vital no tiene retorno.
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
++Viaje ingrato o peligroso.
+++Viaje deleitoso y viaje como evasión.
—«El viaje», de Charles Baudelaire, largo poema en ocho partes, habla del deseo de viajar, ya desde la niñez, y del viaje como evasión del verdadero viajero, sin rumbo, sin meta, expresado como deseo de huida de una realidad ingrata o del hastío vital.
Pero los verdaderos viajeros sólo parten
por partir; corazones livianos, como globos,
jamás escapan de su fatalidad,
y, sin saber por qué, siempre dicen: ¡Vamos!
«La invitación al viaje», del mismo poeta, también habla del viaje como evasión, del deseo de huida a una exótica ciudad.
—«Viaje feliz», de Johann Wolfgang von Goethe, refiere un viaje por mar que, junto a otro poema de Goethe: «Mar en calma», inspiró a dos grandes músicos: Beethoven y Mendelssohn. [v. El mar como sonoro protagonista]
++++Viaje no físico: mental, virtual, literario, onírico, simbólico...
—«Paseo Vespertino», de Luis Alberto de Cuenca (1950), es la cabalgada simbólica y nostálgica de dos amantes, envueltos en una atmósfera onírica.
Tú y yo, amor, a caballo, por las suaves
laderas de un crepúsculo dorado
(…)
rumbo a ninguna parte, mientras brota
la orquídea de la noche a cada tranco
y queda atrás, hundiéndose en el polvo,
la borrosa silueta del ocaso,
tú y yo por los países de la bruma,
picando espuelas, dos enamorados
que unen sus corazones en la fronda
donde alumbran, gloriosos, los relámpagos,
y cabalgan oscuros por lo oscuro,
como un rey y una reina destronados.
—«Peregrinaje», de Alejandra Pizarnik (1936-1972), es como un viaje desesperanzado a la nada; se trata de un poema hermético –de la poesía hermética– en el que hay un enmascaramiento del sujeto.
+++++Viaje a la nada, Viaje como huida de sí mismo (físico y/o mental).
—«Viaje de invierno, de Wilhelm Müller (1794-1827), es un ciclo de poemas (24) sobre la huida física y mental de un joven tras un desamor, que inspiró el homónimo ciclo de canciones de Franz Schubert.
—«Canción del viaje», José Ángel Buesa (1910-1982), es un poema de desamor, de la nostalgia y el vacío de alguien que se marcha en tren, tras el fin de un romance.
Y aquel tren que partía se llevaba algo mío,
ya no recuerdo cuándo, ya no recuerdo quién.
–José Ángel Buesa es un poeta de expresión neorromántica y tono elegíaco.
—«El tren expreso», de Ramón de Campoamor (1817-1901), con el ferrocarril como escenario, es un largo poema en tres cantos que, con el tono burlesco típico autor, narra la admiración por una belleza femenina y una triste historia de amor.
–Campoamor no deja de mostrar su fascinación por el tren, nuevo medio de transporte y símbolo de progreso.
—«Trenes en la noche», de Álvaro Valverde (1959), es una reflexión sobre los fugaces encuentros humanos, en este caso por medio de dos trenes que se cruzan.
—En «Oda marítima», de Fernando Pessoa (1888-1935), el yo poético, fascinado por el mar y la vida marítima, parece querer engancharse a algún barco que ve.
Los paquebotes que por la mañana entran en la barra
traen consigo a mis ojos
el misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Traen recuerdos de muelles lejanos y de otros momentos
de otro modo de la misma humanidad en otros puertos.
–El poeta explora la modernidad y la nostalgia por el pasado marinero, en contraste con la angustia de la inmovilidad cotidiana.