lunes, 25 de noviembre de 2013

Miradas a la muerte

The Good Death

Nota.- Este tríptico sobre la muerte es mi aportación personal al tema "El derecho a bien morir" propuesto en #CarnavalSalud


1. La muerte próxima

No podemos evitar la muerte, pero podemos hacerla menos dolorosa.

Hace tiempo, sumido en la inquietud y las dudas, tuve la necesidad de hacer mi propia consideración sobre el paciente terminal:
Es imposible ponerse en el lugar del enfermo desahuciado, en espera de una muerte inminente de la que puede ser o no ser consciente. El paciente puede tener conciencia de muerte o ignorar lo que le está pasando. En ambos casos, seguro que estará embargado por el temor humano, salvo que haya alcanzado el supremo estado de ataraxia. Pensemos en los pacientes oncológicos, en los que sufren enfermedades neurodegenerativas o en los que padecen otra enfermedad grave en fases muy avanzadas, y acudirán a nuestra mente palabras apremiantes: resignación, esfuerzo, adaptación… Aunque no podamos curar, siempre podremos paliar. (…)

2. La muerte y la ética profesional

El médico no debe poner fin a una vida de manera activa; pero abstenerse de medidas desproporcionadas parece admitirse por la mayoría.

Poco antes, tratando de clarificar los límites de la actuación médica en el caso de un paciente terminal, me había adentrado en los vericuetos de la eutanasia:
Cuando se plantea, llegado el caso, la posibilidad de soportar un inútil sufrimiento manteniendo una vida meramente vegetativa, se cuestiona la posibilidad de la palabra que encierra una doble significación antagonista, desprecio y compasión, dureza y dulzura, crueldad y misericordia: eutanasia. Rechazada o aceptada, según se vea o no la vida como valor absoluto. Referida a la muerte dulce y tranquila, a la muerte serena, sin grandes sufrimientos, sería la muerte deseada por todos.
Fue éste el primer razonamiento de mi frágil reflexión, concluyendo que no es fácil establecer el límite de lo correcto, ni ayudar a bien morir.


3. Vivir y morir

Si nos preocupamos por retrasar la muerte y no por vivir la vida, estamos viviendo la muerte o muriendo en vida.

No hace mucho, realicé una recopilación de aforísticos pensamientos en torno a la muerte, una realidad irremediable que ha hecho correr tanta tinta como el amor, en la eterna confrontación entre Eros y Thanatos. Si el poeta confesó que había vivido, muchos no viven, dominados por la angustia de vivir. Desgraciadamente, a los peor tratados por la diosa Fortuna no se les concede el tiempo necesario para vivir, pues son víctimas de una muerte adelantada: unos son llevados prematuramente por la parca; a otros se les priva de la vida por humana decisión; algunos deciden una muerte voluntaria. Ya dijo André Malraux que “la muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”. Consideremos este aforismo y, sin renunciar al humor ni a la crítica mortuoria (¡ay, el negocio de la muerte!), pensemos que es un soplo la vida. Vivamos entonces el día a día, amorosamente, mientras podamos. Y con optimismo, pero sin negar el final de la vida, confiemos en nuestro derecho a bien morir. Algo más que un bello oxímoron.


Canto final: Cuando otra alma se va

Como colofón, traigo la letra de una canción elegíaca que compuse hace un año, movido por el fallecimiento de un familiar y evocando la muerte de mi padre (fallecido en un mes de noviembre). Bien dijo Cicerón que "la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos."

Cuando otra alma se va,
cualquier alma bienquerida,
se tiene la sensación
de que es absurda la vida.

Todo parece distante,
en nada hay alegría,
las lágrimas de tristeza
nuestro dolor atestiguan.

Y sin embargo nos queda,
tras la rabia contenida,
lo mejor de su presencia,
el dulzor de su sonrisa.


Muerte y transfiguración (Tod und Verklärung)
poema sinfónico de Richard Strauss

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hola Marina. Muchas veces el silencio es más expresivo, incluso en la música.
      Gracias por pasarte por este espacio médico-melódico.

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