viernes, 12 de diciembre de 2014

Ganivet y Finlandia: la poesía finlandesa y el Kalevala



El escritor Ángel Ganivet (1865-1898), precursor de la Generación del 98 y conocido sobre todo por su Idearium español, fue cónsul en Helsingfors (la actual Helsinki), donde escribió Cartas finlandesas, una colección de ensayos en los que reflexiona sobre la política, las costumbres, las tradiciones, la gastronomía, las mujeres, los paisajes, las diversiones, la literatura y la vida en general del pueblo finlandés. En la carta XX. La poesía épica popular finlandesa: el «Kalevala», Ganivet nos presenta la literatura finlandesa y su gran epopeya.
La literatura primitiva de Finlandia comprende géneros muy diversos; las composiciones de carácter lírico forman una gran colección titulada Kanteletar: son canciones cortas sobre toda clase de asuntos, propias para ser cantadas con acompañamiento del kantele, instrumento de cuerda, de forma original, inventado por el sabio héroe Waeinaemoeinen; los Loitsurunot son canciones relativas a la magia, que para los finlandeses primitivos era un saber muy elevado, una especie de filosofía natural, cuyo objeto era el conocimiento de las «palabras de origen» o términos mágicos, con los que se creía poder dominar las fuerzas naturales. Pero en ninguna de estas creaciones poéticas, ni en las leyendas o cuentos fantásticos que asimismo abundan, pudo tomar gran vuelo el espíritu finlandés, rudo y enérgico, obligado a vivir en lucha constante contra un clima inhumano; su obra capital, por no decir única, fue el relato poético de estos combates: el Kalevala
El asunto principal de estos primitivos cantos épicos era la lucha entre dos regiones del país; una, al sur, Kalevala, era como la representación de Suomi o Finlandia; otra, al norte, en Laponia, era el reino de las tinieblas, el territorio de Pohja o Pohjola; y todos los combates tenían un motivo céntrico, giraban alrededor del molino de Sampo, que era un símbolo de la dicha humana, y que, aun después de desvanecerse en el mar, continúa dando días de felicidad a Finlandia. Ligados a este argumento había numerosos cantos episódicos, como el de la creación del mundo, el de Joukahainen, el de Aino, el de Kullervo, etc.
Tan interesante epopeya quedó en su forma fragmentaria primitiva hasta hace cosa de medio siglo; y la gloria de haberla resucitado y dado a luz corresponde a un modestísimo mancebo de botica, después médico de pueblo, Elías Loennrot, quien después de varios ensayos parciales publicó en 1835 su primera edición del Kalevala, y en 1849 una segunda más completa, que fue traducida al sueco por Castren y después por Collan. Aunque es probable que este último texto sufra aún modificaciones y sea completado en unos puntos y purgado en otros de ciertas interpolaciones que no tienen carácter épico, tal como hoy existe da perfecta idea del mérito de una epopeya que, sin esfuerzo, puede ser colocada entre las mejores. Ya que mi falta de paciencia para los trabajos de traducción no me permite dar a conocer íntegra esta obra admirable (cuya versión exigiría un año o dos de trabajo asiduo), daré al menos un breve extracto de ella para contribuir por mi parte a que España sea de las primeras naciones que tengan idea de tan notable monumento literario.
Ángel Ganivet
por José Ruiz de Almodóvar

He aquí, pues, un acercamiento de Ganivet a las composiciones líricas finlandesas en forma de canciones, que se acompañaban del kantele, un instrumento tradicional finlandés de cuerda pulsada, y sobre todo al monumento literario que supone el Kalevala, compilado por Elías Loennrot, un médico de pueblo. Un profesional de la medicina que por esta labor cultural y sus actividades como filólogo y lexicólogo hemos de considerarlo como médico humanista.


Elías Loennrot (o Lönnrot)

Para mí ha sido un reciente y grato descubrimiento el epistolario finlandés de Ángel Ganivet, un brillante observador y pensador, con preocupaciones políticas y filosóficas, a quien Santiago Valentí Camp en un ensayo califica de “espíritu inaudito, contradictorio, arbitrario y desconcertante…, observador sagaz y pensador clarividente, sutil y de una alteza incomparable”. Y no deja de ser curioso, que el escritor granadino naciese el mismo mes y año que el gran compositor Jean Sibelius (músico que halló en el Kalevala una fuente de inspiración inagotable): diciembre de 1865, el primero el día 8 y el segundo el día 13. Pero Ganivet murió prematuramente, en 1898, con sólo 32 años (se quitó la vida en Riga), y Sibelius prolongó su vida hasta 1957. Y navegando por la Red, leo en el artículo “Las mujeres finlandesas de Ganivet” que el escritor conoció a Sibelius, y así lo dice el autor del escrito, José Luis Muñoz Mora, en el quinto párrafo. Sin que quede claro hasta qué punto, el gran especialista en Sibelius David Revilla Velasco me comenta en su blog “Jean Sibelius en Español”:
He hecho una pequeña búsqueda y no encuentro referencias a ese posible conocimiento, pero es más que posible que se llegaran a conocer, máxime si tenían amistades en común como la de Edelfelt (autor de uno de los retratos del compositor, justo en esa época). Además, si se movía en el círculo intelectual de Helsinki como parece más de una vez debieron coincidir, porque no era un círculo demasiado grande. Y de todas formas hay que tener en cuenta que en ese momento Sibelius ya empezaba a destacar, pero que hasta 1900 (la Primera Sinfonía, Finlandia y la gira internacional) el nombre de Sibelius era desconocido incluso para muchos finlandeses, por lo que a Ganivet probablemente ni le llamaría la atención.
Jean Sibelius
por Albert Edelfelt

Y como ilustración melódica de esta entrada literario-médico-musical (Ganivet-Lönnrot-Sibelius) finlandesa, traigo una interpretación del poema sinfónico Finlandia, de Jean Sibelius, tocado con el kantele, el instrumento tradicional de este interesante y atrayente país nórdico.

***
Nota.- La Asociación de Países Amigos (promotora de la lengua y cultura española en Finlandia) convoca anualmente desde 2007 el concurso literario Ángel Ganivet.

4 comentarios:

  1. Precioso artículo querido amigo Jose Manuel. Un recuerdo precioso a un hombre del que siempre guardaré gratos recuerdos. Su nombre está asociado a una calle sita a una manzana de donde nací. Recuerdos de infancia. Con algunas diferencias me recuerda en su pensamiento a una figura ilustre de la medicina española y universal, D. Santiago Ramón y Cajal.

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    1. Gracias, amigo Julio. Yo también siento simpatía por Ganivet. Y no es extraño que relaciones su pensamiento con el de Ramón y Cajal, que se entronca con la Generación del 98.
      Un sentido saludo.

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  2. Querido José Manuel: aquí estoy, descansando del instituto un poco e intentando recuperar el tiempo perdido. Qué delicia; cuánto he disfrutado leyéndote y cuánto he aprendido. No se me había ocurrido pensar en la posibilidad de que Ganivet y Sibelius se conocieran. ¡Me encantan estas entradas interdisciplinares!

    Un gran abrazo, meu amigo.

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    1. Bienvenida, Lola. Quién sabe si habrán llegado a conocerse Sibelius y Ganivet, aunque éste no nombra a aquél en sus interesantísimas Cartas finlandesas. Como dice David Revilla, en esa época (1896) Sibelius aún no era famoso, y el pobre Ganivet tuvo su trágico final sólo dos años después. Murió con 32 años; era de la misma edad que el gran compositor finlandés, pero este vivió sesenta años más, falleciendo a los 92.
      Merece la pena leer las Cartas, a las que lleva el enlace al principio de este escrito literario-médico-musical hispano-finlandés, dirigido a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. La prosa de Ganivet engancha.
      Outra forte aperta.

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