martes, 11 de agosto de 2015

Aborrecimiento de la medicina


A partir de una confesión sustentada en un estado de insatisfacción al finalizar la carrera (“He acabado Medicina y no quiero ser médico”), he intentado extraer algunas ideas de las mejores respuestas suscitadas. Y al final me han quedado un puñado de frases lapidarias. Unas que reconocen esta situación nada infrecuente y sus causas; otras que aconsejan medidas o estrategias para reponerse a la frustración y afrontar el futuro profesional de la mejor manera; y las restantes que consideran la opción de plantearse otras opciones, dentro del mundo sanitario y lejos de la actividad médica. Acaso valgan para el autoconocimiento o como terapia.



La realidad es innegable… 
  • Hay evidencia de que el estrés académico causa problemas de salud. 
  • Es una mezcla de saturación, angustia y agotamiento por el trabajo. 
  • El temor a dañar al paciente y el escaso conocimiento generan angustia. 
  • Los médicos de nuestro tiempo acusan un gran desgaste emocional. 
  • La medicina es profesión de riesgo: depresiones, divorcios, infartos... 
  • La competitividad prevalece sobre los valores humanísticos. 
  • El sistema de salud te exige dar mucho a cambio de poco. 

Casi siempre hay remedios… 
  • Ordenar las ideas, procurar la calma corporal y mental. 
  • Reforzarse con los pequeños logros en nuestro quehacer diario. 
  • Determinación para afrontar dificultades y afán de superación. 
  • Encontrar el equilibrio vida laboral/vida personal para sentirse mejor. 
  • Tratar de disfrutar con lo que uno hace, acudir sonrientes al trabajo. 
  • No permitir que la profesión nos quite el sueño y nos impida vivir. 
  • Pensar en positivo: la satisfacción de realizarse y de ayudar a los demás. 

Y a veces hay que variar o tomar resoluciones drásticas…
  • Buscar diferentes opciones dentro de la medicina. 
  • Compaginar la actividad médica con otras completamente distintas. 
  • Si la medicina nos amarga la existencia, dejarla sin dudarlo. 
  • Plantearse la posibilidad de otra actividad que sea más satisfactoria. 
  • Podemos no saber lo que queremos, pero sí lo que no queremos. 
  • Solo nosotros podemos encaminar mejor nuestra corta vida. 
  • Lo importante es ser libres y, si es posible, felices.

Pero a pesar de todos los inconvenientes (incluyendo la sobrecarga veraniega en nuestro peculiar sistema sanitario), la carrera de medicina es la más demandada. Y la profesión médica sigue despertando en la sociedad una gran admiración...


Doctor Robert - The Beatles

4 comentarios:

  1. Estupendo post J.M. Lo suscribo en su integridad. Enhorabuena por plasmar tanto en tan poco espacio. UN saludo

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    1. Gracias, amigo Antonio. Sin duda cuesta más concretar que dar rienda suelta a las palabras.
      Un estimulante saludo

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  2. Decías y tienes razón. Contesto y aporto mi experiencia.
    • Hay evidencia de que el estrés académico causa problemas de salud.
    Cierto, el paciente no lo sabe y padece sin identificar si la causa está en sí mismo.
    • Es una mezcla de saturación, angustia y agotamiento por el trabajo.
    Cierto, ocurre cuando el “sistema” nos hace afrontar múltiples tareas por falta de recursos humanos. El orden es ese que indicas : buf! la que me ha caído; no podré, es imposible; ya no puedo más.
    Lo viví en otoño de 1996, la doctora le decía “síndrome de angustia” - yo ya lo sabía y luchaba para que no ganara la batalla -.
    Al final hube de pedir apoyo y refuerzo, cuyo reparto, debí justificar hasta el último minuto, para conseguir que me fuera autorizado.
    Por esas fechas empecé a pensar en serio sobre mi retirada profesional. Tenía 52 años.
    Dos años después pasé por la primera intervención cardíaca.
    • El temor a dañar al paciente y el escaso conocimiento generan angustia.
    En mi caso, por el tipo de trabajo, mi temor era al “error” dado el poco training previo que recibí.
    • Los médicos de nuestro tiempo acusan un gran desgaste emocional.
    Yo viví mis traumas a distancia, esperando llamadas que, a veces, llegaron.
    • La medicina es profesión de riesgo: depresiones, divorcios, infartos...
    Ya lo he dicho. No sólo la medicina. También afecta a muchas posiciones técnicas de las que se esperan resultados no dotados con antelación.
    • La competitividad prevalece sobre los valores humanísticos.
    Amigo, trabajar para una compañía global de varios miles de empleados cuyo objetivo es “La creación de Valor”, tiene esos inconvenientes. Si esa empresa es norteamericana, ni os cuento.
    • El sistema de salud te exige dar mucho a cambio de poco.
    Lo dicho.

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    1. Sin entrar a comparar el ámbito laboral público y el privado, querido Martin, es evidente que el sistema condiciona, con su estructura organizativa, su cadena de mandos y sus fines. De modo que, independientemente de la personalidad de cada cual para afrontar dificultades, y en un sector tan sensible como el sanitario, puede ser decisivo, no ya por no estimular, sino por quitar las ganas de trabajar.
      Un saludo cordial.

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