jueves, 10 de septiembre de 2015

Una consulta médica cualquiera





El doctor Devuelta se prepara para su consulta habitual de atención primaria. Tiene suerte, es propietario de su plaza, no es un eventual con un futuro incierto. Llega, más o menos descansado, cargado con preocupaciones de variable intensidad. Lleva años con la misma rutina, no exenta de variaciones, más o menos estimulantes, pero con parecida sistemática día tras día, sin excepción, o con la excepción que confirma la regla. Aunque, como dijo alguien con acierto, la medicina de familia bascula de la rutina al drama. Lo que no deja sin validez la realidad de su rutina.

Antes de comenzar, tal vez una sesión clínica, para repasar lo olvidado, cumplir un objetivo, reforzar su autoestima o completar la rutina. Sino, a comprobar en el correo oficial cualquier mandato, indicación, recordatorio o mensaje de interés. O a realizar los informes que quedaban pendientes. O a gestionar interconsultas de la novedosa y cuestionable telemedicina. De no haber alguna urgencia inesperada (el surgimiento del drama, con necesidad o no de salida del centro), la consulta del Dr. Devuelta dará comienzo conforme a la agenda establecida.

Unos 38 pacientes de media, demasiados o no, según como se vea, según como lo vean otros desde afuera. A razón de 6 o 7 minutos por paciente en 4 horas teóricas (pura teoría: no menos de 5 horas), echen cuentas. Y piensen que muchos no acuden por un único problema; han ido aumentando las policonsultas, sin que haya disminuido la frecuentación. Como médico de familia (de cabecera en otro tiempo), el Dr. Devuelta está dispuesto a enfrentarse a todo tipo de problemas, en su cometido de atención integral o biopsicosocial, y a ir incluso más allá.

El primer paciente, un joven de treinta y tantos años, nuevo en el cupo del Dr. Devuelta, viene a buscar la baja laboral (habitual “debut”); ha tenido un accidente de tráfico y trae el informe del hospital privado donde lo están tratando de un esguince cervical. De paso, pide la receta del antibiótico que le prescribió un dentista. El segundo es una mujer de setenta años que acude por varios asuntos; entre ellos, demanda tratamiento para su habitual dolor artrósico, quiere extraer un tapón de cerumen y desea hacer un nuevo análisis para ver el colesterol.

La consulta del Dr. Devuelta se desarrolla por el cauce habitual, llevándose la burocracia la mayor parte del tiempo: renovación de recetas, partes de baja, informes de salud, informes de dependencia, etc. La patología va de los procesos agudos banales (infecciones respiratorias de vías altas, gastroenteritis, cistitis, conjuntivitis…) a la revisión de procesos crónicos (hipertensión, EPOC, diabetes, osteoporosis…). Y entremedias, se presentan pacientes aquejando algún síntoma reciente de importancia: dolor abdominal, dolor torácico, vértigo, palpitaciones…

Nuestro especialista en medicina familiar y comunitaria (médico general de antaño), como otro día cualquiera, atiende a pacientes con problemas afectivos (trastornos de ansiedad y depresiones) y a dependientes de alcohol o drogas. Se presenta la policía con un toxicómano que demanda un ansiolítico, aduciendo estar con el mono. “Menos mal que no se trata de hacer un parte de lesiones, como tantas veces”, se consuela el Dr. Devuelta; le llevaría más tiempo cubrirlo que atender tres o cuatro citas. Otros problemas sociales, como siempre, no dejan de presentarse.

Tres citados urgentes en un espacio de 5 minutos: son pacientes de otros médicos y otro turno. El primero refiere una molestia en el costado desde hace ocho días; el segundo dice estar con diarrea y requiere un justificante para no ir a trabajar; el tercero está acatarrado y alega no poder acudir a su médico porque se va de viaje. El Dr. Devuelta no discute con nadie (sabe que no sirve de nada); los primeros años informaba sobre las normas e intentaba educar a los usuarios del sistema, pero ahora reserva sus energías. No es resignación –piensa–, es obrar con inteligencia.

Le han dado un aviso domiciliario. Le queda poco para acabar, saldrá enseguida; es cerca, irá andando, no tendrá que llevar su coche ni mendigar (aun sintiéndose el último mono) que le den apoyo logístico. Pero casi simultáneamente lo llaman a la sala de urgencias: hay un herido con un corte en un dedo; la enfermera nueva dice que no sabe o no quiere suturar. Tiempo atrás, el Dr. Devuelta ya se había quedado estupefacto al comprobar que en la actualidad hay enfermeros que no suturan heridas, incluso con orden médica. “Malos tiempos para la medicina”, murmura.

Realiza el aviso domiciliario y finaliza la jornada (en total 37 pacientes, lo que no está mal, considerando que podían haber sido más, pues no tiene posibilidad de autogestión o autonomía de gestión). El Dr Revuelta suspira... Otra rutinaria jornada, con sus variaciones, más o menos estimulantes. 

El Dr Revuelta no entiende que no se cambien las cosas, que no se simplifique el papeleo, que no se mejoren los procedimientos. Sabe que los gestores no atenderán a reivindicaciones si no se les fuerza. Sabe que no hay unión entre los profesionales para lograrlo. También sabe que en atención primaria hay médicos zombis, que no se inmutan, que obedecen sin rechistar, que se tragan su queja. Decepcionado, mantiene una pizca de entusiasmo salvador. Y procurando un mínimo de necesaria dicha, aguarda a que llegue el día de la jubilación liberadora.


Si pudiese tener el tiempo en sus manos...


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11 comentarios:

  1. Querido compañero, no se puede expresar mejor lo que puede y suele ser, una consulta medica de atención primaria en España -hoy en dia-, y queda escrito, entre otras cosas, para quizás algún dia, saber lo que no debe volver a ocurrir.

    Llama la atención, la idéntica similitud de esta situación en todo el país, independientemente de la comunidad o el color del partido político que gestione la sanidad.
    No hay que olvidar que detrás de todo esto, se halla todo un sistema o entramado parasitario en el que se vive literalmente "a cuerpo de rey" desde arriba hasta abajo, basado en la explotación del médico de familia y el maltrato tambien del paciente ( aunque éste lo ignore)
    Pero como dice el refrán "no hay mal que cien años dure" y parece que algo o mucho, va a cambiar. !Ojalá lo veamos!

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    1. Como ya he respondido en un tuit, no es mi pretensión deprimir los ánimos. Pero la (triste) realidad ahí la tenemos, aunque cada cual pueda manejar las situaciones según sus capacidades, incluso manteniendo una sonrisa compensatoria. Y es verdad, amigo Juan, que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. La cuestión es resistir el tiempo que nos toca y de la mejor manera posible, sin que sea óbice para levantar la voz de manera constructiva, por el bien del sistema de salud y de los pacientes, que son el fin último o el objetivo de los servicios sanitarios.

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  2. Tengo 43 años. Me veo tan reflejada que asusta! Es verdad que evolucionamos como tu cuentas. Yo ya casi no discuto cuando he sido reivindicativa y perfeccionista a la hora de educar a los pacientes, de intentar mejorar las condiciones de trabajo.... pero estoy en ese punto. 😐😐😐

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    1. No hemos de sentirnos culpables por causas organizativas externas que obstruyen nuestra labor. Si somos competentes y comunicativos, si aplicamos nuestro conocimiento de la mejor manera posible y siguiendo los principios éticos, debemos tener la conciencia tranquila. Por eso, Alicia, hemos de impedir que los responsables sanitarios -en sus diferentes niveles políticos- frustren nuestra carrera profesional y nuestras legítimas aspiraciones.
      Un afectuoso saludo.

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  3. Tengo 43 años. Me veo tan reflejada que asusta! Es verdad que evolucionamos como tu cuentas. Yo ya casi no discuto cuando he sido reivindicativa y perfeccionista a la hora de educar a los pacientes, de intentar mejorar las condiciones de trabajo.... pero estoy en ese punto. 😐😐😐

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  4. Vale, ya lo pillo, en este escenario hay dos culpables: el "Sistema", envuelto en una gran bruma que impide residenciar las culpas... y la enfermera que "no sabe o no quiere" suturar. ¿No sabe? ¿O no quiere? No es lo mismo, verdad, ni se informa sobe el contexto, pero da igual: es incompetente o indolente, qué más da.

    Por cierto el foro al que enlazas hace preguntas muy interesantes sobre una nefasta definición de competencias que permite al médico decidir, cuando le conviene, "esto es mío" y, cuando no, "esto es tuyo". Y escandalizarse en ambos casos. La enfermera solo puede "obrar con inteligencia", es decir, diciendo "sí señor" (aunque ayer otro médico como tú le dijera "¿qué haces con el bisturí o con las grapas? Quita de ahí..."

    Pero da igual, el enemigo está en el objetivo, bien perfilado y definido, y lo que se pregunta en el foro es retórico, no te interesan las respuestas, igual solo has leído la primera intervención.

    En AP cada vez estáis peor, todo el santo día quejándoos y consintiendo. Pero eso significa que el Doctor Devuelta (¿Revuelta?) "obra con inteligencia", ahhhh. Con la enfermera es más simple, o "no sabe" o "no quiere". Qué pena de maniqueísmo, qué pena de quejicas, qué pena de "Sistema".

    Por cierto, ¿por qué a los MIR hay que llevarlos literalmente a rastras a MFyC, y acaban yendo los que peores notas sacan, y las enfermeras van a primaria a descansar y a "no querer o no saber"? ¿Será un problema del "Sistema" y no de las enfermeras? ¿Cuando os metéis con las enfermeras concretando y con el "sistema" generalizando, realmente os sentís mejor?

    ¿O es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

    Ya sé que la historia solo era una fábula... como en decenas de blogs en los que solo "era un ejemplo real, que me pasó ayer mismo". Pero en los blogs médicos (casi) nunca hay un ejemplo "real" del médico zombi al que tan vagamente aludes, solo una vaga referencia a su dudosa existencia: los zombis son criaturas fantásticas, las enfermeras un peligro bien real.

    Menos clasismo, más solidaridad y cooperación, que es más sano para todos, sobre todo para vosotros .

    Un cordial saludo,
    Juan

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    1. En la interrelación Administración Sanitaria-Profesionales-Usuarios/Pacientes todos tienen su parte de responsabilidad. La Administración decidiendo la organización del sistema sanitario, planificándolo y gestionándolo. Los profesionales sanitarios (médicos, farmacéuticos, enfermeras, auxiliares) tomando decisiones y realizando los procedimientos. Y los usuarios/pacientes haciendo buen uso de los servicios sanitarios y acatando sus deberes.

      El caso traído de enfermería es un hecho constatado, aunque no generalizado, y que de ninguna manera cuestiona la profesionalidad de enfermeros y enfermeras. Conozco algunos/as que superan en competencia a muchos médicos. Por otro lado, sí me he leído todas las intervenciones del foro en cuestión, pero pude haber dejado este otro enlace:
      http://www.doctorcasado.es/2015/08/relato-de-verano-no-es-mi-funcion.html

      El Doctor Devuelta (que está “de vuelta” de todo?) no se queja vanamente y si “obra con inteligencia” es para no quemarse definitivamente, para no llegar al agotamiento extremo que lo invalide. No minusvalora ni desprecia a nadie, tan sólo describe una realidad atosigante y descorazonadora. Por supuesto que tiene que reconocer los errores, de los que nadie se libra, y advertir la viga en el ojo propio. Y habla de compañeros “zombis” en su acepción de “autómatas”. Por otro lado, podríamos decir, más allá de un ámbito concreto: ¡qué pena de sociedad!

      Desde luego la organización interna de los centros sanitarios compete a los profesionales, encabezados por un jefe de servicio o coordinador. Pero quien ha de planificar, ordenar, mantener y velar por el buen funcionamiento del sistema es la Administración Sanitaria, a través de sus gestores, que en nuestro país están totalmente politizados, lo que por desgracia no favorece una continuidad en pos de la mejora de la calidad en salud.

      Es cierto, Juan, que hay una nefasta definición de competencias, pero sorprende que además de rehuir lo que no corresponde se trate de eludir lo dudoso. Y por supuesto que en un trabajo “en equipo” se precisa cooperación y solidaridad entre sus miembros, pero también un mínimo acatamiento jerárquico para que las cosas funcionen. Creo yo.

      Un saludo y gracias por tu amplio comentario.

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    2. Muchas gracias a ti, José Manuel,porque a pesar de lo "agresivo" de mi comentario hayas sabido responder con argumentos tan sólidos. Un saludo, te sigo desde ahora.

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  5. Vaya, como siempre la hipersensibilidad ante cualquier referencia a sectores no medicos.
    Solamente y con perdon, una realidad: consultas de 4 o 5 citados para toda una jornada laboral, siempre es y sera un chollazo en cualquier curro, y lo ideal para jubilarse ¿eso es clasismo ?, ¿precisa todavia de mas solidairidad y cooperacion?

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    1. Como supongo que va por mí y yo no paso ni pasaré consulta (no creo que me dejaran, ni es mi vocación), lo que persigo en beneficio de ciudadanos, pacientes y SNS solo es buscar un poco más de cooperación y un poco menos de agravios comparativos que no llevan a ningún lado, cada cual lleva lo suyo en un medio que no es fácil para nadie. Gracias y perdón al propietario del blog por tanto protagonismo.

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  6. Insisto Jose Manuel no se puede expresar mejor la realidad de la atención primaria en este pais :
    La explotacion del médico de familia con descarga absoluta de todas las responsabilidades sobre el mismo, sobrecarga asistencial inhumana: mas de 40 pacientes para atender con menos de 5 minutos disponibles para cada uno, 3 pacientes citados como urgentes en un periodo de 5 minutos , (que no lo eran pero podian serlo) sin ningun filtro , desaparición de la necesaria jerarquia profesional basada en responsabiilidades, ausencia de tiempo real para visitas domiciliarias y en situacion de agotamiento, etc.
    Ademas de nuestra resignación adaptativa o conversion directamente en zombis.
    Se te olvidó mencionar el sistema informatico que se come la mayor parte del tiempo disponible para atender al paciente.

    Ni que decir tiene, que como se dice en algunos comentarios, esta situación contrasta y y a la vez sirve para sostener todo un sistema parasitario, que como el Senado de los politicos, sirve de retiro dorado para otros colectivos, hasta el punto que popularmente a los centros de salud se los llaman centros "marina-dor".

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