viernes, 7 de julio de 2017

Loca consulta estival


Hay jornadas de consulta que dejan a cualquier galeno zarandeado. Sobre todo en esta época estival en la que hay que asumir ausencias de profesionales. Ya hemos dejado testimonio de "una consulta médica cualquiera". Y hemos hablado de las peculiaridades de la asistencia en verano, con el encabezamiento de "sanidad estival". Ahora dejamos algunas locas incidencias veraniegas recogidas en una sola jornada, fruto de los factores ya referidos, quizá también de calores no habituales y quién sabe si de alguna mala confluencia astral. Ahí van:


Paciente de edad avanzada con vértigo periférico llega arropada por varios familiares, exigiendo inmediata consulta especializada, de la cual ya está pendiente. Conminado el galeno e imposibilitado de comunicación efectiva, no le queda más remedio que optar por la derivación urgente.

Mujer joven en situación de baja laboral que lleva dos meses sin comparecer, alegando que se olvidó. El programa informático no permite la emisión del correspondiente parte de confirmación (procedería el alta por incomparecencia), y al galeno no le queda otra que derivarla a la Inspección Médica.

Consulta telefónica en la que reclaman recetas de fármacos prescritos en hospital privado concertado, entre ellos heparina de bajo peso molecular (la más cara). Nada consigue el galeno sugiriendo cita presencial para verificar esas prescripciones, y al final las emite lamentándose de la inseguridad y del gasto incontrolado.

Hombre de mediana edad viene temeroso tras leer prospecto del fármaco (procinético) que le prescribieron en urgencias por dolor abdominal (inespecífico). El galeno lo tranquiliza y le explica que está bien indicado (dispepsia), sin dejar de reparar en nuestros disuasorios prospectos farmacéuticos.

Anciano que demanda tres corticoides tópicos, dos de potencia alta y el tercero de potencia muy alta, que dice aplicar en el cuerpo cuando suda y en la zona de la barba cuando le pica. Al ver los tres cartones (recortes de envases) de procedencia incierta, el galeno constata el desmadre medicamentoso, en este caso tópico. 

Otra consulta telefónica, de paciente joven que refiere estar pendiente de una resonancia magnética (RM) solicitada por neurólogo, pero como está embarazada alguien le dijo que su caso le tenían que pedir un TAC. El galeno, atónito, no deja de repetir aquello de que "de fútbol y medicina todo el mundo opina".

Paciente hipocondríaco extremo (+20 visitas anuales a urgencias) reclama receta de antibiótico (azitromicina) prescrito por neumólogo, con pauta semanal indefinida (activado por un año), porque -dice- no le llegan. El aturdido galeno clama al cielo, sospechando una peculiar prescripción por "agotamiento" del prescriptor.


Valgan de muestra estos ejemplos significativos, dejando aparte los requerimientos burocráticos (a menudo absurdos y siempre fastidiosos) y las consultas "urgentes", que son consecuencia de la confusión de accesibilidad con inmediatez y que exigen un triage. Hay otras iguales o parecidas, sorprendentes o inconcebibles. Son consultas que precisan serenidad y paciencia, acaso tanto como las "sagradas", pero que muchas veces desbordan al profesional de la salud. Vaya entonces por delante lo vocacional para no enloquecer de empacho asistencial.

Y para ilustrar esta calurosa entrada de verano, una veraniega canción refrescante...

The Green Leaves of Summer - The Brothers Four

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