viernes, 7 de enero de 2011

En torno al suicidio

El suicidio no es sólo el tema mayor de la psiquiatría 
sino de la existencia toda en cierto modo.
(Dr. Lizardo Cruzado)

En este blog he tratado el tema del suicidio (“El suicidio, un acto impactante”), impulsado por los interesantísimos escritos del Dr. Lizardo Cruzado en su bitácora “Desde el manicomio”. Sus analíticas consideraciones y su visión crítica me han hecho reflexionar muchas veces. Y su último artículo en torno a este acto impactante, propiciado por el suicidio del escritor Emilio Salgari (1862-1911), me ha llevado a editar esta entrada como complemento a la previa. No es más que un remedo de su pensamiento y una reproducción de mis comentarios, con una anotación complementaria sobre profesionales de riesgo.


El suicidio ritual y otras formas más profanas

De los diferentes caminos de consumar la muerte voluntaria (ahorcamiento, arma de fuego, envenenamiento, ahogamiento, desangramiento, defenestración, fuego a lo bonzo, harakiri, inanición...), el Dr. Cruzado repara en el seppuku, la vía elegida por el escritor Emilio Salgari (perteneciente a una familia de suicidas), y sus variantes.
“Uno imaginaba a Salgari como el Sandokán de sus libros: siempre triunfador, invicto y arrogante. Salgari desdeñó el pistoletazo, el láudano o la horca. Para su muerte, optó por el seppuku.
Si uno husmea mínimamente en la información acerca del seppuku, más conocido como haraquiri, será sorprendido por la plétora de términos japoneses relacionados a él: chugibara, verbigracia, era el suicidio como muestra de lealtad al señor y kanshi designaba al suicidio como protesta ante un acto injusto efectuado por el superior. Shinju (literalmente, 'dentro del corazón') era el suicidio doble, específicamente de una pareja sentimental, donde debía acontecer primero y caballerosamente el suicidio del amante varón antes que la dama, aunque, si ambos amantes eran varones, el deber imponía simultaneidad. Incluso, muestra de la refinada y para nosotros exótica idiosincrasia nipona, antes del seppuku era bien visto escribir un poema de despedida, el zeppitsu ('última pincelada') o yuigon ('declaración que uno deja atrás').
Cuán diferente a la visión que campea occidental entre nosotros, un sólo suicidio, siempre, y del todo psiquiatrizado.”
Aunque la conducta suicida suele acontecer en individuos con alguna enfermedad psiquiátrica (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, toxicomanía), adquirida o genéticamente condicionada (como parece ser el caso de Salgari), y desencadenada por diversas situaciones (envejecimiento, enfermedad grave, trauma emocional, duelo patológico, desempleo, ruina económica, meteorotropismo…), siempre me ha parecido que alrededor del suicidio suele girar el monstruo de la soledad. La soledad con todo su cortejo: el abandono, el desprecio, el rechazo, la inseguridad, la inadaptación, el ensimismamiento, el sufrimiento, la desesperación… La soledad del náufrago y la soledad en la muchedumbre. Pero puede que esté en las musarañas y me equivoque.

Por otro lado, los tiempos han cambiado. Ahora el suicidio ritual japonés del seppuku, parece haber cedido paso a otros menos sofisticados, como el de los jóvenes nipones que se suicidan en grupo comunicándose por internet e inhalando monóxido de carbono.


Nuevos factores de riesgo de suicidio

En una búsqueda exhaustiva de factores favorecedores de suicidio, se han recogido datos epidemiológicos que parecen apuntar a los lunes –generalmente el primer día laboral de la semana– e incluso, rizando el rizo, a viñetas humorísticas.

Conocía algunos datos epidemiológicos sobre el suicido (consumado), con tasas similares o mayores a las de accidentes de tráfico *, que apuntan a factores de riesgo: sexo masculino (en Hispania tasas triples en hombres); estado civil de viudo, separado o divorciado (la cara autodestructiva del maltrato de género para algunos analistas); la estacionalidad de primavera y verano; la situación laboral de desempleo; el medio urbano en jóvenes y el rural en viejos; los antecedentes psiquiátricos (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia); la toxicidad de las drogodependencias y de ciertos fármacos; la situación social de incomunicación y soledad; las enfermedades crónicas discapacitantes y la fases terminales del cáncer; el desarrollo económico (¿el malestar del bienestar?, ¿la marginación engendrada?)… y los determinantes genéticos. Pero no conocía, el día fatídico de la semana: el lunático lunes. Será porque todo comienzo es difícil, conflictivo, dramático y, en el peor de los casos, trágico.

* Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) permiten llegar a esta conclusión: “El suicidio supera a los accidentes de tráfico como causa de muerte”.
Datos generales de Hispania pueden consultarse en este artículo: “El suicidio en España. Tasas autonómicas”.

En lo referente a las viñetas humorísticas, reproduzco una selección del texto "El humor y la muerte", del Dr. Lizardo Cruzado :
“Ayer 10 de setiembre fue el Día Mundial de Prevención del Suicidio (…) El suicidio es enormísimo, inagotable tema. Como leíamos en algún afiche, cada 40 segundos se suicida alguien en el mundo: y cada 41 segundos muchos otros empezarán a tratar de encontrar algún sentido a semejante hecho. Por si fuera poco, por cada suicidio consumado se producen más de 25 tentativas francas de tal cometido. (...) irónicas viñetas…
El humor y la muerte, la muerte y el humor, pareja indivisible son: el mayor temor humano y el gran mecanismo de defensa que la desacraliza, la pone en entredicho y la tutea. Inmensos telones de fondo devienen sobre los que proyectamos nuestras iras reprimidas y nuestros más acendrados prejuicios. 
¿Podrá creerse que un cómic ha sido acusado de inducir al suicidio? (…) Devanando ideas gratuitas, ¿no representarán de alguna manera aquellos conejitos nuestra propia indiferencia ante el suicidio que luego -maravillosa proyección- nos escandaliza? ¿No graficarán sus peludos y palpitantes cuerpecillos nuestra inerme condición ante la desnuda realidad que cada suicidio nos arroja a la cara violentamente -cada 40 segundos-?”
Valga el humor, aunque sea negro, como antídoto del miedo a la muerte; pero no parece admisible que viñetas humorísticas puedan ser causa de muerte. No se puede obviar la multicausalidad del suicidio.


Medicina, estrés y suicidio

Aquí me detengo en un artículo sobre “Odontología y estrés”, del que extraigo las siguientes conclusiones:

• La odontología está catalogada como uno de los ejercicios profesionales más estresantes. La relación interpersonal, el ambiente de trabajo y las condiciones sociales son factores que influyen.

• Se considera que los mayores índices de suicidios en salud se deben a odontólogos, psiquiatras y anestesiólogos.

• Hay cuatro factores que lo generan: autoeficacia, la facultad y su administración, la sobrecarga de trabajo y la presión para el desempeño.

• El nivel de estrés se incrementa al combinar la práctica clínica con la docencia.

• Existe evidencia sobre los niveles de estrés en médicos, odontólogos, docentes y conferencistas. Los factores implicados son la baja autonomía, la sobrecarga de trabajo y la pérdida de congruencia entre poder y responsabilidad.

• El estrés laboral es un gran problema en países desarrollados pero en algunos casos es mayor por las crisis económicas de cada país.

• Se muestra la relación entre estrés de trabajo y la frustración, considerados como los más serios riesgos profesionales en odontología.

• Los odontólogos por encima de 18 años de práctica muestran que el mayor factor de ansiedad se relaciona con problemas psicológicos de los pacientes hacia los tratamientos.

• Los aspectos psicológicos de la práctica dental tienen gran significado y se requieren más herramientas para aprender a manejar dicha ansiedad y el estrés profesional.

• El ambiente laboral es una constante fuente de estrés para el odontólogo por la posibilidad de contagio de enfermedades en el consultorio tales como hepatitis B, VIH, hepatitis C.

• La odontología está muy relacionada con el arte, lo que lleva a generar una actitud de perfeccionismo. Hamilton y Schweitzer en 2000 muestran la relación existente entre la idea del perfeccionismo y el suicidio.

Si damos por válidas estas conclusiones aplicadas a la práctica odontológica, podríamos aplicarlas a otros campos profesionales, a fin de controlar el estrés laboral como factor de riesgo. Así que ¡ojo!: cuidado con la sobrecarga de trabajo, la presión laboral, el perfeccionismo…

2 comentarios:

  1. Qué interesante y qué impresionante este tema del suicidio José Manuel; me ha llamado la atención lo que nos cuentas de los odontólogos; lo cierto es que no nos paramos a pensar en lo que suponen ciertas profesiones ni ciertas situaciones y no solemos tener en cuenta el carácter y la sensibilidad de quienes las desempeñan o viven. Quiero creer que para el suicida será una liberación pero para los que le rodean es un mazazo incomprensible.
    Muchos bicos y feliz año (no se si ya te he felicitado?)

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  2. Sí, querida Lola, el tema del suicidio es realmente impresionante. Como dice el aforismo que encabeza este artículo, es en cierto modo el tema mayor de la existencia. El estudio sobre odontología y estrés lo hallé por casualidad hace tiempo y también me sorprendió. Y desde luego el hecho suicida supone un mazazo desconcertante para los allegados a la víctima, sobre todo cuando nunca hubiesen esperado su drástica resolución.
    Bicos vivificantes.

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