lunes, 5 de marzo de 2012

Resignados y expectantes… trabajadores en general y sanitarios en particular


En este país los trabajadores siguen aceptando resignadamente los recortes socioeconómicos y tragando con las injustas sanciones que les imponen quienes los (mal)dirigen. El déficit público provocado por el alegre derroche, el festivo despilfarro, el pago de favores, el saneamiento de la banca privada o la tolerancia del fraude, se carga sobre los honrados ciudadanos que con su esfuerzo se llevan salarios de miseria. Así que para hacer correcciones desesperadas se rebajan éstos y se aumenta la presión fiscal, sobre los propios salarios y sobre los bienes de consumo. Y aún por encima, en un perfecto diseño esquizofrénico, se espera que la gente consuma, que gaste su cada vez más escaso dinero.

Asistimos a decisiones ajenas de las que no sacamos beneficios pero que indirectamente pueden hipotecarnos. Construcciones megalómanas, televisiones públicas innecesarias, subvenciones injustificadas, indemnizaciones millonarias a ex-­­altos cargos… siguen aumentando el gasto, sin que se tomen drásticas y efectivas decisiones: eliminación de las desfasadas diputaciones provinciales, supresión del superfluo Senado, reducción de minúsculos ayuntamientos, disminución del número de asesores, recuperación del impuesto sobre el patrimonio, lucha contra la economía sumergida…

El sistema sanitario no es ajeno al caos socioeconómico y los contrariados sanitarios se muestran expectantes. Hay demasiadas cosas en la política sanitaria que no puedo entender y año tras año seguimos asistiendo a la sanitaria insensatez. Es cuando menos sorprendente el cambio de decisiones y el incumplimiento de promesas. Particularmente, el médico del sistema público se siente vapuleado y manejado como un pelele. No comprende que tengan más valor los registros informáticos inútiles que las decisiones clínicas adecuadas. Se siente ahora insultado al quitarle días libres –como a otros trabajadores públicos–, so prestexto de que hay dificultad para las sustituciones… cuando éstas ¡son prácticamente nulas!, a pesar de la obligatoriedad de sustituir a los médicos ausentes. Y se siente ultrajado al verse privado de otros derechos adquiridos. No cuesta comprobar el creciente desánimo de los galenos; una gran parte, si pudiese, saldría del sistema.

Los recortes en Sanidad y Educación son recortes en derechos y no en privilegios. Esta frase la tomo de otro blog, del que también extraigo estas líneas significativas: “Confundir es un arma de poder para camuflar al verdadero culpable. Con todo lo que está cayendo sobre los médicos, los sanitarios y los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo”. Tengamos esto en cuenta, porque si los trabajadores públicos que brindan los servicios básicos de la sociedad del bienestar no están a gusto, las consecuencias no han de ser buenas para el resto de ciudadanos.

Y todo ¿para ahorrar qué? Pues para ahorrarse disgustos los políticos, porque les pueden llamar la atención desde afuera. No hemos de olvidar que Hispania ha perdido su soberanía, que en este país hay cada vez más pobres y que los ricos son cada vez más ricos. El sueño de una sociedad mejor se aleja más y más...

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