jueves, 13 de diciembre de 2012

Desidia sanitaria


Con el título de DESIDIA, el editorial de un boletín sindical viene a resumir la ineptitud de quienes teóricamente tienen asumida una responsabilidad con el sistema sanitario. Negligencia, descuido, desinterés, abandono, dejadez... es la sensación que inspiran quienes debieran velar por el buen funcionamiento de un servicio básico. 

Se constata la desidia sanitaria en el pobre mantenimiento de los centros de salud, en la insuficiente renovación de dotaciones materiales y en la baja calidad del material fungible que últimamente se recibe. Estas realidades hacen pensar más en cicatería que en recortes impuestos por la particular crisis hispana (diferente a la del globo terráqueo). 

También se palpa la desidia en la inexistencia de cauces de comunicación, si exceptuamos la vía sindical (y de aquella forma), lo que impide el deseable intercambio de las ideas y el planteamiento sensato de medidas encauzadas a evitar el despilfarro. Porque la eliminación de lo superfluo no tiene por qué ir en detrimento de la calidad de los servicios que se brindan. 

No hay forma... Se continúa en la misma postura desidiosa, erre que erre, como si se esperase un milagro celestial. Es como si los gerentes no se enterasen de la realidad o no quisiesen verla (en esto no hay cambio), insensibles al desbarajuste gestor y al malestar establecido en profesionales coartados por determinantes economicistas.

Y no se puede legislar de manera más aberrante, más desidiosa. Algunas normas, como la recientemente establecida para regular la incapacidad laboral transitoria podría atentar contra el derecho elemental, al no contemplar la particularidad de la actividad sanitaria (de riesgo continuo) y ser además discriminatoria.

Se llega a un control casi policial de las bajas laborales del personal sanitario no supeditadas a recorte en la prestación por enfermedad o accidente (embarazo, accidente laboral), algo novedoso que se suma a la rebaja en las nóminas, a la eliminación de la paga extra y a la privación de días de libre disposición. Esto es igualmente fruto de la desidia, y del desprecio. 

¿Es razonable que la incapacidad de una trabajadora gestante con malestar especifico NO se penalice, y SÍ cuando la misma sin estar grávida es víctima de cólicos nefríticos de repetición en el contexto de una urolitiasis? ¿O, con igual diferenciación, quien se tuerce un tobillo en consulta o se rompe una mano en una atención urgente fuera del horario laboral?

Son tantas las aberraciones nacidas de la desidia, hija de la incompetencia, que uno necesita clamar, con la ingenua intención de alcanzar oídos desatentos, o al menos liberarse con el legítimo desahogo. Porque mientras el ambiente sanitario se enrarece cada vez más, quienes esgrimen el poder y pueden tomar decisiones políticas viven felices en los mundos de Yupi...

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