jueves, 14 de enero de 2010

Blogs sanitarios y su respuesta en crisis sanitarias

Desde la redacción de la Revista de Administración Sanitaria digital e-RAS me solicitaron una columna de opinión sobre el papel que han jugado los blogs en la supuesta pandemia de gripe A. Piensan los redactores que se ha menospreciado la fuerza de los mismos en la creación de opinión y que en futuras crisis sanitarias, del tipo que sean, estos nuevos actores van a ser fundamentales para profesionales y ciudadanos.

A continuación reproduzco el texto que envié y que acaba de ser publicado en la revista e-RAS, de opinión y actualidad sanitaria. (*)


Ya nadie pone en duda que la aparición de los blogs en la Red ha supuesto una auténtica revolución en las comunicaciones, en la transmisión de ideas y conocimientos. El ámbito sanitario no podía ser ajeno a este movimiento planetario en el que tienen cabida todas las disciplinas, de modo que ha ido creciendo imparable el número de blogs sanitarios. Muchos profesionales de la sanidad han visto en ellos el formato ideal de comunicación. Yo mismo me he sentido atraído por este medio, decidiendo abrir mi sitio web en enero de 2009, aunque no un blog estrictamente sanitario, sino mixto, médico-melódico, de humanidades médicas y música; de ahí la denominación definitiva de “Medicina y Melodía”.

Hemos de tener en cuenta que detrás de la frialdad de los blogs late el espíritu de sus creadores, y que cada cual emplea su estilo e impone su ritmo. En mi caso, no utilizo el blog como bitácora, en el sentido de diario; posteo regularmente artículos –generalmente análisis detallados–, en los que alterno la temática médico-melódica y dejo cabida a otros asuntos que me atraen. Suelo mantener una línea de comedimiento, pero a veces vomito los dislates socio-sanitarios que no puedo deglutir. La irrupción de la crisis sanitaria que supuso el anuncio de la pandemia de gripe A, y que vino a unirse a la económica de manera murphiana, hizo galopar mis dedos sobre el teclado hasta casi llegar a desbocarse.

Después de desatarse el alarmismo gripal de la primavera y llegado el empacho estival, me subí al carro de la iniciativa “Gripe y Calma”, viendo en esta plataforma un buen medio de impulsar ideas racionales, intercambiar conocimientos y alcanzar un aceptable estado de seguridad intelectual (también emocional). El grupo estableció un decálogo de propuestas consensuadas que se divulgó por la Red. En primer lugar se llamaba a la calma, tratando de evitar una paranoia gripal que se veía venir como consecuencia del alarmismo social promovido por los medios de comunicación. Y serenamente se presentaban unas recomendaciones organizativas, en previsión de un incremento de la demanda asistencial. En definitiva, se ofrecía “información clara, responsable y rigurosa”.

Desde la Atención Primaria, y creo que por primera vez como un grupo unido, se instaba a la autoridad sanitaria a que adoptase una serie de medidas excepcionales, y al mismo tiempo elementales, destinadas a mantener un aceptable funcionamiento de los centros sanitarios, asegurar la eficacia, limitar el contagio e, in extremis, evitar el colapso asistencial. Nadie mejor que los médicos de la primera línea de combate para conocer las necesidades en su medio habitual; nadie mejor que los médicos generales/de familia para disponer medidas sensatas, eficaces y eficientes en su espacio. Y en este caso, como en otros, no se limitaron a actuar como elementos pasivos que obedecen ciegamente cualquier mandato: demostraron su inquietud y asumieron su responsabilidad, en pro de la buena gestión y, sobre todo, del bienestar de los ciudadanos.

No sé si fuimos suficientemente oídos, si se nos prestó la atención debida. Por mi parte, de la confianza inicial en las medidas que la OMS habría de establecer, a través de la cooperación internacional, pasé al desconcierto de la multiplicidad de protocolos y al temor de una oleada neurótica; pensé que la riada de (des)información, confusión e incertidumbre, habría de acarrear miedo irracional y aumento de demanda ansiosa. Por eso, en medio del exceso gripal, escribí sobre la seguridad sanitaria internacional y emití recomendaciones para no “agriparse” sin gripe.

Afortunadamente, lo anunciado por los dirigentes sanitarios no llegó a materializarse. Y ha sido una gran suerte, porque no he visto una unificación de criterios; cada comunidad autónoma ha ido por libre. No se han implementado cambios organizativos ni otras medidas coyunturales; ni tan siquiera se ha decidido una modificación inteligente en la gestión de la incapacidad temporal que entrañan las bajas laborales. Mal se vela aquí por la salud pública y poco se mira por la economía de la salud.

Me siento orgulloso de haber pertenecido al grupo “Gripe y Calma”, pero sigo siendo escéptico en cuanto a los objetivos alcanzados. Probablemente hayamos contribuido a serenar los ánimos, al sosiego de enfermos potenciales, desde la plataforma e individualmente en el día a día de nuestras consultas, pero me temo que las decisiones políticas se mantienen al margen de recomendaciones científicas y técnicas (¿se aprenderá de los errores?). Lo que no es óbice para tirar la toalla, perder el entusiasmo, y dejar de luchar por la mejora de nuestra sanidad pública. Soy partidario de una reorganización asistencial de la Atención Primaria, que supone desburocratizarla y dotarla de contenido realmente sanitario. Con ello se podrá alcanzar el nivel de calidad anhelado y, en consecuencia, estaremos en disposición de afrontar con garantía futuras crisis sanitarias.

Yo seguiré con mi blog mixto, con cierta dosis de optimismo, y estoy seguro de que los titulares de blogs sanitarios continuarán atentos a los avatares profesionales. Los blogs conforman un formidable medio de comunicación, inmediato y abierto, de gran alcance, y en particular los sanitarios, han ido ganando en importancia y credibilidad. Supongo que los responsables de los mismos continuaremos en contacto y volveremos a unir nuestras fuerzas cuando lo consideremos oportuno. ¡Que el ánimo no nos abandone!

(*) La revista ha desaparecido de la Red, y desconozco los motivos.

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