viernes, 11 de abril de 2014

Médicos malheridos



A diario asistimos a manifestaciones de profesionales de la medicina que expresan su entusiasmo por escrito. Dejan oír su optimista voz silenciosa que se transmite mediante la magia de la electrónica, para llegar a otras almas y acaso reavivarlas. Lo hacen en foros, en blogs, en las redes sociales, en los nuevos medios de comunicación que alcanzan una gran difusión -no hace tanto inimaginable- y, por ello, llegan a muchísima gente. Difunden sus experiencias, sus conocimientos, sus aspiraciones, su confianza en venideras mejoras.

No pocas veces los más optimistas, aquellos que nunca ceden al desaliento, han elevado mis comisuras y alzado mi espíritu. Pues lo mismo que unas palabras energizantes, una mirada estimulante o una palmadita en la espalda, una misiva calurosa, un artículo euforizante o un ensayo alentador pueden surtir el mismo efecto benefactor. Los individuos sumidos en un estado pusilánime necesitan muchas veces de positivos estímulos externos que lo hagan salir de su marasmo. Y lo mejor es escapar cuanto antes de las situaciones de abatimiento.

Sin embargo, también podemos comprobar declaraciones de otros médicos que, desgraciadamente, han caído en una profunda postración. Se expresan a través de los mismo medios que los entusiastas, pero con una voz amarga: se sienten maltratados y emocionalmente agotados. Apuesto que son galenos entregados, vocacionales, de espíritu humanista, en otro tiempo fervorosos, que profesionalmente ya han tocado fondo por adversas circunstancias, víctimas de una mala gestión sanitaria y una errónea aplicación de la economía de la salud. O de otro modo, profesionales quemados, largamente estresados, cuya frustración los priva de toda expectativa.

Bien sabemos que las circunstancias por sí solas, no siendo extremas, no bastan para doblegar las voluntades. Son las personalidades incapaces de adaptarse las que ceden a los influjos negativos. Es más, se llega a decir que el espíritu no sufre discapacidad. Con todo, el desgaste profesional está propiciado a menudo por la opresiva carga laboral, especialmente en el primer nivel del sistema sanitario, desprovisto de incentivos, de acicates, de alicientes, que impide toda posibilidad de mejora y donde campea la mayor desconfianza.

Desde aquí toda mi comprensión para quienes sufren los avatares de un medio sanitario desnortado, que frustra las legítimas aspiraciones y conduce al más insulso adocenamiento. No olvidemos que los médicos también enferman, que también son pacientes; y un médico enfermo lo está doblemente. Y por supuesto mi ánimo a los compañeros profesionalmente malheridos, cuyo vuelo ha sido detenido, con el deseo de que no echen todo al abandono, que logren blindarse de malos mandatos y salgan a flote por su propia voluntad, felizmente renovados.


Burnout médico
Canción interpretada por Johnny Cash: Hurt (Herido) -subt. aquí

2 comentarios:

  1. Un tema sensible y que es de actualidad esto del burnout. Si las condiciones laborales mejorasen... otro sería el cantar, pero solo en parte. Hay otros factores complejos en la génesis de estos fenómenos, tanto de orden externo como interno.
    Aunque, si al menos dispusiese de más camas en mi servicio de emergencia...
    Un abrazo, amigo José Manuel y gracias por tu sensibilidad a este problema y tu aliento.

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    1. Lo peor, amigo Lizardo, es que en algunos casos sean tan decisivos los condicionantes externos. En todo caso es decisiva la fortaleza personal para no llegar al desgaste profesional.
      Un fuerte abrazo antidesgaste.

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