miércoles, 26 de noviembre de 2014

Obesidad, un problema mayor



Preocupados por el problema de la obesidad, el doctor Decepcionado y el señor Crítico hablan de  las medidas preventivas que habría que haber tomado en cada momento y, desgraciadamente, no se tomaron.

SR. CRÍTICO.- Hace ya muchos años se decía que había que prevenir la habituación a las drogas, no se tomaron medidas preventivas y nos pusimos a la cabeza en consumo y problemas derivados. Con su alto coste, claro. ¿Qué falló?

DR. DECEPCIONADO.- Que no se tomaron las medidas oportunas. Mucho bla, bla, bla, y se dejó el problema en manos de entidades privadas para que sacasen provecho. Bueno, es mi opinión.

SR. CRÍTICO.- Yo también lo creo así. Tengo conocimiento de personas que fueron de centro en centro y que, siendo jóvenes, acabaron prematuramente envejecidas, como parásitos sociales y sin esperanza vital.

DR. DECEPCIONADO.- Es duro decirlo así, pero esa es la realidad.

SR. CRÍTICO.- Después se dijo que la obesidad iba en aumento y que se presagiaba como la epidemia del siglo XXI, y fuimos ascendiendo posiciones hasta alcanzar a los de cabeza. Hay demasiada gente con obesidad mórbida.

DR. DECEPCIONADO.- Según la OMS, la obesidad es el problema de salud más importante a nivel mundial en países desarrollados y en vías de desarrollo. No somos los únicos, pero en problemas de salud hemos avanzado muchas posiciones.

SR. CRÍTICO.- Como siempre, ganamos en lo malo...

DR. DECEPCIONADO.- Yo he asistido a varios congresos de nutrición en los que se advertía sobre un problema inminente de graves consecuencias, sobre todo diabetes y morbilidad cardiovascular. La obesidad no es una cuestión estética, sino de salud.

SR. CRÍTICO.- ¿Y las autoridades sanitarias qué hicieron?

DR. DECEPCIONADO.- Supongo que adivina mi respuesta. Lo de siempre: bla, bla, bla, y hasta que el problema llegó y creció de modo alarmante, no se dispararon las alarmas. Y en estos casos siempre es mejor prevenir que curar. 

SR. CRÍTICO.- Pero aquí parece ser más barata la cirugía bariátrica... ¿Decepcionado con nuestra Sanidad?

DR. DECEPCIONADO.- Usted que es tan crítico, ¿qué cree? Si no me equivoco, Hispania, que es impulsora de la idealizada dieta mediterránea, va a la cabeza de Europa en obesidad infantil, solamente superada por Chipre.

SR. CRÍTICO.- Siempre nos sucede lo mismo, que no predicamos con el ejemplo. Comprendo que se sienta decepcionado. ¡Ay!, seguimos siendo un país de coña, de charanga y pandereta.

DR. DECEPCIONADO.- De charanga desafinada y pandereta rota...

Grados de obesidad
según Indice de Masa Corporal (IMC)
Enlaces


Obesidad: un problema de salud pública
Un reportaje sobre la obesidad en Panamá

sábado, 22 de noviembre de 2014

Consulta médica telefónica plus


He aquí una reflexión dramatizada sobre la consulta médica telefónica, hace poco implantada en la Atención Primaria del sistema público de salud. Sí, sólo en el primer nivel asistencial, que no en la Atención Especializada u hospitalaria.

Se anunció a bombo y platillo, sin explicar sus limitaciones…




–La próxima semana comienza la consulta telefónica comunicó el galeno.
–Podría explicármelo, doctor Telesforo, que no sé bien de qué va la cosa le preguntó una usuaria del servicio de salud.
–Verá, señora Felicia, el paciente solicita cita telefónica y el médico de cabecera tiene que llamarlo a la hora prevista.
–Y qué hay de malo en eso?
–En principio nada. Al contrario, se pueden evitar desplazamientos innecesarios, lo que beneficia sobre todo a los habitantes del medio rural. Pero…
–¿Pero qué?
–Iré por partes. Primero, en la agenda del médico, o sea, en la lista de pacientes, figuran estas consultas... digamos que a distancia, de manera aleatoria (una aquí y otra allá), no agrupadas.
–¿Y?
–Pues verá, señora Felicia. Trabajando sin auxiliar, no se necesita un gran esfuerzo para que me imagine a mí, o a otro galeno, haciendo la llamada correspondiente mientras otros pacientes, con citas presenciales, aguardan en la sala de espera.
–Pues que esperen, doctor Telesforo. Que tengan paciencia, que yo también la tengo cuando me toca esperar.
–Ya, ya. Pero la gente puede pensar que su médico está ocioso, o que se ha quedado dormido, porque tarda en llamarlos. ¡Vaya usted a saber lo que pensarán algunos!
–La gente no es tan mal pensada. Bueno, yo no creo que lo sea.
–Hay de todo, señora Felicia…
–Entonces, ¿piensa usted que la consulta telefónica no es buena?
–No, no quiero decir eso.  Me explicaré con claridad. La consulta telefónica sólo es adecuada para dos cuestiones: renovar recetas electrónicas de enfermos crónicos y resolver una duda concreta.
–¿Para nada más, doctor Telesforo?
–Pues no. Por teléfono es imposible hacer una exploración; ni siquiera inspeccionar la cara del paciente. Decidir sin verlo tiene demasiado riesgo. La consulta telefónica no puede suplantar a la ordinaria, con médico y paciente frente a frente. 
–Tiene usted razón, no había caído. Para otras cosas tendrían que tener los médicos facultades adivinatorias. Cuando pida una consulta telefónica será para recetas o para que me aclare alguna duda. ¿A cualquier hora, no?
–Sí, puede pedir para cualquier momento; dentro del horario, claro. Pero en mi opinión los usuarios de este tipo de consulta deberían estar agrupados en una franja horaria determinada, para evitar suspicacias e interferencias.
–Usted conoce mejor su trabajo y ahí no me meto.
–Si yo le contara las anécdotas con estas consultas donde ya han empezado. Si yo le contara, señora Felicia.
–Cuénteme, cuénteme, doctor Telesforo –dijo la paciente con humana curiosidad.

Y el galeno le fue refiriendo a la paciente anécdotas e informándole de llamadas improcedentes y peregrinas que superaban lo anecdótico. Algunos no cogían el teléfono, aun reiterando la llamada. Otros abrían la puerta de la consulta porque se habían equivocado al pedir cita y estaban presentes en la sala de espera. A veces entraba el contestador automático, invitando a dejar un mensaje o informando de que tal número telefónico no existía. En ocasiones salía un familiar y decía no saber nada del paciente en cuestión. Otras preguntaban por decisiones o por "errores" de especialistas (con los que no había posibilidad de consulta telefónica). También solicitaban información sobre trámites administrativos, como renovar la tarjeta sanitaria. Incluso habían preguntado por el horario de autobuses en la zona del centro de salud. En fin, mil y un asuntos generados por la teleconsulta para esclerosar las arterias más flexibles.


Comunicando
Arturo Millán

domingo, 9 de noviembre de 2014

Arquitectura sanitaria: Hospital de Jornaleros de Antonio Palacios



El antiguo Hospital de Jornaleros u Hospital de Maudes, es uno de los testimonios de Antonio Palacios (Porriño 1876 - Madrid 1945), probablemente el mayor arquitecto gallego, en la ciudad de Madrid, habiendo tenido como colaborador en esta obra -al igual que en otras- al arquitecto vasco Joaquín Otamendi. En cierto modo, la colaboración Palacios-Otamendi me recuerda otra unión inspiradora de índole músical, concretamente zarzuelística y galaico-valenciana: Soutullo-Vert (Reveriano Soutullo y Juan Vert).

Entre obras de Antonio Palacios en Madrid debemos recordar: el Palacio de Comunicaciones (también junto a Otamendi), el Círculo de Bellas Artes, el primer Edificio en Paseo de la Castellana, la Casa Matesanz en la Gran Vía y el Banco Español del Río de la Plata, además de su contribución al Metro de Madrid (diseño de interiores de primeras estaciones, organización de los accesos, estética de primeras líneas y logotipo en forma de rombo).

Y fuera de Madrid, cabe citar algunas construcciones del arquitecto galaico: la Casa Consistorial de Porriño (su localidad natal), el Teatro García Barbón en Vigo, el Templo Votivo del Mar en Panxón-Nigrán, la Iglesia de la Vera Cruz en O Carballiño, El Edificio de Viviendas del Paseo de Sagasta en Zaragoza, diversos edificios en Málaga… (ver enlace abajo)
Pero centrémonos en el Hospital de Jornaleros o de Maudes.

Se trata de un conjunto de edificios ubicado en el distrito de Chamberí y construido en la antiguoa aldea de Maudes. La idea de su construcción partió de Dolores Romero y Arano, viuda del empresario ferretero Curiel y Blasi, que creó en 1906 una sociedad benéfica en honor a San Francisco de Paula. Comenzó su construcción en 1909 y finalizó en 1916, estando destinado desde entonces a dispensar asistencia sanitaria gratuita a jornaleros. El conjunto arquitectónico presenta fachadas de piedra caliza y recubrimientos decorativos de cerámica, siendo evidente la hermosura de su aspecto.

Un hospital de beneficencia edificado con la dignidad arquitectónica de un palacio. No podía ser menos con el formidable arquitecto de apellido palaciego. Compárese la obra de Palacios con los bodrios modernos de hormigón financiados por todos los contribuyentes. No hay palabras. No. Pues no en todo hemos mejorado, ni mucho menos.

Después de cumplir su cometido, de ser utilizado como hospital de guerra durante la contienda civil, y de servir de hospital militar tras ella, cayó en el abandono a finales de la década de 1960, llegando incluso a amenazar de derribo. Perdidas totalmente sus funciones, afortunadamente fue salvado y declarado Monumento Nacional en 1976. Una de tantas paradojas decisorias. Rehabilitado y restaurado, el edificio que había sido hospital alberga hoy la sede de la Consejería de la Comunidad de Madrid de Transportes e Infraestructuras. 

Es una suerte haber salvado el Hospital de Jornaleros, aunque recuperado para una función completamente diferente parezca una burla a la historia.
***
Obras de Antonio Palacios


Vídeo con fotografías de algunas obras de Antonio Palacios
Al final aparece el Hospital de Jornaleros
(Lástima de tan poco apropiada "banda sonora": mejor en silencio)

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Compromiso ético del médico



Supuestamente acogidos al juramento hipocrático, e incluso a la oración de Maimónides, la necesidad de expresar el propio compromiso hace que algunos profesionales de la medicina expongan además su propio ideario ético.

Veamos como ejemplo el de un médico de familia bloguero, que manifiesta:
Trataré a mis pacientes haciendo de su atención el centro de las cosas que me importan profesionalmente y respetando, de manera escrupulosa, su dignidad, su autonomía y su intimidad. Los atenderé con calidez, estima y cortesía, esforzándome por comprender sus emociones y mantener la serenidad en los momentos difíciles. Les daré información clara y sincera sobre sus problemas de salud, las opciones de tratamiento, los riesgos y beneficios previsibles y mi consejo, teniendo en cuenta sus necesidades, preferencias y creencias. No actuaré precipitadamente, sin disponer de la información adecuada y no recomendaré intervenciones o tratamientos poco probados, de dudosa utilidad o seguridad o que originen más riesgo que beneficio. Trataré a todas las personas con el mismo interés y procuraré hacer un buen uso de los recursos de que dispongo en beneficio del conjunto de los ciudadanos. Procuraré mantener actualizados mis conocimientos, consultando las mejores evidencias disponibles o a otros profesionales de confianza cuando sea necesario, evitando siempre que otros intereses personales alteren este compromiso. Los valores que guían mi práctica profesional son pues: DEDICACIÓN, RESPETO, PROXIMIDAD, LEALTAD, PRUDENCIA, EQUIDAD y HONRADEZ.
Como vemos, un preámbulo y siete valores éticos que el autor dice haber tomado del Grupo de Bioética de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria. Una declaración de intenciones a la que sin duda habrá de sumarse cualquier médico que ejerce su oficio, para no quebrantar los principios deontológicos y, sobre todo, para no defraudarse a sí mismo. Aunque aceptar un compromiso es una cosa (no requiere esfuerzo) y cumplirlo es otra, pues ya entraña voluntad.


Doctor Groucho: ética médica y reconocimiento surrealista
Hermanos Marx - Un día en las carreras

lunes, 3 de noviembre de 2014

Alcibíades: general, estadista, orador… ¿músico?




Según parece, el estratega, político y orador ateniense Alcibíades Clinias Escambónidas (c. 450–404 a. C.) era nieto, sobrino o primo de Pericles -según versiones- y discípulo de Sócrates, junto al que aparece como enamorado en El Banquete de Platón. Por lo que se cuenta en algunas crónicas de la época era una persona muy coqueta y narcisista. Su narcisismo llegaba al extremo de tocar sólo la lira; se negaba a tocar instrumentos de viento porque entendía que deformaban el rostro y sobre todo la boca de los músicos. A tenor de este juicio, podríamos deducir que Alcibíades era un buen observador. 

Aparte de estos detalles amorosos, narcisistas y musicales, a este militar, gobernante y orador se le hace protagonista de una curiosa anécdota perruna. Dicen que Alcibíades compró en cierta ocasión un magnífico perro por la elevada suma de 7.000 dracmas. Después de pasearlo por toda la ciudad para que todos los ciudadanos pudieran admirarlo ordenó que le cortasen su hermosa cola, con el fin de que todos continuasen hablando de su perro y dejasen de hablar de su mal gobierno. Así, con la frase de "el perro de Alcibíades" se hace referencia a los actos de los personajes famosos o públicos, sobre todo políticos, que hacen algo para desviar la atención sobre temas más importantes, alguna estrategia o maniobra de distracción. ¿No les suena?

En razón de lo dicho, no sé si Alcibíades sería músico, pero sí que era un experto engañador. Y de engañadores estamos hoy en día sobrados.
***
Enlaces:
Alcibíades (personaje de ficción) -Wikipedia 
El perro de Alcibíades


The Lyre (La lira)


La lira de la Antigüedad Clásica

martes, 28 de octubre de 2014

Debe dejar de tomar los tranquilizantes



–Debe dejar de tomar los tranquilizantes, señora Ansiosa.
–Pero si me los recetó usted hace diez años, doctor Medicalino.
–Porque usted me los pidió.
–Pues no me los hubiese dado.
–Si no se los diera me montaría una bronca, o se cambiaría de médico.
–Es posible, pero ¿por qué no me dijo nada todos estos años?
–¿No le dije en su momento que era para un mes, o mes y medio como mucho?
–No. Me dijo sin más: "Tómese el Tranquilín de mañana y el Duermidín de noche".
–Bueno, ya sabe..., muchos pacientes, las prisas, la cabeza loca…
–Le veo ansioso, doctor Medicalino, y la intranquila soy yo.
–En fin, señora Ansiosa…, siga con lo mismo…
–Pero, doctor ¿no va a liberarme de mi dependencia al Tranquilín y al Duermidín?
–¡Ay!... A lo mejor me los voy a tener que tomar yo también.
–Le voy a contar un secreto: he leído sobre los riesgos de los psicofármacos…
–¿Y?
–Y ya hace una semana que no los tomo.
–¡Señor!... ¿Cómo no me lo dijo al principio, señora Ansiosa?
–Porque no me dio tiempo a explicarme, doctor Medicalino.
(El galeno sufre una crisis de ansiedad y la paciente intenta tranquilizarlo en vano)
***
Entradas relacionadas:
Psicofármacos e insatisfacción social
Vivir más despacio

Te pone la cabeza mala
Los Van Van

viernes, 24 de octubre de 2014

Sobre médicos difíciles



Como contrapunto a nuestra antigua entrada sobre pacientes difíciles, es justo hablar también sobre los médicos difíciles. Ni que decir tiene que el médico es el peor paciente. Pero además de esta evidencia, es justo reconocer la existencia de profesionales de la medicina que perturban por norma la relación con el enfermo, incapaces de comunicar de la forma deseable. Me refiero a quienes muestran una mala actitud continua, no a quienes presentan disfunciones circunstanciales, de las que nadie o casi nadie se puede substraer.

Siendo diferentes las personalidades de los galenos y las consecuentes formas de relacionarse con los pacientes, hay ciertos principios básicos de la relación médico-paciente que se deben acatar. Entre ellos, la escucha activa, la actitud abierta, la empatía, el lenguaje claro y el buen humor. Además, se hace necesario el control emocional ante las circunstancias adversas (consultorio inadecuado, sobrecarga asistencial, burocracia excesiva…), para no provocar malestar en el doliente.

Podríamos decir que no hay médicos difíciles, sino profesionales de la medicina que por alguna causa no encuentran su lugar. Pero no han de buscarla en el exterior, sino hallarla en sí mismos. Será el adecuado ejercicio de introspección el que les dé las claves para enderezar su actitud relacional y terapéutica. Todo precisa aprendizaje y el ser médico no es sólo cuestión de conocimiento científico, de aptitud académica. Lo es también de apropiada actitud anímica.


Somethin' Else (Algo más)
Cannoball Adderley

miércoles, 22 de octubre de 2014

Médico general: decepción primaria


Flor de chumbera
Leyendo una serie de entrevistas sobre Atención Primaria de Salud, con cada una de ellas siempre acabo llegando a la misma conclusión. A la necesidad de lograr que se haga realidad algún día en Hispania la figura del médico general, considerado en su verdadera esencia, sin aspiraciones desmedidas pero sin complejos, tal vez a imitación del GP británico, despojado de sus defectos o carencias. No digo retornar al médico de cabecera de antaño, porque pienso que tampoco se ha logrado establecer jamás en nuestro sistema público de salud con su verdadero significado filosófico. 

Salvo excepcionales individualidades, no sometidas a estrictos controles institucionales, que han podido desarrollar sus capacidades sin excesivas limitaciones (acaso con más libertad en el medio rural que en el urbano), nunca ha habido aquí la posibilidad de liberarse del yugo administrativo. Y no digo renovar la figura del médico de familia, que ha nacido con un cambio social inesperado (con incremento de las mal llamadas "familias monoparentales"), porque ha sido un error ir más allá de la digna aspiración de conocer lo básico de todo el saber médico, pretendiendo abarcar mucho de todo, lo que ha supuesto muchísima frustración e impotencia, sobre todo por el poco reconocimiento al esfuerzo y a la dedicación de sus protagonistas. 

De nada valen cambios de forma, de pasar de ser un autómata manual a otro electrónico, de registrar a mano en la historia clínica de papel a teclear en la informática, de ser hacedor de recetas manuales a ser emisor de e-recetas, de cubrir volantes de derivación de pacientes a especialistas a derivarlos mediante la novedosa herramienta de la telemedicina, de realizar consultas presenciales a hacerlas telefónicas, de cambiar la inherente responsabilidad profesional y ética por la accidental gestión clínica. Y sin embargo, algunos aplauden los cambios de la modernidad última, sin pararse a pensar en el recorte humanístico que, aunque parezca increíble, sobrepasa al económico. 

Pero si nos detenemos a reflexionar hallaremos la palabra clave: DECEPCIÓN. Decepción de muchas vocaciones que consideraban que ser médico general, o profesional sanitario que no se cierra a nada de lo que incumbe a la salud del ser humano, era la máxima aspiración a la que querían entregar su vida. Decepción del médico de Atención Primaria de Salud, convertido de pronto en escueto MAP desde la óptica hospitalaria. Por eso podríamos hablar de decepción primaria. Es mi opinión. Y siento decepcionar a quienes no piensan del mismo modo.


Deception
Birth of the Cool - Miles Davis

lunes, 20 de octubre de 2014

Enseñanza libre y excelente



Siempre he escuchado críticas contra los rígidos programa educativos, que no permiten enseñar con libertad. Y eso me hace pensar en lo poco que hemos avanzado desde aquella Institución Libre de Enseñanza, fundada por el pedagogo y filósofo Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) y otros catedráticos, defensora de la libertad de cátedra, inmune a dogmas oficiales establecidos por el Estado. Basta ver la cantidad de hombres ilustres que la apoyaron y pasaron por sus aulas, comprometidos con la renovación educativa, cultural y social: Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, Leopoldo Alas “Clarín”, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón… Su historia y sus frutos pueden comprobarse en el enlace previo y en el video final. La Institución Libre de Enseñanza fue un proyecto pedagógico que duró sesenta años (1876-1936) y que desapareció con la Guerra Civil.

Siguiendo el proyecto de Giner de los Ríos y las ideas del pedagogo Célestin Freinet, el empresario y filántropo Antonio Fernández López (1903-1971) fundó en Lugo el Colegio Fingoy (*) en 1950, en pleno franquismo, lo cual me parece muy meritorio, y más tratándose de la Galicia marginada en la España de la posguerra. El Colegio Fingoy fue dirigido inicialmente por el filólogo y escritor Ricardo Carballo Calero, que habría de ser el primer catedrático de Lengua Gallega de la Universidad de Santiago de Compostela. Entre sus profesores se cuentan Ángel Johan, Xosé Luís Méndez Ferrín y Bernardino Graña. Desde 1971, año de la muerte de su creador, posiblemente haya ido por derroteros alejados de su idea fundacional.
60º aniversario Colegio Fingoi

A veces nos olvidamos de iniciativas educativas como las referidas que, con los defectos y críticas que se les quiera atribuir, tratan de alejarse de la mediocridad en busca de la excelencia. Cabe señalar esto en una época de teórica libertad que, paradójicamente, se traduce en imposiciones, en una Educación constreñida por normativas y planes que devienen en pobres resultados y excesivo fracaso escolar, como así lo recogen diferentes estudios comparativos con otros países desarrollados que establecen planes flexibles. Y es que con la atadura de los profesores y la desmotivación de los alumnos no se pueden alcanzar los objetivos deseables. Lástima que en nuestro democrático tiempo no se vean libres impulsos educativos. Al menos yo no los veo.

(*) Nota.- El edificio del Colegio Fingoy es obra del arquitecto vigués Manuel García Román (1875-1964), de quien se cumple este año el 50º aniversario de su muerte.
***
Entradas relacionadas
La enseñanza deseable
La educación y la motivación


Institución Libre de Enseñanza

sábado, 18 de octubre de 2014

Viejos amigos, amigos viejos

Old Friends


Viejos amigos en un banco del parque. Amigos viejos 
a los que ya solo les queda ver pasar el tiempo… 
El sol se pone sobre su inesperado invierno, 
y entre las hojas escuchan la ruidosa ciudad en silencio. 

Viejos amigos temerosos de ser viejos. Joven pareja 
que se imagina en los setenta, como esa que contemplan... 
En un retrato que su memoria preserva 
sentirán sobre sus hombros lo que el tiempo pesa.

Viejos amigos y amigos viejos. 

Siempre jóvenes a pesar del tiempo.
Después de todo, qué suerte no haber muerto.



Ya lo dijo Calderón: ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción; / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.


Old Friends/Bookends

jueves, 16 de octubre de 2014

Información para el buen uso de las urgencias



Por un lado se brinda un servicio sanitario, abierto y accesible, continuo y permanente; y por otro está el uso que se le da, racional o abusivo. Evidentemente, la respuesta no puede ser la misma en un caso u otro. La cantidad choca con la calidad. Y no nos olvidemos de que el abuso de uno implica perjuicio de otro. Por eso se ha pensado en una "regulación monetaria de las urgencias" que, siendo indeseable (pagan justos por pecadores), podría hacerse necesaria.

A un ciudadano de mediana inteligencia no haría falta hacerle entender lo que el sentido común le dicta como algo que no admite demora: un dolor agudo, un malestar intenso, una alteración de la conciencia… A otros habría que explicarles que otros motivos de consulta (tos, catarro, picor localizado, un granito…) pueden ser citados de manera normal con su médico de cabecera, o darles información más precisa mediante folletos o guías aclaratorias.

Afortunadamente, ahora hay un sistema de triaje en los hospitales que prioriza lo grave. Sin embargo, los mensajes oficiales promoviendo el buen uso de los servicios de urgencia hospitalaria han tenido escaso o nulo éxito. Y para el nivel primario se envían mensajes equívocos, que en general incitan a acudir a un centro de salud ante cualquier mínima dolencia, en cualquier momento y al médico que sea.

Convendría explicar los servicios de urgencia que se brindan. Se suele carecer de servicios de urgencia extrahospitalarios (PACs) en el tramo de 08:00 a 15:00 en días laborales, y este hecho habría que dejarlo claro. Lo ideal sería solucionar este inconveniente, que perjudica la atención ordinaria (se fuerzan citas que “roban” la atención de otros), y mientras tanto habría que evitar mensajes sin conocimiento de la realidad.

Como complemento de esta reseña urgente, dejo enlaces a entradas relacionadas en el blog, que a su vez contienen interesantes enlaces externos sobre el tema.



Entradas relacionadas:


Debemos hacer un buen uso de los servicios de urgencia. ¿No les parece? Mediten sobre ello...

"Meditación" de Thäis, de Jules Massenet

martes, 14 de octubre de 2014

Poner orden en el sanitario caos



Es obvio el aumento de la carga laboral de quienes han de asumir las tareas de compañeros ausentes, por cualquier motivo, sin abandonar las propias. Y aunque el inconveniente de tener que realizar las funciones de otros trabajadores que no se sustituyen (por falta de sustitutos o por negativa a sustituirlos) afecta a diferentes profesionales, en el ámbito de la sanidad es algo extremadamente sensible. Porque entraña más riesgo y genera más gasto, al apurar las decisiones y optar en atención primaria por “protectoras” derivaciones hospitalarias.

Pero el problema mayor no es el incremento de la demanda por enfermedad, sino por trámites y más trámites desquiciantes, que entorpecen la labor clínica de quienes tienen que pensar y tomar decisiones. Lo hemos  dicho muchas veces. Las patologías se asumen, pero lo buRRocrático resulta cargante.

Tanta informatización para seguir cliqueando un millón de veces, rehaciendo medicación descodificada, aguantando la lentitud y los constantes bloqueos del sistema... Tanta capacitación y formación para continuar resolviendo “olvidos” del segundo nivel, realizando actividad papeleril completamente inútil, redoblando informes y certificados... Y tanto hablar de invertir en atención primaria para que, burlonamente, el gasto en ella vaya bajando (sin dejar de subir en el segundo nivel, posiblemente para sustentar algunas unidades de lujo).

Cualquier emprendimiento de mejora pasa por aplicar el sentido común.

Me conformaría con dos cosas. La primera, eliminar de un plumazo todo lo inútil, al menos en los momentos críticos… ¿Qué digo?, para siempre jamás. La segunda, reorganizar la atención urgente, que tantas veces da al traste con la agenda ordinaria. En concreto, cubrir el vacío de 8 a 15 horas que obliga a dejar la consulta cuando se está bajo mínimos, y el resto de la jornada, con dispositivos extrahospitalarios de emergencias, específicos y altamente resolutivos, más que PACs al uso. Sólo con esto me daría con un canto en los dientes.

Este es nuestro deseo reiterado: poner orden en el sanitario caos. Al menos en el de la atención primaria, tan nombrada y olvidada.



Le Cahos - Jean-Féry Rebel