lunes, 6 de julio de 2015

Primero la terminología médica



Si el lenguaje, en general, es básico para comunicarse -y a veces entenderse-, en toda ciencia o rama del saber hay un lenguaje específico, un conjunto de términos o vocablos que constituyen una determinada terminología. En el caso de la terminología médica, son las palabras que conforman el vocabulario propio de las ciencias de la salud. Dice el doctor Saldaña Ambulódegui en el manual de terminología médica abajo señalado: «La terminología médica tiene el propósito de expresar en términos precisos los complejos conceptos e ideas del mundo de la medicina. También tiene como propósito la unificación de criterios. Cada término debe poseer un significado único aceptado por la comunidad científica, facilitando, así, el intercambio de información a nivel internacional. Los términos médicos generalmente están formados de radicales (raíz) que es la parte principal del término, complementado con prefijos y sufijos derivados de los idiomas griego y latín». Queda entonces clara la importancia de la terminología médica, que debiera ser el punto de partida de todo estudiante de medicina y la referencia obligada para todo médico teórico y práctico durante toda su vida profesional.

En la Red he hallado dos interesantes manuales en pdf, el ya señalado y otro anónimo eminentemente práctico. A continuación los enlazo.

Terminología Médica


Medical Terminology

miércoles, 1 de julio de 2015

Según un gallego en California


A mí me da igual que me curen en Gallego o en Castellano, lo importante es que me curen. Dicho por un profesor de Gallego a sus alumnos médicos.

Según he podido saber, a través de un ajeno descubrimiento, el lingüista galaico Carlos Peregrín Otero, profesor emérito en la Universidad de California (admirador de Chomsky y con una importante bibliografía), ha establecido la hipótesis de que el idioma Gallego es el origen del Castellano o Español. En vista de lo cual, abajo se muestra la genealogía de las lenguas romances –o neolatinas– hispanas, evolucionadas del Latín vulgar que los romanos trajeron a la Península Ibérica. A quien tenga interés sobre el tema, decir que dsde el primer enlace se accede a otros mapas lingüísticos que completan el que se muestra en la cabecera. Y aunque decíamos hace tiempo que en cuestión de salud a la gente le importa el resultado, la discusión lingüística está servida.



Fol é a desmesura, cantiga nº 149 de las Cantigas de Santa María, 
atribuidas a Alfonso X «el Sabio» y con texto en gallego

miércoles, 24 de junio de 2015

La incierta medicina: una reflexión gradual



Solo sé que no sé nada (ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti)
Sócrates, según Platón.

LA ELECCIÓN. La medicina es una ciencia incierta y sin final. Ya cuando se elige esta opción profesional o de vida, se plantean interrogantes. ¿Por qué quiere uno hacerse médico? ¿Por inexplicable vocación, por espíritu humanístico, por afán de servicio…? Muchas veces no se encuentra una clara respuesta a ese porqué.

EL APRENDIZAJE. Ya metidos en el estudio, iniciada la carrera universitaria, uno puede disfrutar más o menos, según las circunstancias y los docentes que le han tocado en suerte.  La teoría se impone a la práctica y las fuentes de conocimiento son inagotables, hasta el punto de que pueden surgir temores y dudas.

LA LICENCIATURA. Con el título bajo el brazo, uno puede estar en disposición de entregarse a su arte, a la práctica clínica o quirúrgica, a la docencia sanitaria o incluso a la gestión. No siempre se puede elegir lo que se quiere. Y en ocasiones, después de tantos años de esfuerzo (quizás diez) puede llegar la tardía renuncia.

EL EJERCICIO. Al final, con mayor o menor satisfacción, comienza la vida profesional, probablemente en el sistema público de salud, como médico de familia, pediatra, cardiólogo, dermatólogo, neurocirujano, psiquiatra, ginecólogo… Con muchos años por delante de alegrías y decepciones e iniciales limitaciones.

EL BALANCE GLOBAL. Ya con una experiencia sobrada, o al borde mismo del retiro, uno se da cuenta de una verdad filosófica: que nada sabe. Habrá de reconocerlo con humildad, sabiendo de la gran incertidumbre: lo que ayer se daba por cierto, hoy se acaba derrumbando ante tantas inestables evidencias.

Y aunque uno elija con acierto, estudie con aprovechamiento, se licencie con júbilo, ejerza con entusiasmo y, como buen médico, nunca deje de aprender, todo puede volverse demasiado brumoso...

Misty

lunes, 22 de junio de 2015

Chelista por la polio



Acababa de escuchar una vez más el maravilloso Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorak, en interpretación de Pierre Fournier (1906-1986), con la Orquesta Filarmónica de Berlín y George Szell a la batuta. Me había ido después, no sé si por azar, al magnífico poema sinfónico Don Quixote de Richard Strauss, por la misma orquesta bajo la dirección de Herbert Von Karajan, en la que Fournier da vida en las "Variaciones fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco" a la voz del violonchelo, que no es otra que la del protagonista de la inmensa novela de Cervantes. Y curioseando la biografía de este gran intérprete francés, llamado el "aristócrata de los violonchelistas", compruebo que comenzó tocando el piano, teniendo a su madre como maestra, pero sufrió una poliomielitis* (parálisis infantil o polio) de moderadas consecuencias, perdiendo la destreza en los miembros inferiores, lo cual le dificultaba el uso de los pedales del piano. Fue entonces cuando comenzó a tocar el violonchelo, llegando a alcanzar con este instrumento de cuerda una inmensa maestría. No sabremos a lo que habría llegado Pierre Fournier como pianista, pero podemos decir que la cruel polio hizo que surgiese un portentoso chelista.

* Nota
La poliomielitis, parálisis infantil o polio, es una enfermedad viral que puede afectar la médula espinal causando debilidad muscular y parálisis. No tiene tratamiento especifico, pero puede ser prevenida mediante vacunación. Información sucinta y fiable puede ser consultada AQUÍ.


Final de Don Quixote, de Richard Strauss
Pierre Fournier (cellist), Berliner Philharmoniker and Herbert von Karajan (cond.)

martes, 16 de junio de 2015

Botiquín para navegantes



A través de un paciente he sabido de la obligatoriedad de llevar a bordo un botiquín en las embarcaciones de recreo. Y buscando en la Red he hallado información sobre la exigencia del botiquín y del material sanitario en el barco, con una mayor o menor composición dependiendo de las zonas de navegación, según se realice en aguas costeras o en alta mar, con diferentes gradaciones hasta la navegación oceánica (de 500 o más millas en alta mar). 

Aquí se puede consultar la composición del botiquín en embarcaciones de recreo:


Lo que no he podido determinar es qué organismo proporciona los medicamentos y el material sanitario exigido. Algo falla en la comunicación intersanitaria... Y por eso he lanzado a la Red esta cuestión.


Habanera de Marina, de Arrieta
*** 
Nota.- Nuestra amiga Ana, administradora del blog "Postura Sana en el Conser de Gijón", me ha enviado una jugosa información que un amigo suyo le ha proporcionado y que nos saca de toda duda. A continuación la reproduzco, con mi agradecimiento a ella y a su amigo David. 
El botiquín de a bordo hay que comprarlo, no lo proporciona ningún estamento de manera gratuita (pasa igual con el resto de las medidas de seguridad obligatorias -bengalas, cohetes, botes de humo, extintores, cubos, radio VHF, balsas salvavidas, chalecos, aros...-. Todas estas medidas de seguridad (que caducan y hay que renovar cada cierto tiempo) son las que encarecen la "afición". El botiquín tiene que tener una homologación (no vale la lata de galletas danesas con unas tiritas, mercromina y aspirinas...). Tiene que tener unas medidas, resistencia, color... Además, debe tener unos compartimentos internos y los medicamentos colocados de forma específica dentro de ellos. Eso es para que, cuando pase algo, tú llames al servicio radio-médico (hay un procedimiento radiofónico estándar que hay que conocer), ellos no te hablen en términos médicos/químicos/oscuros que seguro desconoces y, en el fragor de la batalla/nervios por el accidente, no sepas por dónde andas... Ellos te dicen "coge la pastilla del compartimento X, aplica la pomada que encontrarás en el cajón Y, saca lo que hay en la cajita Z...". El botiquín trae algunos elementos, pero hay que completarlo comprando los medicamentos que no pueden estar en él mientras esté en un escaparate esperando a ser vendido porque caducarían. Además, hay que estar atento para colocarlos en el sitio correspondiente. Se pueden comprar en tiendas de efectos navales. También hay tiendas online que los venden. Si tiene dudas sobre cómo completarlo (o de cualquier tipo), puede acercarse a Capitanía o algún club náutico. 

jueves, 11 de junio de 2015

¿Quién le pone el cascabel al ga(s)to farmacéutico?



Cuando uno lee la última noticia sobre el Foro Iberoamericano de Entidades Médicas (FIEM) referida a la política de medicamentos, con recomendaciones que supuestamente se les envían a los responsables de la política sanitaria (que incluye la de farmacia), no deja de quedarse perplejo por lo que tanto se repite, una y otra vez, sin que se resuelva el problema de fondo ni se ataje lo que se ha convertido en una espiral de consumo que parece imparable. 


Consecuencias de la medicalización
(Pinchar imagen para ampliarla)

Si la medicalización de la vida conlleva la masificación de las consultas y ésta a la frustración de los profesionales, que comprueban la merma progresiva de la calidad asistencial, no es menos cierto -y tanto o más importante- que la secuencia de inconvenientes redunda en perjuicio de los pacientes y, por encima, es generadora de gasto sanitario creciente e inútil. Pero ¿quién frena esta cadena de despropósitos? ¿Quién le pone el cascabel al ga(s)to farmacéutico?
***
Y como esta entrada es la 1001, y pienso en una lámpara maravillosa que cumpla nuestros deseos, me remonto a las otras tantas noches de la mano de la cuentacuentos Scheherezade y el mago orquestal Rimsky...

Scheherzade, suite de Rimsky-Korsakov - IV movimiento
Fiesta en Bagdad. El barco de Simbad naufraga al precipitarse contra un acantilado

jueves, 21 de mayo de 2015

Tejiendo la entrada número 1000



Que alguien teje nuestro destino habrá quien lo crea y quien lo niegue. Quizás la creencia no sea firme, en uno u otro sentido, y cambie en función de las circunstancias vitales. De cualquier manera, el hilo vital es un buen elemento de inspiración literaria y poética. Así sucedió con el poeta mallorquín Joan Alcover (1854-1926), que escribió La Balanguera después de la tragedia vital que supuso la muerte de su mujer y de su hijo. Alcover tomó el título de un personaje femenino del folklore mallorquín –o de la mitología mallorquina– y los dos primeros versos de una conçoneta popular:

La Balanguera fila, fila,
la Balanguera filarà.

El poema La Balanguera fue musicado en parte (tres de sus cinco estrofas) por el famoso zarzuelista Amadeo Vives (1871-1932), autor de la música de Bohemios y de Doña Francisquita, como contribución al repertorio original del Orfeó Catalá que él mismo fundó en 1891 (interpretación coral AQUÍ). El resultado es una hermosa canción que, habiendo caído en el olvido, casi un siglo después de su composición fue popularizada por María del Mar Bonet. Y con el tiempo, a saber si por el capricho de la hiladora, se ha convertido en el himno oficial de Mallorca.

No sé lo que deparará el futuro, lo que en mi caso hilará la Balanguera, pero el hilo existencial me parece un buen motivo para esta entrada, que hace la número 1000, y de paso aprovecho para homenajear al guitarrista y cantaor flamenco Manuel Molina, recientemente fallecido, que, con ánimo sonriente, no quería lágrimas el día de su muerte («Que nadie vaya a llorar / el día que yo me muera. / Es mas hermoso cantar, / aunque se cante con pena»).

Escuchemos, sin más, La Balanguera en la interpretación de la referida cantora mallorquina...

jueves, 14 de mayo de 2015

Barra libre asistencial



–Dígame, ¿cuál es su urgencia? –pregunta el Dr. Ojiplático a la paciente de otro médico que le han asignado como "urgente".

–Es que tengo unas manchas en el cuerpo desde hace un mes, creo que son hongos –responde la Sra. Noloveoclaro.

–¡Pero usted tiene su médico por la tarde! –se extraña el galeno.

–¡Es que por la tarde trabajo! –responde ufana la usuaria.

–Bien, pues sí parecen hongos... Pero no se trata de una urgencia. De modo que debe solicitar cita con su médico… –le indica con amable serenidad el Dr. Ojiplático. Aunque por más explicaciones y razonamientos que le da a la Sra. Noloveoclaro, ésta no parece quedarse convencida, dando a entender su derecho acudir al médico que quiera y cuando quiera.


Esta situación se repite tan a menudo que podría hablarse -no sé sin con exageración- de barra libre asistencial, acaso por una deformidad de las expectativas que se deben esperar de un sistema sanitario que, generoso en el primer nivel asistencial, no acaba de definir la (correcta) accesibilidad. Esto no es bueno; es incluso preocupante, porque permite el abuso de unos en perjuicio de otros. No sé tampoco si se trata de una peculiaridad exclusiva del sistema hispano (en sus diecisiete variantes), de acceso ilimitado en atención primaria, pero es una cuestión de la sociología médica que habría que analizar en profundidad.


I do what I want

miércoles, 29 de abril de 2015

Consulte con el médico si es estrictamente necesario


En una era de excesos, no vienen mal los consejos que invitan a la moderación o a la búsqueda del “justo medio” que propugnaba Aristóteles. Ni exageración ni abandono, sino la justa medida. Y ciñéndonos a lo médico, traigo tres pensamientos médicos que, en su aparente exageración, me parecen muy ilustrativos.

Un médico cura, dos dudan, tres muerte segura
Partimos de este refrán que recomienda no ir mucho al médico (o hacerlo en la justa medida) y consultar sólo con un galeno, en el que se deposita la confianza.

Sólo si hay problemas relevantes, merece la pena ir al médico
Es una frase del Dr. Francisco Kovacs (38:08), refiriéndose al dolor de espalda, su especialidad, pero que puede ser aplicada a la atención médica en general.

Los médicos somos peligrosos. Utilícenos sólo cuando sea necesario. 
Lo dice el Dr. Juan Gérvas con clarividente contundencia, aunque la frase debe ser interpretada en su justo sentido: la evitación de los excesos, no la negación de los profesionales de la medicina.

Podríamos resumir estos tres pensamientos definitivos en uno solo:
Confíe en un médico y consúltele sólo problemas de importancia.


I have confidence - The sound of music

viernes, 24 de abril de 2015

El doble filo de la comunicación médica




Los seres humanos esperamos recibir lo que creemos que nos merecemos. Y esperamos escuchar lo que queremos escuchar. El niño aguarda que lo feliciten o le regalen el juguete que desea. El adulto, que lo premien o lo recompensen de algún modo, por su actitud o por la labor que realiza. El individuo sano anhela que le digan que sigue estando sano. Y el enfermo, que lo suyo no es grave o que al menos tiene solución. Al fin y al cabo, todos deseamos ser felices.

Y no sólo importa el mensaje que se envía, sino también –y sobre todo– el modo de transmitirlo. Si las buenas palabras no están plenas de contenido, se suscitará la duda o el recelo en quien las recibe. Si se emiten con frialdad o van cargadas de reticencia, el receptor no quedará satisfecho o experimentará el sinsabor de la desconfianza. Si la comunicación médica no es fluida y cálida, no conseguirá el objetivo de serenar o eliminar temores.

Pero queda una cuestión definitiva en la comunicación médica: la de la justa medida. Ése es el quid... Porque la escasez desconcierta y el exceso confunde. ¿Cuántos pacientes no son atiborrados de fármacos sin que se les aclare el cómo ni el porqué de cada uno? Aunque me temo que en esta era de la comunicación es el exceso, y sobre todo la toxicidad informativa, concretada en el término infoxicación, lo que inquieta, lo que solivianta, lo que atemoriza.

El creciente número de mensajes inquietantes están en el ánimo de todos: «¡Cuidado con…! ¡Ojo a…! ¡No olvide que…! ¡Preocúpese de…!». El exceso comunicador es tremendista, angustioso, apocalíptico… y claramente interesado. Algunos comunicadores en salud, supuestamente conocedores de la ciencia médica, se los creen; e involuntariamente se convierten en mediadores de intereses ajenos y en dañadores de la salud (física y/o mental) de muchos inocentes.

En definitiva, la comunicación médica puede ser positiva o negativa, buena o mala, en función de su efecto lenitivo o de su perturbadora carga emocional (a veces por el desencanto sobrevenido tras la creación de falsas expectativas). Y ya sea directa o indirecta, de viva voz o por e-mail, a través de los medios o de las redes sociales. Así que, ¡mucho cuidado con los mensajes inadecuados, engañosos y tóxicos!

La comunicación en general y la médica en particular, para ser buena, precisa exactitud, sinceridad y prudencia. Bueno, esto es lo que creo.

***
Enlaces en blog:
Comunicación médica en la Red
Comunicación médica 2.0


Gila - Análisis médico
(Humorística consulta médica telefónica)

viernes, 17 de abril de 2015

Investigación de los todólogos

investigadores_medicina_familia.jpg (469×355)


El médico de familia, como "todólogo" (frente al especialista hospitalario o "cachitólogo"), interviene sobre la persona en su integridad. Ha de combatir continuamente con la incertidumbre, por sus limitaciones y por la multitud de problemas a los que tiene que dar respuesta. Pero además ha de realizar investigación, desde la simple búsqueda de información para dar respuesta a preguntas hasta la realización de estudios epidemiológicos (sobre todo epidemiología descriptiva, pero también analítica). En una realidad cambiante, se hace necesaria la investigación continua. De modo que en atención primaria se precisa un espacio para la investigación, sin la necesidad de ser un especialista en estadística, simplemente teniendo la inquietud de dar respuesta a una pregunta. 

Y sobre esta cuestión del médico de familia y la investigación, veamos la argumentación que, a modo de introducción nos presenta el Dr. Enrique Fluiters. Conceptos estadísticos como sensibilidad y especificidad, tamaño muestral, etc., nos los presenta este médico de familia de manera sencilla, dándonos como colofón un consejo decisivo: dudar y aprender Inglés. 


martes, 14 de abril de 2015

Vejez y enfermedad no son sinónimos



La usual consideración de la vejez como sinónimo de enfermedad, como fuente generadora de enfermos crónicos y, consecuentemente, de gasto sanitario, es una cerrada visión que impide contemplar un periodo de la vida como normal.

Los cambios fisiológicos de la vejez producen limitaciones en el individuo. Nadie lo puede cuestionar. Pero de ahí a considerar que todo viejo es necesariamente un enfermo, que precisa medicamentos y especiales cuidados, va un mundo.

Entramos aquí en el debate entre las necesidades reales y la inducción al consumo. Considerando a todo anciano como persona frágil, ya tenemos a un creciente número de potenciales consumidores de los que se puede obtener ganancia.

Y podemos ver claramente una cadena económica: envejecimiento-enfermos crónicos-consumidores de servicios de salud (fármacos, alimentos saludables, tecnología para la dependencia, empresas de cuidados…).

El mercado de la vejez crece y en él se ven grandes oportunidades de negocio. Aquí lo podemos comprobar: “¿Por qué todos querrán hacer negocio con tu vejez?”. Es como si cada vez más buitres volasen sobre las víctimas del envejecimiento.

En cambio, los gestores públicos ven gasto, llegando algún político radical a instar a los ancianos a que se den prisa morir. Vemos aquí el egoísmo de una sociedad que arrincona y desprecia a la gente de edad, en otro tiempo valorada y respetada.

Pero no, vejez no es sinónimo de enfermedad. La vejez es una etapa vital a la que la mayoría aspirar a llegar en las mejores condiciones. La última fase del ciclo de la vida que no tiene por qué implicar sufrimiento ni dependencia. Puede ser saludable.

Sin duda, el viejo tiene mayor probabilidad que el joven de enfermar y, sobre todo, de presentar comorbilidad o pluripatología, es decir, de padecer varias enfermedades que determinan su fragilidad y precisan de atención a su cronicidad

Pero vejez no implica fragilidad ni necesidad de cuidados médicos. Ser viejo no significa estar enfermo. De modo que los viejos, por el hecho de serlo, no están obligados a consumir medicamentos ni a sufrir a excesivos rigores diagnósticos. 

Los viejos necesitan vivir con la mayor independencia posible, verse libres de saqueadores de su debilidad y hallarse a salvo de quienes los señalan como un peligro para el bienestar social. Los viejos tienen derecho a vivir en paz.


Vejez no es sinónimo de enfermedad