viernes, 17 de abril de 2015

Investigación de los todólogos

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El médico de familia, como "todólogo" (frente al especialista hospitalario o "cachitólogo"), interviene sobre la persona en su integridad. Ha de combatir continuamente con la incertidumbre, por sus limitaciones y por la multitud de problemas a los que tiene que dar respuesta. Pero además ha de realizar investigación, desde la simple búsqueda de información para dar respuesta a preguntas hasta la realización de estudios epidemiológicos (sobre todo epidemiología descriptiva, pero también analítica). En una realidad cambiante, se hace necesaria la investigación continua. De modo que en atención primaria se precisa un espacio para la investigación, sin la necesidad de ser un especialista en estadística, simplemente teniendo la inquietud de dar respuesta a una pregunta. 

Y sobre esta cuestión del médico de familia y la investigación, veamos la argumentación que, a modo de introducción nos presenta el Dr. Enrique Fluiters. Conceptos estadísticos como sensibilidad y especificidad, tamaño muestral, etc., nos los presenta este médico de familia de manera sencilla, dándonos como colofón un consejo decisivo: dudar y aprender Inglés. 


martes, 14 de abril de 2015

Vejez y enfermedad no son sinónimos



La usual consideración de la vejez como sinónimo de enfermedad, como fuente generadora de enfermos crónicos y, consecuentemente, de gasto sanitario, es una cerrada visión que impide contemplar un periodo de la vida como normal.

Los cambios fisiológicos de la vejez producen limitaciones en el individuo. Nadie lo puede cuestionar. Pero de ahí a considerar que todo viejo es necesariamente un enfermo, que precisa medicamentos y especiales cuidados, va un mundo.

Entramos aquí en el debate entre las necesidades reales y la inducción al consumo. Considerando a todo anciano como persona frágil, ya tenemos a un creciente número de potenciales consumidores de los que se puede obtener ganancia.

Y podemos ver claramente una cadena económica: envejecimiento-enfermos crónicos-consumidores de servicios de salud (fármacos, alimentos saludables, tecnología para la dependencia, empresas de cuidados…).

El mercado de la vejez crece y en él se ven grandes oportunidades de negocio. Aquí lo podemos comprobar: “¿Por qué todos querrán hacer negocio con tu vejez?”. Es como si cada vez más buitres volasen sobre las víctimas del envejecimiento.

En cambio, los gestores públicos ven gasto, llegando algún político radical a instar a los ancianos a que se den prisa morir. Vemos aquí el egoísmo de una sociedad que arrincona y desprecia a la gente de edad, en otro tiempo valorada y respetada.

Pero no, vejez no es sinónimo de enfermedad. La vejez es una etapa vital a la que la mayoría aspirar a llegar en las mejores condiciones. La última fase del ciclo de la vida que no tiene por qué implicar sufrimiento ni dependencia. Puede ser saludable.

Sin duda, el viejo tiene mayor probabilidad que el joven de enfermar y, sobre todo, de presentar comorbilidad o pluripatología, es decir, de padecer varias enfermedades que determinan su fragilidad y precisan de atención a su cronicidad

Pero vejez no implica fragilidad ni necesidad de cuidados médicos. Ser viejo no significa estar enfermo. De modo que los viejos, por el hecho de serlo, no están obligados a consumir medicamentos ni a sufrir a excesivos rigores diagnósticos. 

Los viejos necesitan vivir con la mayor independencia posible, verse libres de saqueadores de su debilidad y hallarse a salvo de quienes los señalan como un peligro para el bienestar social. Los viejos tienen derecho a vivir en paz.


Vejez no es sinónimo de enfermedad

martes, 7 de abril de 2015

Estrés laboral en el sector sanitario



Puesta en cuestión la atención a la salud laboral de algunos profesionales, no está de más señalar la poca o nula importancia que le dan los dirigentes del sistema público de salud a los trabajadores sanitarios. Una enfermera competente y entregada se quejaba del estrés a la que estaba siendo sometida al asumir el trabajo del personal ausente añadido al suyo; la sacudida involuntaria de un párpado (mioclonía palpebral) se le revelaba como signo inequívoco de estrés laboral. «Necesitaría una baja larga, muy larga», decía, por el efecto de sobrecarga laboral con presión en el tiempo. Pero desde la jefatura de enfermería hacia arriba, nadie prestaba atención a su legítima queja. Sólo se atiende lo que repercute en los medios de comunicación a partir de un hecho grave o relevante. Triste, muy triste.

En una revisión del estrés laboral del médico (El estrés laboral del médico: Burnout y trabajo en equipo), se detecta la variable ansiedad en un 88% de profesionales (en un nivel medio-alto) y depresión importante en un 5%. El paciente es factor determinante con su insatisfacción y su sufrimiento. La Administración favorece el estrés laboral con su falta de apoyo, no facilitando la formación y no proporcionando el tiempo necesario para la atención. Y el propio desempeño profesional genera ansiedad/estrés al producirse errores en el tratamiento o en el diagnóstico. Lo ideal sería contar con una Administración competente, una respuesta adecuada de los pacientes y un absoluto control emocional del propio terapeuta, lo cual se nos antoja quimérico.

Lejos de ese ideal, como factores de positividad o que contribuyen a la satisfacción laboral, estarían: 1) la buena organización y el buen funcionamiento del centro sanitario, 2) el trabajo en equipo (habría que entenderlo como grupo armónico) y 3) las cordiales relaciones interpersonales con compañeros y jefes. Serían estos los elementos frente a la ansiedad, la depresión y el estrés laboral crónico (síndrome de burnout o del quemado en sumo grado) que habría que potenciar en lo posible. No restando importancia a la buena organización asistencial, condicionada por los gestores sanitarios, parece decisivo el contar con buenos compañeros. Por ello se nos antoja que antes que trabajar en un mal equipo sería mejor hacerlo en solitario, haciendo caso al dicho: «mejor solo que mal acompañado».

En cualquier caso, reconociendo la realidad del estrés  laboral en el medio sanitario cabe adoptar estrategias adaptativas de afrontamiento (interesante artículo AQUÍ), esfuerzos conductuales y cognitivos. Pero, por otro lado, cabe preguntarse: ¿les importa algo a nuestros gestores la satisfacción profesional, la sobrecarga asistencial, el buen funcionamiento de los servicios o el burnout médico? Si la respuesta es no, tampoco les interesa el bienestar de los pacientes. Entonces sólo cabe una respuesta gestora: es preciso revolucionar la gestión sanitaria para combatir el estrés en el sector sanitario.
***
Notas.- 1. En un estudio sobre el estrés laboral en médicos de los servicios de urgencia, he hallado un interesante cuestionario acerca de su trabajo y sus sentimientos hacia él, cuya finalidad es medir su nivel de estrés laboral. A dicho estudio se pude acceder AQUÍ. 2. Se ha reconocido el síndrome de Groves (o "del paciente odioso"), que implica sentimientos negativos en el médico sin llegar al estado de trastorno psiquiátrico. Leer AQUÍ y AQUÍ



Estrés laboral
1

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(Una contemplación más amplia del estrés laboral)

miércoles, 1 de abril de 2015

Soneto a Cristo crucificado

Cristo crucificado, de Diego Velázquez


El Soneto a Cristo crucificado es una auténtica joya de la poesía mística. Tenido como pieza anónima de la segunda mitad del siglo XVI, hay quien lo atribuye a Lope de Vega. Dejemos correr los versos de este maravilloso soneto en esta Semana Santa (que de amor a Dios extienda el amor entre los hombres), y escuchémoslo excelentemente recitado.


No me mueve, mi Dios, para quererte 
 el cielo que me tienes prometido, 
 ni me mueve el infierno tan temido 
 para dejar por eso de ofenderte. 

 Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
 clavado en una cruz y escarnecido, 
 muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
 muévenme tus afrentas y tu muerte. 

 Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
 que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
 y aunque no hubiera infierno, te temiera. 

 No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara, 
 lo mismo que te quiero te quisiera.


jueves, 26 de marzo de 2015

Soñando la simplificación de los procedimientos médicos



El haber tenido que dar respuesta a un variopinto número de actos administrativos en una misma jornada (Gestión de Silla de Ruedas, Informe de Dependencia, Informe de Adopción, Parte de Lesiones, etc.), me hace volver a la realidad de los procedimientos médicos habituales en la consulta de atención primaria. 

Hago un repaso y encuentro:

Que se ha simplificado la emisión de recetas con la adopción de la modalidad electrónica, salvo en el caso de usuarios de MUFACE y desplazados de otras comunidades, que hay que seguir cubriendo a mano. Poco que objetar, excepto la necesidad de informe de visado repetitivo en determinadas prescripciones.

Que también son electrónicos los justificantes de asistencia/ausencia laboral, lejos del ideal del autoformulario de ausencia del NHS británico. Son un complemento a los partes de incapacidad laboral (IT), o de baja, para entendernos, mejorables por complicados o sobrantes, y en espera de se materializa la nueva regulación de la IT.

Que igualmente la gestión de interconsultas/derivación al segundo nivel asistencial, con los pros y contras que reporta la telemedicina y con la inconveniencia del “peloteo” desde el nivel especializado (hay poco hábito -¿pocas ganas?- en gestionar interconsultas entre servicios hospitalarios).

Que permanece, o se redobla, la complicación en otros procedimientos, sean o no electrónicos (llega a ser cargante la burocracia médica electrónica). Veamos…


Se perpetua el problema de los informes y formularios, sean manuales o electrónicos, dada su diversidad, las repeticiones por causa multicompetencial (municipales, autonómicos, estatales) y, en general, por estar mal diseñados y ser demasiado farragosos. Viendo algunos formularios sociales, como el de la dependencia funcional, uno no llega a imaginar qué mente los ha ideado, y jura en arameo ante el insufrible parte de lesiones.

Sobre los circuitos dentro del sistema, el reciente acceso a algunas pruebas complementarias (colonoscopia, densitometría, etc.), de siempre demandado, ha generado protocolos excesivos que habría que simplificar. En cuanto a la solicitud de material ortoprotésico, más de lo mismo.

Respecto a los circuitos fuera del sistema, cabe señalar el enredo administrativo en la petición de transporte sanitario (ambulancias), a menudo delegado desde el hospital de referencia, y la asunción de prescripciones de hospitales concertados, que no emiten recetas oficiales.

Por todo esto, porque repudio la consulta médica como carrera de obstáculos, y porque desburocratizar concuerda con simplificar, sueño con una simplificación de todos los procedimientos médicos. ¿Y quién no?

***
Siempre se habla de desburocratizar... y simplificar,
pero es sabido que del dicho al hecho hay mucho trecho.
He aquí una muestra...

lunes, 23 de marzo de 2015

La fuerza espiritual de la música


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El pianista Diego Fernández Magdaleno, Premio Nacional de Música, promovió en su día un homenaje al violagambista, director de orquesta y musicólogo Jordi Savall, por su 70º aniversario, ofreciendo un recital en el Instituto Cervantes de París el 21 de febrero de 2012, con obras inéditas de compositores actuales. En el vídeo del acontecimiento, Magdaleno nos informa de la justificación del homenaje a este gran especialista en la Música Antigua (de Oriente y Occidente), y el homenajeado Savall nos habla emocionado de la iniciativa, que entiende como un "rescate" de las músicas olvidadas reinventándolas con las impresiones de compositores de nuestro tiempo. Pero también de la importancia histórica de la música y de su necesidad permanente, y más que nunca en momentos de crisis como el actual, por la fuerza espiritual que proporciona a la gente que sufre. Sí, la música como fuerza espiritual...

Homenaje a Jordi Savall
Diego Fernández Magdaleno, piano

miércoles, 18 de marzo de 2015

Día Nacional Contra las Agresiones a Sanitarios



#stopagresiones


Recordando un pasado manifiesto y una pretérita reflexión, hoy se me ocurre decir:

No se puede tolerar 
-dentro del sano juicio- 
la locura de atacar 
a quien presta su servicio. 

Agredir a un sanitario 
cuyo trabajo es servir 
 a ningún contestatario 
se le debe permitir. 

Nadie tome por su mano 
la justicia (aunque se duela).
¡Respetemos al humano 
que alivia y cura y consuela!

lunes, 16 de marzo de 2015

Consulta médica telefónica: un caso de desconfianza



(A la tercera, después de dos llamadas sin que nadie respondiese)

-Hola, es el domicilio de la Sra. Suspicaz.
-Sí, dígame.
-Soy el Dr. Tragacontodo. Llamo por la consulta telefónica que han solicitado. Es que su médico, la Dra. Esplendorosa, no está. Dígame qué desea.
-Quiero saber el resultado de un análisis, pero... ¿en qué planta trabaja usted?, ¿cuál es el número de su sala?, ¿y su nombre completo?
-Vaya, es usted demasiado desconfiada... Yo podría pedirle que me demuestre que es la paciente y no otra persona. Por teléfono nunca hay seguridad de nada.
-Ah, por supuesto que soy yo. ¿Cómo puede dudarlo?
-Puedo dudar de la misma manera que duda usted, señora. ¿No le parece?
-Bueno... A ver, ¡dígame el resultado!
El Dr. Tragacontodo revisa los datos analíticos y le responde:
-Todo está normal, Sra. Suspicaz.
-Ya. Pero... ¿cuál es la cifra de..., que debe estar entre 0 y 10?
-Pues es de 1,5. O sea, normal
-¿Y qué significa normal?
-Significa que es negativa.
-¡Hum! Pero yo sigo mal...
-Tendrá entonces que venir a consulta. Creo que mañana ya está su médico.

El Dr. Tragacontodo se despide de la presunta Sra. Suspicaz, cuelga el teléfono, exclama «¡Uf!» y se pregunta: «¿Debí dejar en suspenso esta consulta telefónica y que resolviese su médico cuando estuviese?». Después, para mayor asombro, comprueba que hace dos días la Dra. Esplendorosa ya le había comunicado el resultado de su análisis, y que, además, había señalado en la historia clínica: "difícil entendimiento con paciente". Tragacontodo no sabe si es mal entendimiento en la consulta presencial o en la entrevista telefónica, aunque sospecha que en ambas. «¿Ante semejante desconfianza, hay seguridad de algo?», se dice, sabiendo que la respuesta es negativa, como el resultado de la analítica de la Sra. Suspicaz. Y es que en situaciones como ésta, carentes de confianza (en este caso por una paciente difícil), la seguridad en la consulta médica telefónica es cuestionable. Por otra parte, más allá de la inconveniente desconfianza, debiera definirse esta variante de consulta para evitar que sea generadora de conflictos.

(Ver también una reflexión dramatizada de consulta médica telefónica: AQUÍ)

Confía en mí - El Libro de la Selva

viernes, 13 de marzo de 2015

El color de la existencia




Con el apoyo visual de este caligrama propongo ver la vida de color de rosa... 

El poema se dibuja, el dibujo es un poema. 

El arte se tornó juego, el juego es arte que alegra. 

Lo antiguo se hizo moderno, lo moderno es ayer nuevo. 

Lo serio se mira en broma, la broma se toma en serio. 


La gloria busca al esclavo, el esclavo se libera. 


La vida quiere un color, el color da la existencia.




Colors of Life

martes, 10 de marzo de 2015

La humanidad en todo su esplendor

Estatua de la Libertad, Nueva York

En la historia de mi vida son claves los años que pasé en Estados Unidos como especialista en neurooncología, es decir, médico del cáncer que envolvía el sistema nervioso de los niños. Después de siete años de intensa vida hospitalaria, en la que la violencia de las emociones alcanzaba todos los días la dimensión de tragedia, la vida se ve distorsionada. Era un día a día de derrotas, en que las victorias no podían ser celebradas enteramente porque la inminencia de una recaída acechaba hasta el fin. Un día sugerí que nuestro equipo usara una camiseta con la leyenda: It is so sad (Es tan triste), porque era la frase que más repetíamos a lo largo del día. Recuerdo que, de vacaciones en Portugal, me admiraba de ver corretear los niños en la playa porque ya me había olvidado de que podían ser felices y estar sanos. En cada cara buscaba las huellas del dolor; en cada cuerpo, los estigmas de quien sufrió los efectos de la enfermedad o de su tratamiento. Esta distorsión afectaba también a los niños y a sus familias. Aún me emociono al acordarme de un niñito de 3 años, sin pelo ni cejas, que tenía por habilidad —que mostraba orgulloso— conocer el nombre de las crías de todos los animales: el hijo de la cerda: lechón. De la yegua: potro. Y así todos. Un día se me ocurrió preguntarle cómo se llamaba el hijo de una mujer. Dudó un minuto, pero después esbozó para mí la astuta sonrisa de quien había intuido la respuesta y afirmó con seguridad: outpatient (paciente de consulta externa).  
Muchos me preguntaban cómo era posible convivir a diario con la tristeza. La respuesta es simple: es un privilegio poder conocer la humanidad en todo su esplendor, en el coraje, pero sobre todo en el amor. Los médicos y las enfermeras con quienes trabajaba eran santos porque, como escuché alguna vez, los santos no son todos iguales. (…)
Capítulo del libro Lo siento mucho de Nuno Lobo Antunes, neurooncólogo pediátrico. 

Reseña de "Lecturalia".- Lo siento mucho es un libro de testimonios conmovedor. Una hermosa y profunda reflexión sobre los momentos más difíciles a los que mucha gente ha tenido que enfrentarse a lo largo de su vida y al final de la misma. Empática, humana e increíblemente positiva. Una muestra de historias sobrecogedoras, de ejemplos de superación en los hospitales de Nueva York que emocionarán al lector.


Sinto Muito - Nuno Lobo Antunes

viernes, 6 de marzo de 2015

Información deformada y exceso de información



Quien habla con argumentos no grita ni hace aspavientos. 
Refrán
La abundancia de información crea pobreza de atención. 
Anónimo
El exceso es el veneno de la razón. 
Quevedo

Desde hace años los presentadores del tiempo en televisión parecen actuar delante de los mapas, moviéndose de un lado a otro, extendiendo los brazos como directores de orquesta, haciendo múltiples y desconcertantes aspavientos. Tanto llegan a atraer sus cuerpos en acción (como si se tratase de la actuación de un showman o una showwoman) que la atención se pierde en lo que menos interesa: el transmisor de la información. De modo que se desatiende lo que realmente importa: el tiempo meteorológico. Al final resulta una información deformada. Se llega a echar de menos al hombre del tiempo estático frente a un mapa sencillo, dando explicaciones breves y precisas. Puede pasar algo parecido con la intervención de un profesor o de un conferenciante, cuya comunicación no verbal sea tan potente que haga olvidar a quienes escuchan lo que realmente interesa: el mensaje que pretenden transmitir. Preferible entonces también el orador poco expresivo corporalmente y decisivo en el modo certero de hablar. Yendo a los extremos: mejor un mapa que ocupe toda la pantalla y una voz en off haciendo su descripción ("Borrasca al oeste, anticiclón al este, lluvias en el norte, calor intenso en el sur..."), y deseable un disertador desprovisto de gesticulaciones que transmita únicamente con la palabra desnuda. 

¿Y qué decir del exceso informativo de los medios? Pues que son tantas las noticias y tantas las repeticiones (en diversas formas o múltiples variantes), que acaban saturando los cerebros de los lectores, de los televidentes y de los escuchantes. Tanto es así que no acaba uno de procesar la avalancha de datos, corriendo el riesgo de perderse en una mar de confusión y, a lo peor, de quedarse con lo que es falso o menos verdadero. Es preciso seleccionar entre la multitud de imágenes y noticias, evitar el atragantamiento informativo, tratar de acertar a quedarse con un mínimo suficiente. En definitiva, conviene evitar el exceso de información. ¿Y cuánto exceso de información sanitaria reciben hoy en día los médicos de familia? En su especialización en personas, centrados en la atención integral (biopsicosocial), no dejan de ser médicos generales, galenos obligados a saber lo esencial de cada parcela del saber médico. Y sin embargo, cada vez más se les incita a ampliar su círculo de conocimientos, en una progresión que pareciera tener como meta el asimilar todo el conocimiento médico, con todas las habilidades que comporta la aplicación de ese conocimiento. Pero los extremos son inconvenientes y lo único que provocan es el efecto contrario al deseado: el agotamiento por exceso y la frustración ante la imposibilidad de abarcar todo el saber médico.

De modo que es preferible abrazar la sencillez y la naturalidad en la transmisión de la información, de la índole que sea, evitando su deformación. Y aconsejable seleccionar la información (tanto en las lecturas como en la recepción pasiva), eludiendo todo exceso, en el caso de los médicos generales/de familia estableciendo límites que acoten la formación, con el fin de preservar su esencia (saber lo fundamental de cada parcela médica) e impedir el agotamiento destructor. Bueno, al menos es lo que me parece a mí. No sé a ustedes...
***
Enlaces de interés:
La mejor forma de dar una charla
La abundancia de información crea pobreza de antención


Too Much - Nat King Cole

martes, 3 de marzo de 2015

Médico y poeta gallego



Tomo prestada una sinopsis de la novela La hermana San Sulpicio, de Armando Palacio Valdés (1853-1938), 
El joven Ceferino Sanjurjo, médico y poeta gallego conoce en el balneario de Marmolejo a una simpática monjita sevillana, la hermana San Sulpicio, de cuya gracia y belleza queda prendado. Sanjurjo interroga con suma discreción a la madre Florentina, superiora de la orden a la que aquélla pertenece, y se entera de que en esa congregación se renuevan los votos cada cuatro años, y a la linda y graciosa novicia le falta sólo un mes para confirmar o no los suyos”.
El personaje es citado por Ángel Ganivet en la nº XII de las Cartas finlandesas:
La única persona a quien yo envidio a ratos en el mundo es un gallego natural de Viana del Bollo y casado con una sevillana graciosísima, Gloria Bermúdez; y no le envidio la mujer, sino la facilidad que Dios le dio para describir todas las cosas. «Ceferino Sanjurjo, poeta descriptivo», reza la tarjeta de este hombre feliz, dado a conocer por Armando Palacio Valdés en su novela La hermana San Sulpicio, y recordado por mí siempre que cojo la pluma para describir algo y la suelto sin haber descrito nada. Sin duda tengo atrofiada la circunvolución cerebral donde habita el genio de las descripciones, porque de otro modo no me explico que teniendo dos ojos perfectamente sanos, una memoria fiel y una voluntad decidida, no me sea posible dar cuenta de lo que veo.
Ceferino Sanjurjo, médico y poeta. ¡Vaya! Conozco a un médico de familia que se llama Ceferino y que es gallego. Pero que no se apellida Sanjurjo, no le conozco producción poética y, que yo sepa, no se ha enamorado de una monja andaluza (ni de otro origen). Da igual. ¿Acaso no hay médicos poetas gallegos? ¿Y cuántos médicos gallegos, poetas o no, habrán ejercido o están ejerciendo en Andalucía? ¿Y en otros lugares allende la frontera galaica? ¿Y en qué lugar del mundo no hay un gallego cargado de poesía? ¿Y aún más allá...?
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Enlace
Algunos médicos literatos y poetas gallegos en el siglo XIX (y en el XXI)


"O bosque" (El bosque), poema de Luis Pimentel (médico y poeta)