lunes, 20 de octubre de 2014

Enseñanza libre y excelente



Siempre he escuchado críticas contra los rígidos programa educativos, que no permiten enseñar con libertad. Y eso me hace pensar en lo poco que hemos avanzado desde aquella Institución Libre de Enseñanza, fundada por el pedagogo y filósofo Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) y otros catedráticos, defensora de la libertad de cátedra, inmune a dogmas oficiales establecidos por el Estado. Basta ver la cantidad de hombres ilustres que la apoyaron y pasaron por sus aulas, comprometidos con la renovación educativa, cultural y social: Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, Leopoldo Alas “Clarín”, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón… Su historia y sus frutos pueden comprobarse en el enlace previo y en el video final. La Institución Libre de Enseñanza fue un proyecto pedagógico que duró sesenta años (1876-1936) y que desapareció con la Guerra Civil.

Siguiendo el proyecto de Giner de los Ríos y las ideas del pedagogo Célestin Freinet, el empresario y filántropo Antonio Fernández López (1903-1971) fundó en Lugo el Colegio Fingoy (*) en 1950, en pleno franquismo, lo cual me parece muy meritorio, y más tratándose de la Galicia marginada en la España de la posguerra. El Colegio Fingoy fue dirigido inicialmente por el filólogo y escritor Ricardo Carballo Calero, que habría de ser el primer catedrático de Lengua Gallega de la Universidad de Santiago de Compostela. Entre sus profesores se cuentan Ángel Johan, Xosé Luís Méndez Ferrín y Bernardino Graña. Desde 1971, año de la muerte de su creador, posiblemente haya ido por derroteros alejados de su idea fundacional.
60º aniversario Colegio Fingoi

A veces nos olvidamos de iniciativas educativas como las referidas que, con los defectos y críticas que se les quiera atribuir, tratan de alejarse de la mediocridad en busca de la excelencia. Cabe señalar esto en una época de teórica libertad que, paradójicamente, se traduce en imposiciones, en una Educación constreñida por normativas y planes que devienen en pobres resultados y excesivo fracaso escolar, como así lo recogen diferentes estudios comparativos con otros países desarrollados que establecen planes flexibles. Y es que con la atadura de los profesores y la desmotivación de los alumnos no se pueden alcanzar los objetivos deseables. Lástima que en nuestro democrático tiempo no se vean libres impulsos educativos. Al menos yo no los veo.

(*) Nota.- El edificio del Colegio Fingoy es obra del arquitecto vigués Manuel García Román (1875-1964), de quien se cumple este año el 50º aniversario de su muerte.
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Entradas relacionadas
La enseñanza deseable
La educación y la motivación


Institución Libre de Enseñanza

sábado, 18 de octubre de 2014

Viejos amigos, amigos viejos

Old Friends


Viejos amigos en un banco del parque. Amigos viejos 
a los que ya solo les queda ver pasar el tiempo… 
El sol se pone sobre su inesperado invierno, 
y entre las hojas escuchan la ruidosa ciudad en silencio. 

Viejos amigos temerosos de ser viejos. Joven pareja 
que se imagina en los setenta, como esa que contemplan... 
En un retrato que su memoria preserva 
sentirán sobre sus hombros lo que el tiempo pesa.

Viejos amigos y amigos viejos. 

Siempre jóvenes a pesar del tiempo.
Después de todo, qué suerte no haber muerto.



Ya lo dijo Calderón: ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción; / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.


Old Friends/Bookends

jueves, 16 de octubre de 2014

Información para el buen uso de las urgencias



Por un lado se brinda un servicio sanitario, abierto y accesible, continuo y permanente; y por otro está el uso que se le da, racional o abusivo. Evidentemente, la respuesta no puede ser la misma en un caso u otro. La cantidad choca con la calidad. Y no nos olvidemos de que el abuso de uno implica perjuicio de otro. Por eso se ha pensado en una "regulación monetaria de las urgencias" que, siendo indeseable (pagan justos por pecadores), podría hacerse necesaria.

A un ciudadano de mediana inteligencia no haría falta hacerle entender lo que el sentido común le dicta como algo que no admite demora: un dolor agudo, un malestar intenso, una alteración de la conciencia… A otros habría que explicarles que otros motivos de consulta (tos, catarro, picor localizado, un granito…) pueden ser citados de manera normal con su médico de cabecera, o darles información más precisa mediante folletos o guías aclaratorias.

Afortunadamente, ahora hay un sistema de triaje en los hospitales que prioriza lo grave. Sin embargo, los mensajes oficiales promoviendo el buen uso de los servicios de urgencia hospitalaria han tenido escaso o nulo éxito. Y para el nivel primario se envían mensajes equívocos, que en general incitan a acudir a un centro de salud ante cualquier mínima dolencia, en cualquier momento y al médico que sea.

Convendría explicar los servicios de urgencia que se brindan. Se suele carecer de servicios de urgencia extrahospitalarios (PACs) en el tramo de 08:00 a 15:00 en días laborales, y este hecho habría que dejarlo claro. Lo ideal sería solucionar este inconveniente, que perjudica la atención ordinaria (se fuerzan citas que “roban” la atención de otros), y mientras tanto habría que evitar mensajes sin conocimiento de la realidad.

Como complemento de esta reseña urgente, dejo enlaces a entradas relacionadas en el blog, que a su vez contienen interesantes enlaces externos sobre el tema.



Entradas relacionadas:


Debemos hacer un buen uso de los servicios de urgencia. ¿No les parece? Mediten sobre ello...

"Meditación" de Thäis, de Jules Massenet

martes, 14 de octubre de 2014

Poner orden en el sanitario caos



Es obvio el aumento de la carga laboral de quienes han de asumir las tareas de compañeros ausentes, por cualquier motivo, sin abandonar las propias. Y aunque el inconveniente de tener que realizar las funciones de otros trabajadores que no se sustituyen (por falta de sustitutos o por negativa a sustituirlos) afecta a diferentes profesionales, en el ámbito de la sanidad es algo extremadamente sensible. Porque entraña más riesgo y genera más gasto, al apurar las decisiones y optar en atención primaria por “protectoras” derivaciones hospitalarias.

Pero el problema mayor no es el incremento de la demanda por enfermedad, sino por trámites y más trámites desquiciantes, que entorpecen la labor clínica de quienes tienen que pensar y tomar decisiones. Lo hemos  dicho muchas veces. Las patologías se asumen, pero lo buRRocrático resulta cargante.

Tanta informatización para seguir cliqueando un millón de veces, rehaciendo medicación descodificada, aguantando la lentitud y los constantes bloqueos del sistema... Tanta capacitación y formación para continuar resolviendo “olvidos” del segundo nivel, realizando actividad papeleril completamente inútil, redoblando informes y certificados... Y tanto hablar de invertir en atención primaria para que, burlonamente, el gasto en ella vaya bajando (sin dejar de subir en el segundo nivel, posiblemente para sustentar algunas unidades de lujo).

Cualquier emprendimiento de mejora pasa por aplicar el sentido común.

Me conformaría con dos cosas. La primera, eliminar de un plumazo todo lo inútil, al menos en los momentos críticos… ¿Qué digo?, para siempre jamás. La segunda, reorganizar la atención urgente, que tantas veces da al traste con la agenda ordinaria. En concreto, cubrir el vacío de 8 a 15 horas que obliga a dejar la consulta cuando se está bajo mínimos, y el resto de la jornada, con dispositivos extrahospitalarios de emergencias, específicos y altamente resolutivos, más que PACs al uso. Sólo con esto me daría con un canto en los dientes.

Este es nuestro deseo reiterado: poner orden en el sanitario caos. Al menos en el de la atención primaria, tan nombrada y olvidada.



Le Cahos - Jean-Féry Rebel

domingo, 12 de octubre de 2014

Canción del matador

Escudriñando la abierta red social leía por casualidad una melódica propuesta: hablar de canciones de toreros, de toreadores o matadores. Me vino primeramente a la cabeza la "Canción del toreador" de la ópera Carmen, de George Bizet. Por supuesto que no ignoraba la existencia de un repertorio de coplas y pasodobles que hablan de figuras del toreo y de la llamada "fiesta nacional", tan ensalzada por unos y  tan denostada por otros. Al respecto, acabo de dar con un sitio web específico, cuyo título no deja lugar a dudas: "Cancionero torero". Pero después de haber reparado en la famosa canción operística, mi pensamiento voló hacia otra popular que le había escuchado cantar a Tom Jones, hace bastantes años en un programa musical de televisión. Y buscando información di con lo que quería: se trataba de una pieza perteneciente a un musical con el inequívoco título de Matador, que cuenta la historia del ascenso y la caída de un matador de ficción, inspirada en Manuel Benítez "El Cordobés". Compruebo que esta obra fue publicada inicialmente como un álbum conceptual de catorce números (una obertura y trece canciones, una de ellas titulada "Manolete! Belmonte! Joselito!") e interpretado por El Tigre de Gales. No, la memoria no me fallaba. Completamente entregado, Jones renunció a espectáculos de cabaret en Las Vegas para interpretarlo en Londres sobre un escenario teatral, pero el musical como tal (con más números que en el álbum) no se hizo realidad hasta 1991, después de conseguirse apoyo financiero, siendo estrenado en el Queen's Theatre de la capital británica. Al parecer, esa temporada no se recogieron los beneficios esperados, por la caída del turismo debida al impacto de la primera Guerra del Golfo Pérsico, y el espectáculo se llevo a teatros menores de América. Desconozco la repercusión posterior, pero cabe señalar el éxito de una canción ya desde el álbum: "A Boy from Nowhere", que supongo que era la que yo había escuchado en televisión. Y traigo aquí esta canción del matador para que la disfruten.

Matador - A Boy from Nowhere
Tom Jones

Otra interpretación en público (Palladium): AQUÍ

viernes, 10 de octubre de 2014

Contradicciones del sistema sanitario

Contradiction man


Reconociendo las bondades del sistema sanitario y deseando su futura mejora, nos hacemos eco de sus contradicciones…

Se declara un sistema sanitario de generosa universalización asistencial, pero paradójicamente se establecen restricciones.

Toda la población está cubierta por el teórico sistema nacional de salud, pero los pacientes desplazados en otra comunidad figuran como “no financiados”.

Los pacientes pueden tener medicación crónica para todo un año emitida por su médico, pero sus prescripciones no tienen validez en otro servicio de salud.

La administración sanitaria desincentiva a su personal, pero fomenta la medicina privada mediante conciertos y convenios.

La administración sanitaria financia medicamentos novedosos más caros y sin mayor valor terapéutico, pero pone trabas a su prescripción.

Se entiende que hay una autoridad central de salud pública, pero a la hora de actuar ante una epidemia se deciden diecisiete planes diferentes.

Se construyen centros de salud como superación de los antiguas ambulatorios, pero sin las infraestructuras necesarias para enfrentarse a eventualidades.

Los gestores promueven programas de prevención, pero se quejan del gasto por el incremento de enfermos crónicos.

Los gestores establecen rígidas agendas de consulta en atención primaria, pero no cuentan con la demanda urgente sin servicio específico de urgencias.

Los inspectores solicitan información a médicos de familia sobre pacientes en situación de baja laboral, pero no cuentan con los atendidos en centros privados.

Se establecen protocolos de derivación para acortar listas de espera, pero se vuelven obstáculos que aumentan la incertidumbre y el uso de las urgencias hospitalarias.

Se instaura la telemedicina de forma selectiva y provechosa, pero se deja propagar de manera indiscriminada y desastrosa.

Los médicos de familia –en el centro del entramado sanitario– tienen reconocida capacitación, pero se les obliga a perder demasiado tiempo en tareas inútiles.

Etc., etc., etc.,…


Tarrés - Serrat

miércoles, 8 de octubre de 2014

Sanidad Pública: ¿igual para todos?



Una buena manera de mostrar los problemas sanitarios es escenificarlos. Es más entretenido, requiere menos esfuerzo verbal y se llega a mucha más gente. Y si se le da un toque de humor, mejor que mejor. Ciertamente se puede caer en la banalidad o en clichés, por lo que se hace conveniente tener ideas claras y un sólido guión. Como ejemplo, traigo un video que acabo de conocer y que me ha sorprendido, por el resultado y porque conozco a algunos de los protagonistas. Se ha presentado al II Festival de Cortos y Fotografía del Laboratorio de Prácticas Innovadoras en Polimedicación y Salud (sobre Medicalización de la vida, Desigualdades en salud y Seguridad del paciente con el uso de los medicamentos), y con el título de "Depende", quiere mostrar que la sanidad pública no es igual para todos. La polimedicación, y la crisis económica, las apariencias y la frivolidad, las influencias y las recomendaciones, las citas automáticas y la deshumanización, la universalización asistencial y los obstáculos burocráticos, son cuestiones que se mixturan en este divertido trabajo audio-visual, un corto cinematográfico que refleja la cruda realidad de un sistema sanitario y de una sociedad que hacen aguas. ¡Que lo disfruten!


martes, 7 de octubre de 2014

¿Servicio de atención al paciente o de reclamaciones?


Traducción del cartel, que está en gallego: 
ATENCIÓN AL PACIENTE (reclamaciones)
1ª puerta derecha

El Servicio de Atención al Paciente, se creó con el cometido de garantizar los derechos de los usuarios, dándoles asesoramiento e información sobre la organización sanitaria y gestionando sus sugerencias, quejas y reclamaciones. Pero parece haber quedado únicamente con esta última función, de modo que se ha convertido (o tal vez ya haya nacido realmente así), como una mera oficina de reclamaciones. Creo que se ha hecho una mala interpretación del camino que conduce a la calidad y a la satisfacción asistencial. Me parece que la atención al paciente no se reduce a cursar reclamaciones. ¿O sí?...


Helsinki Complaints Choir

viernes, 3 de octubre de 2014

Sobre la presión asistencial


En los últimos años asistimos a cambios demográficos y sociales (nuevos modelos de familia, inmigración, disminución de natalidad, aumento de la edad de los padres) cambios en la patología atendida y cambios en las expectativas sobre el estado de salud y enfermedad (aumento de la demanda familiar). El incremento de los recursos humanos por parte de las administraciones sanitarias y la formación de sus profesionales no se han adecuado a las necesidades y demandas de la población. La consecuencia inicial es la masificación de las consultas; una gran presión asistencial que conlleva una disminución de la calidad asistencial, mayor probabilidad de cometer errores, imposibilidad de realizar otras tareas (formación, docencia, investigación, actividades en la comunidad, compromiso con el EAP…), insatisfacción profesional, etc. 
Existen múltiples y variados motivos para intentar reducir la utilización de los servicios sanitarios: es el problema más sentido por los profesionales, aumenta la satisfacción de los pacientes, aumenta la calidad de la atención, permite un diseño más racional de los circuitos administrativos, permite dedicar más tiempo por paciente, mejora la salud mental del médico. (…) El tamaño de los cupos no es el único motivo de la masificación de las consultas sino que existen otros muchos factores que influyen en la utilización de los Servicios Sanitarios y que podemos dividir en factores dependientes del usuario, del sanitario, de la micro-organización (organización de la consulta) y de la macro-organización (estructura y funcionamiento de la organización/Administración). (…) 
En general, los factores del usuario explican sólo el 50 % de la variabilidad de la utilización de los recursos. El otro 50 % depende de factores del profesional y de la organización. Esto significa  que, teóricamente, existe “margen de mejora” independiente de los usuarios. El usuario consulta por necesidad, entendida como la percepción de malestar o enfermedad que incita a la demanda. Esta percepción genera angustia, ansiedad, estrés, miedo, inseguridad,… Pudiera existir relación entre la necesidad de utilizar los recursos sanitarios y el nivel de cultura sanitaria. De cualquier manera parece que el nivel de exigencia de los usuarios ha aumentado. También el nivel de intolerancia ante la enfermedad. (…) 
A continuación proponemos algunas ideas que nos podrían ayudar a reducir la demanda o a organizarla y soportarla mejor: 1.- Acciones sobre los usuarios: Educación sanitaria…; 2.- Acciones sobre el profesional: hacer  “diagnóstico organizativo” de consulta, aumentar capacidad de resolución…; 3.- Acciones sobre la Organización: demostrar al gestor necesidad de más profesionales, optimizar la actividad burocrática del centro, actuar sobre la demanda inducida desde la propia Organización…

Podrían resumirse todas estas propuestas en tres acciones: 
  1. Aumentar la capacidad resolutiva del profesional 
  2. Disminuir la percepción de necesidad de los pacientes y la predisposición a utilizar los Servicios Sanitarios.   
  3. Optimizar y aumentar la eficiencia de la organización 
(Síntesis de artículo Reflexiones sobre la presión asistencial en pediatría, por Ángel González Vicente, médico de familia)

En definitiva, el control de la presión asistencial es beneficioso para el paciente, para el profesional y para la organización sanitaria. Para el paciente porque mejora la calidad de su asistencia y su satisfacción. Para el profesional porque mejora su satisfacción y su salud mental, disminuyendo el riesgo de cometer errores. Y para la organización sanitaria porque mejora su funcionamiento y su control del gasto.


Under Pressure - Queen

miércoles, 1 de octubre de 2014

De una canción clásica a otra pop



La canción “Plaisir d'amour” (Placer de amor) del compositor clásico Jean Paul Égide Martini (1741-1816), tuvo una gran acogida en su momento, pero en la actualidad será desconocida para la mayoría. Sin embargo, al escucharla, seguramente a esa mayoría le será familiar su melodía…

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Sí, les sonará, sin que sepan bien a que otra canción, hasta que caigan en que es muy parecida a "Can't Help Falling in Love" (No puedo evitar enamorarme), aquella otra pop de 1961, de George Davis Weiss, Hugo Peretti, y Luigi Creatore, interpretada por Elvis Presley. Y es que la música clásica, aun la poco difundida, ha sido un manantial de inspiración ligera.

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viernes, 26 de septiembre de 2014

Recordando al Padre Feijoo



Yo, ciudadano libre de la República de las Letras, ni esclavo de Aristóteles ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre con preferencia a toda autoridad privada lo que me dictaren la experiencia y la razón.
"Lo que sobra y falta en Physica", Teatro crítico universal. B. Jerónimo Feijoo


En el 250º aniversario de la muerte de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676–1764), o simplemente del Padre Feijoo, se recuerda a esta figura principal de la primera Ilustración española, que siguió la senda marcada por el movimiento europeo que trataba de imponer la luz del conocimiento sobre supersticiones y creencias mágicas. Este  ilustre ensayista y polígrafo, nacido en el seno de una familia hidalga gallega, al convertirse en monje benedictino hizo voto de pobreza y, por lo tanto, renunció a sus derechos como mayorazgo de su casa. Desde su pazo natal en Casdemiro, parroquia del municipio de Pereiro de Aguiar, en la provincia de Orense, sus estudios teológicos lo llevaron a Oviedo, al ganar la cátedra de Teología de su Universidad. En la capital asturiana vivió desde 1709 hasta sus últimos días, y en ella escribió polémicos ensayos, demasiado adelantados para su época.

Entre la obras de Feijoo destacan: Teatro crítico universal o Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores communes (118 discursos en nueve tomos, 1726-1740), y Cartas eruditas y curiosas (163 cartas en cinco tomos, 1742-1760), en las que siguiendo la misma línea de razonamiento analiza algunas ciencias (Física, Matemáticas, Historia Natural, Medicina, Astronomía, Geografía, Filosofía, Economía, Derecho Político, Literatura, Filología), creencias populares (supersticiones, milagros), personajes históricos coetáneos, etc. Y por la parte que nos toca, cabe citar también Apología del escepticismo médico (1925) su primera publicación, en la que hace una defensa de la Medicina Escéptica del doctor Martín Martínez, que había provocado una reacción negativa en los medios médicos y universitarios, pero que nos acerca al escepticismo de la medicina moderna.
Homenajes diversos recuerdan hoy a este pensador gallego y universal, tal vez el más grande filósofo de lengua española del siglo XVIII y un adelantado hasta en la defensa de las mujeres. Por supuesto se homenajea en Galicia y en Asturias. Y para que no todo se quede en celebración, sugiero profundizar en la figura y en la obra del Padre Feijoo –con quien no me une ningún parentesco, que yo sepa–, por lo que dejo abajo interesantes enlaces. No olvidemos además el interés mostrado por Gregorio Marañón por nuestro hombre ilustrado, apreciable en su ensayo Las ideas biológicas del padre Feijoo (1934) y en el discurso Consideraciones sobre Feijoo pronunciado en Oviedo en 1954. Pues este sabio que trató de iluminar un tiempo y un espacio demasiado oscuros merece ser recordado y leído.

Enlaces
Interesante reseña con enlaces a varios estudios sobre su persona y su obra.
Los puntos principales que expone Feijoo en diferentes lugares de su obra, sobre las reformas que debían establecerse en la universidad española.
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Feijoo y los orígenes de la Ilustración.

Feijoo es fundamentalmente un ensayista. Su contribución a la formación del ensayo como género literario ha sido reconocida por toda la crítica.
La Real Academia Galega de Ciencias ha aprobado por unanimidad la elección de Feijoo por su defensa de la ciencia basada en la razón y en la experiencia, y por su espíritu crítico al cuestionar dogmas y difundir las ideas científicas –enfrentándose a la Inquisición– entre los estratos sociales que en el siglo XVIII tenían un difícil acceso al conocimiento.


Nota.- Ante la variable acentuación ortográfica del apellido Feijoo, opto por dejarlo sin tilde, siguiendo la recomendación académica.


Conmemorando el 250º aniversario de la muerte 
de Fray Benito Jerónimo Feijoo

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Errores médicos, realidad y prevención


La Medicina es como profesión excelsa, pero como ciencia humildísima, y hay que aceptar esta insuficiencia y esta humildad en gracia a esta excelsitud. Pedir cuentas al médico de su fracaso con un criterio científico, como se le pide a un ingeniero que ha calculado mal la resistencia de un puente, es disparate fundamental y es principio inaceptable.
Gregorio Marañón

Con todas las dificultades que tiene sintetizar un tema tan amplio como el que da título a esta entrada, por la amplitud creciente del derecho sanitario y su entramado normativo, tras la asistencia a un congreso internacional sobre “Prevención de errores médicos y eventos adversos”, recientemente celebrado en la ciudad de Vigo, he tratado de extraer las ideas fundamentales y hacer algunas interpretaciones (algunas provenientes de conversaciones de pasillo en los descansos entre ponencias). Cabe señalar que de la veintena de ponentes sólo había dos médicos, y ninguno en ejercicio clínico; todos los demás eran juristas. Partamos del concepto de error médico como “daño provocado al paciente, por acción o inacción del médico, en el ejercicio de la profesión y sin intención de cometerlo”, ya en forma de error inevitable, impericia, imprudencia o negligencia. Vayamos por la senda de la lex artis ad hoc para valorar las actuaciones médicas adecuadas o correctas. Reparemos en el deterioro de la relación médico-paciente en un sistema sanitario masificado. Y consideremos también el hecho de que no hay propiamente un derecho a la salud, sino más bien un derecho a la asistencia sanitaria, digna o de calidad, y de que el concepto de salud entendida como estado de completo bienestar (físico, psíquico y social), según definición de la OMS, está cuestionado, ya que siguiéndola al pie de la letra pocos serían los sanos. Pues igualmente, las interpretaciones de los errores y eventos adversos no siempre habrán de ser vistos con la necesaria objetividad. Pero están ahí, son una realidad, y habrán de producirse aunque no queramos. Lo importante es que los errores médicos sean los menos posibles, por lo que se hace necesaria su prevención.



El error médico es algo inevitable bajo la condición humana e inadmisible desde la óptica profana, que no admite un solo fallo. El propio éxito de la medicina parece volverse contra los médicos, antaño semidioses y hoy simples mortales. Los poderes públicos “venden” los avances tecnológicos puestos al servicio de la población, y ésta asume la infalibilidad de los profesionales. Y para protegerse, los médicos actúan a la defensiva: más pruebas y más gasto, sin mayor eficacia. Lo ideal es aspirar a una medicina de calidad, en la que los procedimientos se apliquen atendiendo a criterios científicos y no condicionados por temores invencibles. Para ello hay que plantearse qué sistema sanitario queremos, teniendo en cuenta que la calidad que pagarla, que tiene un coste. También qué sociedad queremos, si una judicializada u otra en la que prime la confianza entre las partes, en este caso entre médicos y pacientes, y entre estos y la Administración Sanitaria o los gerentes de la sanidad privada.

Para prevenir errores médicos y eventos adversos es necesario el cumplimiento de tres requisitos fundamentales: un comportamiento diligente, el mantenimiento de la capacitación (formación continuada) y las mejoras organizativas. Esto último es especialmente importante en un sistema sanitario público que ha de corregir fallos organizativos o ineficiencias en la prestación de servicios, y aspirar a la calidad en salud, de cara a evitar litigios judiciales por errores de diagnóstico o de tratamiento. Es indudable que gran parte de los errores médicos son inducidos por la Administración Sanitaria, al no atenerse a estas recomendaciones elementales y mantenerse indiferente ante el aumento de la presión asistencial. Toda atención médica tiene como finalidad el beneficio de los pacientes, para lo cual son precisos los medios humanos y materiales necesarios y adecuados. Por eso se ha de exigir la responsabilidad de los gestores sanitarios, que han de propiciar esos medios, y favorecer un clima de seguridad y de confianza. 

Elementos en acto médico y posibilidad de error
(esquema propio)

Los jueces que juzgan actuaciones sanitarias no suelen estar suficientemente preparados; algunos apuntan a la lex artis sin tener idea de medicina y hacen referencia a protocolos médicos que desconocen, que son discutibles y cuestionados por los propios galenos. Actuar conforme a la lex artis ad hoc significa hacerlo conforme a las prácticas médicas aceptadas como adecuadas para tratar a los enfermos en el momento presente, según los actuales conocimientos científicos; es un concepto, por definición, cambiante con el progreso técnico de la medicina; lo contrario sería la malpraxis. Los protocolos médicos o las guías clínicas, en su variada variabilidad, pueden ayudar al cumplimiento de la lex artis, pero no todos y no siempre son asumibles. Además, en disposición de rebeldía, seguirlos al pie de la letra puede ser la mejor forma de huelga médica, pues trabajar a reglamento o a protocolo paralizaría el sistema sanitario. Viendo sentencias dispares, según interpretaciones en cada momento de actuaciones médicas parecidas, hemos de dar por buena la definición de Osler de la medicina, como ciencia de la incertidumbre y arte de la probabilidad, quedando también en evidencia que la ciencia del derecho tampoco es exacta. Un médico puede tener el conocimiento exigido, actuar conforme a la lex artis y, a pesar de todo, cometer un error en determinadas circunstancias. Por eso entramos en un terreno de subjetividad en el que los juristas pueden hundirse en la duda o acaso penalizar injustamente.

Producción de eventos adversos
Cortesía de Dra. María Inés Cartes

Al médico no se le puede pedir responsabilidad de resultados, sino de medios, y estos son cada vez más escasos por los recortes. Entonces, en el ámbito de la medicina pública la principal responsabilidad es de la Administración Sanitaria, de los políticos que deciden los presupuestos sanitarios, en qué invertir y en qué no, y que aplican sus directrices a través de los gerentes sanitarios. Entre otras metas, en Atención Primaria se impone el objetivo de “demora cero”, no admitiéndose lista de espera y obligando a atender a todo aquel que solicita cita en el día, independientemente de la capacidad resolutiva de los profesionales sanitarios, aun bajo mínimos por ausencias (vacaciones, enfermedad u otro motivo) que no son cubiertas. Tampoco se pueden proporcionar guantes quirúrgicos que se rompen o gasas que se deshilachan y no esperar complicaciones. El médico, o la enfermera, en posesión de la mejor disposición y del mayor arte, se verá condicionado por la precariedad de medios, materiales y humanos; es algo que a veces lo ignoran los juristas. Hay un importante distanciamiento entre el mundo del derecho y el mundo médico que es preciso acortar, un desconocimiento mutuo que es necesario solventar.


Errores médicos por las prisas

La práctica médica ha cambiado, pero sigue prevaleciendo el principio prioritario de no dañar, el primum non nocere. En las actuaciones médicas hay que andar con cautela, siendo necesaria una información clara al paciente, incluyendo el preceptivo “consentimiento informado” para determinadas intervenciones, y discerniendo si es posible su capacidad de comprensión; en caso de incapacidad en este sentido, deberá informarse a alguien que lo tutele. Aquí entra en juego la particular habilidad comunicadora del médico. Se admite generalmente que una buena comunicación hará disminuir reclamaciones y demandas. Pero la progresiva masificación del sistema sanitario ha favorecido el deterioro de la relación médico-paciente. Por otra parte, el exceso de precauciones por una judicialización de la medicina puede llevar al ejercicio de una inconveniente medicina defensiva (que lleva a una petición excesiva de pruebas diagnósticas o a la abstención terapéutica), sobre todo en servicios médicos o quirúrgicos que asumen mayores riesgos. Frente a la sinrazón de la medicina defensiva, con la que quienes más pierden son los pacientes, ha de prevalecer la razón de la ciencia médica, que también es arte. Pese a todo, habrán de producirse errores humanos inevitables y eventos adversos indeseados, en una sociedad que, ciegamente, no admite equivocaciones y cree, por encima del hombre, en la maravillosa tecnología de la medicina moderna. Pero ni las máquinas son todopoderosas ni el ser humano es infalible.



Cometido un error conviene reconocerlo y, con matices, registrar los eventos adversos. Siendo necesario detectar los errores para poder evitarlos en el futuro, se discute si el registro ha de ser anónimo o no; surge el temor a posibles consecuencias perjudiciales para el actor, el comprensible recelo respecto a una posible judicialización. Reclamar una indemnización o compensación, incluso por el daño moral (en lo que supone la dignificación de la persona), ya depende de quien se considera víctima de un error médico o de un evento adverso. Las víctimas de errores médicos son los usuarios y pacientes en quienes los profesionales de la medicina aplican, bien o mal, sus conocimientos y sus habilidades comunicadoras con el propósito de curarlos, aliviarlos o consolarlos. Pero también el médico honesto que comete un error se siente víctima, no recibiendo a menudo ni la comprensión de sus propios colegas. Se precisa algo más que conocimientos; recordemos una vez más las “cuatro h” de Osler del buen médico: humildad, honestidad, humanidad y humor. Por supuesto no todos los sanitarios actúan de la misma manera, ni todos los pacientes responden del mismo modo. Tampoco hay que olvidar la búsqueda de ganancia de algunos usuarios, tal vez por efecto del “doctor Google” (se ha constatado un aumento de demandas a otorrinos). Desde luego, el médico no daña por voluntad, con dolo (aunque se pongan ejemplos novelescos de acciones médicas vengativas); lo hace por impericia, imprudencia o negligencia. Y los errores se cometen tanto en el ámbito público como en el privado.



La solución a los errores médicos no es jurídica, sino organizativa. La respuesta no está en el ámbito del derecho penal, mediante la acción punitiva o sancionadora; el médico es el primero en dolerse, y se encontrará aún más afectado al verse señalado por los compañeros, siendo por lo tanto su conciencia el mejor garante de corrección. Aun reconociendo errores inexcusables merecedores de castigo, las medidas correctivas centradas en el profesional de la medicina no harán disminuir los fallos en el ámbito de la salud. La evitación, o minimización, de los errores ha de producirse con la mejora del sistema sanitario, procurando la calidad en la organización asistencial, con la dotación material y humana suficiente para dar respuesta a las necesidades de la población asegurada. Y el Colegio Médico debiera actuar decididamente ante los atropellos administrativos de los colegiados, obligados en ocasiones a trabajar a destajo en las consultas, como si se tratase de cadenas de montaje, por decisiones ajenas que ignoran que los actos médicos implican relaciones humanas sensibles.


“Para ser médico hay que pensárselo dos veces –decía una jurista penalista, ponente en el congreso médico-legal–, porque es mucha su responsabilidad y trabaja en una continua inseguridad.” Era su expresión intimidatoria para los profesionales de la medicina y su tono disuasorio para quienes iban a decidirse a serlo, al insinuar la inevitabilidad de algún castigo. Lo decía como miembro de una sociedad de ritmo frenético, cada vez más neurotizada y con aumento progresivo de las demandas. Afortunadamente, no se correspondía su valoración con la de otros juristas presentes en el congreso, pero ella me hizo reparar en una diferencia profesional: a un médico le consultan de manera informal en la calle, pero la gente no se atreve a tanto con un letrado, pues éste ni se arriesga ni responde gratis. La falta de control del tiempo de la ponente (inexcusable en alguien experimentado) hizo que se excediera tanto que, al acaparar el espacio del coloquio, no hubo posibilidad de rebatir sus argumentaciones, ni de volver a las preguntas que dejaba en el aire y otras que suscitaban dudas (sobre telemedicina, consulta telefónica, informes y formularios, salidas urgentes...), necesitadas todas de clarificadoras respuestas. Daba a entender que el médico estaba “vendido”, y que precisaría trabajar con una asesor jurídico a su lado, cosa imposible e inconcebible. De todos modos, añado yo: pues si se siguiese esta advertencia intimidatoria, o se tuviese una desconfianza extrema de la Justicia (apta para hundir a un médico y a menudo incapaz de condenar a un político corrupto, aunque sus decisiones hayan dañado a miles de individuos), nadie se haría médico. Y por supuesto, ya no habría errores médicos. Pero no puedo imaginar a esta sociedad, tan dependiente de los profesionales de la medicina y absolutamente medicalizada, sin ellos. ¡Cuántos no habrían de sentirse desvalidos y caer en la desesperación!, incluidos muchos juristas. “Es impensable, querida penalista –dice una voz oculta con el corazón–, porque la medicina es una ciencia excelsa y un arte de entrega, y porque el médico, con toda su humana fragilidad, es a fin de cuentas un valiente que mira al frente con optimismo, orgulloso de su labor y satisfecho con la finalidad de sus actuaciones, todas en beneficio de los pacientes.”


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