jueves, 5 de febrero de 2009

La agenda racional



Estoy convencido, desde hace mucho, que la presión asistencial no depende de lo cuantioso que sea el cupo, sino de la distribución de la agenda, de su racionalidad o, si se quiere, de su calidad. Planificando las cuatro horas de asistencia a razón de 10 minutos por paciente habría de atender a 24 usuarios (25 redondeando), un imposible con nuestro actual modelo organizativo. 

Pero yo iría más allá de la rígida cadencia distributiva, de manera que citaría por tramos de media hora: por ejemplo, 3 pacientes a las 09:00, otros tres a las 09:30, otros tantos a las 10:00 y así sucesivamente. La espera no habría de ser excesiva (20 minutos como máximo) y podría aprovechar mucho mejor el tiempo, por tres razones elementales. Primera: se evitaría el “vacío” por la incomparecencia de algún paciente (raramente habrían de fallar los tres de un tramo horario). Segunda: si resuelvo el problema de un paciente en 5 minutos, me quedarían 25 para los otros dos del mismo tramo, acaso con problemas más complejos. Tercera: de surgir una demanda imprevista (cita forzada, urgencia), me vería mucho menos agobiado por la flexibilidad establecida.

En resumen, la mejora vendría a través de una agenda racional y realizando una sensata reorganización asistencial (en todos los sentidos reiterados hasta la saciedad), en pos de la eficacia y la recuperación del entusiasmo. De lo contrario, estaremos condenados a seguir como amanuenses indefinidamente, cubriendo recetas y partes de baja, y obligados a derivar pacientes al segundo nivel por el agobio; insatisfechos con nuestra ineficaz tarea, resignados con nuestra negra sombra y lamentándonos de nuestra triste suerte. ¿O no lo creéis así?
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Comentario al artículo de opinión "Diez minutos sí, cupos pequeños no", de Rafael de Pablo (7DM, nº 746, 11/04/2008), quien propugna la idea del control de la agenda médica (listado de pacientes con cita previa) por parte del propio médico.

Creo conveniente una apostilla a este comentario. Si es inviable el ideal de 10 minutos por paciente y, por ello, la distribución de 3 pacientes cada media hora, nadie debiera oponerse a distribuirlos en tramos de 20 minutos (tendríamos una media de casi 7 minutos per cápita). Serían 9 pacientes cada hora y un total de 36 en las cuatro horas (sin contar los “extras”). Siguiendo el razonamiento anteriormente expuesto: 3 pacientes a las 09:00, otros tantos a las 09:20, a las 09:40, a las 10:00 y así sucesivamente, sin la rigidez de la cadencia fija por individuo. En comparación con la que tenemos, ésta sería una agenda de calidad, racional o razonable.

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