martes, 11 de agosto de 2009

Preservación de la música clásica (3): Divulgación musical


La difusión de la música clásica, mediante la palabra viva (conferencias, seminarios, cursos), libros y revistas especializados (en soporte de papel u on-line) y, desde luego, a través de grabaciones y del poderoso alcance de las ondas, viene a ser una parcela más de la educación general a la que debe aspirar el hombre –y la mujer– sapiente. Y tiene su interés la relativamente reciente creación de foros en la red, donde se discute sobre el valor intrínseco de obras musicales y se hacen valoraciones interpretativas. Se aprende mucho de comunicadores anónimos que, no en pocos casos, demuestran un buen conocimiento de la materia que tratan.

Los medios, atentos a los índices de audiencia y a los lógicos beneficios, en general ayudan poco a una música que no mejora la cuenta de resultados. Una apuesta arriesgada para los entes privados, un lujo que sólo se puede permitir la empresa sufragada con el dinero de los contribuyentes. Y aun aplicándole el teórico demérito, es de encomiar la labor divulgadora de la radio pública, en particular, a través del programa Clásicos Populares* de RNE - Radio Clásica. Un verdadero clásico de la radiodifusión, que comenzó con lo más básico o asimilable por el público no versado y que acabó adentrándose en creaciones musicales más complejas. Eso sí, con una audiencia fiel que ha ido madurando a través de los años.

Sobre la popularización de la música clásica puesta en práctica por directores de orquesta e intérpretes, vocales o instrumentales, existen posturas encontradas. Las reelaboraciones o “arreglos” consiguen acercar algunas obras a oyentes de oídos poco adiestrados, aligerando las partituras a costa muchas veces de desvirtuar la esencia de la propia música. Si esto sirve como paso previo para afrontar las grandes composiciones en estado puro, no debiera ser mirado con recelo. Si el medio se convierte en fin y lo vulgar prevalece sobre la obra artística, habrá que desaprobar tales prácticas de divulgación o acercamiento a las masas.

Lo cierto es que el tiempo se impone como decisivo. La buena música lo exige y la sociedad de la prisa, del agobio, dificulta los sosegados acercamientos placenteros al arte supremo. Las obras serias son más largas que las canciones comerciales de consumo y en consecuencia más exigentes en la escucha; cierto que los lieder pueden tener la brevedad de las cancioncillas intrascendentes, o menos incluso, pero generalmente exigen una mayor atención. Y una sinfonía requiere mantener el hilo del discurso para entender la unidad de su construcción.

Bienvenidos sean los proyectos que procuren la desaceleración del ritmo social y, sobre todo, los destinados a difundir por el orbe la gran música que, desde cualquier rincón del planeta, el ser humano ha creado.

* El mítico programa Clásicos Populares llegó a su fin en 2008, tras 32 años de emisión.
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Este artículo es una parte del publicado en Filomúsica (revista de música culta):

Como muestra divulgadora: Gustavo Dudamel y la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela interpretando, en los Proms de Londres, las "Danzas sinfónicas" de West Side Story, de Leonard Bernstein.

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