martes, 17 de noviembre de 2009

Discordia y desconfianza


Es lamentable ver el continuo desacuerdo, compañeros de trabajo que disienten, vecinos que discrepan, familiares que divergen o amigos en discordia. Y no por romper la monotonía o matar el tedio, ni por dar ánimo a los días, ni mucho menos por seguir el dicho discutible de que quien bien te quiere te hará llorar. Son dolorosas las peleas entre hermanos, dañinos los conflictos laborales, insufribles las reuniones de comunidad. Se hace difícil la humana convivencia y es preciso hacer una llamada a la concordia, a la armonía, a la paz social. ¡Vivamos y dejemos vivir!

Es lastimoso comprobar la creciente desconfianza, de los iguales, de los jefes, de los consumidores, de los vendedores, de los letrados, de los sanitarios, de los enseñantes, de los políticos. Crees en alguien y en seguida dejas de creer cuando te sientes traicionado. Compruebas que los amigos verdaderos escasean como los diamantes. Hasta supones que de ti también desconfían los demás. En tal desconfianza, sufres, y dándole vueltas a todo, llegas a recelar de tu sombra. ¿Y si te engañan los sentidos? ¿Y si los otros buscan tu bien? ¿Y si quieren tu felicidad?... 

En concordia y confianza, ¡disfrutemos nuestro efímero paso por el mundo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario