jueves, 22 de enero de 2009

Ensalada musical y otras mezclas

En el ámbito musical, “ensalada” es el nombre que daban los músicos españoles del s. XVI a una composición vocal polifónica en la que se mezclaban los géneros religioso y profano, idiomas o dialectos y otros componentes. De modo que en la ensalada musical, en lugar de ingredientes gastronómicos, se mixturan estilos y lenguas, amalgamando además lo cómico, lo serio, lo erótico y lo épico. El resultado es un género literario-musical –y quizás escénico– propiamente hispano. Los estudiosos la relacionan con el quodlibet (del latín quod, qué, y libet, placer), composición polifónica alemana que combina diferentes textos y melodías populares en contrapunto, haciéndose también referencia a un estilo madrigalesco con elementos heterogéneos.


Hemos de situarnos en el Renacimiento (aproximadamente de 1400 o 1450 a 1600), musicalmente una época de ideas renovadas, en la que prima el contrapunto imitativo y se prefiere la sencillez, la suavidad melódica y la elegancia. Un período entre la Edad Media o de la música antigua, predominantemente religiosa, y el posterior Barroco, que habría de llevar su mirada hacia la Grecia clásica. En el Renacimiento cobró gran importancia la “misa”, composición heredada del Medioevo, con la novedad de que se comienzan a introducir elementos profanos, siendo además bien recibida la herencia de “baladas” de Francia y “madrigales” de Italia. Pues bien, es aquí donde se desarrolló la singular mezcla que supone la ensalada musical, si bien debemos apuntar que nuestro principal músico renacentista, Tomás Luís de Victoria (1548-1611), sólo escribió profundas piezas religiosas, eludiendo la vulgaridad de la música profana y la liviandad de las mixturas.

Entre los compositores de ensaladas, todos ellos hispanos, destaca Mateo Flecha “el Viejo” (1481-1553?) como principal representante del género y posible inventor (mérito éste que acaso corresponda a Francisco de Peñalosa o a Garcimuñós). Se sabe que elaboró once piezas, de las cuales se conservan diez, aunque completas sólo seis: El jubilate, El fuego, La bomba, La guerra, La justa y La negrina. Y en gran medida gracias a su sobrino Mateo Flecha “el Joven” (1530-1604), asimismo compositor de ensaladas y gran madrigalista, que se encargó de recopilar ocho de ellas y de publicarlas en Praga en 1581, en un libro titulado Las ensaladas de Flecha. Otras piezas del viejo Flecha y de otros autores de ensaladas se han conservado en cancioneros (C. de Palacio, C. de Medinaceli) y en la biblioteca de Catalunya.

Las ensaladas se cantaban en Navidad y otros momentos de celebración religiosa, para diversión de los cortesanos, que habrían de disfrutar enormemente de la alternancia de ritmos, pasando de lo dramático a lo cómico y de lo pícaro a lo épico; y por supuesto con su representación escénica, si es que se representaban. Como género musical navideño, el de la ensalada viene a ser el más complejo jamás concebido. Además, las ensaladas solían contener una carga alegórica y un sentido irónico, pretendiéndose erradicar las malas costumbres ridiculizándolas. Considerando este aspecto, transcendían el simple entretenimiento con su mensaje crítico.

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Hasta aquí la primera parte de Ensalada musical y otras mezclas, artículo publicado en OpusMusica (revista electrónica de música clásica), al que puedes acceder si te interesa leerlo completo.

1 comentario:

  1. david: una esnsalada musical és el nom que donaven els músics espanyols del segle XVI a una composició vocal polifònica en què es barrejaven els gèneres religiós i profà, idiomes o dialectes i altres components.

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