viernes, 18 de junio de 2010

Moderna esclavitud


Los animales de costumbres seguidores de mandatos supremos obedecen sin objeción alguna… Tatuajes, piercings, bronceados, modas de obligada asunción para quienes bailan al son que otros marcan. Creación de mayores necesidades, anegamiento en préstamos, entrega de la débil voluntad a la poderosa banca, aceptación de grilletes y mordazas. Palabras como servidumbre, dependencia o gregarismo se asientan en las modernas conciencias como algo natural. Y amilanados o desalentados verbos. Obedecer para entrar en los círculos, para no ser discriminados. Ceder para pertenecer a un grupo, para aplacar los ánimos. Aparentar para engañar al ego. Olvidar el propio criterio para no ser desdeñado, aunque uno siga ninguneado. Someterse sin que medie gran violencia, apenas solapada intimidación… Al cabo, la humanidad nada ha cambiado en su esencia; los menos mandan y los más obedecen. ¡Ay!, ¿qué queda? Rebelarse o continuar siendo esclavos.

2 comentarios:

  1. ¡Cuánta razón tienes, amigo José Manuel!
    Aunque la cosa viene de antiguo, en el tiempo que nos ha tocado vivir (quizás no tan diferente a otros) vemos como la humanidad sigue el dictado de los líderes mediáticos en esa "caja tonta" que todos tenemos en casa, un tal Jorge Javier se convierte en gurú y Belen Esteban es la princesa del pueblo, que triunfa en concursos de baile a pesar de que se le enredan las piernas... Muchos (y a mi pesar me incluyo) procuramos ser "políticamente correctos". Es más fácil, más cómodo.
    Cuando Tomás Moro se plantó frente a Enrique VIII perdió la cabeza. Pocos valientes hay hoy (por fortuna algunos existen) que sean capaces de oponerse a la tiranía de los que ejercen el poder mediático. ¿Rebelarnos? ¡Comamos, bebamos, y qué "la roja" no vuelva a hacer el ridículo y gane el Mundial! No hagamos nada. Alguien vendrá que los problemas solucionará.
    ¡Ufss!

    ResponderEliminar
  2. En un proceso de idiotización creciente cualquier individuo pensante puede llegar a desesperarse. Por eso, querido Francisco, conviene relativizarlo todo, quitar hierro a los acontecimientos fastidiosos y seguir el dicho: "si quieres pasar ratos felices, no analices".

    ResponderEliminar