viernes, 13 de agosto de 2010

Diálogos político-sanitarios (7): Futuro del médico de familia


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el señor Sperantus, futurible ministro de sanidad:

Dr. Abré.- El médico de familia, tradicionalmente médico general o de cabecera, ha perdido su identidad.

Sr. Sperantus.- ¿Por qué lo dice?

Dr. Abré.- Porque antes desempeñaba una función y era socialmente respetado; en cambio ahora ya no tiene ni autoridad moral.

Sr. Sperantus.- ¿De quién cree que es la culpa?

Dr. Abré.- De quienes impulsaron unos cambios poco meditados, sin tener en cuenta las responsabilidades y la jerarquía.

Sr. Sperantus.- Comprendo. Usted se refiere a que la reforma de 1984 unió diferentes categorías profesionales sin hacer distingos y sin delimitar funciones.

Dr. Abré.- Veo que está usted al tanto, señor Sperantus. No podía esperar menos de alguien que aspira a patronear el barco de nuestra peculiar Sanidad.

Sr. Sperantus.- Soy consciente, Dr. Abré, de que en la Atención Primaria se ha perdido el orden jerárquico, lo que no ha sucedido en el medio hospitalario.

Dr. Abré.- Ciertamente. En el hospital el médico da una instrucción a la enfermera o una orden al personal no sanitario y nadie tuerce el gesto. En un centro de salud es otro cantar.

Sr. Sperantus.- Si yo llego al poder, procuraré que las cosas vuelvan al cauce de donde nunca debieron haber salido.

Dr. Abré.- Pero eso va contra sus ideas de igualitarismo, las mismas que en otro tiempo trataron de romper barreras y las levantaron aún más altas.

Sr. Sperantus.- Yo no confundo progresismo consecuente con estupidez uniformadora. Si soy nombrado ministro, les espera a ustedes un futuro muy diferente. Le prometo… (Observa la cara escéptica del doctor Abré y acaba dudando de sus propias palabras.)
***
Podríamos hablar de crisis de la medicina de familia. Los profesionales más críticos de esta especialidad médica contemplan el futuro con pesimismo, conscientes de que han sido progresivamente condenados a realizar funciones no médicas, frustrados por la imposibilidad de desarrollar sus capacidades. Muchos demandan un cambio, una nueva reforma de la Atención Primaria de Salud en Hispania, hartos ya de sufrir tanta improvisación y cansados de los vanos lamentos. Me uno a este deseo, inquieto por el futuro del médico de cabecera.

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