domingo, 14 de agosto de 2011

Sonambulismo y música

Todos hemos oído hablar del sonambulismo o noctambulismo, un peculiar trastorno del sueño clasificado como parasomnia; las otras parasomnias son: el terror nocturno, el bruxismo nocturno (apretar o rechinar de dientes involuntario) y la enuresis nocturna (pérdida de orina involuntaria). Y si no conocemos a individuos que lo padecen, al menos sabemos de sonámbulos y sonámbulas a través del cine o de series de dibujos animados, donde hemos visto a protagonistas que en pleno sueño se levantan de la cama y caminan con los ojos cerrados y los brazos extendidos al frente. Salen incluso a la calle y permanecen en un estado de inconsciencia sin atender a ninguna señal exterior. Intrigante y asombroso.


El sonambulismo suele afectar a niños y adolescentes, manifestándose generalmente como episodios aislados, pero los adultos no están libres de este fenómeno. No se conoce su causa, aunque se asocia con el cansancio, el alcohol, la ansiedad y otros trastornos. Tampoco existe un tratamiento eficaz, limitado a la actuación en lo posible sobre estos factores asociados. Es importante significar que se puede despertar al sonámbulo sin que entrañe peligro para él, lo que antaño se creía contraproducente.

La única certeza que se tiene del sonambulismo es que se produce durante las etapas del sueño 3 y 4, de "sueño profundo o de ondas lentas”; es decir, de “no movimientos oculares rápidos” (NMOR; en inglés NREM “Non-rapid eye movement”), tras sus etapas 1 y 2 (de "sueño ligero”), y antes de la etapa final del sueño o de “movimientos oculares rápidos” (MOR o, en inglés, REM “Rapid eye movement”), en la que se producen con más nitidez imágenes de ensoñación u onirismo.


Si bien el sonambulismo es más frecuente en los primeros años de la vida, también se puede presentar en los adultos y de manera más aparatosa. Esta parasomnia ha quedado recogida en una famosa ópera del compositor italiano Vincenzo Bellini (1801-1835): La sonnambula. En algunas escenas la protagonista, Amina, camina dormida, y en el punto culminante de la obra lo hace sobre el puente del arroyo del molino que pertenece a su madre; cantando, naturalmente…

7 comentarios:

  1. Muy apropiada esta entrada sobre los trastornos del sueño, amigo José Manuel, en plena canícula. Aquí -al menos- en la parte baja de Hispania, no es fácil conciliarlo porque el calor agobia...
    Pero... ¡Qué grande es la ópera! Hasta el sonambulismo aparece y parece hermoso cantado por una bella voz.
    Un agosteño abrazo.

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  2. Querido José Manuel: te decía en un comentario que creo que se ha perdido en algún lugar de la red, que siempre es maravilloso escuchar a María Callas; el vídeo me ha parecido muy interesante; curiosamente tengo la biografía de "La Malibrán" esperándome sobre la mesa...ya te contaré (cuando pueda hincarle el diente, je, je).
    Qué curioso y misterioso me parece todo lo relacionado con el sonambulismo y qué bonita es la ópera de Bellini...En fin; es estupendo volver a "charlar" contigo.
    Moitos bicos!

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  3. La Música parece haber recogido todo asunto relacionado con la Medicina, querido Francisco. Elaborando un artículo sintético sobre Literatura/Arte y Medicina, incluyendo Cine y Música, me he dado cuenta de este particular. Será cuestión de profundizar.
    Otro agosteño abrazo.

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  4. Bienvenida de nuevo a estos lares médico-melódicos, querida Lola. Ya sabes que no soy tan experto operista como tú, ni mucho menos, pero disfruto navegando por los libretos para comprender mejor el sentido del teatro musical y, de paso, hallo motivos de inspiración para mis juegos de escritura.
    Veraniegos bicos.

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  5. Me reía sola, José Manuel, pues de niña, yo era sonámbula, o por lo menos hablaba dormida, y mamá contaba que, una noche de verano en que dormíamos con la ventana abierta,me había tenido que atajar al borde de ella, pues de lo contrario hubiera caído desde un segundo piso.
    Qué perdida para la humanidad hubiera sido!
    Saludos muertos de frío.
    Chau,
    Silvia.
    P.D. debo ir a yt para oír la ópera.

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  6. Parece haber sido una experiencia agridulce, Silvia. Me alegro, amiga, del feliz desenlace.
    Calurosos saludos (desde el pleno estío).

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