jueves, 22 de julio de 2010

En torno al aborto


Uno se nutre de ideas ajenas, para luego elaborar las propias, y muchas llegan a través de los enriquecedores debates médicos que se suscitan en los medios o en los diferentes foros virtuales de la Red. Y tras asistir a un debate intenso en torno al aborto, de índole humana-legal-política-técnica-educativa-religiosa-ética, llego a varias conclusiones parciales… y a ninguna absoluta.

No es fácil posicionarse, y por mi parte sigo teniendo mis dudas respecto a la mejor actuación profesional y a la menos mala regulación legislativa, si bien deploro las posturas hipócritas en aras de la gloria celestial o del negocio terreno. Pero ahí está la ley del aborto, o las diferentes leyes nacionales, para tratar de ordenar un asunto humano, social, familiar y personal.

Entre las cortantes visiones extremas (vida/no-vida, ser humano/tejidos celulares, penalización/despenalización, aborto libre/no al aborto) hallamos las contemplaciones poliédricas. La ciencia embriológica determina el desarrollo de la vida dependiente (cigoto, embrión, feto), hasta dar paso a la independiente, y el derecho califica cada vida y juzga cada acto sobre la misma. La naturaleza actúa y el poder decide.

Soy partidario de la regulación destinada a dar seguridad jurídica y sanitaria a la mujer que decide abortar; creo además que debe contemplarse el adecuado apoyo psicológico a quien pasa por ese trance. Desearía también que la ley fuese trasparente en relación a la correcta praxis profesional, especialmente en el caso de menores de edad.

Y aunque me siento enriquecido por las inteligentes y sensatas aportaciones en torno al aborto de otros seres pensantes, sigo sin salir de mi inseguridad, dubitativo en lo grisáceo, entre lo negro y lo blanco…
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Dejo el enlace a un interesante artículo del Dr. Mateu Seguí, que a su vez proporciona otros enlaces, en su blog “Quid pro quo”:

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