martes, 12 de julio de 2016

Mal uso de las Urgencias: un comentario para reflexionar



Cuatro años viviendo en Dublín me enseñaron mucho sobre cuándo acudir al médico, incluido al de familia. Allí no es gratis, salvo para personas con muy pocos recursos, por lo que te lo piensas dos veces antes de ir a pagar entre 50 y 70€ por una consulta por unas toses o unos mocos. Cuando mis amigas con sus bebés iban casi semanalmente al pediatra, mi hija no vio un pediatra en su vida (hasta que volvimos a Spain), el pediatra solo atiende casos GRAVES. Es un especialista. 
En adultos, es el médico el que te refiere a urgencias, si vas así, no pagas, si vas por tu cuenta, pagas 100€. Ambulancia, si se considera justificado (en mi caso casi no llego a parir al hospital), no pagas, sino, te toca pagar los gastos de la ambulancia. [...] 
Ahora vivimos en UK, donde hay un servicio telefónico cuando es fuera de horario de consulta. Te hacen una serie de preguntas y deciden si tu caso requiere hospital o no. Si lo requiere, puede que sea grave, en cuyo caso ellos y mismos tramitan lo que sea y te dan cita inmediatamente, o si no es grave, pero convendría que te viera un médico en las próximas horas, te recomiendan ir, y allí esperas hasta que te atiendan. Obvia decir que a tu llegada una enfermera examina tu estado y te califica por colores en función de la gravedad. Para mi, ir a urgencias es una perdida de tiempo, por lo que solo voy si la cosa es muy necesaria. Creo que un poquito de formación general no vendría nada mal, a ver si todos aprendemos a diferenciar una cosa urgente de unos mocos
Comentario extraído de AQUÍ
Sigue siendo necesaria la reflexión sobre el mal uso de las Urgencias, incluida la demanda urgente en los centros de salud. Cualquiera con sentido común se cuestiona la bondad del "gratis total", pondera la decisión médica emanada de un profesional cualificado, entiende las limitaciones o la importancia de una consulta telefónica (¡cuántas aclaraciones se pueden hacer y cuántas orientaciones se pueden dar a través de un teléfono sanitario!) y comprende el valor que tiene la educación. Pero el sentido común escasea cada vez más por estas latitudes y el abuso de unos se impone al derecho de otros: "Mi moco no admite espera, mi picor es prioritario, mi reciente diarrea no puede esperar a mi médico, mi tapón de cera me lo tienen que sacar ya...". Es preciso una intervención comunitaria, informativa, comunicativa y normativa, por el bien común que depara el justo acceso a la atención urgente; porque hasta la fecha la educación sanitaria parece haber sido inútil. No podemos ser diferentes, inconvenientemente diferentes; no debemos esperar a tener que ir al otros extremo, tan malo o aun peor, por eso del característico movimiento pendular hispano. No debemos dejar el barco sanitario público a la deriva. Ha de imponerse con urgencia la sanitaria racionalidad. 


El mal uso de las urgencias, antes y ahora...
Se dan datos de costes poco rigurosos, pero no he hallado un vídeo mejor

9 comentarios:

  1. Hodgson J., The genteel outpatient abuse at the public charities. Lancet 1849, ii, 705

    un artículo de hace 117 años: nada nuevo bajo el sol

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    1. No, xallue, no hay nada nuevo bajo el sol. Lo que no impide que lo que hay de malo o inadecuado bajo su dominio haya que seguir combatiéndolo, en este caso el inadecuado uso de las Urgencias, incidiendo sobre las causas.
      Un saludo y gracias por la apropiada referencia.

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  2. Está claro q el sistema sanitario necesita una reforma y la población educación para salud,para q el abuso de unos povos,no lo acaben pagando los q de verdad lo necesitan.

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    1. Una reforma que no se atisba en el horizonte, no sé si por indiferencia o por desconocimiento. En cualquier caso, sin excusa para los responsables de velar por un sistema de salud "sano".

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  3. Mientras las direcciones médicas (hablo desde el punto de vista de la atención primaria) permitan y, es más, favorezcan esas actitudes nada se podrá hacer.
    Los médicos más peleones en esos temas llegan al sillón de la dirección médica y en cuestión de horas se ponen de lado del indefenso "abusador de urgencias" y de aquellos que hacen un mal uso de las mismas. Al final tendremos que ponerle nombre de síndome a eso tambien...
    Por cierto, muy buena entrada, muy bien expuesto y con el valor necesario para decir aquello que todos los que "tocamos fonendo" vemos y, porque no decirlo, sufrimos a diario. Por desgracia es tan políticamente incorrecto que nadie lo oye. Mientras algunos se llenan la boca de educación sanitaria, a la vez, se estan cargando el sistema permitiendo y estimulando las demandas que esas actitudes incívicas requieren.

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    1. No sé si hemos de señalar a las direcciones médicas (más propiamente gerencias de atención integrada) o más arriba, pero la cuestión, como bien señalas, es que cuando se accede al "sillón" parece cambiar la perspectiva. Lo he podido constatar. Y tal vez podríamos llamarle a esto "síndrome de incoherencia". En fin, este desatino va contra la calidad asistencial (o sea, hacia la degradación asistencial) y atenta contra la seguridad del paciente.

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    2. Efectivamente, ese afan por incrementar los números -que sin duda debe verse reflejado en alguna nómina- no hace más que atentar contra los principios más básicos de calidad asistencial y seguridad del paciente, algo de lo que, curiosamente, se están llenando las mismas bocas que lo promueven. Ya en un plano inferior quedan la degradacion y la explotación del profesional que vive la situación a diario.

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  4. Desde el punto de vista de una paciente: Yo suelo hacer uso del servicio de Urgencias de mi centro de salud por varios motivos.

    Por un lado, el horario. Yo entro a trabajar de nueve y media de la mañana a dos y media del mediodía. Trabajo SOLA, con lo que si yo falto, el trabajo acumulado no me lo saca nadie, se queda enterito para mi. Mi médico empieza a atender a partir de las ocho y cuarto. Bien. Tengo que desplazarme hasta mi centro de trabajo, lo cual me lleva una media hora. A lo sumo,esto me deja unos cuarenta y cinco minutos (siendo MUY generosa) para poder acudir a una cita médica. y ¿qué pasa? pues que normalmente se trata de un horario tan sumamente reducido que en tres o cuatro días no tengo una cita disponible.

    Pues bien. Yo he acudido a urgencias con una cistitis y me cayó una bronca de tres pares. Ahora, yo tampoco me quedé calladita. Suelo acudir porque como vosotros comprenderéis, no puedo estar con una cistitis cuatro días, más aún teniendo en cuenta que en una ocasión me cogió un riñón. Y yo no puedo faltar a mi trabajo, más que nada porque hay facturas que pagar y esas cosas y no puedo permitirme que me descuenten el día, o las horas que no esté en mi puesto de trabajo ¿Vuestra solución? No hacer mal uso de las urgencias médicas, claro claro.

    Quizá lo que deberíamos hacer es ser un poco más comprensivos y más humanos, ponernos en el lugar del otro y entender la situación de cada uno. Yo entiendo la vuestra, la frustración que debéis sentir en ciertas ocasiones, y ahí va mi sugerencia. En lugar de quejaros y hacer este tipo de propuestas, escuchad a las personas como yo y pedid que se amplíen los horarios de consulta para los que tenemos que trabajar y no nos podemos permitir ciertas licencias porque a fin de mes HAY QUE COMER.

    Ahí lo dejo.

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    1. Lo que refieres, anónima, es un problema que tienen la mayoría de ciudadanos que trabajan, aquí y en todo el mundo. Pero lo que no parece admitirse en el nuestro, se entiende en los demás: cada asegurado o usuario del sistema sanitario tiene su médico asignado. Además, por ley, hay determinadas horas concedidas para acudir a consulta médica; se dan justificantes de asistencia. Si no las conceden (no sé si será tu caso), el empleador podrá incurrir en ilegal explotación, y eso es recurrible laboralmente. En este caso sí que no hay que callar.

      Tenemos amplísimos horarios de mañana y tarde (a mi entender, exagerados), que no los da ningún servicio público, para que cada cual se pueda adaptar a los mismos. Así que tenemos que meternos en la cabeza que hay que hacer un buen uso de los servicios, que de momento no requieren ningún pago directo por los mismos, como sucede en otros sistemas sanitarios (Portugal incluido, con establecimiento de "tasas moderadoras"), donde cada cual cumple cívicamente, por la cuenta que le trae.

      Tampoco es cuestión de ampliación del horario de consulta, pues la capacidad humana tiene un límite, aparte de que nuestra cobertura horaria mañana/tarde sea acaso la máxima de Europa, tal vez insostenible en un futuro no lejano con el descenso de profesionales (un alto porcentaje se ha “fugado” al exterior, donde se ofrecen mejores condiciones laborales y profesionales).

      Por otra parte, los médicos nos quejamos poco y mal, créeme. Si fuésemos como los jueces, bien unidos, aunque discrepen ideológicamente, otro gallo nos cantaría. Y, por cierto, si te cita el juez, acudes a la hora que te marca… a riesgo de contundente multa. Todos tenemos que comer, por supuesto. Pero no nos comamos unos a otros ;)

      Un saludo y gracias por tu comentario.

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