lunes, 2 de febrero de 2009

El Lied (1): Singularidad y fuerza de atracción


Se da por supuesto el profundo conocimiento de la poesía que los compositores de Lieder (plural de Lied) revistieron de melodía, porque de lo contrario no sería posible llegar a esa adecuada conjunción íntima, lírica, de música y palabra. Es cierto que en ocasiones los textos elegidos, o concebidos por ellos mismos, están por encima de la música que les fue asignada y que, por contra, en otras el ropaje musical supera al contenido poético; pero cuando se logra el perfecto emparejamiento que alcanza la cumbre suprema, el artístico milagro hace que texto y música sean ya inseparables. No debemos olvidar que los Lieder envuelven argumentos intemporales, que tratan de la vida, del amor y de la muerte, que besan la naturaleza, loan la libertad y lloran el abandono; generalmente alzan una voz doliente que busca la liberación, considerando la poesía como clamor del desaliento, grito desesperado por la incomprensión circundante y canto de indescriptible belleza.

Merece la pena adentrarse en la obra de los principales compositores del género y, si hay posibilidad, explorar los Lieder de otros músicos no tan divulgados pero dignos de atención, por la originalidad de sus creaciones o por cualquier singularidad.

Se hace indiferente hablar de Lied o de canción (culta), englobando otros términos, como melodía o balada, escogidos por algunos músicos; en definitiva estamos haciendo referencia al mismo tipo de composición vocal acompañada, si bien diversa en sus límites. Los Lieder pueden invitar al recogimiento, ser evocadores o contener historias compendiadas, revelar mundos en unos pocos minutos de sonora hermosura, de manera íntima y sencilla –que no simple–, sin efectismos vanos. A los no conocedores de espíritu sensible, el descubrimiento de maravillosas canciones insospechadas habrá de proporcionar un enorme deleite cuando se entreguen a su placentera escucha.

Quien se acerque sin prejuicios a los Lieder probablemente se quedará atrapado, al comprobar que se disfruta con estas miniaturas literario-musicales tanto como con obras operísticas o composiciones sinfónicas de gran envergadura. Si como unidades independientes pueden ser plenamente satisfactorias, los buenos ciclos de canciones colman los apetitos musicales más voraces. No creamos que la canción culta se sustenta en el instrumento natural y que es insustancial el acompañamiento; cuando se dice que el piano acompaña a la voz, debe entenderse que participa en paridad de la interpretación artística, que su intervención es decisiva, que no va de comparsa. Así debe ser, y así sucede al menos con las piezas maestras.

Son múltiples las formas de las sonoridades y diversos los colores que irradian de las canciones desde los primeros tiempos; e infinitas las posibilidades futuras, a pesar de que se hable de crisis del Lied, por haberse perdido en parte la esencia de la canción artística, simple, breve y cantabile. Aguardemos la luminosa expansión de los Lieder, en la confianza de que su fuego no se extinga jamás.
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Ésta es la última parte de un artículo publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre el nacimiento y evolución del Lied (pl. Lieder, término alemán: literalmente canción), denominación de la canción culta o composición a una o varias voces, con acompañamiento instrumental, generalmente pianístico:  

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