viernes, 6 de noviembre de 2009

A mi padre

Tal día como éste, hace ahora diecisiete años, recibí la más dolorosa puñalada. Seis de noviembre de mil novecientos noventa y dos. Viernes. Una llamada inesperada me hizo experimentar el mayor de los vacíos, una inefable sensación de incorporeidad jamás imaginada. Sesenta y tres años. Quería que fuese sueño, irreal pesadilla; quería negarlo inútilmente. Y después llegó el desvelo. ¡Quedaban tantas cosas por decirle! No conseguí del todo conocerlo; no supe, por pudor, acercarme a su enorme corazón abierto. De nombre, Severino, de sobrenombre, Chicho. Amigo de sus amigos, amoroso padre y amante esposo, trabajador incansable y hábil, de gran inteligencia natural y fino oído musical, tañedor de la bandurria, un hombre generoso y bueno. Yo lo admiraba en silencio y, por callar lo que sentía, mayor fue mi lamento. Hoy puedo decir, como el poeta Manrique, que nos dejó harto consuelo su memoria.

Mi padre, a los 23 años

De los cuatro sonetos que, por impulso incontenible, escribí en memoria de mi padre, traigo uno en su recuerdo…

Aunque me duele el alma al recordarte,
tu imagen no se aparta de mi mente.

Te alejaste de mí tan de repente

que en tu precoz final no pude hablarte.


¿Cómo mis sentimientos expresarte?
¿Cómo decir “te quiero”, felizmente,

sin que mi pecho llore y se lamente?

Pues valga una oración para abrazarte...


A tu Dios: que te acoja y te libere,
que te otorgue la paz que no has tenido

en esta vida que lastima y hiere;


que la serenidad que has pretendido
sea ad eternum, quiere quien te quiere;
que alcances el descanso merecido.

6 comentarios:

  1. Me sumo a tu dolor.
    Hizo siete años en Abril que experimenté tan amarga pérdida,asumida porque no hay nada más terco que la realidad,pero no superada porque no es fácil aceptar que falta el pilar más importante de tu vida: mi madre.
    Un fuerte abrazo.

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  2. Tanto tiempo trascurrido y se siente en tus palabras y en tus versos, la devoción por tu padre. Un abrazo desde este rincón manchego donde también somos sobrios en expresiones pero sentimos de verdad lo que decimos.

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  3. Creo que una infinidad de hijos desearían poderse expresar hacía su padre, como tú lo haces en tú soneto.Un saludo y un abrazo muy fuerte.

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