miércoles, 1 de diciembre de 2010

Consulta médica como carrera de obstáculos

Esta podría ser la cantilena de un inconformista médico de familia hispano:

Prácticamente cada jornada, tengo la sensación en la consulta de estar participando en una carrera de obstáculos, con barreras cada vez más altas y rías más profundas. Pasan los años y nuevos muros anti-sanitarios se levantan para impedir el paso a la eficacia. Me superan y me hunden moralmente. No logro acostumbrarme al caos organizativo. Lo previsto en los ilusionantes inicios se ha esfumado. Mi espíritu de servicio se disipa. Adiós al sueño de la atención integral y básica (médica, quirúrgica, traumatológica, obstétrica, ginecológica, geriátrica, psiquiátrica, comunitaria). Y no elevo una vana queja plañidera, sino que reivindico una mejora necesaria. Porque la Atención Primaria de Salud se ha convertido en una lucha denodada con el tiempo, los instrumentos tecnológicos y las trabas de otros estamentos. Veamos…


Me han impuesto una agenda de citación, que no puedo administrar. En ella las citas se comprimen al máximo para que entre forzadamente quien lo desea, ya sean pacientes propios o ajenos. Uno se esfuerza en gestionar el tiempo de la mejor manera y tropieza con la realidad del “vengo cuando me apetece” y del “aquí y ahora” (peor que cuando no tenía agenda, ya que al menos se respetaban los turnos). En este primer nivel no se admite la más mínima demora. Y no hablo ya de agobios cuando hay que cargar con el trabajo de los compañeros ausentes o si la mala fortuna me depara una salida urgente que da al traste con toda la programación del día.

Me han clavado frente a una pantalla de ordenador. Mi trabajo depende de este elemento tecnológico que tarda en calentarse lo indecible y cuyo programa informático se cuelga en el peor momento. Codificar electrónicamente las enfermedades es en demasiadas ocasiones un desafío total, porque el sistema operativo no interpreta elementales palabras clave. La fatiga ocular comienza a hacer estragos y las molestias osteomusculares por falta de ergonomía (¡en un centro sanitario!) ya son habituales. Para colmo se acaba el tóner de la impresora, se cae un tornillo de la silla de oficina, se atasca un cajón de la mesilla… sin que nadie de mantenimiento –inexistente in situ– acuda a echar una mano.

Me siento incómodo en un puesto de médico-ordenanza. Llaman de una oficina de farmacia y envían de otra al interesado para que se fuercen recetas que al parecer “les deben”. Llaman de la Inspección de Farmacia para espetarme en la frente lo mal que he cubierto un informe de visado y para que haga otro. Llaman de la Unidad de Salud Laboral porque les falta el parte de alta de un paciente atendido hace más de doce meses. Llaman del laboratorio para que avise a un médico de otro turno, que debe ver una analítica con parámetros anormales. Llaman de Hematología para que localice a una paciente de otro médico, por la alteración de su coagulación. Llaman de todas partes y cuando llamo yo porque necesito algo (pongamos un instrumento diagnóstico elemental, como un fonendo), ni caso.

Me siento cansado y ofuscado por tanta inoperancia, y la estulticia circundante comienza a hacer mella en el vapuleado encéfalo. ¿Para qué me envían desde la Unidad de Citación a un paciente que no acudió a una cita especializada y al que se le ha proporcionado el parte o volante de interconsulta? ¿Por qué vienen a mí usuarios quejándose de la falta de respuesta de la Unidad de Atención al Paciente? ¿Por qué tengo que hacer las recetas que ha prescrito otro médico? ¿Por qué he de hacer absurdos informes y certificados solicitados a capricho de terceros? ¿Por qué la Ley de Dependencia me sobrecarga con un reiterado papeleo? ¿Por qué nadie pone orden en este desatino sanitario?

Me consumo en este súmmum de despropósitos, de desorganización, incomunicación, desgana, desinterés, incompetencia e ineficacia. En un ambiente ahíto de desconfianza, incertidumbre, angustia, desquiciamiento…, sobrado en ocasiones de agresividad y violencia. Puede que yo sea un bicho raro, pues la mayoría acata, calla y se resigna, asumiendo que “es lo que hay”. Pero no puedo plegarme a esta situación irracional y chapucera. ¡Escuchad! Hemos de exigir que cada cual cumpla con su cometido, que las condiciones laborales sean las óptimas, que haya transparencia en los procesos asistenciales, que se informe adecuadamente, que se eliminen las barreras burocráticas, que se ordene la asistencia por el bien de los usuarios del sistema sanitario. Hoy y aquí no estoy contento: ¡la medicina de familia es todo menos medicina!

Aun así, ese contestatario médico de familia hispano ama su profesión, procura mantenerse ilusionado, intenta emular a espíritus inquietos y, para despejar su mente en el turbio espacio, se inyecta una buena dosis de alegría sideral…

“Júpiter, el mensajero de la alegría”,
de Los Planetas de Gustav Holst

15 comentarios:

  1. Coincido contigo. Hay días que el "destajo" y la burocracia oprimen demasiado.
    Saludos

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  2. Los médicos somos unos gilipollas porque creemos que no estamos en condiciones espirituales o éticas de parar de trabajar. es como no aceptar que somos proletarios o currelas cualquiera. muchos pacientes del naval no dudarian un segundo en parar en bloque. Huelga salvaje. Y en dos dias se acabó el problema. No por nuestro bien si no por el de los personas que nos visitan.

    gran entrada
    un abrazo

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  3. Buen post. Y no estoy de acuerdo con los que critican este tipo de entradas, como si hubiera que estar siempre con la sonrisa profident.
    Algún día nos levantaremos para decir basta. Y ese día llegará .Y todos los políticos y gestores colaboracionistas con este desaguisado dirán hipócritamente : "no fui yo".
    Un abrazo.
    Eduardo.

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  4. Opresión profesional/laboral que nos ahoga, ausencia de respuestas contundentes frente a tanta ignominia, sonrisas forzadas aunque se nos afrente ("mexan por nós e hai que dicir que chove" = "orinan encima de nosotros y hay que decir que llueve")... ¿Hasta cuándo?

    Gracias, Vicente, Jony y Eduardo, por vuestros comentarios.

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  5. No abandone la medicna de familia por "no soportar a los pacientes", no abandone por estar saturado de psicosomaticos, o porque no soportara la incertidumbre. No abandone por ganar mas dinero, ni por no aguantar el contacto con la miseria humana, o por miedo a hacer domicilios en una noche de invierno en barriadas peligrosas donde los robos abundan. O porque no me guste "ver catarros". No abandone por querer ser un "cirujano de renombre" o un cardiologo "de prestigio". Ni siquiera abandone porque aspirara a ser ministro o un animal de despacho.

    Abandone por todo esto que cuentas. Y la verdad es que me he quitado un monton de estrés de encima, incluso trabajando mas horas.

    Pero me cabrea pensar que las cosas seguiran igual que siempre, eso si, ahora quieren quitarnos el derecho al cabreo sin pelos en lamlengua. Se impone ser politicamente correcto y el espiritu flower power.

    Suerte!

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  6. Trabajar de tarde quita mucho de eso, la verdad.
    Tener 15 minutos por paciente, ni te cuento.
    El problema no es la medicina de familia., Es la pública.
    Bienvenido al "más allá"

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  7. Admiro tu inconformismo, Julio, y sobre todo tu voluntad para decidirte a dejar el redil sanitario público. Yo tampoco espero demasiado de la clase política en materia sanitaria (léase cambios racionales en el sistema), ni de la fuerza organizativa de sus principales recursos humanos para propiciar mejoras significativas, por lo que mi disposición anímica también es pesimista. Aunque ha de prevalecer lo incorrecto: "No he de callar por más que con el dedo..."

    Te deseo suerte en tu libre andadura.

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  8. Desde luego DraMyte (¿Mª Teresa?), el problema es la pública de este país (?) de contradicciones, que forma profesionales para que se vayan en busca de horizontes sensatos o echen a perder sus años en tareas absurdas y exasperantes. Habrá que irse al "más allá".

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  9. Con mi trabajo intento que el segundo punto de tus problemas se minimice en lo que a las TIC corresponde y del resto lo entiendo, aunque sea desde el otro lado de la mesa.

    Lo que quiero compartir es que creo que parte de los problemas en Primaria se producen en muchas grandes organizaciones en donde el trabajo se despersonaliza y tiendes a ser un "recurso·,todo ello acrecentado con la situación económica que tenemos.

    Acabo con la constatación de que antes llegaha a casa satisfecho con el BUEN trabajo hecho y ahora llego (¿satisfecho?) con el MUCHO trabajo hecho. Y la calidad: lo mejor posible.

    ¡Ánimo! Como paciente prefiero un inquieto a un apático.

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  10. Estimado Eloy,

    El problema es que en Hispania el medio se ha convertido en fin y eso conduce a ineficacia e insatisfacción, lo cual redunda inevitablemente en deficiencias en la calidad. La herramienta informática es utilísima si se emplea bien, en nuestro caso atendiendo a la utilidad sanitaria y no al mero acopio de datos. En el ejercicio de la medicina no se deben imponer isócronas y la agenda establecida las impone; cada paciente precisa su tiempo (“no hay enfermedades, si no enfermos”, Marañón dixit). Cierto que la despersonalización en el trabajo se produce en otras organizaciones, pero en la sanitaria, donde la relación humana debe primar por encima de todo anula todo el proceso de buena comunicación. En fin es lo que hay y no creo que aquí nos alcance el pragmatismo británico

    Gracias por el comentario y por el estímulo.

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  11. No puedo estar más de acuerdo contigo, José Manuel.
    Lo de bicho raro que citas en el último párrafo también va conmigo. Felizmente, cada vez somos más los bichos raros, aunque nos siguen ganando los borregos por goleada. ¡Lástima!

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  12. Parece que lo que te han impuesto es una agenda de las llamadas de kalidad, de cantidad o de colorines. Otra gilipollez más y gente cobrando por parir estos engendros..., ¿por qué no se van a trabajar y nos dejan en paz?

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  13. Amigo Armando,

    tengo impuesta desde hace mucho una agenda "kalamidad", como la mayoría -o todos- en territorio hispánico, lo que contradice e imposibilita la deseada y cacareada gestión de la consulta.

    Celebro que estés en mi linea de pensamiento. Un saludo.

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  14. José Manuel, en el "Mas allá" también hay alguna que otra norma absurda. Pero en ningún caso es el "cuarto y mitad de exploración a demanda con media de papeles y dos de recetas porque 'paesotepago'" que me han hecho sentir esta mañana en una suplencia. Ya sin meternos en carteras de servicios, agendas, y esas cosas de las que habláis.
    Yo si necesito al trauma, lo tengo mañana, si necesito una RMN en una semana está hecha, y todo con dinero público, pero gestionado "de otra manera" que hay gente que no deja de demonizar...

    Algo que no dejo de preguntarme es qué especie de cordón umbilical nos une al sistema público al acabar la residencia. El contrato es de duración definida. Ni ellos conmigo (está bastante claro), ni yo con ellos. ¿Mendigar trabajo? Si nadie lo hiciera, lo de los controladores iba a ser pecata minuta (o como se escriba). ¿Alguien ha seguido la huelga de médicos de Luxemburgo? ¿O la que están liando los checos?

    Armando, creo que fuiste tutor de algún compañero mío en el ex-área 7.

    Disculpad la arenga; 30 niños tos-mocos y 3 malitos de verdad en una agenda supuestamente cerrada han podido con mi complianza gestionadora. No por mí, que estoy dos días, sino por el sistema. Imposible de sostener.

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  15. Es cierto, Mª Teresa, que la actividad médica en el sistema público llega a ser desesperante, por el aplastante papeleo, la dificultad de resolución de problemas, lo establecido como consuetudinario… y que por condicionantes culturales o sociológicos creemos que lo público es más digno. El cordón umbilical que nos une supongo que deriva de que aquí la mayoría se forma en el ámbito público (universidad, hospitales, centros de salud). Habría que cambiar mentalidades para desterrar lo que parece ab aeterno, y eso me temo que nos llevaría décadas (da la impresión de que todavía no hemos superado la “transición”). Somos un país complejo, o mejor dicho, muy retorcido. En fin…
    Un saludo.

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