lunes, 3 de enero de 2011

Discapacidad y superación personal

Quienes afortunadamente no padecemos ninguna discapacidad y nos quejamos de la imposibilidad de hacer algo, nos sonrojamos cuando comprobamos la voluntad de superación de los que sufren alguna. Entonces nos damos cuenta de que querer es poder.
Hay multitud de personas limitadas por una minusvalía, ya sea física, sensorial o intelectual, que consiguen alcanzar metas impensables para los –en apariencia– enteramente capacitados. Sus ejemplos parecen confirmar la teoría de que el ser humano se supera en las dificultades.

Aunque bien es cierto que las personas discapacitadas no conseguirán hacer frente a sus dificultades sin el ambiente propicio y la colaboración de otros. De ahí la importancia de padres, compañeros, educadores, médicos, psicólogos… en un clima adecuado.

Las sociedades avanzadas han ido propiciando la ayuda a los discapacitados, limitando las barreras, favoreciendo su integración, minimizando la marginalidad, reconociendo derechos. Y todo ello con variaciones en el modo de afrontar los problemas, según la evolución sociológica.

En los últimos años se ha verificado un cambio cultural que hace ver la diferencia con más naturalidad; las claves: información y educación. Se ha ido más allá del mero trueque lingüístico que retrata al ciego de invidente o al paralítico de individuo con movilidad reducida.

En ese sentido se ha conseguido importante logro humano, se ha producido un progreso real. No hay más que pedir cuando una persona ve a otra como semejante, independientemente de sus limitaciones. Es comprensión, no lástima; el paso primero hacia la colaboración.

Sabemos de proezas deportivas de discapacitados y de la celebración de Juegos Paralímpicos. Sabemos de la consecución de titulaciones académicas por deficientes psíquicos. Sabemos de las cotas artísticas alcanzadas por minusválidos físicos. Y de otros triunfos del espíritu humano.

Ya hemos visto aquí un ejemplo de superación personal: el barítono alemán Thomas Quasthoff. Fue una de las víctimas de la talidomida, lo mismo que el del músico que hoy traigo: el nicaragüense Tony Meléndez. Verdaderamente, querer es poder…

4 comentarios:

  1. ¡Magnífica entrada, amigo José Manuel!
    A mí me ha servido para reflexionar... Para dar gracias a Dios por todo lo que tengo... Y para aumentar mi respeto por esas personas con discapacidad -algunas las conozco personalmente- que valen tanto...
    Un abrazo (hoy más sentido que nunca, por la suerte que tenemos al poder aferrarnos a los amigos con nuestros miembros superiores y estrechar nuestras manos).

    ResponderEliminar
  2. Si, querido Francisco, hemos de sentirnos afortunados: podemos desenvolvernos sin limitaciones corporales.
    Y, agradecido, he de corresponderte con otro sentido abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Bellísimo testimonio, gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar
  4. Gracias a ti, Ana, por dar aquí tu parecer.
    Un saludo.

    ResponderEliminar