miércoles, 9 de marzo de 2011

Médicos generales de cine

Reconozco la grata impresión que me dejó en su momento la serie de televisión norteamericana Marcus Welby, despertando incluso mi temprano interés por la profesión médica. Narraba la vida diaria de un médico veterano de la antigua escuela, próximo a sus pacientes, que sufre un infarto de miocardio y se ve obligado a aceptar la colaboración de un médico mucho más joven y con ideas renovadas, más técnicas pero menos humanitarias. Entonces acaba añorando los días pretéritos, cuando se acercaba a casa de sus pacientes, para quienes el Dr. Welby era mucho más que un médico.


Esta es la primera serie televisiva sobre médicos generales o de familia, que permanece en mi memoria. Pero antes y después se llevaron a la pantalla grande las vidas y andanzas de médicos y cirujanos, de práctica general y especializada, rurales y urbanos, hospitalarios y extrahospitalarios, investigadores y clínicos, reales y ficticios, en la paz civil y en el campo de batalla. Baste recordar ahora La ciudadela (1938), Sinuhe el egipcio (1954), Doctor Zhivago (1965), The Doctor (1991) o Las confesiones del doctor Sachs (1999). [Al final dejo enlace a interesantes películas]

Si nos centramos en nuestro tiempo presente, comprobamos la existencia de series originales que giran en torno a la medicina y los médicos, mayormente del ámbito anglosajón, que han impulsado remedos, Hispania incluida. Esta realidad suscita lo siguientes comentarios sobre series médicas hispanas y sus referentes norteamericanos. De nuevo vuelve a repetirse una carencia –o un complejo– que parece impedir la originalidad patria, dando paso al remedo con impronta propia que generalmente empeora el producto. Sucedió con Farmacia de guardia a imitación de otro título: Juzgado de guardia. Claro que habrá quien discrepe y le otorgue a aquella los máximos elogios.

Así, la serie hispana Doctor Mateo es considerada una adaptación de la británica Doc Martin. Y aprovecho aquí un comentario ajeno: la premisa es la misma, un superespecialista de prestigio en la gran ciudad que –por llegar a tener “pánico” a la sangre– acaba en un pueblo costero, en el que veraneaba de niño; allí espera tener menos presión y, a pesar de su agrio carácter, llega a desarrollar su lado más humano.

En la estadounidense Everwood también se parte de un gran cirujano de la Costa Este que se traslada al Oeste, pero en su caso a un pueblo que ya tiene un médico general, pero muy quemado; su protagonista, el Dr. Andy Brown, tras el fallecimiento accidental de su esposa –de lo cual se siente culpable– se marcha a un pueblo de Colorado que lleva el nombre de la serie.

Por otra parte, en el caso de la celebrada Doctor en Alaska (Northern Exposure) el punto de partida es opuesto (también me aprovecho de lo ajeno) y más creíble: un médico joven, el Dr. Joel Fleischman, quiere ser un especialista en una ciudad de prestigio pero se ve obligado a trabajar en un medio agreste como contrapartida a la beca de estudios que se le concedió. Su experiencia puede verse como una buena forma de formación y de conocimiento del primer nivel asistencial, fundamental y necesario.

Poco cabe decir de la hispana Médico de Familia, serie con aire de modernidad que trata de las actividades profesionales y vitales de un joven médico, supuestamente de familia, poco creíble, distanciada de la realidad, con guiones realmente endebles. Si bien podríamos considerarla original, por la imposibilidad de toda comparación exterior, dada las peculiaridades de la atención primaria hispana, no creará escuela y, por ello, no habrá de ser imitada fuera de nuestras fronteras. Quienes ejercen en un centro de salud no habrán podido verse reflejados en semejante bodrio televisivo.

Pero pensemos en positivo. Seguirán haciéndose buenas películas de cine y series de TV sobre médicos y pacientes. No sé si sobre médicos de cabecera, que quizás hayan perdido atractivo, transformada su realidad y alejados del aura de romanticismo de antaño. Lo que sí es seguro que el dolor humano nunca será erradicado y que el alivio de la ciencia médica, por mediación de los agentes activos de salud, será tenido en valor y servirá de inspiración a los guionistas cinematográficos.
***
Enlaces de interés:
Médicos de cine
Medycine, por el Dr. Albeiros

6 comentarios:

  1. ¡Interesantísima entrada médico-televisiva-cinematográfica, amigo José Manuel!
    "The Doctor" es una película que proyectamos cada curso en la Facultad, al tratar sobre la relación médico-paciente.
    Entre los recuerdos de mi infancia se encuentra la serie "Dr. Gannon", cirujano, interpretada por Chad Everett, con quien algunas simpáticas amigas de entonces, conocedoras de mi temprana vocación, decían encontrarme cierto parecido... Jajajajajj

    http://www.youtube.com/watch?v=NougjDABBP8

    Años atrás fue muy famosa otra serie de televisión norteamericana, esta vez con un residente como protagonista, "Dr. Kildare", interpretada durante muchos años por Richard Chamberlain; aunque su primer intérprete había sido Lew Ayres, un actor que dejó los estudios de medicina en la Universidad de Arizona para dedicarse a tocar el banjo, la guitarra y el piano en una orquesta de California; y luego se pasó la vida haciendo papeles de médico en diversas películas.

    Existe una Tesis Doctoral muy interesante sobre las series de médicos norteamericanas, leída por Graciela Padilla Castillo en la Universidad Complutense. Dejo aquí un enlace:

    http://eprints.ucm.es/11399/1/T32391.pdf

    Y, finalmente, como ejemplo de lo mejor sobre medicina y cine, dejo también el enlace al blog de nuestro colega, el Dr. Albeiros, para que pueda verlo quien no lo conozca todavía:

    http://medicinaycine.blogspot.com/

    Un afectuoso y cinéfilo-médico abrazo.

    ResponderEliminar
  2. No sabes cómo te agradezco, querido Dr. Ganonn... digo, amigo Francisco, tan sabrosa contribución a esta entrada médico-cinematográfica.
    Sin duda predomina la figura del cirujano estrella, con su aureola única, de mágicas manos, todopoderoso y admirado por las féminas.
    Nunca pensé que se pudiera concebir una tesis sobre las series médicas.
    Y muy interesante el blog Medycine, una auténtica referencia sobre Medicina y Cine.

    Otro afectuoso y cinéfilo-médico abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Pues es completamente cierto; yo apenas si pude ver de refilón al Doctor Gannon en fotos de revistas (tenía unos ocho o nueve años) pero si recuerdo lo guapísimo que me parecía y la cancioncilla que cantábamos en el patio del colegio (que nos enseñaron "las chicas mayores", claro); al que si pude ver con frecuencia en la tele fué a Marcus Welby (doctor en medicina, je, je) ¡me encantaba! pero si he de quedarme con alguno de todos ellos elijo sin duda a mi adorado Doctor en Alaska(filosófica y simpatiquísima serie que bien podrían reponer ¿verdad?)
    Me ha encantado la entrada, José Manuel.
    Bicos mil.

    ResponderEliminar
  4. Esta entrada que no tenía planificada, pues surgió recientemente leyendo un comentario en un foro médico, parece dar de sí más de lo que esperaba. Trae entrañables recuerdos, despliega críticas cinematográficas, lleva a sesudos estudios académicos y promueve sonrisas. Casi ná. Y creo que lo mejor es esto último, querida Lola, el estado sonriente; similar al que me lleva el inicio de las "Danzas polovtsianas" que ahora mismo estoy escuchando (por cierto, de un médico-químico y músico).

    Cinematográficos bicos.

    ResponderEliminar
  5. Que buen post, son personajes inovidables.
    Gracias por tu visita y comentario. Mi favorita es justamente Libertango.
    Buen fin de semana.

    ResponderEliminar
  6. El agradecimiento es recíproco, Claudia.
    Del renovador Piazzolla tampoco podemos olvidar, entre otras canciones, su emotivo Adiós Nonino.

    Un cinematográfico y tanguero saludo.

    ResponderEliminar