SILVESTRE
El bosque se extendía frente a mí,
y yo pensaba en arrancarle sus tesoros
a la linda floresta, a la rica espesura.
Dejando atrás las hojas secas de castaños y robles,
la anaranjada fronda, parda y amarilla,
caminaba encendido entre los pinos,
pisando el verde manto, sintiendo la humedad.
Con la mirada baja, en arco rastreaba,
salvando tojos y apartando helechos.
Indagaba en extensa sombra, herida
linealmente por los oblicuos rayos
de un sol debilitado. Atento a los tocones,
examinando los rincones más musgosos.
Y mi silvestre afán, bajo el amparo de Silvano,
hallaba recompensa. Los hongos más diversos
abrillantaban mis pupilas: un arcoíris vegetal
destellaba sonriente en triste umbría;
del rojo estimulante hasta el violeta
que sosiega, las setas más hermosas
y curiosas, de cuento algunas,
todas con nombres bellos. Para sus amantes,
preciosidades naturales, tan efímeras…
Recolecté, respetuoso, unas cuantas comestibles
que me agradan. Pero mi espíritu saciado
estaba contemplando tanta maravilla.
Y entonces, se fue la mirada, vertical, hacia lo alto.
[2021, 21 feb.]
____
El bosque es un espacio silvestre inspirador, y en él me siento acogido por su sombra amante, como decía Rosalía de Castro («Hai antre a sombra amante das nosas carballeiras...»), tal vez por sus espíritus cariñosos.
Forest (Bosque) – Don Ellis

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