martes, 24 de febrero de 2009

Música para el Carnaval


La música está presente en toda actividad humana que entrañe regocijo o lamento, júbilo o tristeza, placer o dolor, risa o llanto, amor o desamor. Y el Carnaval, como explosión de alegría, no podía ser excepción. Es más, la música es elemento primordial de esta celebración festiva que, tradicionalmente, ha supuesto una liberación previa a las imposiciones y restricciones cristianas que supone la entrada a la Cuaresma, aun teniendo un origen pagano.

El Carnaval es tiempo de excesos, de placeres desbordados, de exquisiteces gastronómicas, antes de la austeridad que ha de seguir. La transgresión se ve favorecida por la protección de la máscara que suplanta la propia identidad, el atrevimiento asoma tras el disfraz que permite teatrales ofrendas y honores a “don Carnal”. Antes de la llegada de “doña Cuaresma”, se cambian los sexos, se igualan las clases, se hacen una excepción en vida que sólo la muerte ratificará definitivamente.

El Carnaval tiene diferentes expresiones musicales, tradicionales y urbanas. Las agrupaciones carnavalescas le imponen a las melodías letras incisivas, satíricas, burlescas o caricaturescas, atacando a instituciones y a personalidades con gracia, interpretando, escenificando, viviendo un momento único de permisividad. Es el espacio reservado para chirigotas, comparsas y murgas, formadas expresamente para festejar el período más desenfadado del año.

El Carnaval tiene también sus músicos clásicos, compositores “serios” que han creado obras vinculadas al introitus. Veamos una breve relación de obras musicales importantes y bien conocidas relacionadas de algún modo con esta celebración (ordenadas cronológicamente):

Carnaval op. 9, para piano, de Robert Schumann (1835).

El Carnaval romano op. 9, obertura orquestal, de Héctor Berlioz (1843).

Un baile de máscaras (Un ballo in maschera), ópera, de Giuseppe Verdi (1859).

Los cuentos de Hoffmann (Les contes d'Hoffmann), ópera, de Jacques Offenbach (1881).

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux), suite para grupo de cámara, de Camille Saint-Saëns (1886).

Obertura Carnaval op. 92, para orquesta sinfónica, de Antonin Dvorak (1891).

Al fin y al cabo, el Carnaval es música, desde la sofisticación del de Venecia al desenfreno multicolor –a ritmo de samba– del de Río de Janeiro, pasando por el chispeante cachondeo del de Cádiz. Música de un breve período, sencilla y desenfadada, de la que grandes músicos han bebido, para crear otra compleja, transcendente e intemporal.
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Escrito de interés:

Escuchemos y veamos, con dibujos animados, una abreviada y divertida interpretación de El Carnaval romano de Berlioz.

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