martes, 10 de febrero de 2009

Sinestesia y música


El término sinestesia (del griego syn, “junto”, y aisthesis, “sensación”) denota la sensación percibida en un sentido (pe. la vista) por estímulo de otro (pe. el oído), de manera que se pueden ver sonidos u oír colores. Dicho de otro modo, es la percepción de un estímulo sensorial en otro sistema distinto del que actúa. Supone por lo tanto una “mezcla de sensaciones”, interpretada como una alteración o como una cualidad de la percepción sensorial. Puede ser cualquier sensación –olfativa, táctil, gustativa, auditiva o visual– la que evoque alguna de las restantes; por lo tanto hay diferentes tipos de sinestesia, siendo la más frecuente la visión de colores al oír o leer letras y números. Se reconoce como fenómeno hereditario ligado al cromosoma X (de ahí el mayor número de mujeres sinestésicas), relativamente raro y más frecuente en artistas y personas creativas en general, lo que podría hacer pensar que quienes poseen esta particularidad tienen un mayor potencial creador. En este caso, cabría interpretarla como una facultad, una capacidad, una virtud o un don.

Sobre el mecanismo fisiopatológico de la sinestesia se han postulado varias teorías. Una la explica por la permanencia de la conexión entre los centros neurológicos que procesan los sentidos, que debería haber desaparecido en los primeros meses de vida; otra sostiene que los centros cerebrales que procesan la visión están cerca de otros que procesan el lenguaje. No se considera un trastorno psiquiátrico en el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 4ª ed., de la American Psychiatric Association), pero aparece en los trastornos relacionados con alucinógenos como la mescalina (alcaloide vegetal, extraído del peyote), en que el intoxicado refiere, por ejemplo, haber oído, visto y degustado el sonido de una trompeta; aquí se trata de una percepción anormal propiciada químicamente. Por otro lado, neurólogos y psiquiatras diferencian las sinestesias de las alucinaciones reflejas (pe. un enfermo siente un pinchazo en la cabeza cuando alguien estornuda y el estornudo permanece como causante de su dolor).

Los individuos sinestésicos suelen tener gran memoria visual y mayor coeficiente intelectual que la media, ser zurdos o ambidiestros y muy imaginativos. Respecto a la música, que es lo que nos interesa, la particularidad de los músicos sinestésicos, es su capacidad de asociar tonalidades musicales con colores (incluso notas aisladas, acordes o timbres, vocales o instrumentales); padecen, o disfrutan, una sinestesia auditivo-visual. Es renombrado el caso de Alexander Scriabin y, más recientemente, se viene refiriendo el de Olivier Messiaen. Probablemente Franz Liszt y Nicolai Rimsky-Korsakov fueron sinestésicos, y acaso muchos otros músicos no citados en la literatura. En la inseguridad, es preferible limitar nuestras consideraciones a los dos compositores paradigmáticos.

Alexander Scriabin (1872-1915) pretendió demostrar la relación entre tono y color mediante un “teclado de color”, un órgano que habría de proyectar en una pantalla del escenario los colores que supuestamente corresponderían a cada tono musical; dicho teclado no llegó a ser construido, y la obra prevista para su estreno (Prometeus: El Poema del Fuego) hubo de ser interpretada con simples diapositivas en color. La influencia de la teosofía, la sustitución del sistema tonal tradicional por un propio “acorde místico” y la aspiración del compositor ruso al advenimiento de una nueva Humanidad a través de una gran creación musical, una “obra de arte total” titulada Misterio –inacabada–, quedaron en una utópica aspiración, concebida por un músico con un halo misterioso –como el de su pretendida obra definitiva– y una desbordante imaginación, concordante con las características de los sinestésicos.

Olivier Messiaen (1908-1992) llevó expresamente el color a algunas de sus composiciones (Chronochromie, para gran orquesta; Couleurs de la citè Cèleste, para piano, viento y percusión) y en otras lo sugiere a través de referencias a la luz. Messiaen llegó a decir que la relación color-sonido era el factor más importante en la creación musical, por encima del ritmo que, previamente, había considerado el elemento fundamental. ¿Suerte o infortunio? Parece ser que la condición sinestésica era para el músico francés una “cualidad” vivida como un drama, por la chocante sensación de ver colores con la audición de los sonidos cuando el público no veía nada. Su “desgracia”, unida a la atracción por ritmos exóticos y a la fascinación por el canto de los pájaros –los mejores músicos para el compositor–, se ve reflejada en una obra singular.
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Este artículo fue concebido a partir de un intercambio de ideas con un compañero de la blogosfera, David Revilla Velasco, gran conocedor y amante de la música de Sibelius, cuyo blog, Jean Sibelius en español, recomiendo encarecidamente.

Añado un video ilustrativo que me parece muy interesante.

1 comentario:

  1. ¡Estupendo artículo! Realmenge fascinante esta curiosa relación entre una disfunción sensorial y el arte de los sonidos. Da mucho que pensar. Y gracias por la referencia.

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