martes, 10 de noviembre de 2009

Sueños de director


El arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta. Herbert Von Karajan

El movimiento de brazos del director, conduciendo a la orquestra desde un sereno adagio a un excitante allegro con fuoco, le fascinaba; en el derecho la batuta, controlando el tempo, el ritmo, los matices... y con el izquierdo marcando las entradas de los instrumentos y el sentimiento inspirado en la partitura. Movimientos continuados: arriba, abajo, a los lados, ondeando, caracoleando... Los gestos de algunos directores eran comedidos, contenidos, discretos, pausados, incluso soporíferos; otros llegaban a ser, independientemente de la música, un espectáculo visual, contorsionándose y brincando en el podio. Delante del espejo, Nicolás intentaba imitarlos e imaginaba la respuesta de los profesores…

Este era el sueño sinfónico de uno de mis personajes de ficción: alcanzar el dominio de la batuta, llegar a ser un gran director de orquesta. Un sueño compartido, porque también yo imaginé ser Wilhelm Furtwängler, Arturo Toscanini, Otto Klemperer, Fritz Reiner, Bruno Walter, George Szell, Erich Kleiber, Pierre Monteux, Charles Munch, Ernest Ansermet, Eugen Jochum, Rudolf Kempe, Karel Ančerl, Vaclav Talich, Antal Dorati, Rafael Kubelik, Ferenc Fricsay, Jascha Horenstein, Thomas Beecham, John Barbirolli, Carlo Maria Giulini, Herbert Von Karajan, Leonard Bernstein, Carlos Kleiber, Eugeni Mravinsky, Evgeni Svetlanov, Ataúlfo Argenta, André Previn, Lorin Maazel, Claudio Abbado, Zubin Metha, Bernard Haitink…
***
Veamos la enloquecida dirección de la obertura Guillermo Tell, de Rossini, por el maestro Mickey Mouse:

4 comentarios:

  1. Ah, amigo José Manuel, hasta los desorejados como yo hemos tenido tal fantasía: me recuerdo a oscuras saltando sobre el sofá a mis ocho años mientras agitaba un cucharón ante la vieja radiola que desgranaba alguna pieza mozartiana. Gracias por permitirme evocar este recuerdo pero, eso sí, yo nunca soñé ser tantos señores como los que enumeras: a esa edad sólo había visto al viejo profesor de la banda escolar moviendo sus manos en parsimonioso compás y yo creía que lo hacía mejor con mi cucharón.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Yo me imaginaba, querido Lizardo, ser un director de orquesta supremo, con lo mejor de los gigantes referidos y de otros ausentes de la relación. Soñaba alcanzar un sincretismo directoral quimérico. Casi nada.

    ResponderEliminar
  3. Estimado Doctor:

    Mi nombre es Tony Chávez Uceda, soy amigo y compañero de estudios de Lizardo. Además tuve la gran suerte de poder seguir algunos estudios de piano y armonía a la par de la carrera médica. Me ha gustado bastante su blog y espero poder realizar comentarios frecuentes, sobre todo en lo que a temas musicales se refiere.~
    Respecto a la dirección de orquesta, sueño no es tan descabellado. Básicamente lo que hace un director de orquesta es marcar el ritmo, el tiempo y ls entradas de instrumentos. La cuestión de la dinámica y expresión es muy relativa, habiendo opiniones muy encontradas entre diferentes críticos sobre los estilos de dirección de varios directores. Si usted es capaz de adquirir un metrónomo, sería un buen comienzo para aprender los grupos rítmicos.
    También si lo desea, puedo buscarle algún curso en You tube sobre teoría básica musical.
    Espero que podamos intercambiar un diálogo fructífero a este respecto.

    Afectuosamente.

    ResponderEliminar
  4. Bueno, sigo soñando y soy director imaginario de las obras sinfónicas que me apasionan. Pero me temo que la vida entregada a la dirección orquestal queda pendiente para la próxima reencarnación. De momento he de conformarme con cantar como tenor en un coro mixto, en el que se nos obliga a seguir las partituras solfeando y adentrarnos en el espíritu de las composiciones. Gracias, Tony, por seguir el blog. Escribe todos los comentarios que te apetezca. Un saludo.

    ResponderEliminar