martes, 26 de octubre de 2010

Para chinchar a un galeno

Acabo de recibir un correo que recoge, en clave humorística y en forma de perversos consejos –que deben tomarse como ironía–, situaciones cotidianas de las consultas de Atención Primaria, reales como la vida misma, aunque parezcan esperpénticas o surrealistas, y que reflejan una peculiar conducta hispana, alejada del comedimiento y del deseable respeto, merecedora de estudio antropológico y sociológico.



CÓMO AMARGARLE EL DÍA A UN MÉDICO

En el siguiente texto describo, paso a paso, la mejor manera de amargarle el día a su médico y/o pediatra de cabecera. Fácil y cómodo.

1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.

2. En caso de que el médico tenga la suerte de tener la lista a mano y la paciencia de buscarlo, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto.

3. Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.

4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.

5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de "¿aún no me toca?"

6. En la sala de espera critique a la seguridad social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.

7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que estamos allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la seguridad social.

8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.

9. Si va a la consulta del pediatra, lleve a la abuela del niño. Si su intención no es amargarle, sino que directamente le odia, lleve a las dos abuelas.

10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso
de "no sé, usted es el médico".

11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, quince años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.

12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.

13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya
encontrado en Internet sobre sus síntomas.

14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis, y haya encontrado novia.

15. El fonendo del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo. Suyo, y de las dos abuelas.

16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.

17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el cochecito cuatro paquetes de gusanitos.

18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.

19. Cuando vea que el médico está a punto de despedirle, diga las palabritas mágicas: "y de paso, ya que estoy aquí"

20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte: “¿y esto no será malo?”

21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.

22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. "Claro, como el que paga es el contribuyente"

23. Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta:

"Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros".

***
Y ya puestos a chinchar al galeno, podría añadir otras dos maneras de hacerlo:

- Échele encima de la mesa todos los cartones de los medicamentos que otro le ha recetado y dígale: “hágame todo esto, que tuve que ir a un médico de pago.”

- Vaya sin pedir cita y con cara de compungido pídale una baja laboral porque sí, diciendo que desde hace cuatro días se encuentra mal y no ha podido ir a trabajar. Verá cómo el médico se pliega humildemente a sus mandatos.

9 comentarios:

  1. Como la vida misma, tanto en Primaria como en Especializada...

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  2. Amigo mío, filón inagotable es éste. Por aquí hay una pequeña variante:
    "¡Usted come con mi plata!"
    Y una muy sutil y ladina:
    "¿Está Ud. seguro?"
    Cuando éramos internos, y nuestro amigo Tony no me dejará mentir, teníamos ya tatuados en los tímpanos el:
    "Yo no quiero que me atienda el practicante."
    Da para toda una antología.
    Un cálido saludo.

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  3. Bueno mi estimado amigo, eso me ha inspirado para una entrada en mi blog que se adelanta mucho al esquema autobiográfico que le estoy dando y se va a titular "el doctor malosón".
    Y sobre lo que dice Lizardo, al atender mi primer parto también la parturienta me mando al diablo al ser yo un simple practicante, jeje, menos que nada.

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  4. En Uruguay sufrimos lo mismo, sobre todo desde que el paciente ha pasado a llamarse ¨cliente¨ o usuario!

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  5. Pues parece que se cumple el refrán, Silvia. En todas partes cuecen habas...

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