sábado, 28 de abril de 2012

Seguridad ignorada y belleza despreciada (y 2)

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Primera parte

El medio condiciona al hombre y éste modifica aquél. Un ambiente agradable repercute favorablemente sobre los individuos, otro desapacible los perturba. Los factores ambientales son evidentes determinantes de la salud. Entre ellos: el ruido, la contaminación, el mismo estrés. Construcción desaforada (inhumana), tráfico caótico, suciedad excesiva, son incompatibles con una vida sana. Urbanos despropósitos producen crispación, tensión, desequilibrio emocional, impiden una vida sosegada. Añade leña al fuego la pérdida de la cívica educación.

La fealdad urbanística conlleva riesgo; la escasez de espacio también. Errores de diseño, desaprovechamiento, abandono, son males del medio urbano. Hay trampas en avenidas, en travesías, en intersecciones. Escaso mantenimiento, señales caídas o cubiertas de maleza, socavones infernales, hablan de peligrosidad inducida, conllevan riesgo de accidentes, evidencian desprecio de la salud pública. Demasiadas llagas supurantes, ulceraciones e inmundicias urbanas.

La inseguridad tienen su génesis en la insensatez y la imprevisión.

Alguien dijo, de manera drástica: país de la chapuza, la improvisación y la picaresca. De esta última mejor ni hablar, se reconoce en cada esquina. Chapuza e improvisación se dan la mano. Se improvisa porque no se planifica y surge la chapuza porque se trata de remediar de prisa y corriendo. Hay que poner remedio a esta mala imagen. Conviene detectar los problemas, buscar los remedios, planificar con tiempo, obrar a conciencia; un trabajo bien hecho no tiene porqué ser más laborioso.

La belleza es importante, pero la seguridad más todavía.

El mandarín maravilloso, de Béla Bartók
La introducción orquestal representa el caos de la gran ciudad.

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